29 jul. 2011

¿Por qué falla la máquina de empleos de EE.UU.?

Por David Wessel

He aquí algunos números del desempeño de las empresas y el mercado laboral en Estados Unidos que sirven de barómetros clave de la economía del país. En los últimos 10 años:

- La producción de bienes y servicios se ha expandido 19%.

- Las ganancias de las empresas que no pertenecen al sector financiero han aumentado 85%.

- La fuerza laboral ha crecido en 10,1 millones de empleos.

- El número de puestos de trabajo del sector privado, sin embargo, se ha reducido en casi dos millones.

- Y el porcentaje de adultos estadounidenses con trabajo se ha reducido a 58,2%, un nivel que no se había visto desde 1983.

¿Por qué está fallando la máquina de empleos estadounidense? Como señaló hace poco Greg Hayes, director financiero de United Technologies Corp., "las ventas han regresado, pero la gente no".

En gran parte, eso ocurre porque la economía crece demasiado despacio o como para absorber la fuerza laboral disponible, y los sectores que suelen contratar en las primeras etapas de la recuperación —como la construcción y la pequeña empresa— se vieron paralizados por el descalabro del crédito.

También hay que considerar el factor de la confianza. Si los empleadores estuvieran seguros de que podrían vender más, contratarían a más personas. Si estuvieran menos inseguros de la durabilidad de la recuperación y otros factores, estarían más inclinados a incrementar sus niveles de contratación.

Hay, además, un fenómeno que precede a la recesión y que ha persistido a lo largo de ella. Se trata de los cambios en la forma en que funciona el mercado y cómo los empleadores ven a su fuerza laboral.

Trabajadores desechables

Los ejecutivos lo llaman "reducción estructural de costos" o "flexibilidad". El economista Robert Gordon, de la Universidad de Northwestern, lo llama el surgimiento de "los trabajadores desechables", una abreviación de una estrategia de las empresas para reducir costos laborales dondequiera que puedan, a un nivel sin precedentes.

El economista Alan Krueger, de la Universidad de Princeton, calcula que 70% de la escasez de trabajo actual es simplemente cíclica, el resultado de una decepcionante recuperación de una profunda recesión. Sin embargo, atribuye 30% a cambios en el mercado laboral que comenzaron una década atrás o más.

Consideremos lo siguiente:

En la recesión más reciente y en las dos anteriores —1990-91 y 2001— los empleadores han sido más rápidos a la hora de despedir empleados y recortar sus horas de trabajo que en la recesiones que las habían precedido. Muchos de ellos también fueron más lentos para volver a contratar. Como resultado, la "recuperación sin empleo" se ha convertido en la norma.

En el pasado, cuando los negocios se desplomaban, las empresas reducían personal y aceptaban menos trabajo por empleado. Durante la profunda recesión de principios de la década del 70, la producción estadounidense de bienes y servicios se redujo en 5% y el empleo en 2,5%. Los economistas trataban de comprender el "acaparamiento laboral", la tendencia de las empresas a retener a los empleados que no necesitaban.

Pero ya nadie piensa así. Entre finales de 2007 (cuando el empleo estadounidense alcanzó su mayor pico) y finales de 2009 (cuando tocó fondo), la producción estadounidense de bienes y servicios disminuyó 4,5%, pero el número de trabajadores se redujo mucho más: 8,3%. El rompecabezas de hoy es entonces: ¿cómo y por qué los empleadores lograron aumentar la productividad, o la producción por hora de trabajo, como nunca antes durante la peor recesión en décadas?

La nueva norma

En una época anterior, cuando más estadounidenses trabajaban en líneas de ensamblaje, muchos despidos eran temporales. Cuando el negocio se recuperaba, los trabajadores volvían a ser convocados, a menudo debido a garantías sindicales.

En el peor momento de la recesión de 1980-82, uno de cada cinco desempleados correspondía a un "despido temporal". En la reciente recesión, la proporción de despidos temporales nunca fue superior a uno de cada 10. Eso se debe en parte a que menos estadounidenses trabajan en fábricas. Hoy, en cambio, si un restaurante no tiene suficientes clientes, quiebra.

