16 sept. 2010

El dilema de la Fed: ¿intervenir o no intervenir?

Por Jon Hilsenrath y Sara Murray

La Reserva Federal de Estados Unidos confronta una difícil pregunta en su próxima reunión fijada para el 21 de septiembre: ¿cuánto más debe debilitarse la economía, y por cuánto tiempo, antes de poner en marcha nuevas medidas para reactivar el crecimiento?

Los últimos datos oficiales son moderadamente alentadores. El Departamento de Comercio reportó el martes que las ventas minoristas aumentaron 0,4% en agosto frente al mes anterior, después de un alza de 0,3% en julio. Se trata de una señal de que el consumo crece a un ritmo sostenible.

La debilidad del gasto privado y la alta tasa de desempleo han lastrado la recuperación y generado temores de que EE.UU. pueda volver a entrar en recesión. Tales temores, sin embargo, se han aliviado en las últimas semanas gracias a una serie de cifras que han superado las expectativas.

Puesto que los economistas de la Fed no se han puesto de acuerdo en un umbral que la economía tendría que atravesar antes de entrar en acción, es improbable que la próxima semana se anuncie un programa importante de compra de bonos.

El banco central evalúa la reanudación del plan de compra de bonos que realizó el año pasado y a inicios de este año con el fin de reducir las tasas de interés de largo plazo y estimular el endeudamiento privado y, por ende, el crecimiento de la economía.

La entidad recortó las tasas de interés de corto plazo a casi cero, pero el crecimiento sigue siendo anémico, el desempleo es alto y la inflación es más baja de lo que le gustaría al banco central.

En estos momentos, la Fed mantiene su portafolio de bonos en un nivel constante. Ben Bernanke, el presidente del banco central, no ha especificado las condiciones que lo llevarían a aumentar ese portafolio mediante la reanudación del programa de compra de bonos.

Otros miembros del Comité de Mercados Abiertos de la Fed tienen opiniones encontradas.

"Si las cifras de crecimiento se ubican dentro de las expectativas y seguimos con una inflación de entre 1% y 2%, no creo que necesitemos un nuevo estímulo", señaló Jeffrey Lacker, presidente del Banco de la Reserva Federal de Richmond.

[Fed]

Lacker es parte de un grupo de economistas de la Fed renuente a expandir el portafolio de valores y préstamos del banco central, que ya asciende a US$2,3 billones (millones de millones).

El grupo, del cual también forman parte los presidentes de los bancos de la Reserva Federal de Kansas City y Filadelfia, Thomas Hoenig y Charles Plosser, respectivamente, duda que nuevas compras de bonos estimulen el crecimiento y temen que desaten presiones inflacionarias más adelante. Lacker opina que para que la Fed intervenga tiene que haber un claro riesgo de deflación.

Otros funcionarios del banco central, sin embargo, creen que los requisitos necesarios para justificar una intervención son más bajos.

Algunos argumentan que con una tasa de desempleo de 9,6%, muy lejos de la meta de la Fed de entre 5% y 6%, y una inflación en la parte inferior del rango preferido del banco central de entre 1,5% y 2%, ya hay motivos suficientes para tomar cartas en el asunto. Los presidentes de los bancos de la Reserva Federal de San Francisco y Boston, Janet Yellen y Eric Rosengren, respectivamente, respaldarían la decisión de comprar más bonos.

Las ventas minoristas de agosto anunciadas el martes, sin embargo, sugieren que el consumo crece a un ritmo firme, aunque moderado. Los consumidores gastaron más dinero en las tiendas de ropa, donde las ventas subieron 1,2%, pero también aumentaron el gasto en las tiendas por departamentos, de abarrotes y en las estaciones de gasolina.

Bernanke ha esbozado los principales criterios que justificarían una nueva intervención de la Fed, pero ha eludido entrar en detalles.

La Fed será "proactiva a la hora de atacar una mayor desinflación", advirtió en un discurso pronunciado en agosto, lo que indicaría que las presiones deflacionarias pueden provocar una intervención del banco central. Agregó que el organismo buscará impedir "un debilitamiento significativo de las perspectivas económicas", lo que insinúa que una expansión muy débil podría ser otro detonante.

