27 feb. 2009

La recesión recupera los buenos modales

por Lucy Kellaway

La semana pasada, recibí un mensaje de un joven compañero que decía: “Lo siento, Lucy. Llegaré tarde a la reunión; es el metro, hay muchos retrasos estos días”. El mensaje captó mi atención: el hecho de que el hombre fuera a llegar tarde carecía de interés, pero que hubiera usado un punto, dos comas, y un punto y coma sí me sorprendió.

Si una persona de 26 años puntúa con tanta corrección un mensaje de texto, ¿estamos ante el final de una época? ¿Es posible, me pregunté, que dejemos de recibir símbolos como tbeo dsps dl kurro?

Al día siguiente, cuál sería mi sorpresa, me llegó un correo electrónico del responsable de comunicación interna de Google, una de las empresas más progres del mundo. Su habitual “¡Hola Lucy!” había sido sustituido por un “Estimada señorita Kellaway”. Sorprendentemente, el registro formal se mantuvo hasta la despedida: “A la espera de su pronta respuesta, reciba un cordial saludo”.

Si los empleados de Google han renunciado al lenguaje de Internet y ahora redactan emails siguiendo el estilo Debrett, la biblia británica de etiqueta y buenos modales, algo está cambiando ahí fuera. Para saber hasta qué punto llega esta nueva tendencia, he realizado un estudio del que se desprenden curiosos resultados. Decidí leer los últimos cien emails de mis lectores y los clasifiqué por estilo, puntuación y corrección. Después de comparar los resultados con los de una prueba parecida que hice hace casi nueve años, parece que la balanza se inclina ahora hacia el uso correcto de la lengua.

En 2000, más de una cuarta parte de los mensajes usaba las minúsculas. En el último lote, sólo el correo de un hombre que trabajó en Wall Street en los años sesenta evitó el uso de mayúsculas. Su uso del lenguaje era, por lo demás, impecable, lo que me hace pensar que el caballero tenía un problema con la tecla de mayúsculas de su ordenador. Hace nueve años, pude apreciar una gran variedad de formas de despedirse, casi todas horribles.

La más común era salu2, una abreviatura un tanto ofensiva, al implicar que el remitente no puede dedicar dos segundos a pulsar dos teclas más para dar una mejor impresión al receptor. En el grupo de este año, sólo he encontrado un salu2; se han recuperado el atentamente y el cordialmente. Ahora, también se utiliza el apellido, que en 2000 prácticamente brillaba por su ausencia. Casi el 40% de los mensajes que recibo se referían a mí como “Ms Kellaway”, “Mrs Kellaway” o “Lucy Kellaway”; en todos los casos, el nombre estuvo precedido por un “Estimada”. Atrás han quedado los hola, qué hay.

Este cambio de tendencia tampoco tiene por qué resultar sorprendente. En épocas de recesión y pérdida de empleo, parece que vestir adecuadamente y utilizar el lenguaje con corrección se consideran una buena póliza de seguros. De hecho, los únicos sitios en los que todavía predomina el descuido son los que están a salvo de la economía de mercado.

Nuestro sector privado habla ahora con acento afectado y, cuanto más en peligro está una determinada industria, más petulantes son sus ejecutivos. El resultado, por desgracia, no siempre es el deseado: cuando uno intenta adoptar un lenguaje más elaborado de lo que su educación le permite, termina por parecer ridículo o tonto.

Un triste ejemplo de esto lo encontramos en la nueva página web de Goldman Sachs; su portada muestra la foto de un fiordo junto a la frase “incierto, pero no desconocido”. El resto del texto dice así: “La actual crisis financiera está teniendo unas repercusiones económicas sin precedentes. No obstante, muchos de los acontecimientos del año pasado han sido, de hecho, vividos con precedencia por muchos de los participantes del mercado”. Es difícil descifrar el significado del último batiburrillo de palabras.

Creo que lo que Goldman Sachs quería decir es que, aunque esta crisis no tenga precedentes, muchos de nuestros empleados han pasado por experiencias parecidas en otras ocasiones. De ser así, se pueden extraer dos conclusiones: o el banco no sabe lo que dice, o algunos de sus empleados han superado ya los 120 años.

The Financial Times Limited 2009. All Rights Reserved.

26 feb. 2009

Japón pone la mira en los viajeros acaudalados

Por Miho Inada

Tokio

La recién creada agencia de fomento al turismo de Japón tiene un objetivo ambicioso: promocionar el país como un destino de lujo para los viajeros más acaudalados del mundo.