"Cuando los despidos son temporales, las recontrataciones pueden realizarse muy rápido", comentan los economistas Erica Groshen y Simon Potter, de la Reserva Federal de Nueva York.

Cuando los despidos son permanentes, la recuperación del empleo es lenta, añaden. Si el empleador quiere contratar, debe embarcarse en la tarea de revisar currículos, lo que consume mucho tiempo.

Las empresas, con sus ojos fijos en el precio de las acciones y en las ganancias, valoran más que nunca la flexibilidad encima de la estabilidad. La recesión les demostró que podían hacer más con menos trabajadores de lo que muchos de ellos creían.

En una encuesta a 2.000 empresas a principios de este año, McKinsey Global Institute, el centro de estudios de la enorme empresa de consultoría, encontró que 58% de los empleadores esperaba tener más trabajadores a tiempo parcial, temporales o subcontratados en los próximos cinco años y más de 21,5% trabajadores "tercerizados o externos".

"La tecnología", señala McKinsey, "permite a las empresas gestionar el empleo como un aporte variable. Con el uso de nuevos sistemas de programación de recursos, se pueden proveer de personal sólo cuando lo necesitan, ya sea por un día completo o unas pocas horas".

Las agencias de ayuda temporal juegan un papel cada vez más importante, desde la provisión de personal fabril y administrativo hasta enfermeras e ingenieros.

Black & Veatch, una empresa de ingeniería de Missouri, que antes de la recesión contaba con 9.600 empleados y los redujo luego a los 8.700 que tiene hoy, contrata alrededor de 100 trabajadores por mes. Cerca de 10% de sus empleados son temporales, indica Jim Lewis, jefe de recursos humanos de la empresa. "Esa es una forma rápida de traer gente, y da un poco de tiempo para saber si el crecimiento se mantendrá o no", explica.

También facilita volver a recortar en tiempos difíciles. Los trabajadores, en pocas palabras, ahora pueden ser contratados "en el momento preciso". Y aparentemente, muchos empleadores no creen que todavía sea el momento. Debido a que pueden contratar personal temporal casi al instante, hay poca necesidad de contratar a la espera de una recuperación en los negocios".

Cuando sí reclutan personal, las grandes empresas multinacionales con sede en EE.UU. están en mejor condición de y más dispuestas a contratar en el exterior, en parte porque los salarios son a menudo más baratos, pero también porque es allí donde están sus clientes.

En la década de los 90, las multinacionales incorporaron en EE.UU. casi dos puestos de trabajo por cada nuevo empleo fuera del país; en tanto que en la década siguiente, recortaron 2,9 millones de empleos estadounidenses, mientras que aumentaron 2,4 millones en el extranjero, de acuerdo con el Departamento de Comercio de EE.UU.

Hal Sirkin, de Boston Consulting Group (BCG), afirma que el aumento de los salarios en China resta un poco de atractivo al país. En 2000, los salarios de los trabajadores chinos promediaron 3% de los de sus contrapartes estadounidenses. Hoy en día, representan 9%, y la firma de consultoría espera que la cifra llegue a 15% en 2015. Sirkin predice que ello impulsará a muchos fabricantes a devolver el trabajo a EE.UU. ¿Cuántos? Sirkin todavía trabaja en un cálculo.

Aun cuando el gobierno cuenta 4,68 trabajadores desempleados por cada puesto que se abre, algunos empleadores insisten en que no pueden encontrar empleados con las habilidades que necesitan a los salarios que pueden pagar.

Fuente: WSJ

28 jul. 2011

El auge de los 'commodities' acaba con la era de los subsidios en EE.UU.

Por Scott Kilman

Se respira un aire de prosperidad en este tranquilo pueblo agrícola del Medio Oeste de Estados Unidos.

Los precios de las propiedades están al alza al igual que los depósitos en el banco local, debido a que los altos precios del maíz y la soya le están haciendo ganar más dinero a los agricultores. En Sloan Implement, que vende tractores John Deere, "este año podría ser el mejor de nuestra historia", dice su presidente ejecutivo, Tom Sloan.