Aunque aún no esté dispuesta a intervenir, la Fed podría aprovechar la reunión de la próxima semana para enviar una señal sobre su disposición a reanudar la compra de bonos. También evalúa la estructuración de un nuevo programa, diferente al anunciado en marzo de 2009 y que permitió a la entidad comprar valores hipotecarios por cerca de US$1,7 billones.

Una nueva intervención podría ser de una escala mucho menor, algo que ha sugerido el presidente del Banco de la Reserva Federal de St. Louis, James Bullard. Su idea es realizar compras más modestas y modificar el programa conforme a la evolución del crecimiento y la inflación.

Si la economía repunta, por ejemplo, la Fed podría interrumpir las adquisiciones o empezar a vender activos, señala.

Fuente: WSJ

15 sept. 2010

La recuperación mundial pierde fuerza y genera incertidumbre

Por Mark Whitehouse, Marcus Walker y Joann S. Lublin

La recuperación global sigue bien encaminada, pero parece cada vez más probable que gran parte del mundo desarrollado atraviese por un prolongado período de crecimiento débil.

Cuando apenas ha transcurrido un año desde el comienzo de la recuperación, su vigor inicial se ha debilitado abruptamente, lo que ha sumido al mundo en un nuevo período de incertidumbre. Las esperanzas de que se produzca una recuperación liderada por Estados Unidos se esfumaron luego de que los consumidores estadounidenses decidieran guardar sus billeteras. Las ráfagas de crecimiento en Japón y Alemania pierden fuerza o se prevé que lo hagan. China y otros grandes países en vías de desarrollo siguen creciendo con solidez, pero a un ritmo más moderado que hace unos meses.

Dos motores tempranos de la recuperación —el estímulo fiscal y el reabastecimiento de inventarios por parte de las empresas— se desvanecen con rapidez. Las autoridades tienen opciones limitadas para inyectar una dosis de estímulo. La gran pregunta es si, y cuándo, el consumo privado y la inversión empresarial llenarán el vacío.

Hasta ahora, la evidencia es contradictoria. Las crecientes clases medias en las economías emergentes podrían proveer un impulso. Pero las empresas en EE.UU. y Europa son renuentes a contratar en la medida necesaria para alimentar un renacimiento del consumo. "No creo que pase nada positivo esta vez", afirma Carol Bartz, presidenta ejecutiva de la empresa de Internet Yahoo Inc., que no aumentó su personal en los últimos dos trimestres. "A no ser que EE.UU. se estabilice, el resto del mundo no se puede estabilizar". La perspectiva dominante para la economía global es un prolongado período de crecimiento mediocre y desempleo alto en las economías avanzadas más afectadas por la crisis como EE.UU., Irlanda y España. Algunas partes del mundo podrían crecer a un ritmo saludable, pero las probabilidades de un desenlace mucho mejor se han vuelto más remotas, mientras el riesgo de que la situación empeore es significativo. Los siguientes son tres escenarios para la economía global durante el próximo año.

Crecimiento débil

En las últimas semanas, datos de todas partes del mundo revelaron una de- saceleración del crecimiento. Las empresas que se habían apresurado a reponer sus inventarios ahora piden sólo lo que necesitan para satisfacer la demanda existente, lo que afecta toda la cadena de suministro.

Un indicador de la actividad empresarial elaborado por J.P. Morgan Chase & Co. cayó a 53,9 en agosto, por encima de la marca de 50 que indica expansión pero por debajo del máximo de abril de 57,7. Las exportaciones mundiales se expandieron a una tasa anualizada de 7,4% en el primer semestre, un descenso importante frente al crecimiento de 47,5% en el segundo semestre del año pasado.

El estancamiento llega en momentos en que los gobiernos recortan el estímulo fiscal o, en el caso de China y otros países asiáticos, reducen el crédito para impedir un recalentamiento de la economía. Economistas de Goldman Sachs Group Inc. estiman que la menor inversión fiscal restará alrededor de medio punto porcentual al crecimiento anualizado de EE.UU. en los próximos tres trimestres.

Los gobiernos europeos, desde Grecia al Reino Unido, comenzaron a recortar el gasto y elevar los impuestos para reducir sus déficits presupuestarios. Incluso Alemania, que tiene una posición fiscal más sólida, contempla reducir el gasto este año. Es probable que el ajuste de cinturones desacelere la economía de la la zona euro, que creció a una tasa anualizada de 3,9% en el segundo trimestre.