Japón fundó la agencia en octubre como parte de un gran esfuerzo para reanimar su somnolienta industria turística. Algunas semanas después de la inauguración, la entidad estatal invitó a 23 agencias de viaje de varios países para una conferencia titulada Foro de Viajes de Lujo a Japón, promocionando sus hoteles más extravagantes y destinos turísticos exclusivos. Las autoridades esperan que la estrategia atraiga a los viajeros adinerados.

El evento incluyó un viaje, auspiciado por decenas de empresas japonesas, entre ellas Japan Airlines, a Kanazawa, una pequeña ciudad histórica en el norte de Japón que es famosa por sus castillos y aguas termales. El grupo también vio una demostración del arte japonés makie, o laca de oro, la que ha sido transmitida de generación en generación por 1.300 años. La agencia también planea publicar anuncios en revistas de viaje de lujo y en sitios Web dedicados a los turistas acaudalados, como Virtuoso.com.

Los esfuerzos son parte de una campaña más amplia para impulsar el número de turistas extranjeros. Desde 2003, Japón ha invertido 3.000 millones de yenes (US$32 millones) al año para promocionar la diversidad de atracciones del país. Esa inversión cosechó frutos hasta hace poco. El número de visitantes extranjeros alcanzó 8,4 millones en 2008, un salto de aproximadamente 75% comparado con los 4,8 millones de turistas registrados en 2000. Sin embargo, la recesión económica global, combinada con el fuerte ascenso del yen el último año, que ha encarecido los bienes japoneses para los extranjeros, ha puesto un freno en esa tendencia de crecimiento.

El número de visitantes a Japón empezó a caer después de la temporada de verano a mediados del año pasado y se contrajo 24% en diciembre frente al mismo mes de 2007. El total de viajeros surcoreanos, quienes visitan a Japón en su mayoría para hacer compras y jugar al golf, cayó más de 48%.

El panorama para este año no parece más prometedor.

"Sentimos que nos deberíamos concentrar en las personas cuyos planes de viaje no serán afectados por la actual situación económica", en ese caso, los viajeros de mayores recursos, dice Daisuke Idesawa, un representante de la división que promociona el turismo internacional en la Agencia de Turismo de Japón. "Hasta ahora, teníamos el enfoque en hacer crecer los números generales".

El mercado de viajes de lujo despertó el interés de Japón después que el gobierno descubrió hace dos años que, mientras los visitantes extranjeros al país gastaban un promedio de 180.000 yenes por viaje (US$1.860), los viajeros más acaudalados del mundo gastaban por lo menos 2,5 millones de yenes (US$26.000) por viaje internacional. Los datos también mostraban que más de 100.000 personas —la mayoría viviendo en Estados Unidos y Europa— gastaron anualmente US$1 millón o más en sus viajes vacacionales.

En medio de un resurgimiento del interés internacional por la cultura y cocina japonesa en años recientes, el gobierno apuesta que los viajeros más pudientes incluirán a Japón en sus rutas de turismo si el país aumenta sus inversiones en promoción. Pero hay una serie de obstáculos.

Takeharu Jofuku, un funcionario estatal que coordinó el más reciente foro de viajes de lujo, dice que los viajeros acaudalados suelen sentirse atraídos no sólo por destinos exclusivos, sino que por experiencias "extraordinarias", como la participación en una ceremonia del té conducida por un maestro japonés famoso. "Encuentran valor en algo que sea inalcanzable para una persona común y corriente". El problema es que la industria del turismo japonesa no está equipada para satisfacer gustos tan sofisticados. Incluso las hospederías de estilo japonés más lujosas, conocidas como ryokan, raramente tienen alguien que hable inglés en su equipo.

De todos modos, algunos analistas creen que, si la iniciativa resulta exitosa, el turismo tal vez sea una forma de ayudar a revivir la economía local de regiones que han sido severamente golpeadas por la recesión en Japón y no tienen otras fuentes alternativas de ingresos.

Fuente: WSJ

25 feb. 2009

La narcoamenaza que enfrenta México

Por David Luhnow y José de Córdoba
Monterrey, México

Hace unos días, el detective Ramón Jasso se dirigía al trabajo en esta ajetreada ciudad cuando una camioneta se le acercó y disminuyó la velocidad. En cuestión de segundos, el policía de 37 años recibió 97 balas, muriendo de forma instantánea.

