10 sept. 2010

El detective corporativo que promete romper el cartel de las calificadoras de riesgo

Por James Freeman

"Donde haya un desorden, ahí quiero estar", afirma Jules Kroll, fundador de la agencia de detectives corporativos que lleva su nombre. El hombre que se hizo famoso siguiéndoles la pista a las fortunas mal habidas de dictadores depuestos, se ha embarcado en una nueva misión. Hace unas semanas, su nueva Kroll Bond Ratings Agency compró LACE Financial, una firma encargada de analizar la salud financiera de grandes bancos. La intención de Kroll es desafiar a las tres grandes agencias calificadoras de crédito: Standard & Poor's, Moody's y Fitch.

Tan temible como puede resultar la competencia en ese sector, cuesta creer que Kroll está ingresando a un entorno aún más difícil que en el que se ha desenvuelto durante más de 30 años como fundador de Kroll Inc.

[Kroll] Getty Images

Jules Kroll

"Uno siempre recuerda a su primera novia", dice Kroll al reflexionar sobre el caso que le dio su buena reputación en la década de 1980. Kroll siguió la pista de cientos de millones de dólares que el ex presidente filipino Ferdinand Marcos y su esposa Imelda robaron a sus compatriotas y más tarde ocultaron por todo el mundo, incluyendo propiedades inmobiliarias en Nueva York. Kroll realizó el trabajo ad honorem para el Congreso estadounidense, pero la publicidad generada hizo brillar la marca Kroll que ya se estaba extendiendo por Wall Street.

Unos años antes, Drexel Burnham Lambert, la firma del rey de los bonos basura Michael Milken, había contratado a Kroll para que revisara los antecedentes de un grupo de personas que buscaban financiación. Anteriormente, Drexel había quedado mal parado cuando acordó la suscripción de una oferta de valores para una compañía de vuelos chárter pero más tarde se conoció que dicha empresa apenas había operado uno que otro vuelo.

Las investigaciones de negociación de valores con información privilegiada de la década de los 80 trajeron más trabajo, y Kroll consiguió asignaciones de alto perfil, como un contrato de 1990 del gobierno de Kuwait para rastrear los activos que Saddam Hussein estaba robando tras invadir el país. La firma encontró millones escondidos a lo largo de Estados Unidos y Europa.

Los empleados de Kroll también supervisaron a las empresas de transportes que abastecían a la industria textil de Nueva York para garantizar que se había eliminado el control que ejercía la familia de mafiosos Gambino.

También ha habido fracasos. Recientemente, la empresa ha sido blanco de forma merecida de titulares negativos por mantener como cliente al presunto estafador financiero Allen Stanford, e incluso recomendar favorablemente sus operaciones a otro cliente. Kroll afirma que su empresa le comunicó a la Asociación Nacional de Contratistas Eléctricos de Estados Unidos que Stanford era cliente de Kroll, pero este hecho no fue documentado y el sindicato afirma que nunca se les informó. Una demanda se resolvió rápidamente. Kroll señala que si bien su equipo cometió errores, también hizo constar en el informe presentado al sindicato las sospechas de otros banqueros sobre las operaciones de Stanford.

Durante los años que estuvo al frente de la gestión de su empresa de investigación (la vendió en 2004 y dejó su cargo en 2008), Kroll dice que sólo se sintió personalmente amenazado en dos ocasiones, por personas "mentalmente perturbadas", y cree que los incidentes no tuvieron nada que ver con su trabajo.

A partir de ahora, Kroll examinará los instrumentos que han tenido un efecto brutal en la vida de la economía. El detective que investigó las finanzas de Saddam Hussein hurgará dentro del arma de destrucción masiva conocida como "valores respaldados por hipotecas".

En 2008, el miedo se apoderó de los reguladores e inversionistas institucionales cuando se dieron cuenta de que inversiones consideradas oficialmente seguras, no lo eran en absoluto. Los jueces designados por el gobierno estadounidense para determinar el riesgo crediticio —S&P, Moody's y Fitch— habían otorgado calificaciones triple A a miles de paquetes de préstamos hipotecarios que de forma incremental estaban cayendo en cesación de pagos. A medida que el valor de estos activos se desplomaba y las principales agencias recortaban sus calificaciones, muchas instituciones que los habían comprado quebraron, fueron vendidas o terminaron rescatadas con el dinero de los contribuyentes.