Bruce Kasman, economista jefe de J.P. Morgan Chase, prevé que la economía mundial crezca a una tasa anualizada y desestacionalizada de 2,5% en el segundo semestre y de 3% el año próximo, una baja frente a sus estimaciones previas de 3,5% y 3,4%, respectivamente. La mayor parte del crecimiento, afirma, provendrá de los mercados emergentes, que crecerían a una tasa de casi 6% en 2011, mientras los países desarrollados avanzarían 2%, lo que sería insuficiente para reducir el desempleo de forma significativa.

Recaída

Eventos desfavorables en la política o las finanzas podrían convertir el crecimiento anémico en una segunda recesión. "Las recuperaciones débiles, por definición, no tienen la protección de un vibrante crecimiento cíclico para amortiguar el golpe de una crisis inesperada", afirma Stephen Roach, presidente de la junta directiva de Morgan Stanley Asia. "El escenario de un crecimiento lento y sostenido presume que no habrá grandes crisis. Pero las posibilidades no son muy buenas. En el mundo hay crisis todo el tiempo".

Incluso si los gobiernos controlan la deuda, el bajo crecimiento podría resultar insostenible, en especial en EE.UU. La persistente debilidad económica podría convertirse en un círculo vicioso en el que el desempleo en aumento lleva a las personas a reducir el gasto y a las empresas a eliminar más empleos.

Nouriel Roubini, un economista que se ha hecho famosos por su pesimismo, afirma que EE.UU. crece a un ritmo demasiado lento para evitar un alza del desempleo y detener el declive en los precios de las viviendas. Los bancos, como consecuencia, podrían afrontar mayores pérdidas y prestar menos, lo que reduciría el consumo y se crearía una espiral que llevaría al país de vuelta a una recesión.

Una grata sorpresa

Los economistas consideran que una sorpresa positiva es el escenario menos probable. Hay dos maneras principales de que se reanude el crecimiento mundial: una liderada por EE.UU. y otra liderada por el resto del mundo.

EE.UU. tiene abundantes recursos para volver a estimular la recuperación global. Las empresas estadounidenses poseen alrededor de US$1,8 billones (millones de millones) en efectivo, el nivel más alto, como porcentaje de sus activos totales, desde 1963. Si se despejan las incertidumbres sobre impuestos a las ganancias, cobertura de salud y políticas gubernamentales, las empresas podrían crecer de forma lo suficientemente confiada como para desplegar ese efectivo, contratar empleados e invertir en proyectos nuevos. Sin embargo, una recuperación liderada por el gasto de consumo estadounidense probablemente ampliaría el déficit comercial de EE.UU. y, de esta forma, la deuda de EE.UU., un desequilibrio que muchos economistas creen que contribuyó a la crisis global.

Si los países con altas tasas de ahorro, como Alemania y China, gastan más, el resultado podría ser un reequilibrio saludable de la economía mundial que la vuelva menos dependiente del consumidor estadounidense. En el mundo en vías de desarrollo, incluso un crecimiento apenas más sólido podría hacer la diferencia. Los países en desarrollo ahora representan alrededor de un tercio de la demanda global.

Coach Inc., el fabricante estadounidense de bolsos de lujo, apuesta por el consumidor chino. Sus ventas en el país se duplicaron para llegar a US$100 millones en el año que cerró el 30 de junio y se espera que sumen US$250 millones para junio de 2012. "El crecimiento en China no se ha estancado", afirma su presidente ejecutivo, Lew Frankfort.

[recuperacion]
Fuente: WSJ

14 sept. 2010

Las nuevas reglas de la banca mundial reciben elogios, pero con algunas reservas

Por Damian Paletta y David Wessel

Dos años después de que el colapso de Lehman Brothers Holdings Inc. sacudiera al sistema financiero global, los supervisores bancarios y los bancos centrales han acordado un plan para impedir una repetición.

La pregunta es si el complejo acuerdo cumplirá la promesa de hacer un aporte "sustancial a la estabilidad y el crecimiento financiero a largo plazo" hecha por Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo y presidente del comité que produjo el pacto anunciado el domingo.

La idea es directa. En Estados Unidos, la ley de reforma financiera aprobada por el Congreso y promulgada en julio por el presidente Barack Obama estableció normas para que los bancos estadounidenses no caigan en los errores pasados. El acuerdo gestado durante los últimos meses en Basilea, Suiza, les permite a los bancos de todo el mundo continuar tomando grandes riesgos, pero les exige que acumulen mayores reservas de capital para absorber pérdidas.