El día anterior, alguien llamó al teléfono celular de Jasso y le dijo que lo matarían si no liberaba de inmediato a un joven que había sido arrestado por organizar una violenta protesta en apoyo a las bandas de narcotraficantes de la ciudad. Los manifestantes exigían que el ejército mexicano se retirara de la guerra contra el narcotráfico. Desde entonces, las protestas se han extendido de Monterrey —en su momento un modelo de orden— a otras cinco ciudades.

De la misma forma en que Pakistán lucha contra los extremistas islámicos por su supervivencia, México libra una batalla de vida o muerte contra los carteles de drogas más poderosos del mundo.

El año pasado, unas 6.000 personas murieron en episodios de violencia relacionada a las drogas, más del doble que el año anterior. Entre las víctimas figuran varias decenas de decapitados, un eco escalofriante de las tácticas de amedrentamiento utilizadas por los extremistas islámicos. Las bandas mexicanas de narcotraficantes incluso tienen una religión no oficial: veneran a La Santa Muerte.

En rincones cada vez más amplios del país, las bandas de narcotraficantes extorsionan a las empresas, estableciendo un sistema paralelo que amenaza el monopolio del gobierno sobre la recaudación de impuestos. En Ciudad Juárez, en la frontera con Estados Unidos, carteles escritos a mano pegados en las paredes de los colegios les advertían a los profesores que entregaran sus bonificaciones de Navidad o se prepararan para morir. Una distribuidora de General Motors en una ciudad mexicana de tamaño mediano fue extorsionada durante meses, según un funcionario mexicano de alto rango. Un vocero de GM en México no quiso referirse al tema.

"Estamos en guerra", afirma Aldo Fasci, un abogado que ocupa el cargo más alto de la policía del estado de Nuevo Léon, cuya capital es Monterrey. "Las bandas han tomado el control de la frontera, nuestras autopistas y nuestros policías. Y ahora, con estas protestas, están intentado tomar el control de nuestras ciudades."

Los paralelos entre Pakistán y México son lo suficientemente importantes como para que las fuerzas armadas de EE.UU. los identificaran recientemente como los dos países donde hay un riesgo de que el gobierno pueda sufrir un colapso repentino y catastrófico, convirtiéndose en un Estado fallido.

Pakistán es la preocupación mayor, pero el caso de México también es inquietante: tiene 100 millones de personas en el umbral sur de Estados Unidos, lo que implica que cualquier situación de inestabilidad podría inundar a EE.UU. con refugiados. México también es el segundo socio comercial de Washington.

Tentáculos que crecen

El Departamento de Justicia afirmó recientemente que las bandas mexicanas son la "mayor amenaza de crimen organizado para Estados Unidos", operando en al menos 230 ciudades y pueblos estadounidenses. Los crímenes relacionados a los carteles mexicanos se están extendiendo por el sudoeste de EE.UU. Phoenix sufrió más de 370 secuestros el año pasado. La mayoría de las víctimas eran indocumentados o personas vinculadas al narcotráfico.

Barry McCaffrey, ex zar antidrogas de EE.UU., señaló que México corre el riesgo de convertirse en un "narcoestado" en los próximos cinco años si la situación no mejora. Otros analistas indican que el riesgo no es un colapso del Estado, sino que México se convierta en Rusia, un Estado fuertemente influenciado por las mafias.

Tales comparaciones probablemente son descabelladas, al menos por ahora. Más allá de la violencia que acapara los titulares de la prensa, México es un país estable. Su democracia goza de muy buena salud, tiene la economía número 13 del mundo y una clase media que crece. Se cree que hasta un 90% de los asesinados tiene algún tipo de lazo con el comercio de drogas, dice el gobierno. "Tenemos un problema serio: la penetración de los narcotraficantes en todos lados. ¿Pero un colapso institucional? Eso no es cierto", asegura el procurador general Eduardo Medina Mora.

Los funcionarios tanto en Washington como en Ciudad de México también dicen que el aumento de la violencia tiene un lado positivo al indicar que tras décadas de complicidad o de ignorar el problema, el gobierno mexicano finalmente está tomando medidas enérgicas contra los carteles de drogas y obligándolos a defenderse o a pelearse entre sí por el dominio de la actividad. En los tres primeros años del gobierno del presidente Felipe Calderón, el ejército mexicano tuvo 153 enfrentamientos con los narcotraficantes. En los seis años de mandato de su predecesor Vicente Fox, hubo sólo 16.

