30 oct. 2009

Las ideas que perjudicaron a la economía

por Martin Wolf

¿Cómo es posible que la economía mundial haya caído en un hoyo tan profundo? Después de una grave recesión, comienza a recuperarse, no sin esfuerzo, a pesar de haberse aplicado políticas de relajación fiscal y monetaria sin precedentes.

Por otra parte, ¿cuáles son las posibilidades de que recuperemos el equilibrio económico mundial después de este proceso de “alimentación por sonda”? El hecho de que se haya necesitado recurrir a acciones tan drásticas es aterrador, como también lo es que apenas quede margen para repetir acciones similares si fuera necesario. Y, lo peor de todo: no es la primera vez en las últimas décadas que la economía mundial ha tenido que ser reconducida tras el estallido de una burbuja.

El último libro de Andrew Smithers, de Smithers & Co, continuación de su obra “Valuing Wall Street”, cuyos los lectores evitaron las consecuencias el colapso de la burbuja tecnológica, supone una guía inestimable sobre los errores políticos del pasado. Smithers tiene un enorme conocimiento de la economía y una incalculable experiencia en los mercados financieros. Su obra ayuda a explicar la burbuja bursátil de los noventa, los errores fiscales de Gordon Brown y los recientes excesos crediticios.

El libro contiene cuatro aspectos fundamentales: primero, los mercados de activos son eficaces, pero defectuosos; segundo, es posible evaluar los mercados; tercero, las grandes desviaciones positivas del valor justo, burbujas, tienen efectos devastadores para la economía, sobre todo si se asocian a los boom crediticios y a la infravaloración de la liquidez. Por último, los bancos centrales deberían intentar acabar con esas burbujas.

“Debemos estar preparados para asumir que las recesiones leves periódicas son necesarias para evitar otras más graves”. Durante mucho tiempo me resistí a aceptar esta teoría. Según la hipótesis de los mercados, que ha tenido un papel dominante en la economía financiera, toda la información relevante está en el precio. Los precios oscilan en función de las noticias.

Los movimientos del mercado serán “aleatorios”. Smithers cree que esta conclusión es empíricamente falsa: los mercados de valores manifiestan una “correlación en serie negativa”, lo que significa que la rentabilidad real de las bolsas tiene más posibilidades de caer si últimamente ha sido elevada, y viceversa. El mejor momento para comprar no es cuando los mercados han tenido un buen comportamiento, sino cuando están en crisis. “Los mercados rotan en torno al valor justo”. Hay, según Smithers, motivos para creer que esto se cumple en otros mercados, incluido el inmobiliario.

Una objeción suele ser que, si los mercados se desvían de su valor justo, deben presentar posibilidades de arbitraje. Smithers demuestra que el periodo de tiempo en el que los mercados se desvían es tan largo (décadas) y su movimiento tan impredecible, que esta posibilidad no puede aprovecharse. Un vendedor en corto puede arruinarse y puede pasar mucho tiempo antes de que los valores que le hicieron perder el dinero entren en una senda alcista.

De igual forma, una persona que solicita un crédito para comprar acciones a buen precio tiene muchas posibilidades de perder todo antes de que la inversión haya dado sus frutos. A los gestores profesionales, que acabarán perdiendo clientes, no les resulta fácil aprovechar este tipo de oportunidades. El entorno financiero suele estar lleno de víctimas que acertaron demasiado pronto.

Smithers propone dos forma fundamentales de medir el valor ; “Q”, o ratio de valoración, que vincula el valor de mercado de las acciones al valor neto de las empresas, y el ratio precio-beneficios ajustado cíclicamente. Las dos mediciones proporcionan resultados similares. Las gestoras profesionales utilizan otros muchos métodos de valoración, todos erróneos. Como explica Smithers, “las estrategias no válidas suelen pertenecer al mundo de los banqueros de inversión y de los corredores de bolsa que sólo piensan en sus comisiones”.

Los mercados poco eficientes giran en torno al valor justo, pero no consiguen acercarse a éste. Aun así, al final recuperan su objetivo inicial gracias a las fuerzas del mercado. Cuando las acciones alcanzan valores que llegan a resultar absurdos, los inversores dejan de comprar y empiezan a vender. Al final, el valor de las acciones se acaban acercando al valor y a los beneficios subyacentes, de las empresas.

