7 ene. 2011

Predicciones para EE.UU.: Soleado con riesgo de sobrecalentamiento

Por Mark Gongloff

El optimismo de los inversionistas es una tradición tan típica de Año Nuevo como la resaca. Este año, al igual que en el pasado, pronostican que la economía estadounidense crecerá a una tasa que no será ni muy alta ni muy baja.

Para muchos estadounidenses, agobiados por un nivel de desempleo de casi 10%, es difícil sentirse optimistas en medio de un clima de recuperación. Pero los inversionistas lo ven de otra manera: creen que la economía corre más peligro de crecer demasiado deprisa que demasiado lento.

"El sobrecalentamiento es la preocupación más grande", dice Jack Ablin, director general de inversión de Harris Private Bank, en Chicago. "Aunque no sea el desenlace más probable, mi temor es que un alza excesiva de las tasas, o de los precios, ahogue la incipiente recuperación", comenta.

Pese a esas inquietudes, la gran mayoría de los economistas, estrategas de mercado y gestores de fondos ve indicadores que apuntan a un escenario de crecimiento modesto e inflación baja en 2011. Las acciones están en sus niveles más altos de los dos últimos años, las materias primas siguen subiendo y los rendimientos de los bonos aún son muy bajos para los estándares históricos, todo lo cual alimenta el habitual optimismo de comienzos del año.

En 2010, los analistas también apostaron por un escenario positivo similar, pero luego se vieron sorprendidos por la crisis de deuda europea, la súbita caída el 6 de mayo de los mercados de EE.UU. (episodio conocido como el flash crash) y una economía estancada. Este año, los economistas creen que hay una probabilidad de 10% de que se produzca una nueva desaceleración y de 20% de que haya un sobrecalentamiento.

La mayoría de los pronósticos señala que el desempleo caerá con lentitud, lo que contribuiría a mantener las presiones inflacionarias bajo control. Pero un inesperado auge en las contrataciones en 2011 aceleraría mucho la economía, incrementando la amenaza de inflación, y el mercado de bonos podría responder subiendo las tasas.

Las tasas de interés no subieron lo suficiente como para amenazar a la economía, pero un repunte demasiado rápido de los costos del financiamiento podría desacelerar el crecimiento. La auténtica preocupación entre los inversionistas es que la Fed, que se ha concentrado durante casi dos años en volver a arrancar el crecimiento de la economía, no reaccione lo suficientemente rápido.

"El gran riesgo que corremos es que la economía se recupere y que la Fed se demore demasiado en subir las tasas", dice Ed Peters, codirector de estrategias globales macro en First Quadrant LP, una firma de administración de capital.

Si bien menos expertos lo temen ahora, el riesgo de un enfriamiento tampoco ha desaparecido. Podría darse el caso de que el fuerte endeudamiento de los consumidores estadounidenses y de los estados, y el debilitamiento persistente del mercado de la vivienda podrían llevar a un crecimiento decepcionante, que nuevamente podría alimentar las posibilidades de una recaída en la recesión.

He aquí un vistazo más amplio a tres escenarios, aunque no los únicos, para los mercados y la economía este año.

Demasiado caliente

Todas las especulaciones sobre un recalentamiento de la economía comienzan y terminan con la Fed.

En este escenario, el banco central fue demasiado lejos en su segunda ronda de relajamiento cuantitativo, comprometiéndose a comprar US$600.000 millones de valores del gobierno, que se suman a la adquisición ya planificada de alrededor de US$300.000 millones en bonos.

Según este pronóstico, el estímulo adicional de la Fed hizo subir los precios que ya estaban en ascenso por la fortaleza de la economía de EE.UU. y la robusta expansión de los mercados emergentes. La extensión resuelta por el Congreso de los recortes a los impuestos a los ingresos a fines de 2010 da más pie a las preocupaciones sobre una economía recalentada.

Hasta ahora estos incrementos no se han trasladado a los precios al consumidor, pero podrían subir si las empresas empiezan a confiar en que pueden pasar sus mayores costos a los compradores. Mientras tanto, un crecimiento más rápido podría obligar a las compañías, que recortaron sus plantillas durante la recesión, a retomar las contrataciones.