Aunque México no es un Estado fallido, es un Estado debilitado. El académico mexicano Edgardo Buscaglia estima que hay 200 condados en México —alrededor del 8% del total— donde las bandas de narcotraficantes ejercen más influencia que las autoridades. Con vastos arsenales, compuestos por granadas propulsadas por cohetes, bazucas y armas automáticas, los carteles suelen estar mejor armados que la policía e incluso el ejército que combaten.

El presidente de la cadena de diarios más influyente de México trasladó a su familia de Monterrey a Texas luego de haber sido amenazado y de que pistoleros visitaran su residencia. Otros empresarios de ciudades en todo el país han hecho lo mismo. "Nunca he visto una situación tan difícil" en México, afirma Alejandro Junco, quien edita Reforma en la Ciudad de México y El Norte en Monterrey. Junco ahora viaja cada semana a México desde Texas.

Analistas y diplomáticos temen que los narcotraficantes vayan a aumentar su influencia sobre la política mexicana durante las elecciones legislativas programadas para julio.

Atraídos por la oportunidad de abastecer al mercado estadounidense, poderosos grupos de traficantes han surgido en varios puntos de México: la costa del Pacífico, la costa del Golfo, el estado desértico norteño de Chihuahua y el estado de Sinaloa, de donde proviene la mayoría de las familias de traficantes originales. Estos grupos, conocidos por sus alianzas cambiantes y sus traiciones, han luchado por el control de las rutas de tráfico durante años.

Monterrey

Monterrey parecía imperturbable. Con un espíritu positivo ante los desafíos, con confianza en sí misma y moderna, a la ciudad le gusta pensar que es más estadounidense que mexicana. Allí se encuentra la mejor universidad de México, el Tecnológico de Monterrey, el suburbio más próspero de México, San Pedro Garza García, y las filiales de 1.500 empresas estadounidenses.

A medida que la violencia se fue apoderando de Nuevo Laredo, los líderes empresariales, jefes de policía y funcionarios del gobierno de Monterrey coincidieron en el diagnóstico: no va a ocurrir aquí.

Lo que algunos aparentemente desconocían es que, durante años, la relativa calma de Monterrey se debía a un acuerdo tácito entre narcotraficantes rivales cuyas familias vivían tranquilamente en el adinerado enclave de San Pedro, un lugar donde su riqueza no llamaba la atención, afirma la policía local. Pero Monterrey era un mercado demasiado grande como para que ambos lados lo ignoraran, y no pasó mucho tiempo hasta que se desatara el enfrentamiento.

Para 2006, la cantidad de asesinatos se disparó y los policías eran acribillados en las calles. Altas autoridades en el combate contra el narcotráfico fueron asesinadas. Héctor Ayala, el jefe de la policía de San Pedro, fue una de las víctimas.

Hoy, las bandas de narcotraficantes aún se disputan el control, aunque el cartel conocido como los Zetas corre con ventaja. En casi toda la ciudad, la banda está incursionando en otras asociaciones criminales, extorsionando a los vendedores callejeros, discotecas y otros negocios que operan al filo de la ley. El dueño de un salón de billar cuenta que los Zetas le dijeron que querían una participación de sus ganancias mensuales, a lo que accedió. También le ordenaron instalar a alguien para vender droga, agrega. "¿Qué puedo hacer?", dice mientras se encoge de hombros.

En los mercados callejeros, los Zetas venden discos compactos piratas, y tienen su propio sello: "Los únicos", con un logotipo que tiene un caballo negro rodeado por cuatro letras Z.

Se cree que tanto los Zetas como el cartel de Sinaloa tienen hasta 10.000 hombres cada uno, el tamaño de un pequeño ejército. Los Zetas, por ejemplo, pueden encontrar nuevos reclutas con facilidad en los barrios más peligrosos de Monterrey, donde el desempleo es alto.

En Independencia, uno de los vecindarios más antiguos de la ciudad, no es el gobierno de la ciudad el que controla las calles sino las pandillas locales.

Los extraños no son bienvenidos. Un periodista que visitaba la zona en una camioneta sin matrícula junto a un policía estatal vestido de civil atrajo una gran cantidad de miradas hostiles y algunas groserías en voz alta. Uno o dos miembros de las pandillas sacaron sus celulares y comenzaron a hablar por teléfono. "No saben si somos policías o miembros de otra banda de narcos", explicó Jorge, el policía estatal, que prefirió el anonimato por temor a las represalias.