"La forma más simple de decirlo es: capital, capital, capital", dijo al Congreso el año pasado el secretario del Tesoro de EE.UU., Timothy Geithner. "Es bueno diseñar los requerimientos de capital para que, dada la falta de certezas que tenemos sobre el futuro del mundo, (y) dada la ignorancia que tenemos sobre algunos elementos de riesgo, haya un colchón mucho mayor para absorber pérdidas y para ahorrarnos las consecuencias de decisiones erradas".

Según ese criterio, ¿alcanza Basilea III, como se conoce el acuerdo, el objetivo propuesto?

El sólo hecho de que se haya llegado a un acuerdo constituye todo un logro. La negociación de Basilea II, un pacto que hoy se considera inadecuado, demoró alrededor de una década. "Es notable que 27 países se pusieron de acuerdo cuando hay tantas divisiones continentales entre Europa y EE.UU.", indicó Cornelius Hurley, director del Centro Morin para Leyes Bancarias y Financieras de la Universidad de Boston.

Si el convenio se implementa sin grandes alteraciones —algo que dista de estar garantizado—, requerirá que los bancos tengan más capital que antes de la crisis. Una mayor parte de ese capital será capital común que puede absorber pérdidas con rapidez porque los accionistas son los perjudicados.

Es probable que pocos bancos necesiten grandes inyecciones de capital para cumplir con la nueva normativa, en parte porque han apuntalado sus balances y reducido sus préstamos. Si las nuevas reglas se hubieran implementado antes de la crisis, casi todos los mayores bancos del mundo hubieran necesitado un colchón de capital mayor.

El debate, por lo tanto, gira en torno a si las nuevas reglas son insuficientes u onerosas. Los mayores bancos globales se verán obligados a reservar capital común equivalente a 7% de sus activos, comparados con las exigencias actuales que pueden ser de apenas 2%. "Hicieron lo mínimo", afirma Simon Johnson, economista del Instituto de Tecnología de Massachusetts y uno de los críticos más enconados de la respuesta a la crisis global. Douglas Elliot, un ex banquero que ahora trabaja en la Institución Brookings en Washington, describió los estándares como más bajos de lo que le gustaría, "pero mucho más altos que el requisito efectivo (actual)".

Joseph Stiglitz, el ganador del Premio Nobel de Economía que enseña en la Universidad de Columbia, consideró las medidas como "un paso en la dirección correcta".

La reacción entre los ejecutivos de la banca fue menos entusiasta. "Cada dólar de capital es un dólar menos en la economía", manifestó la Mesa Redonda de Servicios Financieros, un organismo que agrupa a las principales firmas financieras estadounidenses.

Los reguladores globales tenían una tarea delicada. Las demandas de demasiado capital demasiado pronto corrían el riesgo de provocar un repliegue más profundo del crédito en momentos en que la economía necesita préstamos.

Por motivos económicos y políticos, los bancos centrales y los reguladores financieros acordaron una transición prolongada para poner en vigencia las nuevas reglas, más larga de lo que quería EE.UU. La normativa entrará en vigor en 2013, pero la mayoría de los bancos tendrán plazo hasta 2019 para cumplirla, e incluso más tiempo en algunos casos.

La transición es demasiado larga para algunos. "Aplaza los niveles de capital más altos durante años", se quejó Anil Kashyap, un economista financiero de la Universidad de Chicago. "El retraso expone al público a un riesgo persistente", añadió Stiglitz.

El respiro de alivio de los bancos se reflejó en los precios bursátiles. Las acciones de Bank of America Corp., J.P. Morgan Chase & Co., Citigroup Inc., Wells Fargo & Co., Citigroup Inc., Goldman Sachs Group Inc. y Morgan Stanley, los seis principales holdings bancarios de EE.UU., subieron cada uno más de 2%.

Varios temas quedaron en el tintero. Uno de ellos es el de las entidades consideradas demasiado grandes para quebrar. Se estudió la idea de que estos bancos reservaran niveles más altos de capital, pero no se pudo alcanzar un acuerdo al respecto.