Sin embargo, las tres grandes siguen todavía dominando el negocio de calificación de crédito y disfrutando de abultados márgenes de ganancias. Kroll cree que puede dar un precio competitivo y a la vez actuar con la debida diligencia que las agencias de calificación admiten no haber hecho nunca.

Para evitar responsabilidad legal, las tres firmas han insistido en que sus calificaciones no son más que opiniones. En la práctica, esto significa que, mientras se disparaba el fraude hipotecario durante el auge del mercado inmobiliario, las agencias no revisaban ni una sola hipoteca individual dentro de los paquetes de inversión que calificaban. Kroll resume su modelo de negocio: "Págame mucho dinero por mi opinión, pero no me hago responsable si me equivoco".

La propuesta de Kroll para el sector es distinta. A los modelos computarizados utilizados por las agencias de calificación, añadirá el trabajo tradicional de detective y auditor para inspeccionar a prestamistas, investigar empresas hipotecarias y verificar el discurso de venta de los emisores de valores. Pero, a diferencia de sus competidores, Kroll permitirá que sus calificaciones se incluyan en las ofertas de valores, lo que permitirá que pueda ser demandado en calidad de experto. "No diré que es sólo una opinión".

Kroll compró la empresa oficialmente llamada LACE Financial porque cree que el sistema en el que las agencias de calificación son jueces de riesgo crediticio designados por el gobierno continuará funcionando por algún tiempo. Además, los gestores de fondos de pensiones prefieren un producto que esté oficialmente autorizado y esos inversionistas institucionales son su mercado objetivo.

LACE es un servicio de suscripción pagado por los inversionistas y esto no cambiará el análisis que actualmente ofrece sobre grandes bancos. No obstante, Kroll se plantea un modelo diferente de pago una vez que su empresa comience en noviembre a emitir calificaciones sobre valores respaldados por activos: paquetes de hipotecas, préstamos para automóviles y similares.

Al final del pasillo donde se ubica Kroll Bond Ratings Agency está K2 Global, una firma dirigida por Kroll y su hijo, Jeremy, que asesora sobre los riesgos de hacer negocios en diversos países. Sus clientes a menudo preguntan sobre cómo hacer negocios en Rusia.

Según Kroll, el país está cada vez más administrado por un grupo de personas "que no tiene el más mínimo interés en la existencia de una democracia. Funcionan con los mismos valores que tenían hace 20, 25 y 30 años". Y añade: "Es uno de los pocos lugares en el mundo en donde si realizamos una investigación, es probable que alguien más esté haciendo otra de forma simultánea. Existe una gran probabilidad de que la primera persona a la que haya acudido acabe traicionándolo". La violencia no es inusual en la búsqueda de información empresarial. Aunque no es muy común en EE.UU., el espionaje corporativo en Rusia está al orden del día.

En comparación con Rusia, Kroll es más optimista sobre China, pero advierte que el gigante asiático es "infinitamente más mercantil. Realmente no conozco muchas compañías occidentales que hayan ganado dinero allí... y no hay estado de derecho".

En India, Kroll percibe más potencial para el establecimiento de "sociedades y el éxito mutuo... Tienen un estado de derecho. Sí, hay mucha corrupción, pero es realmente una democracia, y cuenta con una prensa libre".

EE.UU. tiene la suerte de disfrutar de un gobierno relativamente limpio, aunque Kroll también ve una oportunidad para su negocio de calificación: el mercado de valores municipales, donde planea revisar las finanzas de los estados y de las ciudades que emiten bonos, dado que ve "enormes discrepancias en la calidad" de bonos municipales que cuentan con la misma calificación.

"Ese es el tsunami que se nos viene encima", comenta. "Estoy muy entusiasmado con eso".

Fuente: WSJ

8 sept. 2010

Los inversionistas no tienen apetito por el riesgo

Por Tom Lauricella

Es un juego para ver quién espera más.

En el primer semestre, los inversionistas fueron sacudidos por la crisis de deuda europea, el abrupto colapso del Promedio Industrial Dow Jones el 6 de mayo y las señales de que el repunte económico estadounidense perdía fuerza. Su reacción fue retirarse de los activos más riesgosos, como las acciones y las materias primas, y acumular efectivo, bonos del Tesoro de EE.UU. y otras inversiones ultra seguras.