Las personas interesadas en invertir deberían leer esta obra. Entenderían, por ejemplo, por qué la estrategia de “comprar y esperar” defendida por algunos asesores incluso en plena burbuja bursátil, resultó catastrófica. El valor importa, como siempre ha dicho Warren Buffett .

Para los interesados en política económica, los argumentos de Smithers cobran aún más importancia. Si los mercados pueden ser valorados, es posible predecir si se aproximan a un terreno propicio a las burbujas. Además, sabemos que el estallido de una burbuja puede tener consecuencias devastadoras para la economía, sobre todo si coincide con un auge del crédito. Ésta es la conclusión que se extrae de un capítulo del último Panorama Económico Mundial del FMI. En circunstancias extremas, la política monetaria pierde su impacto, a medida que el sistema financiero pierde capitalización y los prestatarios se declaran insolventes.

¿Cuáles son, por tanto, las lecciones políticas? Según el Fondo Monetario Internacional, “Utilizar un instrumento macroprudencial diseñado específicamente para contener los ciclos del mercado crediticio ayudaría a controlar el acelerador que provoca el crecimiento del crédito y de los precios de los activos.

También sería de gran utilidad una reacción monetaria más contundente ante cualquier síntoma de sobrecalentamiento o de una burbuja crediticia o del precio de los activos”. Según Smithers, las autoridades deberían controlar el precio de las acciones, la vivienda y la liquidez. Si una de ellas, o las tres, parpadea en rojo, los bancos centrales deberían responder de forma inmediata. También recomienda medidas que refuercen los requisitos de capital de los bancos en épocas de boom. Yo mismo añadiría medidas que limiten directamente el apalancamiento cuando crece el precio de los activos, sobre todo en el caso de los inmobiliarios.

Se acabó la época en la que los bancos centrales se limitaban a controlar la inflación, dando por hecho que los mercados crediticios y de los activos no eran de su incumbencia. El precio de los activos tiene que ser valorado. Por otra parte, también aumentará la complejidad de las políticas monetaria y crediticia, pero es mejor acertar a medias que equivocarse del todo. La fe en la eficacia de los mercados resultó ser un error. Habrá que renunciar a estas convicciones.

The Financial Times Limited 2009. All Rights Reserved

29 oct. 2009

EEUU: Seis pasos para revitalizar el sistema financiero

Por Sanford I. Weill y Judah S., Kraushaar

El debate sobre la reforma de los servicios financieros ha estado rondando por semanas sin una sensación real de urgencia. Se perdería una gran oportunidad si nuestros líderes políticos, regulatorios y empresariales no consiguen sentar una base regulatoria creíble para una de las principales industrias estadounidenses. Es hora de dejar a un lado las luchas internas políticas y regulatorias y establecer las nuevas reglas para este negocio de importancia crítica.

Varios principios deberían guiar la reforma. Nuestro país necesita buscar la transparencia en los balances de las compañías financieras y reconocer la correlación directa entre la claridad en los valores de activos y cómo las empresas financieras son valoradas por los inversionistas. La contabilidad basada en el ajuste al mercado debe ser revitalizada y los instrumentos y valores complejos deben estar sujetos a pruebas de valuación de mercado en la medida de lo posible.

Para lograr esto, un regulador único debe estar encargado de supervisar los riesgos sistémicos y debe tener el poder de monitorear los riesgos en todo tipo de instituciones financieras. No debería haber más balcanización en la regulación.

Al mismo tiempo, los reguladores y líderes de la industria deben unir fuerzas y desarrollar acuerdos ejecutables para que la innovación en los servicios financieros pueda volver a florecer. Hay que acordar nuevos requisitos de capital y reglas sobre cómo operará el mercado de titularización. Todas las partes necesitan operar con rapidez debido a que está en juego la revitalización de la economía estadounidense.

Algo que los funcionarios públicos no deberían hacer es enredarse en un debate sobre si las instituciones son "demasiado grandes para permitir su quiebra". Es una frase pegajosa, pero nada más. De hecho, es importante reconocer que nuestra reciente crisis financiera fue provocada por el colapso el año pasado de Lehman Brothers, una compañía que pocos habrían caracterizado como demasiado grande para colapsar. En vez de desviarse hacia esta y otras complejas preguntas, nuestros líderes deberían concentrarse directamente en cómo crear y fomentar la disciplina del mercado.