Jorge ha trabajado como policía por más de 20 años. Gana unos 6.000 pesos —US$450— al mes. Desde hace mucho tiempo se ha dicho en México que los policías no ganan lo suficiente para resistirse a ser corrompidos por los criminales o arriesgar sus vidas persiguiéndolos. De hecho, la corrupción se extiende por todas las fuerzas policiales.

El ex jefe estatal de seguridad pública renunció en medio de acusaciones de estar relacionado al cartel de Sinaloa. Lo reemplazó Fasci, quien afirma que el gobierno está tratando de mejorar la coordinación entre la gran mezcla de diferentes instituciones que combaten el crimen en México. En el área metropolitana de Monterrey, por ejemplo, hay 11 fuerzas policiales municipales diferentes, una policía estatal, tres ramas de la policía federal y el ejército. El contrabando de estupefacientes, asimismo, es un crimen federal, de modo que es responsabilidad de la policía local.

La demanda de EE.UU. es, por supuesto, el motor del narcotráfico. Tres respetados ex presidentes de América Latina, incluyendo al mexicano Ernesto Zedillo, emitieron un informe conjunto recientemente afirmando que la guerra contra el narcotráfico era demasiado costosa para países como México, e instaron a EE.UU. a explorar alternativas como despenalizar la marihuana.

De hecho, desde hace mucho tiempo los funcionarios mexicanos han dejado de pensar que algún podrán eliminar por completo el comercio de drogas.

Jorge Tello, asesor del presidente Calderón para el combate al narcotráfico, lo define así: "Es como el control de las ratas. Siempre están ahí... realmente no puede deshacerse de ellas. Pero lo que uno no quiere son ratas en las puertas de las casa de la gente."

Fuente: WSJ

24 feb. 2009

¿Quién es responsable de la burbuja inmobiliaria en España?

Resulta que una generación de españoles va a perder sus ahorros porque los ha dedicado a comprar viviendas cuyo precio se está desmoronando. Así que no podremos contar con lo que esperábamos para la vejez y para nuestros hijos. Y muchos se han endeudado tanto que ahora no pueden hacer frente a sus obligaciones. Resulta además que nos hemos especializado en ser albañiles, fontaneros, electricistas, camioneros, cristaleros, fabricantes de puertas, vigas, grúas, baldosas o lavabos, aparejadores, vendedores de hipotecas, tasadores, registradores y un sinfín de ocupaciones relacionadas con la construcción; y que ahora nuestra experiencia laboral ya no vale y tendremos que dedicarnos a otra cosa.

Resulta además que el milagro económico español era un espejismo, porque nos hemos dedicado a construir casas que no habríamos querido construir de haber sabido lo poco que iban a valer en el futuro. Una casa sólo vale para vivir en ella, y si nadie quiere hacerlo, entonces no vale nada. Hemos comprado pisos que están cerrados o a los que vamos unos cuantos días al año, no porque tuviéramos grandes deseos de consumir viviendas, sino porque pensábamos que eran una reserva de valor para el futuro.

Resulta además que nuestros bancos y cajas se han dedicado a prestar a empresas promotoras y constructoras, y que muchas de éstas ahora no pueden devolver los préstamos, lo que podría llevar a la quiebra a los bancos y las cajas si es que pudieran quebrar. Resulta además que nuestros ayuntamientos han disfrutado de unos ingresos insostenibles gracias a las recalificaciones de terrenos y que los dispendios a los que nos han acostumbrado se acaban. Resulta además que los coches que hemos comprado en realidad no los podíamos comprar porque éramos menos ricos de lo que creíamos. Y de ahí a una completa distorsión del tejido productivo.

Finalmente, en cuanto este tipo de actividad insostenible se ha parado, la economía ha entrado en recesión. Para contribuir a entender un desvarío de consecuencias tan negativas, es necesario revisar la senda que han seguido los precios de la vivienda en España, sus causas, su predictibilidad y lo que podría haberse hecho para evitarla.

El crecimiento del sector de la construcción

El crecimiento de la construcción total ha sido altísimo, del 5% al año en 1996-2007. Entre 1998 y 2007, el parque de viviendas creció en 5,7 millones, casi el 30%. En el tercer trimestre de 2007, la construcción suponía el 13,3% del empleo total, muy por encima, por ejemplo, del 6,7% de Alemania o del 8,5% del Reino Unido.