Una excepción a este auge es la oficina local del Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA, por sus siglas en inglés), encargada de distribuir los subsidios federales a los agricultores que se benefician de una amplia gama de programas. Hace unos días, apenas había autos estacionados frente al edificio público, detrás de un restaurante chino.

La razón es que se ha frenado el pago de los subsidios al sector agrícola, que se remontaban a 1930. El alto precio de los granos no justifica ninguna ayuda estatal bajo la fórmula de "respaldo de precio" del programa. En otras palabras, el mercado ha logrado lo que la política no pudo: acabar con los subsidios agrícolas.

A pesar de que estos pagos siempre han fluctuado de acuerdo con los precios de las materias primas, muchos economistas creen que lo que pasa ahora es diferente. Un alza sostenida en el valor de las cosechas está creando una posibilidad real de que los productores ya no tengan derecho a recibir este subsidio básico.

Siguen vigentes otros tipos de ayudas porque no están vinculadas a la cotización del mercado. Pero la escalada de los precios está socavando el apoyo político a estos programas, especialmente en un momento en que la Casa Blanca y el Congreso debaten para llegar a un acuerdo sobre el límite de endeudamiento de EE.UU.

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Los pagos del gobierno a los agricultores se han reducido a US$11.000 millones al año —la mitad de hace seis años— y todavía podrían encogerse otra mitad si Washington sigue adelante con su plan de eliminar otro tipo de subvención al sector que le cuesta al gobierno unos US$5.000 millones por año. "Los subsidios se están evaporando", dijo J. Mark Welch, un economista de la Universidad Texas A&M.

Muchos detractores llevan años criticando las ayudas agrícolas, al considerarlas obsoletas y una pérdida de dinero. Fueron creados para combatir la pobreza rural durante la Depresión, cuando una cuarta parte de los estadounidenses vivía en el campo. Desde entonces, el gobierno ha inyectado en torno a US$760.000 millones en esos programas. Hoy, menos de un 1% de la población es agrícola. El típico granjero trabaja más hectáreas que antes gracias, en parte, a tractores más potentes y una cosecha más eficiente.

Gran parte del monto de los subsidios fluye hacia agricultores que son más ricos que el estadounidense promedio. El Enviromental Working Group, una organización activista de Washington que quiere que esos subsidios sean convertidos en programas de conservación, tiene una base de datos que refleja que 10% de las granjas del país se lleva 74% del dinero federal. Los pequeños productores reciben menos ayuda simplemente porque cultivan menos hectáreas.

El enfoque que hoy predomina en Washington está cambiando el cálculo. El Senado votó para eliminar los alivios tributarios al etanol. "Se terminaron los buenos tiempos", dice el secretario de Agricultura, Tom Vilsack, un ex gobernador demócrata de Iowa. "Ya no hay vacas sagradas. Todo está en la mesa de negociación".

Esto preocupa a muchos. Mientras los precios de los granos están al alza, los agricultores no añoran los subsidios, pero algunos economistas se preguntan qué pasará si la volatilidad vuelve a azotar el mercado y hace que los precios se hundan. "La histórica red de seguridad de los productores estadounidenses estaba muy cerca de ellos", dice Steve Elmore, economista del productor de semillas y fertilizantes DuPont Co. "Sigue existiendo pero está ocho pisos más abajo".

Durante décadas, conforme caía el precio de los granos pero subían los costos operativos, muchos agricultores pudieron sobrevivir gracias a estos subsidios. Para los productores del condado de Shelby, al sur de Chicago, los cheques del gobierno representaban la mitad de su ingreso.

El mercado global de granos cambió en 2006 cuando

Washington le exigió a la industria petrolera que mezclara miles de millones de barriles de gasolina con etanol derivado del maíz. Al mismo tiempo, un número creciente de consumidores de clase media en economías emergentes como China comenzaron a demandar más carne y leche de vacas alimentadas con granos, impulsando las ventas de soya, cerdo y maíz de EE.UU.