Fuente: WSJ

13 sept. 2010

Histórico acuerdo eleva los requisitos de capital para los grandes bancos

Por Damian Paletta, en Washington, y David Enrich, en Londres

Los supervisores bancarios alcanzaron un histórico acuerdo el domingo que impondría nuevas restricciones a los mayores bancos del mundo, en un esfuerzo orientado a reducir el riesgo y prevenir una nueva crisis financiera como la que sumió a la economía mundial en una recesión.

El acuerdo establecería nuevos requisitos de capital para los bancos, en un intento por impedir que las empresas se endeuden demasiado y asuman riesgos excesivos, algo que muchos consideran un preludio de la reciente crisis financiera. Los reguladores, sin embargo, les dieron a los bancos un plazo de más de ocho años para ceñirse a la nueva normativa.

Aunque el pacto tiene que ver con complejas fórmulas matemáticas y productos financieros exóticos, las normas tendrán efectos reales para las empresas y los consumidores del mundo entero al influir en los precios y la disponibilidad de créditos hipotecarios, préstamos comerciales y tarjetas de crédito, entre otros productos.

"Los acuerdos alcanzados hoy constituyen un fortalecimiento fundamental de los estándares mundiales de capital", manifestó Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo.

Es probable que las nuevas normas reduzcan las ganancias de los mayores bancos del mundo, muchos de los cuales han advertido que las medidas podrían encarecer el costo y restringir el otorgamiento del crédito .

El núcleo del convenio gira en torno a la cantidad de capital que los bancos se ven obligados a mantener en reserva. El capital es lo que los bancos utilizan para absorber las pérdidas y tanto reguladores y analistas estiman que las entidades con mayores niveles de capital corren un menor riesgo de declararse en quiebra.

Los supervisores bancarios acordaron exigir a los bancos mantener un nivel específico de capital básico conocido como recursos propios, considerado como la forma más efectiva de capital porque se utiliza para absorber pérdidas directamente. El acuerdo estipula que los grandes bancos con una activa presencia internacional deberán mantener en reserva recursos propios equivalentes a por lo menos 7% de sus activos, una proporción mucho más alta que el 2% del estándar internacional o el 4% para los bancos de Estados Unidos.

Los bancos, sin embargo, dispondrán de varios años para ajustarse a las nuevas normas. Los bancos, por ejemplo, tendrán plazo hasta 2013 para que los recursos propios lleguen a 3,5% de sus activos. En 2014 ascenderían al 4% y en 2015 al 4,5%.

En ese momento, los organismos financieros tendrán que empezar a crear un colchón de capital adicional de 2,5% que deberá estar en marcha el 1 de enero de 2019. Los supervisores estadounidenses habían deseado que estuviera en marcha un año antes pero otros países querían que la aprobación definitiva de las normas se pospusiera hasta 2020. Acordaron el año 2019 como un compromiso entre ambas partes.

Los reguladores han resaltado que la nueva normativa es necesaria para garantizar que el interconectado sistema bancario mundial no afronte otra crisis como la que condujo a los rescates bancarios financiados por los contribuyentes en 2008 y 2009. Los gobiernos quieren que los bancos cuenten con grandes reservas de capital para que puedan seguir prestando dinero, incluso si empeora la economía.

Si el capital de los bancos cae por debajo del "colchón de protección", los supervisores podrían obligarlos a conservar una mayor porción de sus ganancias para apuntalar las reservas, lo que significa que dispondrán de menos recursos para repartir dividendos u ofrecer grandes paquetes de compensación salarial. Algunos analistas creen que los nuevos estándares podrían, en esencia, forzar a los bancos a reducir sus carteras de préstamos o desprenderse de otros activos para mejorar sus posiciones de capital.

Debido a la cantidad de tiempo concedido para implementar las nuevas normas, no se prevé que los grandes bancos estadounidenses recauden capital de forma inmediata, dado que cumplen con los requisitos iniciales de capital básico. Los bancos europeos, no obstante, podrían tener que salir a levantar fondos.

El acuerdo fue negociado en el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, un consorcio de reguladores que se reúne en Suiza. Altos funcionarios de todo el mundo, incluido el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, asistieron a la reunión el domingo, para rubricar el acuerdo. Se anticipa que el grupo presente su informe ante los líderes mundiales en la próxima reunión del Grupo de los 20 que tendrá lugar en Corea del Sur en noviembre.

Fuente: WSJ