A continuación presentamos seis recomendaciones específicas para reformar el sector de servicios financieros:

1) Convertir la Reserva Federal en un súper-regulador responsable de supervisar el riesgo sistémico. Es de vital importancia que un regulador pueda ver el balance completo de las mayores instituciones financieras del país y este regulador tiene que tener alcance más allá de las barreras institucionales artificiales. Los grandes bancos, las firmas de valores, las aseguradoras y los fondos de cobertura deben quedar bajo supervisión de la Fed. De otro modo, se corre el riesgo de perpetuar un arbitraje regulatorio, en que los participantes de la industria realizan sus actividades más riesgosas en la unidad supervisada por el regulador más laxo.

Otros reguladores continuarían concentrándose en sus respectivos segmentos de la industria exclusivos a las instituciones más grandes y complejas. Los encargados de diseñar políticas deberían evitar crear nuevas burocracias, como algunos han recomendado. Los organismos regulatorios existentes deberían adquirir la responsabilidad de supervisar la protección a los consumidores de productos de crédito.

2) En la medida de lo posible, los instrumentos complejos deberían estar sujetos a frecuentes valuaciones de mercado y ser vendidos a través de una cámara de compensación. Necesitamos un sistema que fomente la valuación de activos basada en los mercados reales y no en el "ajuste a modelo", es decir la valuación basada en presunciones internas o modelos financieros. Estos últimos 18 meses nos han demostrado que los modelos funcionan hasta que se equivocan. Para las ventas de acciones nuevas que no generen demanda a su precio de venta, una institución financiera debe ser capaz de encontrar un verdadero valor de mercado o la transacción no debería realizarse. Los derivados con estructuraciones estandarizadas deberían estar sujetos a valuaciones diarias y los dueños de estos instrumentos deberían estar obligados a mantener una cantidad de efectivo razonable para respaldar su posición (algo parecido al requerimiento de márgenes tradicional que tienen otros valores).

Para los productos hechos medida y nuevos instrumentos que aún no son lo suficientemente maduros como para tener un mercado grande y profundo, aconsejamos que exista una excepción para alentar la innovación. Sin embargo, estas exenciones deben ser revisadas con regularidad por los reguladores, quienes deben establecer reglas de divulgación de información y de corretaje que estimulen la máxima transparencia posible o una forma de determinar el precio de mercado público. Finalmente, todo el mundo debería aplicar el principio básico de que si no entiende algo, probablemente no debería estar haciéndolo.

3) Reformar y revitalizar el mercado de titularización. Aunque el proceso de titularización ha sido golpeado en los últimos años, es importante recordar que este mercado agrega valor al permitir que emisores e inversionistas comparen eficientemente riesgo, retornos y preferencias de duración. Aunque se dieron abusos en partes de este mercado, es importante que no se estigmatice todo. En el futuro, se debería exigir a los emisores que retengan en sus balances una porción sustancial de la titularización y que periódicamente realicen pruebas para establecer los valores actuales de mercado vendiendo parte de sus participaciones. Así, tanto la institución emisora como los inversionistas que compraron el activo titularizado valuarían el mismo activo de la misma manera.

4) Los reguladores necesitan prestar atención a las agencias calificadoras. A futuro, las agencias calificadoras de riesgo deberían establecer estándares claros para calificar los valores complejos. La integridad del principal debe ser primordial cada vez que un valor reciba una calificación de grado de inversión. Además, las actividades de las agencias calificadoras deben estar sujetas a una revisión anual por parte del regulador sistémico (es decir, la Reserva Federal), que a su vez deberían reportar públicamente los puntos que puedan comprometer la seguridad y la solidez de las mayores instituciones financieras del país.

5) Los requerimientos de capital y las políticas de reserva necesitan ser reformadas. Mientras que el exceso de apalancamiento y la implosión de los valores de los activos provocaron la crisis reciente, las metodologías pro cíclicas de reservas para pérdidas en préstamos agravaron la situación. Esto ha sido particularmente cierto en los créditos al consumidor, para los que la Comisión de Bolsa y Valores de EE.UU. forzó a los bancos en los últimos años a reducir sus reservas a medida que los impagos se reducían y hacer lo contrario cuando los problemas se agravaron. Este tipo de régimen parece imprudente. Las formulas funcionan igual de mal que el "ajuste al modelo".