Varios factores han estimulado la demanda de viviendas. Destacan la expansión económica (en parte debida al propio boom inmobiliario) y la consiguiente caída del desempleo, y la reducción de los tipos de interés hipotecarios tras la integración en el euro, del 11% en 1995 al 3,5% en 2003-2005, que a menudo eran negativos tras descontar la inflación. Además, la competencia bancaria ha facilitado el acceso y mejorado las condiciones del crédito hipotecario. También ha aumentado el número de hogares, en especial debido a una entrada masiva de inmigrantes, de alrededor de 4,2 millones entre 1996 y 2007. Por último, ha crecido la compra de inmuebles de familias no residentes, en una magnitud difícil de calcular.

La oferta respondió a la mayor demanda, como muestran los datos anteriores, pero no pudo satisfacerla completamente, lo que dio lugar a grandes subidas de precios de la vivienda: de una tasa de inflación anual del 1% en 1995-1997 se pasó al 18% en 2003 y 2004. En media, entre 1995 y 2007, la inflación de la vivienda fue casi del 10% anual.

En realidad, en la medida en que los agentes tengan expectativas de incrementos futuros de los precios de la vivienda y la demanda se vea influida positivamente por ellas, durante un tiempo es posible observar una espiral de crecimiento de la demanda, la oferta y los precios.

¿Ha habido una burbuja especulativa?

Una burbuja se caracteriza por la presencia de altos volúmenes de transacciones a precios muy distintos del valor económico fundamental. No es fácil de identificar, por la dificultad para calcular bien este último valor. A menudo, la identificación se realiza a posteriori, tras un colapso brusco de los precios. No obstante, en el mercado inmobiliario, por su escasa liquidez, ese colapso es más lento que en los mercados financieros e inicialmente se manifiesta más en las cantidades que en los precios. En España, la venta de viviendas se ha desplomado en 2008, calculándose que a finales del año había entre 650.000 y 1,3 millones de viviendas nuevas sin vender.

En todo caso, la revalorización de la vivienda en España entre 1997 y 2007 ha sido del 191% según The Economist, la segunda mayor de la OCDE y superior a la de países donde no se duda de la existencia de una burbuja, como Reino Unido (168%) o Estados Unidos (85%). En cuanto a la caída, según el INE, en el tercer trimestre de 2007 el precio de la vivienda nueva ha subido un 3,7% en términos interanuales, y el de la vivienda usada ha caído un 11,4%, frente a tasas respectivas de aumento del 9,2% y el 7,5% un año antes. La rapidez y la magnitud de estos cambios apuntan a una burbuja.

Más rigurosamente, los factores fundamentales antes citados (la expansión, los tipos de interés...) no explican por sí solos los precios alcanzados. Las estimaciones disponibles -por ejemplo, las del Servicio de Estudios del Banco de España- indican que los precios observados estaban muy por encima de los niveles justificados por los fundamentos económicos. Esta sobrevaloración se cifraba entre el 8% y el 20% ya en 2003 y entre el 24% y el 35% en 2004. Así, parece claro que una parte significativa de la inflación de la vivienda se ha debido a motivos especulativos: la gente compraba casas como inversión, porque esperaba que se revalorizasen. Además, se consideraban una inversión segura, frente al riesgo de los activos financieros revelado por el desplome de las bolsas de valores de 2002.

Vale la pena señalar que una burbuja no tiene nada que ver con los estados de optimismo o pesimismo colectivos que puedan asociarse con niveles de actividad económica altos o bajos, por la vía de un mecanismo de expectativas autocumplidas. En el caso de una burbuja, los precios no cumplen su función como mecanismo para la asignación correcta de recursos y se producen errores reales. Si la burbuja es grande y duradera, la mala asignación de recursos de ahorradores, empresas y trabajadores puede causar una cuantiosa destrucción de riqueza real.

¿Se sabía que había una burbuja?

Desde 2002, el Banco de España ha alertado sobre la sobrevaloración de la vivienda, aunque ha sido demasiado optimista sobre la probabilidad de que fuera "compatible con una reabsorción paulatina y ordenada", quizá porque temía pinchar la burbuja. En 2003, The Economist estimaba la sobrevaloración en España en el 52%. En 2004, el Fondo Monetario Internacional la situaba en el 20%-30%. Entre los economistas españoles, José García-Montalvo la cifraba en 2003 en un 28,5%, indicando: "En resumen, es muy probable que el mercado inmobiliario español sea una bomba de relojería esperando a ser detonada". No obstante, tanto altos cargos políticos como empresarios negaron repetidamente y hasta fechas recientes que hubiera una burbuja.