Un crecimiento demasiado rápido podría provocar una reacción en cadena en que los inversionistas en bonos sufrirían grandes pérdidas. Las acciones podrían salir ganando bajo esas condiciones: muchas compañías de EE.UU. se benefician cuando los precios de los commodities suben. Pero el auge no sería duradero porque las tasas subirían, encareciendo el financiamiento y frenando el crecimiento.

La medicina podría ser peor que la enfermedad. La Fed tendría que subir las tasas de interés, lo que perjudicaría los bonos y acabaría con los auges en las acciones y los commodities. El dólar podría fortalecerse, hiriendo las exportaciones.

Demasiado fría

Este escenario parte de la idea de que la deuda, especialmente el dinero que deben los gobiernos y consumidores, es demasiado grande para sostener el crecimiento.

Los altos niveles de deuda harían que los prestatarios se mostraran cautelosos, secando el crédito necesario para alimentar la economía. Si los precios de las viviendas, que comenzaron a caer de nuevo a fines de 2010, bajan otro 5 o 10%, y si las cifras de desempleo se mantienen por encima de 9%, esto podría incidir en las ganancias de los bancos y minar la confianza de los consumidores.

Luego de una ola de compras de Navidad, las deudas de las familias de EE.UU. seguían equivaliendo a 122% de los ingresos personales a fines de 2010. Según esta teoría, esto sigue siendo demasiado y, sin un incremento más rápido en los ingresos, los consumidores tendrían que dejar de gastar y concentrarse en pagar sus tarjetas de crédito. Una retirada en masa por parte de los consumidores ahogaría el crecimiento.

La temperatura perfecta

Los optimistas se empeñan en utilizar palabras como "equilibrado" para describir el año por delante.

Bajo este escenario, la economía de EE.UU. seguiría creciendo a un ritmo sostenido, pero no lo suficiente como para acabar rápidamente con el desempleo. Con el desempleo todavía alto, la inflación seguiría bajo control, pese al alza en las materias primas. No habría una espiral de aumento de precios ni salarios. La Fed sentiría que estaría cada vez más justificado mantener abiertos los grifos de la liquidez.

Sería un mundo hecho para la bolsa. El crecimiento mejoraría de una forma suficientemente constante sin requerir contrataciones masivas y caras. El dólar se debilitaría muy lentamente con respecto a las otras monedas importantes, generando un breve empujón para los exportadores estadounidenses.

Los inversionistas, cansados de perder dinero con sus inversiones en bonos, empezarían a regresar a las acciones. El Promedio Industrial Dow Jones podría avanzar otro 10% o más en 2011, colocándose cerca de su nivel récord de 14.163,53 puntos alcanzado en 2007.

Fuente: WSJ

6 ene. 2011

China y España firman acuerdos por US$7.300 millones

Por Jean Yung

MADRID (Dow Jones)— El viceprimer ministro chino Li Keqiang reiteró el miércoles la promesa de Beijing de respaldar a España, agobiada por la crisis, en una reunión con el presidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, horas después de que los dos países comenzaran a firmar acuerdos por US$7.300 millones.

Li, quien según se cree que se convertirá en el próximo primer ministro chino en dos años, le dijo a Zapatero que para China es muy importante que Europa está unida, fuerte y estable, y que España es un importante actor en las relaciones internacionales multilaterales, indicó la oficina del primer ministro.

Li también repitió que su país podría ofrecer apoyo para el futuro esfuerzo de España para recaudar fondos.

"China es un inversionista a largo plazo y responsable en los mercados financieros españoles y europeos, y tiene confianza y gran interés en el mercado español", indicó Li durante un banquete de desayuno con empresarios en Madrid, donde anunció los acuerdos comerciales.

Li inició una gira de nueve días por la Unión Europea al anunciar que China probablemente compre más bonos del gobierno español, según las condiciones del mercado, informó previamente la agencia estatal de noticias Xinhua.