Para lidiar con este asunto, las compañías financieras deberían ser motivadas (o tal vez obligadas) a titularizar el crédito cuando sea posible y aplicar a estos instrumentos el valor actual de mercado. Cuanta más transparencia en la valuación de activos, mejor. Para instrumentos que no se presten a titularización, como los préstamos a negocios con términos hechos a medida de las empresas, se debería permitir a las instituciones financieras, en coordinación con los reguladores, separar reservas para apuntalar las ganancias (y la confianza) en periodos de estrés crediticio. Asumiendo que un mayor porcentaje de activos de instituciones financieras podrían estar sujetos a contabilidad basada en el valor de mercado, podría aumentar la volatilidad de las ganancias, pero una mayor transparencia tendría un efecto neto positivo en la valuación de las instituciones. Evidentemente, unos mayores requerimientos regulatorios de capital podrían ayudar significativamente a frenar la volatilidad de las ganancias. Nosotros proponemos una definición simple y conservadora de capital regulatorio, que consiste el capital común tangible como porcentaje de los activos.

6) Alinear la compensación ejecutiva con los retornos de largo plazo. Los encargados de diseñar regulaciones deben dejar de lado las discusiones polémicas y reconocer la importancia de fomentar el desarrollo de empleados leales y motivados en los servicios financieros. La apresurada imposición de límites de remuneración sólo desplazará a talentoso capital humano a empresas extranjeras y erosionará el liderazgo tradicional de las instituciones financieras estadounidenses. Recomendamos un sistema en que la remuneración basada en el capital y los sueldos sean entregados a lo largo de un período de tiempo relativamente largo.

La porción en efectivo de esta compensación debería poder aumentar o caer a lo largo del período a una tasa consistente a los retornos de la empresa. Así, los empleados no podrían beneficiarse de los resultados a corto plazo y la toma de riesgos en las instituciones estaría más controlada.

Los mercados financieros estadounidenses están en un momento único en su historia. Sin una reforma exhaustiva y bien planeada, el liderazgo estadounidense en las finanzas globales podría estar en peligro y la incertidumbre sobre las reglas de juego podría minar la recuperación y el crecimiento. Para restablecer la confianza, los encargados de diseñar las políticas económicas en EE.UU. deben crear un entre súper-regulador fuerte y promover las valuaciones basadas en el mercado para los balances de las compañías financieras. Tal programa enviaría un poderoso mensaje de transparencia e integridad a los mercados.

Weill es el ex presidente de Citigroup. Kraushaar es un socio gerente de Roaring Brook Capital.

Fuente: WSJ

28 oct. 2009

Cómo potenciar una ineficaz búsqueda de empleo

Por Sarah E. Needleman

Tras graduarse de la Universidad de Loyola Marymount en 2007, Rachel Jones fue despedida de dos empleos de forma consecutiva en su rubro laboral, las relaciones públicas. En los nueve meses siguientes, se postuló a todos los trabajos que encontró, desde asistente de oficina a coordinadora de producción de películas. A cada uno de los 130 empleadores a los que contactó le envió la misma carta de presentación genérica.

"Es fácil caer en una rutina de sólo cambiar el nombre de la empresa", afirma la joven de 24 años.

No fue hasta que Jones empezó a escribir cartas de presentación diseñadas a medida de las oportunidades específicas a las que aspiraba que las cosas comenzaron a cambiar. En agosto, consiguió un puesto de coordinadora de cuenta en una pequeña firma de relaciones públicas en Los Ángeles.

Para muchos profesionales sin trabajo, encontrar un empleo en el mercado actual requiere un esfuerzo mucho mayor que en el pasado, y mucha más energía. El mes pasado, el Departamento de Trabajo informó que a los trabajadores desempleados les lleva un promedio de 27.2 semanas conseguir un empleo, frente a las 19.1 semanas que llevaba en septiembre de 2008 y las 16.7 en septiembre de 2007. Pero los expertos afirman que hay varias formas en las que quienes necesitan empleo pueden revivir una búsqueda estancada.

Optar por un enfoque diseñado a medida del empleo buscado, como al final hizo Jones, es una estrategia. Otra es concentrarse en obtener información sobre puestos no publicitados. Depender sólo de los listados de las bolsas de trabajo, que se han reducido, ya no es suficiente. Había unos 3,3 millones de empleos publicitados en línea el mes pasado, comparado con 4,4 millones en septiembre de 2008 y 4,7 millones en septiembre de 2007, según la firma de investigación The Conference Board.