Los subsidios de la Depresión funcionan de la siguiente manera: el Congreso fija un "precio objetivo" para ciertos cultivos y cuando el mercado cae por debajo de esa cifra, el gobierno cubre la diferencia.

Los precios objetivo de hoy son un reflejo de los alicaídos mercados que prevalecieron entre los años 70 y el 2005: el maíz rondaba los US$2 el bushel y la soya, unos US$6. Ahora, en el condado de Shelby el maíz se vende a US$7 el bushel, muy por encima del precio fijado por el Congreso de US$2,63. La soya se vende a US$13, frente a su precio objetivo de US$6. Por eso, los cheques de ayuda no son emitidos.

A pesar de que los precios actuales podrían retroceder si los productores deciden cultivar más, muchos economistas dudan que bajen al nivel que desató la necesidad de los subsidios, al menos en la próxima década.

"No vemos que los granjeros aquí vayan a necesitar el subsidio", dijo Darrel Good, economista de la Universidad de Illinois. "Es el fin de una era".

El USDA todavía paga miles de millones de dólares a los agricultores a través de varios programas. Entre otras cosas, subvenciona el seguro de las cosechas Aun así, los subsidios agrícolas caerán a US$10.600 millones este año frente a los US$24.400 millones de 2005.

En el condado de Shelby, sus casi 3.00 agricultores solían repartirse alrededor de US$25 millones al año en pagos del gobierno. Esa cifra cayó ahora a US$8 millones. Se espera que la ley federal de subsidios se renueve por otros cinco años más en 2012.

El otro gran programa de subsidios, no ligado a los precios del mercado, es el resquicio de un fallido experimento de 1996 cuando un Congreso liderado por los Republicanos buscó quitarles la ayuda federal a los agricultores. Éstos recibirían una ayuda fija pero cada vez menor durante siete años y luego quedarían expuestos a los designios del mercado. Pero en el séptimo año, en vez de que sus beneficios desaparecieran, el Congreso los convirtió en un nuevo programa de pagos fijos basado en la cantidad y tipo de cultivos que los granjeros produjeron.

En el condado de Shelby, con una población de 21.803 habitantes, el sombrío panorama de los subsidios le quita el sueño a más de uno. Pocos esperan que los altos precios de los granos se sostengan y mientras, los costos del combustible, las semillas, el equipamiento y los fertilizantes han subido sostenidamente.

Tim Lenz, un agricultor de Strasburg, Illinois, dijo que quiere renunciar al subsidio fijo de US$38.000 que cobra cada año por cultivar 1.050 hectáreas. "Es pura ganancia para mí, pero no lo puedo defender cuando nos está yendo tan bien", dijo. El ingreso de Lenz se duplicó a US$ 1,4 millones gracias a los mejores precios y los rendimientos del maíz.

Fuente: WSJ

27 jul. 2011

España aplicará mano dura sobre la deuda de las comunidades autónomas

Por Jonathan House

MADRID-España está preparando planes para imponer nuevos controles presupuestarios sobre sus poderosas comunidades autónomas para asegurar que el país cumpla sus ambiciosos objetivos de déficit, dijo la ministra de Finanzas, Elena Salgado.

En una entrevista, la ministra planteó una línea dura con respecto a las comunidades autónomas que controlan un tercio del gasto en España. Dice que quiere que los responsables de sus finanzas acepten nuevos límites al gasto en una reunión que se celebrará este miércoles 27 de julio. Más tarde, dijo que el gobierno redactará un proyecto de ley que establecerá multas para las comunidades que no cumplan con sus metas de presupuesto.

"El gobierno central ha aprobado una regla para el gasto que lo liga al crecimiento económico", dijo Salgado. "Queremos que las regiones hagan lo mismo", explicó.