España ha enfrentado dificultades crecientes para financiar un déficit presupuestal de grandes proporciones luego de que el derrumbe financiero de Grecia a comienzos de 2010 desatara preocupación sobre los problemas de otros países fiscalmente frágiles de la zona euro. España respondió con recortes de presupuesto así como con reformas políticamente difíciles diseñadas para impulsar el crecimiento económico. No obstante, los mercados se han mostrado preocupados por las limitadas perspectivas económicas del país.

China es uno de los mayores dueños de deuda soberana española, y posee alrededor de 10% del total.

El ministro de Industria de España afirmó que su país y China "fortalecerán su relación" en el sector de energía y colaborarán en inversiones extranjeras, luego de que los presidentes de las juntas directivas de Repsol y Sinopec se reunieran el martes y prometieran analizar nuevas oportunidades de negocios en todo el mundo.

El ministerio agregó que las exportaciones españolas a China entre enero y octubre aumentaron 34% frente a un año antes a 2.400 millones de euros, pero sin embargo el superávit comercial con España se ubicó en 15.600 millones de euros durante el período.

Li agregó que Beijing le daría la bienvenida a que firmas españolas lanzaran operaciones en China. El segundo mayor banco de España, Banco Bilbao Vizcaya Argentaria, o BBVA, también firmó un acuerdo de cooperación para América Latina con el Banco de Desarrollo de China, informó BBVA el martes. Ambos esperan trabajar juntos en proyectos de finanzas, servicios comerciales, derivados y banca corporativa, indicó el prestamista español.

BBVA es el mayor inversionista español en China, donde tiene una participación de 15% en China Citic Bank Corp.

La visita de Li se produce en momentos en que China busca fortalecer sus lazos con la Unión Europea, su mayor socio comercial, y en medio de una presión continua de Washington, que insta a Beijing a permitir que el yuan se aprecie con más rapidez para reducir el desequilibrio comercial con EE.UU., el segundo mayor socio comercial de China.

5 ene. 2011

Brasil presionaría a China sobre su política cambiaria

Por John Lyons y Matthew Cowley

SÃO PAULO—Un sobrevalorado real podría estar convirtiendo a Brasil en un aliado de Estados Unidos en un asunto económico clave: presionar a China para que deje que su moneda se aprecie para solucionar los desequilibrios comerciales.

El nuevo ministro de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior de Brasil, Fernando Pimentel, señaló el lunes que la presidenta Dilma Rousseff, que asumió el mando el primero de enero, tiene la intención de incluir el tema de la debilidad del yuan en su agenda cuando viaje a Beijing en abril. Los funcionarios de EE.UU. desde hace mucho han acusado a China de mantener su divisa artificialmente débil para tener una injusta ventaja en el comercio internacional.

Brasil ha criticado a gobiernos que cree que han manipulado sus monedas, entre ellos Beijing. Hace poco, los funcionarios brasileños han dirigido sus comentarios más duros hacia EE.UU., que está imprimiendo dólares para hacer bajar las tasas de interés a largo plazo, mientras que no han criticado a China, un mercado cada vez más importante para un país rico en materias primas como Brasil. Sin embargo, la situación podría cambiar.

"Este es un tema que concierne no sólo a Brasil pero a todos los mercados emergentes", afirmó Pimentel ante periodistas en Brasilia.

Brasil ha coqueteado con ambas partes en la disputa cambiaria entre EE.UU. y China, a veces uniéndose a Washington en su crítica a Beijing y otras alineándose con Beijing para censurar la política monetaria estadounidense, la cual tanto el gobierno chino como el brasileño sostienen que pone a sus economías en desventaja.

Brasil tiene influencia económica en el conflicto. Hambriento de materias primas brasileñas como el hierro, China sobrepasó a EE.UU. hace poco como el mayor socio comercial de Brasil. A su vez, las empresas chinas están buscado acceso a las industrias brasileñas de rápido crecimiento, como la petrolera.

China ha intentado desestimar las críticas de Washington sobre el yuan como una queja infundada de un país industrializado rico, algo que no podrá hacer con Brasil.