Muchos empleadores han reducido la cantidad de puestos que publican en línea porque están desbordados por el número de postulaciones, señala Bradley G. Richardson, un socio de la firma de búsqueda ejecutiva Kaye/Bassman International Corp. en Texas. En cambio, dependen del boca a boca y de las recomendaciones para obtener una cantidad de postulantes más manejable, afirma. Eso requiere más esfuerzo de quien busca empleo para tender redes.

También puede hacer como Laura Perry, una comunicadora que durante una búsqueda de empleo que se postergó por 10 meses, se dio cuenta de que le hacía falta experiencia en medios sociales. Asistió a una conferencia sobre el tema y se ofreció para crear una página en Facebook para un salón de belleza.

Tras haber sido despedido de una firma de investigación de mercado en noviembre, Jon Evoy inicialmente dedicó la mayor parte de su tiempo a postularse a puestos que encontró en línea. "Es más fácil sentarse frente a la computadora y simplemente comenzar a buscar empleos, en lugar de salir a la calle", dice.

Pero pasó un mes sin que Evoy, de 30 años, consiguiera ni una entrevista, lo que lo llevó a cambiar de estrategia. Acudió a todas las personas en su red, incluso algunos con los que no hablaba desde hacía años. Una fue una profesional de la publicidad que había conocido dos años antes. La agencia de Nueva York donde ella trabajaba no estaba contratando personal en ese momento, pero le consiguió una entrevista informal con el director de la firma.

En tanto, Evoy se mantuvo al día con noticias y tendencias en la industria a la que quería ingresar para identificar potenciales oportunidades laborales. Cuando encontró un artículo en una revista que decía que la firma con la que había tenido una entrevista informal había obtenido un gran cliente, le envió al director un email de felicitaciones y le preguntó si la firma pensaba contratar personal para hacerle frente a las nuevas demandas. Evoy recibió una respuesta que le avisaba sobre una vacante que estaba por producirse. Se postuló y consiguió el trabajo.

Fuente: WSJ

27 oct. 2009

Los sindicatos tienen que centrarse en los trabajos del futuro

por Michael Skapinker

Cuando era miembro de un comité sindical en los años 90, mis colegas me enseñaron una lección: nunca te impliques en una disputa a no ser que sepas cuál será el resultado más probable.

No está muy claro que los sindicatos de los carteros británicos, que organizaron una huelga de dos días la semana pasada, comprendieran cuáles serían los efectos de su actuación, pero otros sí lo hicieron. No hay duda de que muchas de las personas para las que la huelga suponía un trastorno –muchas empresas cuyos pagos se quedaron en correos, padres que no pudieron enviar las solicitudes de escuela de sus hijos– llegaron a la conclusión de que en el futuro usarían Internet.

Y lo que es más importante, las empresas rivales aprovecharon la oportunidad para hacerse con una parte del negocio de los envíos en Internet que representa la mejor opción de futuro para Royal Mail y sus trabajadores.

Amanzon comunicó a sus clientes que estaba “tomando importantes medidas y trabajando con un amplio número de empresas de mensajería para minimizar el impacto sobre las entregas en Reino Unido”. Es poco probable que esas empresas de mensajería estén muy sindicadas.

Pero cada vez son menos las empresas que lo están. El porcentaje de empleados británicos que pertenecen a sindicatos cayó desde el 44,8% en 1970 al 29,3% en 2003, según un estudio del año 2006 de la Oficina de Estadísticas Laborales estadounidense (BLS por sus siglas en inglés).

Durante el mismo periodo, las afiliaciones a sindicatos en EEUU cayeron del 23,5% al 12,4%. En Francia, el descenso fue del 21,7% a tan sólo el 8,3%. También se produjeron fuertes caídas en países como Nueva Zelanda, Japón o Alemania.

Según la BLS, los únicos países en los que esa cifra aumentó fueron Finlandia, Suecia, Dinamarca y Bélgica. Existía un motivo para ello. “Estos cuatro [países] son los únicos en los que los sindicatos participan en la administración y ejecución de los seguros por desempleo”.