Las medidas responden a las demandas de la Unión Europea (UE) de fortalecer la supervisión económica, especialmente en países como España, que tienen grandes déficit presupuestarios. En un importante paso adelante para resolver la crisis de la deuda europea, los líderes de la UE acordaron el jueves 21 de julio conceder nueva ayuda a Grecia y expandir el alcance del fondo de rescate regional. También exhortaron una "rápida finalización" de una reforma sobre las reglas presupuestarias que se espera que incluya multas automáticas para los países que no cumplan con las metas de déficit establecidas por la UE.

El acuerdo en la UE ayudó a mejorar el ánimo de los inversionistas con respecto a países fiscalmente frágiles como España e Italia, parcialmente revirtiendo el fuerte incremento que se había visto en sus costos de financiamiento en las últimas semanas. Aun así, España tiene mucho trabajo por delante para poner su casa en orden. El viernes 23 de julio, el Banco de España intervino la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM), un importante paso en sus esfuerzos para ordenar la problemática situación que atraviesa la caja de ahorros. La decisión era largamente esperada luego de que la CAM pidiera al gobierno una inyección de recursos de 2.800 millones de euros (US$4.019 millones) a comienzos de este año.

En el frente fiscal, la crisis de España ha puesto en evidencia los deficientes controles sobre el gasto en las regiones, que son responsables de servicios esenciales como la educación y la salud. Sus desequilibrios presupuestarios amenazan con descarrilar los esfuerzos españoles por recortar la deuda soberana que supera el 9% del Producto Interno Bruto para llevarlo a 3% en 2013.

Salgado va a dar el primer paso hacia el endurecimiento de los controles este miércoles 27 de julio, cuando presione a las comunidades autónomas a que adopten nuevas reglas que ya han sido adoptadas por las administraciones centrales y municipales, las cuales pondrán un tope al gasto por debajo de la tasa de crecimiento económico del país. "Si España es sancionada por la UE debido a las comunidades autónomas, les trasladaremos esas sanciones a las comunidades autónomas", aseguró Salgado.

La reunión de Salgado con los 17 ministros de Finanzas el miércoles será la primera desde que el Partido Socialista Obrero Español, del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, sufriera históricas pérdidas en las elecciones municipales y regionales en mayo del año pasado. La mayoría de las comunidades autónomas están ahora bajo control del opositor Partido Popular y se espera que muchos de los nuevos gobiernos de este partido digan que no pueden cumplir con la meta de déficit de 2011 que equivale al 1,3% del Producto Interno Bruto local. "Simplemente reiteraré que tienen que cumplir sus metas", aseguró Salgado.

De la misma manera, Salgado descartó conceder a las comunidades autónomas, que mayoritariamente se financian con impuestos que cobra el gobierno central, más dinero para reducir las severas presiones de liquidez causadas por la caída en los ingresos y las restricciones del gobierno central a la emisión de deuda. "Eso crearía un riesgo moral", advirtió. Muchas regiones dicen que no pueden pagar a sus proveedores, y algunas como Castilla-La Mancha, dicen que pronto no podrán pagar a sus empleados. Más aun, todavía tiene que refinanciar alrededor de 20.000 millones de euros (US$28.709 millones) de deuda este año.

En un informe la semana pasada, la agencia de calificación de deuda Standard &Poor's dijo que pensaba que el gobierno central necesitará dar a las comunidades autónomas 3.400 millones de euros (US$4.880 millones) adicionales este año y en el próximo. Salgado dijo que lo único que el Ministerio puede hacer en caso de emergencia es adelantar las transferencias mensuales que reciben las comunidades autónomas. "Transferimos dinero a las comunidades autónomas mensualmente, así que podríamos, por ejemplo, transferir los fondos previstos para octubre en septiembre", explicó.

Fuente: WSJ

26 jul. 2011

La deuda en Estados Unidos: la polarización política inmoviliza a los negociadores

Por Gerald F. Seib

El espectáculo que da hoy el gobierno de Estados Unidos, incapaz de ocuparse siquiera de su tarea más básica de proteger la posición financiera del país, puede causar consternación. No debería, sin embargo, ser una sorpresa.