"China podría ser más sensible a lo que otros grandes países emergentes piensen sobre su moneda", explica William Cline, un académico del Instituto Peterson para la Economía Internacional. "Esto socava su autoridad moral, cuando es Brasil quien lo critica en lugar de EE.UU."

El cambio de política pone de manifiesto la preocupación en el gobierno de Rousseff sobre la fortaleza del real, que se ha apreciado casi 35% desde comienzos de 2009. Una moneda fuerte perjudica a los exportadores y hace que a los fabricantes nacionales les cueste más competir con las importaciones más baratas de China.

Eswar Prasad, un experto que estuvo en el Fondo Monetario Internacional y ahora se encuentra en la Universidad de Cornell, dice que la división en el pensamiento brasileño refleja las diferencias entre los exportadores brasileños.

A los fabricantes brasileños, al igual que a los estadounidenses, les preocupa que un yuan infravalorado los haga menos competitivos a nivel internacional.

Los exportadores de commodities, no obstante, ven a China como un gigantesco mercado y no quieren disgustar a Beijing. En el último año, señala Prasad, el lobby de este sector ha ganado.

Por su parte, la nueva ministra de Planificación de Brasil, Miriam Belchior, dijo el lunes que el país también empezaría a abordar lo que los economistas afirman es una razón importante detrás de la fuerte apreciación del real: el creciente gasto del gobierno.

Incrementos anuales del gasto de alrededor de 20% han ayudado a impulsar el crecimiento económico.

En una conferencia de prensa, Belchior dijo que Brasil recortaría parte de los gastos planeados en el presupuesto de 2011 aprobado por el Congreso.

—Bob Davis, en Washington, contribuyó a este artículo.

Fuente: WSJ

4 ene. 2011

El pacto que estrechó la Unión Europea

Por Charles Forelle, David Gauthier-Villars, Brian Blackstone y David Enrich

DEAUVILLE, Francia—El 18 de octubre Angela Merkel y Nicolas Sarkozy dieron un paseo al atardecer en la playa de este elegante resort. Cinco meses antes, Europa se había comprometido a desembolsar US$100.000 millones apara rescatar a Grecia. Ahora, la crisis de deuda del continente se estaba trasladando a Irlanda y a la canciller alemana le preocupaba que Berlín terminara pagando la cuenta de este y futuros rescates.

"Angela, te voy a ayudar", le dijo el presidente francés. Los dos líderes europeos tenían un arriesgado plan: el pacto de Deauville, sellado esa misma noche, establecía que los inversionistas con bonos en países insolventes de la zona euro tendrían que asumir pérdidas sobre ellos a partir de 2013. Eso inculcaría disciplina en los países derrochadores, pero también implicaba que un país de Europa Occidental podría declararse en moratoria. Eso no ha ocurrido en medio siglo y la mera sugerencia sacudiría los mercados, advirtieron los propios asesores de Sarkozy.

Con el pacto, también se arriesgaban a enfurecer al Banco Central Europeo (BCE). Su presidente, Jean-Claude Trichet, de 68 años, había pasado los últimos meses tratando de restaurar la confianza de los inversionistas en la zona euro. Era el banco central el que prácticamente estaba manteniendo a flote a Irlanda y sus alicaídos bancos. Esa tarea se volvería aún más onerosa bajo el pacto de Merkel y Sarkozy, que amenazaba con socavar la propia unión monetaria.

Este recuento de The Wall Street Journal —basado en decenas de entrevistas con funcionarios europeos— ilustra cómo el pacto de Deauville desencadenó una serie de eventos que finalmente llevó a que los líderes de los 16 países que integran la eurozona se vieran atrapados en una unión aún más estrecha.

A medida que los mercados se hundían como consecuencia del pacto, el BCE endureció su posición frente a Irlanda. Amenazó con cerrar el grifo de préstamos de emergencia para Dublín e incrementó la presión sobre el presidente del banco central irlandés para que convenciera al país a aceptar un rescate.