Esto no es algo que me guste Los sindicatos independientes son un distintivo de una sociedad libre. Ningún régimen totalitario los tolera.

Los argumentos a favor de la representación de los trabajadores siguen siendo sólidos. Las décadas de declive de los sindicatos han ido acompañadas de la aparición de una clase de gestores cuyos beneficios han crecido de forma desmesurada en comparación con los de sus empleados. El incremento de los salarios de los ejecutivos no parece ir parejo con un incremento obvio de la competencia, tal y como ha demostrado con claridad la crisis financiera, pero tanto gobiernos como contribuyentes les han pedido cuentas.

Hay algunos indicios que apuntan a un renovado interés por la sindicación. En EEUU, el año pasado se produjo un pequeño aumento en el número de afiliados, según la BLS, pero la proporción de miembros de sindicatos aún permanecía muy por debajo del 13%.

¿A qué se debe esta fuerte caída de la asociación a los sindicatos? El principal problema no parece tanto el abandono de los antiguos miembros como la falta de nuevas incorporaciones. La probabilidad de que un joven se una a un sindicato es menor que en el pasado. Existen varios motivos para ello. Los jóvenes dedican más tiempo a la educación. Su tasa de paro es mayor y, cuando consiguen un empleo, es probable que sea con un contrato temporal.

También se están produciendo cambios culturales. Un informe del Instituto Sindical Europeo señalaba que las generaciones más jóvenes muestran un menor interés por la solidaridad sindical. “La mayoría de los jóvenes no se muestran contrarios a la causa de los sindicatos”, explicaba el informe, pero están acostumbrados a una cultura de servicios y prefieren escoger entre una serie de opciones en Internet. El informe también señalaba que “cada vez es menos probable que los comités internos, que exigen mucho tiempo, atraigan a jóvenes activos y dinámicos”.

Richard Trumka, el nuevo presidente de la AFL-CIO, la federación sindical estadounidense, reconocía en un discurso en agosto que cuando los jóvenes “miran a los sindicatos, lo que ven con frecuencia es un vestigio de la economía de sus padres”. Los sindicatos tienen que ajustarse. Trumka hizo referencia a un sindicato que había nacido entre los trabajadores temporales de Microsoft y que se había extendido por Internet, asesorando a los informáticos en materias como la seguridad laboral y la salud.

El viejo sindicalismo no ha muerto. Teniendo en cuenta que la mayoría de los miembros sindicales pertenecen en la actualidad al sector público, es probable que aumente el malestar a medida que los gobiernos respondan a los altos déficit reduciendo el gasto público.

Los líderes sindicales tienen que encontrar estrategias inteligentes. Deberían concentrarse en los trabajos que sobrevivan en la era de Internet. Lo que los empleados necesitan es una formación continua y la flexibilidad para competir por los empleos que hay en el mercado.

Las protestas por el comportamiento autoritario de los directivos, tal y como han hecho los líderes de correos, no convencerán a aquellos que pertenecen al sector privado, acostumbrados a ellas y que saben que los gestores tienen que hacer frente a sus propias presiones. Tampoco lo hará el llamamiento realizado en este periódico el viernes por un trabajador del servicio postal: “Sólo queremos seguridad laboral”, decía. Pocos de nosotros la tenemos en la actualidad.

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26 oct. 2009

El viejo problema de las pensiones y el descenso de trabajadores

por Tony Jackson

Según cálculos oficiales, dentro de 25 años en Reino Unido habrá 2,8 personas en edad laboral por cada jubilado, frente a las 3,2 actuales. Podría pensarse que es la misma historia de siempre, solo que sigue empeorando.

Los cálculos tienen en cuenta un aumento previsto en la edad oficial de jubilación de un año para los hombres y seis en el caso de las mujeres. Entretanto, la esperanza de vida sigue aumentando –en 0,2 años para los hombres y 0,5 años para las mujeres sólo en los dos últimos años. El problema no se limita a Reino Unido, aunque en el resto de Europa lo ven de formas muy distintas. Pero antes de abordar este punto, desmintamos una o dos falacias.

Una dice que el problema deriva del baby boom que siguió a la Segunda Guerra Mundial. Pero este fenómeno genera una gran cantidad de trabajadores que más tarde pasan a ser pensionistas. Esto no afecta a la verdadera cuestión, el aumento de la longevidad. De hecho, la Comisión Turner británica ha demostrado que dentro de 25 años la proporción de trabajadores frente a pensionistas sería la misma aunque nunca se hubiera producido el baby boom.