¿Eran los responsables políticos conscientes de la burbuja?

El programa electoral del PSOE de 2004 hablaba de apostar "por un nuevo modelo de crecimiento más sólido que el actual". Su candidato a presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, decía: "Como tenemos un modelo económico basado en la construcción y en la hipoteca, las familias españolas están hoy más endeudadas que nunca en su historia". Y el entonces coordinador del programa económico del PSOE afirmaba: "Esa política de alquileres que proponemos (...) evita que la gente, ante un cambio de expectativas, se ponga a vender y se produzca un desplome de precios, lo cual sería catastrófico". Ciertamente, el entonces ministro de economía del PP declaraba: "La verdad es que estamos asentados en un ciclo largo y con pocas incertidumbres. Eso es indiscutible. Y lo importante es que es un modelo duradero".

¿Podría haberse hecho algo para evitar la burbuja?

Atajar una burbuja es más fácil (técnicamente) si se cuenta con la herramienta adecuada: los tipos de interés. Es más difícil si no se tienen, como en España, que los ha dejado en manos del Banco Central Europeo (que durante mucho tiempo los mantuvo demasiado bajos para las necesidades de la economía española). No obstante, pensamos que las siguientes medidas, orientadas a conocer realmente el nivel de precios de la vivienda y a reducir las distorsiones fiscales que hacían artificialmente rentable este tipo de inversión, habrían mitigado la burbuja:

1. Mejorar la información sobre los precios de la vivienda. A diferencia de otros países, en España no existe información sobre precios reales de transacción. Sólo desde 2008 se dispone de datos registrales provenientes de las notarías y sólo en forma de índice, no de valor monetario (quizá por sospechar una infradeclaración en los valores escriturados). Hasta entonces sólo había series oficiales del Ministerio de Vivienda elaboradas a partir de datos proporcionados por empresas que tasan viviendas con cargo a los clientes, a menudo para la concesión de hipotecas. Por motivos obvios, ésta no es una fuente fiable. Y la política informativa oficial ha sido lamentable. Por ejemplo, ese ministerio anunció en octubre de 2004 que suspendía la publicación de datos de precios de la vivienda, aunque luego rectificó. Acto seguido introdujo un cambio metodológico que sesga la medición de los precios a la baja. ¡En la actualidad, este ministerio no ofrece en su página web ningún dato de precios anterior a 2005! Y en ningún momento se intentó que el público fuera consciente de la posible sobrevaloración de la vivienda.

Sin embargo, sería posible contar con información sobre el valor real de las transacciones inmobiliarias, por ejemplo, recabándola en una de las encuestas a los hogares que realiza el INE o llevando a cabo una encuesta específica para ello, y usarla para corregir la medición de precios de los cambios de calidad de la vivienda.

2. Reducir la desgravación a la vivienda en el impuesto sobre la renta, que sesga fuertemente las decisiones de inversión de los hogares hacia la vivienda frente a otros activos y, junto con la ley de arrendamientos, favorece la vivienda en propiedad (81,3% de los hogares en 2005) frente al alquiler. En 2002, el 79,7% de la riqueza bruta de los hogares correspondía a bienes inmuebles, frente al 75,5% de Italia o el 38,4% de Estados Unidos. En 2005, el porcentaje era ya del 80%. En 1998, el Gobierno del PP redujo la altísima desgravación existente, pero después no se ha avanzado por esta vía.

3. Aumentar la presión inspectora sobre las empresas y las transacciones inmobiliarias. Estimaciones recientes sitúan a España entre 2004 y 2005 como el tercer país desarrollado con más economía sumergida (20,5% del PIB), tras Grecia e Italia. Este porcentaje sólo se ha reducido en 2,2 puntos desde 2000. Probablemente una parte importante de la actividad oculta se canaliza a través del mercado inmobiliario. El Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda estima la evasión fiscal en el sector inmobiliario en 8.600 millones de euros anuales (alrededor del 0,8% del PIB).

¿Por qué no se intentó atajar la burbuja?