El acuerdo ha tenido el efecto imprevisto de obligar a Europa a adoptar medidas a favor de una mayor cooperación económica y política. En las últimas semanas, los gobiernos europeos han creado un fondo de rescate permanente para lidiar con los países azotados por la crisis. También han considerado recaudar dinero colectivamente mediante bonos europeos, lo que crearía un mercado de bonos similar a los bonos del Tesoro de Estados Unidos.

Desde que se estableció la Unión Europea en 1957, los economistas han advertido que la unión monetaria, sin una autoridad paralela que regule los impuestos y gastos, estaba destinada al fracaso porque no había forma de imponer la disciplina fiscal que requería una moneda saludable. Ahora, los líderes del continente contemplan una idea a la que se siempre se habían resistido: unos Estados Unidos de Europa.

"La crisis ha mostrado que el proceso de construcción de una nación europea es necesario", dijo el ministro de Economía italiano, Giulio Tremonti. "Llevará tiempo, pero no es imposible dar marcha atrás al reloj".

Los cambios distan de ser el salto drástico en medidas fiscales más severas que Trichet urgió hace meses. Además, estos gobiernos podrían volver a caer en la complacencia si los mercados se calman. Su resistencia será puesta a prueba ahora en medio de las crecientes preocupaciones sobre la solvencia de Portugal y España.

Tras rescatar a Grecia en mayo, los líderes europeos intentaron acabar con la crisis de deuda creando un fondo de rescate de US$1 billón (millón de millones) para garantizar a los mercados que Europa podía cuidar de sí misma. Durante un tiempo, funcionó, pero en octubre, empezó a formarse una gran nube sobre Irlanda.

Dos crisis diferentes

Si la crisis de Grecia se originó en sus finanzas públicas, la de Irlanda se gestó en sus bancos. Habían alimentado una burbuja inmobiliaria sin igual en Europa Occidental. Desde que estalló en 2007, los inversionistas dejaron de confiar en los bancos irlandeses. En una arriesgada apuesta que acabaría saliendo cara, Dublín garantizó en 2008 que los ahorradores e inversionistas no incurrirían en pérdidas si los bancos se hundían. A medida que se acumulaban los problemas de los bancos, el gobierno se vio obligado a inyectar miles de millones de euros para mantenerlos a flote. A mediados de año la situación era tan crítica, que el BCE tuvo que intervenir. Para agosto había prestado 60.000 millones a los bancos irlandeses, más de un tercio que la producción económica anual del país. En agosto y septiembre, ahorradores e inversionistas espantados retiraron su dinero, con lo que los bancos se volvieron aún más desesperados por encontrar efectivo.

El destino de Irlanda estaba al borde del abismo. Brian Lenihan, el ministro de Finanzas de Irlanda, buscaba maneras de ajustar el presupuesto de Irlanda mientras de la crisis empeoraba. El 24 de septiembre, los préstamos del BCE a los bancos irlandeses llegaron a US$83.000 millones. Fue una época de "gimnasia financiera", según un banquero irlandés.

Para mediados de octubre, el BCE y los gobiernos europeos sabían que tenían al candidato para el segundo rescate.

Eso colocó a Merkel en una situación delicada. La canciller enfrentaba una presión creciente en su país para limitar lo que los alemanes tendrían que desembolsar para salvar a sus vecinos. La funcionaria quería que las multas para los países con déficits excesivos fueran automáticas, en vez de depender de una votación de otros gobiernos europeos, una práctica que, según ella, dejaba escapar a los responsables sin castigo.

Pero, para imponer cambios contundentes en la UE, Merkel sabía que necesitaba el apoyo de Francia. El 18 de octubre, los ministros de Finanzas se reunieron en Luxemburgo para tratar de resolver el impasse. Sólo dos, los representantes de Francia y Alemania, sabían que el pacto realmente significativo se estaba negociando a muchos kilómetros, en Deauville.

En ese encuentro, ambos líderes sabían que el proyecto europeo corría peligro si no lograban superar sus viejas diferencias. Merkel propuso un acuerdo: Alemania no exigiría las sanciones automáticas, pero a cambio, quería que Francia la apoyara en una idea: en el futuro, si un país de la zona euro necesitaba un rescate, sus bonistas deberían aceptar una reducción de lo que se les debía.