La incapacidad, tras una advertencia recibida hace ocho meses, de ponerse de acuerdo con respecto a un plan para lidiar con el déficit e incrementar el tope de deuda del país no es un curioso accidente. En cambio, es la lógica culminación de dos enormes tendencias en la política estadounidense: un debate no resuelto respecto al tamaño del gobierno y la creciente polarización del Congreso, y en particular de la Cámara de Representantes.

Ponga esas dos tendencias juntas y usted termina con los líderes de los partidos Demócrata y Republicano, como han hecho en los últimos días, hablando de la necesidad de "derrotar" al otro bando como si los dos fueran adversarios durante la Guerra Fría, más que socios en la dirección de un mismo país. De hecho, las más recientes diferencias entre los dos planes de los dos partidos derivan en gran medida de que los republicanos no confían en la disposición de los demócratas de cumplir con un plan en dos etapas para recortar el gasto.

La mutua desconfianza de los partidos proviene de un gran desacuerdo filosófico respecto al tamaño y el rol del gobierno en la sociedad estadounidense del siglo XXI. Los demócratas ven un aumento del rol del gobierno a medida que el país envejece y la economía madura. Más aún, ven eso como la inevitable y deseable evolución de un país que cumple a cabalidad con sus programas de bienestar social en función de una población que envejece. También lo ven como un ingrediente clave de competitividad global, donde las economías dirigidas por los estados, como la de China, utilizan el poder de sus gobiernos para tomar ventaja.

Los republicanos ven esas mismas tendencias y se apartan de lo que ven como un país que se aleja de sus tradicionales anclas económicas y va hacia los inherentemente defectuosos modelos de una Europa socialista y una China mercantilista. Ven un sistema de prestaciones sociales que necesita ser recortado a medida que la economía madura y un rol del gobierno en la economía que no debería crecer para competir con China, sino más bien ser reducido para diferenciar el modelo estadounidenses del chino.

Esas diferencias resultan en un estancamiento respecto a cuál debería ser el tamaño de la huella del gobierno en la economía. Los republicanos están de acuerdo con un presupuesto gubernamental que equivalga a 19% o 20% de la economía del país; los demócratas presionan por un porcentaje más cercano a 22%. Las diferencias pueden parecer pequeñas pero en realidad equivalen a cientos de miles de millones de dólares en los próximos años que separan a ambos partidos.

La presentación de planes rivales continuó ayer el impasse y volvió a afectar los mercado: el Dow Jones perdió 88,36 puntos, para cerrar en 1.2592,80.

Un compromiso entre ambos puntos de vista no es imposible en teoría, pero casi lo es en la práctica debido a la segunda gran tendencia que está actuando: una generación de fuerzas políticas ha llevado a los republicanos hacia la derecha y a los demócratas hacia la izquierda y ha dejado al centro político en el Congreso débil y sin peso.

En este sentido, el Congreso es meramente el reflejo de los dos partidos estadounidenses que se han separado sobre bases ideológicas en las últimas tres décadas hasta el punto de que no hay casi ninguna superposición entre ellos. El Partido Demócrata tenía hace una generación un saludable contingente de miembros conservadores, que eran ideológicamente similares a los republicanos más liberales. Era muy posible encontrar a algunos demócratas más conservadores que algunos republicanos y algunos republicanos más liberales que algunos demócratas. Ese tipo de legisladores llenaban el medio del espectro ideológico en el Congreso, haciendo más fácil encontrar algún espacio común para acuerdos entre los extremos de ambos partidos.

Ahora, esos conservadores demócratas se han transformado en republicanos y esos liberales republicanos se han transformado en demócratas o simplemente se extinguieron.

El Senado solía ser el lugar en el cual esas líneas partidarias eran borradas. Pero crecientemente está poblado y conducido por ex integrantes de la cámara baja que han llevado su polarización a la alta. Es un sistema virtualmente diseñado para producir divisiones partidarias y usted está viendo las consecuencias.

Fuente: WSJ

25 jul. 2011

Lo que Grecia puede aprender de Turquía

Por March Champion

ESTAMBUL—¿Por qué Grecia no puede ser más como Turquía?