En primer lugar, porque la construcción es un sector intensivo en mano de obra, lo que es importante en un país con una tasa de paro estructuralmente alta. En segundo lugar, porque un aumento del valor de la vivienda favorece al votante mediano, que es propietario de su vivienda. Y en tercer lugar, porque el sector inmobiliario genera cuantiosos ingresos fiscales para el sector público, a los niveles nacional, autonómico y municipal. Por ejemplo, en 2004 suponía el 60% del presupuesto (excluyendo pasivos y transferencias corrientes) de la ciudad de Valencia y el 50% del de Madrid.

El Gobierno del PP se equivocó con su ley de liberalización del suelo de 1998. Creía que con más suelo aumentarían las viviendas y bajarían los precios. Craso error. Se compraban y se construían viviendas no porque fueran baratas, sino porque eran caras y se tenían expectativas de que lo fueran aún más en el futuro. Así, la ley del suelo echó leña al fuego de la burbuja, desencadenando una frenética actividad recalificadora gracias a la cual los gobernantes locales veían llenarse las arcas municipales (cuando no sus propios bolsillos).

Por su parte, los intentos del Gobierno del PSOE de fomentar la vivienda protegida y en alquiler y su nueva ley del suelo de 2007 han sido totalmente ineficaces. En realidad se ha limitado a cabalgar la burbuja hasta sus últimos estertores.

En definitiva, ambos Gobiernos han fallado en un asunto crucial: preservar a los ciudadanos de desmanes económicos que se lleven por delante sus ahorros, su empleo y su prosperidad. Es un fracaso del que se debe aprender para el futuro y por el que procede pedir responsabilidades.

Manuel Arellano y Samuel Bentolila son profesores del El Centro de Estudios Monetarios y Financieros (CEMFI)

Fuente: El País

23 feb. 2009

En cinco años Perú tendría capacidad para un rápido crecimiento

Perú contaría con una mayor capacidad para crecer rápidamente durante los próximos cinco años si tiene éxito en avanzar con los proyectos para desarrollar su atrasada infraestructura física, afirmó la agencia calificadora de riesgo crediticio Standard & Poor’s.

Según el estudio “Chile y Perú: Contraste de historias de gobernabilidad y servicios públicos”, publicado por Standard & Poor’s, Chile es un país más rico que el nuestro con una economía más madura y mejor infraestructura física, por lo que es poco probable que experimente tasas altas de crecimiento en los próximos años.

Agregó que el crecimiento de Chile dependerá cada vez más de las habilidades y nivel de educación de su mano de obra, que probablemente solo mejore gradualmente.

También dijo que la diferencia en el nivel de desarrollo económico entre los dos países, refleja la importancia de contar con fuertes instituciones públicas, así como el rol que tiene el gasto público en infraestructura física (carreteras, energía, puertos y aeropuertos) y en el capital humano (educación y formación) para modernizar el país.

Además, la agencia calificadora de riesgo dijo que muchos años de estabilidad económica y el constante crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) han contribuido a que Chile tenga un sistema financiero más profundo y más resistente que Perú.

El total del crédito del sistema bancario al sector privado equivale aproximadamente al 75% del PBI en Chile, en comparación con poco más del 21% en Perú; mientras que alrededor del 60% del crédito en Perú se denomina en dólares, frente a alrededor del 80% que hubo en el 2002.

En ese sentido, dijo que el alto nivel de dolarización plantea un riesgo en caso de un brusco cambio en el tipo de cambio, limitando la flexibilidad monetaria de Perú y su capacidad para disfrutar de todos los beneficios de un flotante tipo de cambio.

En cambio, el sistema financiero chileno no está dolarizado, teniendo su banco central más discreción para decidir si interviene en el mercado de divisas durante los períodos de fuerte movimiento.

El informe concluye que la mejoría resultante en las condiciones económicas y sociales en Chile ha reducido el riesgo político y contribuido a la estabilidad y prosperidad de ese país, lo que explica también parte de la brecha en el rating de crédito de soberanía en los dos países.

Chile tiene actualmente la calificación de grado de inversión, igual que Perú, asignados por Standard & Poor’s, pero la calificación chilena (A+/Estable/A-1) es mejor comparada con la de Perú (BBB-/Estable/A-3).

La economía chilena recibió la clasificación de BBB en 1992 y ha avanzado desde entonces a A+. En cambio, la economía peruana fue clasificada recién en el 2004 con BB y la agencia la ha subido gradual pero constantemente hasta BBB (último escalón dentro del grado de inversión) en julio del 2008.

Fuente: Gestión