El pacto de Deauville golpeó a Luxemburgo como una bomba. No era solo que Francia y Alemania habían decidido que los acreedores privados podrían perder su dinero, sino también que el acuerdo se había pactado a sus espaldas. "Van a destruir el euro", gritó Trichet, en francés a la delegación de Francia, según fuentes presentes.

Los mercados se revolucionaron. Los inversionistas huyeron de los bonos irlandeses y otras economías europeas débiles. Alienada de los mercados de deuda, Irlanda se enfrentaba a la quiebra.

El 9 de noviembre, Olli Rehn, el comisario de Asuntos Económicos de la UE, transmitió una severa advertencia de Trichet a los banqueros irlandeses. "El grado de exposición del BCE a los bancos irlandeses es insostenible", les dijo Rehn a un grupo de funcionarios en Dublín. En palabras de banquero, la amenaza estaba clara: Trichet estaba dispuesto a cerrar el grifo de ayuda para Irlanda.

Pero el 18 de noviembre, durante la reunión mensual en la sede del BCE, los bancos centrales de Europa le plantearon un ultimátum a su par irlandés, Patrick Honohan. El BCE no dejaría que Irlanda recurriera a su programa de emergencia si no aceptaba el rescate. Ese fin de semana, Irlanda pidió formalmente el dinero. El 28 de noviembre, los ministros de Finanzas aprobaron un paquete de rescate de 67.500 millones de euros para Irlanda.

Con todo, los acuerdos dejaron un cabo suelto: Portugal. Lisboa es vista por muchos como la siguiente en la fila para un rescate, debido a su abultado déficit fiscal y un crecimiento económico crónicamente débil.

Este año, el debate sobre el futuro de Europa continuará. El deseo de la soberanía nacional se enfrentará a la necesidad de mayor coordinación. Si la unión fracasa, argumentan algunos líderes europeos, el euro podría sufrir las consecuencias.

"El euro es nuestro destino común y Europa es nuestro destino común", le dijo Merkel al parlamento alemán este mes.

—Marcus Walter y Adam Mitchell contribuyeron a este artículo.

3 ene. 2011

Las bolsas hicieron caso omiso a las crisis en 2010. ¿Harán lo mismo este año?

Por Jonathan Cheng

Los mercados bursátiles globales esquivaron una serie de temores —incluidas dos sacudidas al borde del desastre en Europa y una preocupación casi constante por una recaída en EE.UU. — para alcanzar máximos históricos.

Si esa alza puede continuar en 2011 o no dependerá de una mezcla delicada de buenas noticias: la estabilización de EE.UU., crecimiento económico sostenido en los mercados emergentes y la ausencia de grandes problemas en Europa, la península coreana y otros lugares.

También es posible que los inversionistas deban hacer su camino sin un viento de cola clave que impulsó el alza durante gran parte de 2010, es decir la ayuda de la Reserva Federal de EE.UU. El aluvión de efectivo liberado por el banco central estadounidense terminó por impulsar el precio de los activos en todo el mundo. Pero cuando es probable que los beneficios económicos del dinero fácil sean más modestos, la estabilización de la economía global cobra mayor importancia que nunca.

Todo eso se suma a lo que podría ser un año frágil para las acciones.

"Si hay sorpresas negativas, serán peor de lo normal porque no podremos atajarlas tanto", indicó Dori Levanoni, socio y estratega global macro de la firma de administración de activos First Quadrant LP. "En el papel, si la economía mundial puede mantener este crecimiento lento es algo bueno, pero somos más sensibles a los riesgos externos" porque el crecimiento es más modesto de lo que ha sido históricamente en las recuperaciones.

Si los inversionistas buscan pruebas de que esto es posible, no necesitan mirar más allá de 2010, cuando los mercados lograron ganancias impresionantes a pesar de una recuperación anémica en los países desarrollados y una serie de crisis.