Ahora, la pregunta para casi todos los mercados —renta variable, deuda, divisas y commodities— es cuándo regresará el apetito para asumir más riesgo.

"Hace unos meses, el riesgo se manejaba como si fuera una papa caliente", afirma Philip Vasan, que encabeza la división de corretaje prime de Credit Suisse, la cual trabaja con fondos de cobertura. Tres meses más tarde, sostiene, "el apetito por el riesgo sigue siendo débil".

Si el repunte de los mercados la semana pasada fue el comienzo de un ascenso que se prolongará durante los próximos meses o si será seguido de un nuevo descenso depende de una serie de factores. Algunos tiene que ver con la economía y otros están ligados al comportamiento de inversionistas, quienes en estos momentos no miran a las acciones con buenos ojos.

Los inversionistas necesitan una lectura más precisa sobre si la economía estadounidense es lo suficientemente débil como para motivar otra ronda de asistencia de la Reserva Federal, si seguirá con problemas o si se encamina a una recuperación duradera. Aunque parezca ilógico, si la economía fuera lo suficientemente débil como para que la Fed le inyecte más dinero, eso podría ser positivo para activos de mayor riesgo como las acciones.

El informe de empleo del viernes pasado hizo poco para cambiar de forma significativa la dinámica de riesgo, aunque fue suficiente para darle un empujón considerable al mercado bursátil en una sesión de bajo volumen. El Promedio Industrial Dow Jones subió 127,83 puntos el viernes, antes del feriado del día del trabajo, y el martes sumó una nueva alza de 107,24 puntos, 1,03%, para quedar en 10.340,69 unidades.

"Estábamos preparados para una cifra más decepcionante, pero eso... no fue la clase de dato que indicaría una recuperación duradera y liderada por el sector privado", señala Dean Curnutt, presidente de Macro Risk Advisors. El informe "no ayudó mucho" al apetito de riesgo, afirma.

El vibrante crecimiento de China ha sido otro signo de interrogación sobre la disposición de los inversionistas para asumir más riesgo. La confianza en que la economía de China no se está enfriando demasiado rápido tras los pasos que tomó el gobierno para controlar el crecimiento sería algo positivo no sólo para las acciones sino también para los precios de las materias primas.

Las condiciones siguen siendo inestables en el mercado de bonos europeos con retornos en niveles tan altos —o incluso más altos— como durante el momento más álgido de la crisis de la deuda. El resultado es que aún persisten los temores sobre la exposición de los bancos a la deuda soberana europea.

Muchos citan dos potenciales catalizadores para un regreso al riesgo. El primero es una mayor actividad de fusiones y adquisiciones. Ya han surgido algunos indicios promisorios, como la batalla por las compras de la minera canadiense Potash Corp, cortejada por BHP, y de la tecnológica 3PAR Inc., que acabó en manos de Hewlett-Packard. Si se siguen cerrando acuerdos, eso probablemente volvería a atraer a los corredores al mercado, así como a inversionistas que buscan candidatos para comprar.

El segundo catalizador es la presión sobre los gestores de fondos de cobertura que tienen efectivo a su disposición, para que entren a la cancha y comiencen a ganar algo de dinero para sus inversionistas. Los gestores de fondos de cobertura "tienen que ponerse activos", afirma Sylvan Chackman, codirector de corretaje prime de Bank of America Corp.

Entre los clientes de Credit Suisse, los fondos de cobertura tienen una proporción de efectivo de alrededor de 23%, bastante parecido a la que tenían a principios de julio. Eso representa un aumento frente a un mínimo reciente de 19% en abril, pero una baja respecto al 28% del primer semestre de 2009. La aversión al riesgo se ha manifestado de forma más clara en el mercado de bonos del Tesoro de EE.UU., donde los retornos de los papeles a dos años cayeron a 0,517% el viernes desde 0,79% el 1 de julio. Las tasas de interés bajísimas llevaron en agosto a una marea de nueva emisión de deuda corporativa, incluidos US$23.000 millones en bonos de altos retornos, o "basura", un récord para este mes.

[Mercados]