¿O tal vez el problema pueda solucionarlo la inmigración? Pero, al igual que sucede con la venta piramidal, siempre serán necesarios nuevos inmigrantes que mantengan a los que se jubilen –algo que, desde el punto de vista político, parece poco probable. Y, dado que los trabajadores que gana un país los pierde otro, el resultado de la suma global es cero. O tal vez la obesidad entre los jóvenes reduzca la longevidad.

Pero aún estando en edad laboral, los obesos serán más propensos a las enfermedades y, por tanto, poco productivos. Así que el problema empeorará antes de mejorar.Y un largo etcétera. Al final, todo se reduce a tres opciones: ahorrar más, trabajar durante más tiempo o depender de la generosidad de nuestros hijos como contribuyentes.

La opinión que cada uno tenga sobre esas opciones dependerá de su punto de partida. Esto me lleva a un reciente sondeo sobre la postura de los europeos en relación al ahorro y la jubilación.El hallazgo más sorprendente son las diferencias entre Holanda, por una parte, e Italia y España por otra, situándose Reino Unido en algún punto intermedio.

A la pregunta de si están ahorrando lo suficiente para su jubilación, el 55% de los holandeses respondió de forma afirmativa, frente al 15% de los españoles y el 26% de los italianos. Aun así, el 40% de los holandeses no tienen previsto jubilarse hasta después de los 65 años, frente al 22% de los italianos. ¿Qué está pasando? El responsable del estudio, David Bowers, de Absolute Strategy Research, achaca esta diferencia a que los holandeses se sienten más seguros en sus puestos de trabajo. Es probable, argumenta, que durante esta década, italianos y españoles hayan perdido competitividad frente a Alemania, y simplemente se sienten menos seguros ante la posibilidad de trabajar durante más tiempo.

Aparte de eso, la envidiable tranquilidad del pueblo holandés se debe a tres factores. Son pocos los holandeses que tienen contraída deuda sin garantías; encabezan la lista de préstamos hipotecarios de Europa y, por encima de todo, tienen el mejor plan de pensiones de la Unión Europea. Además de los habituales planes de pensiones estatales, Holanda cuenta desde 1957 con un régimen obligatorio de pensiones privadas.

La Comisión Turner llegó a la conclusión hace cinco años de que casi ningún jubilado holandés percibía unos ingresos inferiores al 60% del salario medio, frente a la mitad de los irlandeses y un tercio de los griegos. Por si fuera poco, los fondos de pensiones holandeses siempre han invertido en bonos del Gobierno del país, evitando los enormes déficit que desconciertan a los trabajadores británicos, por poner un ejemplo.

Merece la pena destacar, sin embargo, que invertir en bonos del Tesoro hace que se nuble la distinción entre planes financiados y no financiados. En cualquier caso, la carga recae en los futuros contribuyentes. Para los pensionistas, la única duda es si los futuros gobiernos acabarán incumpliendo las promesas hechas a su antiguo electorado o a los acreedores internacionales.

Otra cuestión muy distinta es la inversión en renta variable. En Reino Unido, por ejemplo, un buen puñado de empresas con un enorme nivel de capitalización obtiene dos tercios de sus beneficios y dividendos del extranjero, y, cada vez con más frecuencia, de las economías emergentes. Por tanto, al invertir en esos valores, no serán nuestros hijos los que carguen con la deuda del futuro, sino los de países como China e India.

De todo esto se desprenden tres conclusiones. Deberíamos, siempre que podamos, ampliar nuestra vida laboral, además de seguir el ejemplo de los esquemas de pensiones de Holanda, Suiza y Australia y, si fuera necesario, obligar a las empresas a cubrir esas pensiones.Por último, deberíamos pensar dos veces antes de invertir en acciones.

Según la encuesta Janus, sólo una quinta parte de los europeos, de todas las edades y países, consideran que las acciones son una forma de ahorro sensata. Esa inclinación es comprensible, dadas las enormes decepciones sufridas en la última década. No obstante, a largo plazo, invertir en bonos del Tesoro podría resultar más perjudicial, ya que sería una forma de posponer el problema en lugar de abordarlo.

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