Europa

La capacidad de soportar problemas se observó especialmente en los mercados europeos, muchos de los cuales lograron ganancias a pesar de varios episodios de crisis de deuda soberana que amenazaron la moneda común europea y desafiaron la determinación de la Unión Europea.

Los cinco países llamados PIIGS —Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España— terminaron el año en territorio negativo. Muchos de ellos enfrentan la posibilidad de años de austeridad fiscal y un largo camino hacia la recuperación de sus sectores bancarios.De todos modos, el amplio índice Stoxx Europe 600 subió 9% para finalizar el año en un máximo de dos años. Alemania avanzó 16% a niveles que no se veían desde comienzos de 2008. El índice británico FTSE 100 creció 9% para quedar cerca de un máximo en casi dos años.

Los mejores en la región, sin embargo, fueron Turquía, Dinamarca y Rusia, que terminaron con alzas de 25%, 35% y 23%, respectivamente. Eso mercados lograron esquivar en gran medida los temores de deuda del continente, lo que permitió que los inversionistas se concentraran en sus sólidas situaciones internas.

"Alemania está bien posicionada para tener un excelente desempeño otra vez en 2011", afirmó Kate Moore, estratega de valores globales de Bank of America Merrill Lynch, quien resaltó que es probable que su sector exportador sea impulsado por su exposición a la demanda de mercados emergentes y a un euro que difícilmente se fortalezca mucho en el mediano plazo.

Asia

La sólida recuperación económica y la mayor atención por parte de los inversionistas globales impulsaron a la mayoría de los mercados en la región no sólo para conseguir ganancias sino también para alcanzar máximos históricos.

Los mercados en India, Indonesia, las Filipinas, Malasia y Tailandia alcanzaron máximos históricos. Corea del Sur aumentó 22% para quedar apenas por debajo de su máximo histórico, a pesar de dos incidentes bélicos con Corea del Norte.

Sólo las dos mayores economías de la región, China y Japón, terminaron en rojo. El índice Compuesto de Shanghai cayó 14% y el Promedio Bursátil Nikkei cedió 3%.

Con alzas tan marcadas en muchos de estos mercados, hay temores de que algunos corran peligro de que revienten las burbujas. De hecho, el aumento de la inflación ya causa preocupación de que los bancos centrales de muchos de esos mercados adopten políticas más duras en 2011, lo que podría frenar el crecimiento.

Continente americano

América Latina también estuvo en ebullición. Chile, México, Venezuela, Perú y Argentina contribuyeron con algunos de los desempeños más sólidos de todo el mundo.

Toronto, un mercado impulsado por los commodities, subió 14% a alturas vistas por última vez antes de la crisis. Tanto México como Argentina terminaron el año en puntos máximos récord.

Sólo Brasil, un favorito de los inversionistas globales desde hace tiempo, mostró señales de debilidad, tambaleándose hacia el rojo durante gran parte del año antes de recuperarse para cerrar con un incremento de alrededor de 1%.

Nicholas Smithie, estratega de mercados emergentes de UBS, indicó que Brasil es su mercado favorito para 2011, gracias a expectativas menores de los inversionistas, un sector bancario sólido y una clase consumidora que florece.

Mientras los inversionistas se preocupan por un traspaso de poder dentro del gobierno de centro-izquierda de Brasil y la posibilidad de que el banco central endurezca sus políticas en el año que acaba de comenzar, Smithie sostiene que esos temores son exagerados, y que se conocen bien desde hace tiempo.

"Brasil ahora es uno de los mercados más baratos del mundo", sostuvo el estratega, quien estima que "es menos probable" que el aumento de las acciones este año en países latinoamericanos más pequeños y menos líquidos "se repita el año próximo".

La perspectiva

Para que las economías emergentes y sus mercados bursátiles sigan registrando buenos desempeños, los estrategas coinciden en que será importante el alza de la demanda interna. Ya no se puede contar con el mundo desarrollado, aquejado por la deuda y otros problemas, para que impulse el crecimiento global de forma consistente.

Fuente: WSJ