Eso es lo que el primer ministro griego, George Papandreou, preguntó a los parlamentarios de su país el mes pasado cuanto trataba de lograr que votaran un paquete de austeridad que estaba generando disturbios.

Papandreou se refería a cómo Turquía se recuperó de una crisis financiera en 2001. Ahora los acreedores le están pidiendo a Grecia que tome el mismo tipo de medidas de austeridad, pero todavía no está claro que los griegos estén dispuestos a recorrer ese camino tal como lo hizo Turquía.

Los líderes de la zona euro acordaron un segundo paquete de rescate para Grecia la semana pasada. Hoy, el ministro de Finanzas, Evangelos Venizelos, se reunirá con la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, en Washington. El FMI calcula que Grecia necesitará más de 100.000 millones de euros (US$140.000 millones) en fondos adicionales hasta 2014, además del programa conjunto existente de la Unión Europea (UE) y el FMI de 110.000 millones de euros.

"¿Por qué no podemos hacer lo que hicieron nuestros vecinos de Turquía?", preguntó Papandreou al Parlamento griego.

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De acuerdo con Kemal Dervis, ex ministro de Economía turco y artífice del plan de recuperación económica de su país en 2001, la respuesta es que Grecia también se puede recuperar. Pero hay al menos una enorme diferencia en las herramientas a disposición de los dos países: Grecia no puede recortar las tasas de interés y devaluar su moneda porque es parte de la zona euro.

Mire cómo se mire, la crisis turca de 2001 fue dura. En dos años, Ankara pidió prestado al FMI un monto equivalente a 14% de su Producto Interno Bruto, recortó los gastos para generar superávits presupuestarios primarios de 9,6% del PIB y persuadió a los sindicatos para que aceptaran un recorte de 20% en los salarios reales. El PIB cayó 5,7% en 2001.

Durante la crisis financiera de 2008, Turquía fue golpeada nuevamente, a pesar de que había reducido radicalmente su deuda y fortalecido su sector bancario. En el primer trimestre de 2009, el PIB se hundió 14,7%. Una vez más, repuntó, esta vez para transformarse en una de las economías del mundo de más rápido crecimiento.

Turquía tiene sus propios dolores de cabeza económicos, fundamentalmente un déficit de cuenta corriente de casi 9% del PIB, financiado con inversiones volátiles de corto plazo. Los temores de los inversionistas sobre estos desequilibrios han contribuido a una ola de ventas de la lira turca este año. Pero esas preocupaciones se ven compensadas por la extendida confianza en que el país se expandirá en los próximos 20 años. Lo mismo no puede decirse de Grecia.

Una investigación reciente del FMI calculó que la decisión del banco central turco de reducir su principal tasa de interés —hoy en 7%— en 10,5 puntos porcentuales en el año posterior a noviembre de 2008 y al mismo tiempo dejar que la lira se precipitara, llevó a que la contracción turca fuera de sólo 4,7% en 2009, en vez de 8%.

Tales recortes en los costos de endeudamiento provocaron un auge del crédito que sobrecargó el crecimiento turco: el tipo de estímulos que los detractores de Papandreou dicen que su país debería buscar por ahora, a través del recorte de impuestos y otras medidas, en lugar de acordar un programa de austeridad que sofoque el crecimiento. En 2010, el año siguiente al de la recesión, la economía de Turquía creció 8,9%. En el primer trimestre de este año, en tanto, su expansión de 11% superó la tasa de China.

"Una herramienta del tipo de cambio es muy útil y es difícil renunciar a ella", dijo Dervis.

De acuerdo con Paul De Grauwe, profesor de economía de la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica, esa es una de las razones por la cual Turquía y otras grandes potencias como Polonia que están considerando incorporarse al euro no lo hacen.

La mayoría de los economistas dice que Grecia estaría peor si tratara de dejar la zona euro en este momento, aunque algunos ya comenzaron a predecir que sí lo hará. Dervis, en tanto, dice que centrarse en los problemas actuales de Grecia es ignorar los beneficios que el país ha obtenido de la UE y de su membresía a la zona euro.

Fuente: WSJ