24 jun. 2011

La reducción del déficit de EE.UU. no se producirá de la nada

Por Kathleen Madigan

NUEVA YORK (Dow Jones)-El Fondo Monetario Internacional se convirtió en la voz más reciente dentro del coro que exalta lo positivo de una reducción del déficit estadounidense.

Por supuesto, el FMI ha cantado esa canción anteriormente, pero el viernes fue con más urgencia.

En realidad, el FMI redujo sus expectativas para el déficit de Estados Unidos en el 2011 debido en parte a los mejores ingresos, como resultado de los mayores ganancias de capital en el 2010.

El problema continúa aguardando en el futuro.

Lo que no se ve es un "consenso político sobre una serie exhaustiva y equilibrada de medidas específicas para apoyar un plan creíble de ajuste de mediano plazo, con objetivos respaldados por el Congreso", dijo Carlo Cottarelli, titular del Departamento de Asuntos Fiscales del FMI, el cual produjo el reporte.

Sin dicho plan, indica el informe, el Tesoro podría acarrear una prima de riesgo "lo cual no sería bueno para Estados Unidos y la economía mundial".

No obstante, la reducción del déficit no se producirá por sí misma.

Si el gasto del gobierno va para un lado, otra parte de la economía tiene que ir para otro. Para reducir el déficit, Washington necesitará gastar menos y endeudarse menos. Eso significa menos ahorro y una mayor necesidad de demanda en otros sectores.

Eric Green, jefe de estrategia sobre las tasas para Estados Unidos de TD Securities, da un ejemplo de una caída del déficit fiscal desde cerca del 10% del producto interno bruto actual, hasta el 4% en el 2013. Dice que Estados Unidos tendrá entonces que ver una combinación de una caída del superávit del sector privado desde el 8% al 4% del PIB, y/o una caída del déficit de cuenta corriente desde el 3% al 2%.

Si las empresas evitan invertir o las familias siguen incrementando sus ahorros, "el lastre fiscal será demasiado grande para una economía que aún busca pararse en firme", advierte Greens.

Otro remedio sería una reducción del déficit de cuenta corriente. El jueves la Oficina de Análisis económico reportó que el déficit del primer trimestre se amplió a US$119.300 millones desde US$112.200 millones en el cuarto trimestre.

Pese al ligero incremento, la participación del déficit en el PIB se redujo desde el 6,5% hace cerca de seis años, al 3,2% actualmente.

Ciertamente, la debilidad del dólar y la caída en la demanda de importaciones durante la recesión ayudaron a reducir la brecha.

Será necesario un mayor progreso en lo comercial. En ese contexto, como destaca Green, se hace más claro por qué la Casa Blanca ha profundizado los esfuerzos para duplicar las exportaciones estadounidenses en cinco años.

Como resultado, es previsible una mayor presión de la industria para que Washington concluya acuerdos comerciales. Y aunque no lo digan explícitamente, es posible que los funcionarios federales no se desanimen si el dólar se debilita aún más.

23 jun. 2011

La relajación cuantitativa de la Fed se acaba, pero no los problemas

Por Jon Hilsenrath

Funcionarios de la Reserva Federal han advertido durante meses que el controvertido programa de compra de bonos por US$600.000 millones que iniciaron el año pasado no sería una panacea para la atribulada economía de Estados Unidos. Parecen haber acertado en ese pronóstico.

El programa —conocido como la segunda ronda de relajación cuantitativa (QE2, por sus siglas en inglés) del banco central— terminará este mes, tal como estaba previsto, con un legado mixto, sin haber demostrado ser el elixir que la economía necesitaba ni la calamidad que los detractores auguraban.

Los funcionarios de la Fed, que el miércoles concluyeron una reunión de política monetaria de dos días, lanzaron el programa en noviembre. Tenían la esperanza de que impidiera que una inflación muy baja diera pie a un brote de deflación al estilo japonés, es decir, una caída en el nivel general de precios al consumidor que arrastra a la economía. También buscaron estimular la economía manteniendo bajas las tasas de interés de largo plazo, y de esta manera elevar los precios de las acciones, los bonos corporativos y otros activos financieros. Argumentaron que ello fomentaría el crecimiento del empleo.

Lograron aplacar las inquietudes deflacionarias. Sin embargo, el crecimiento económico es más lento ahora que cuando se implementó el programa, el mercado laboral ha perdido ímpetu tras arrancar con fuerza, y el impacto en el mercado financiero ha sido tanto bueno como malo. Las cotizaciones de las acciones han subido y los rendimientos de bonos corporativos han caído, lo cual ayudó al crecimiento. Pero los precios del petróleo, los granos y otras materias primas se han disparado, castigando a los consumidores.

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Pese a que los funcionarios de la Fed no se lo propusieron como meta, otro resultado del programa fue probablemente el continuo descenso del dólar, lo cual es a la vez una bendición y una maldición para la economía estadounidense. Un dólar más débil abarata los productos fabricados en EE.UU. en los mercados mundiales, aumentando las exportaciones, pero también incrementa el costo de los bienes importados y así alimenta la inflación. El dólar iba cuesta abajo antes de que arrancara el estímulo monetario de la Fed y ha continuado por esa senda.

En total, la economía parece haber crecido a una tasa anual de 2% en el primer semestre del año, el tramo de seis meses más lento de la recuperación.

"Uno no quiere engañarse y creer que la Fed tiene alguna clase de poder para resolver todos nuestros problemas", señala James Hamilton, economista de la Universidad de California en San Diego.

El programa QE2 desató reacciones adversas tanto dentro de EE.UU. como en el exterior. Los detractores dicen que el banco central hizo subir los precios de las materias primas al inyectar demasiado dinero en el sistema financiero y debilitar el dólar, atizando una mayor inflación en todo el mundo.

Probablemente parte de la crítica sea exagerada. Los precios del petróleo oscilaron en torno a US$75 el barril durante un mes después de que el presidente de la Fed, Ben Bernanke, dejara en claro sus intenciones sobre la QE en un discurso en agosto de 2010. Los precios se dispararon por encima de US$100 por barril sólo después de que se desataran disturbios políticos en Medio Oriente a comienzos de este año.

Los funcionarios de la Fed dicen que la inflación de los precios de los commodities es impulsada principalmente por la demanda global, en particular de economías de rápido crecimiento como la de China.

Bajo el programa de la Fed, ésta habrá comprado US$600.000 millones en bonos del Tesoro de EE.UU. entre noviembre y junio. En el proceso, ha inyectado dinero en el sistema financiero. Los funcionarios de la Fed argumentan que al reducir la oferta de bonos a largo plazo en manos de inversionistas privados, las compras ayudaron a mantener bajas las tasas de interés, relajando las condiciones financieras.

Los funcionarios de la Fed calculan que el impacto de las compras es equivalente a una reducción de 0,75 puntos porcentuales en la tasa de fondos federales, una tasa de interés de corto plazo que controlan y que influye en los costos de préstamos a lo largo de la economía. En épocas normales, tal recorte sería una medida enérgica. Pero la Fed no puede reducir esa tasa de interés porque ya la ha rebajado casi a cero.

Los funcionarios de la Fed se atribuyen el mérito de haber detenido el avance hacia una deflación. Cuando Bernanke dio su discurso, los movimientos de precios en los mercados de opciones sugerían que los inversionistas creían que había una probabilidad de deflación de cerca de 40% en el año venidero, según cálculos de Barclays Capital. Hoy, la probabilidad es de alrededor de 10%. "Había un riesgo deflacionario que quitamos de la mesa", aseguró Charles Evans, presidente del Banco de la Reserva Federal de Chicago, en una entrevista este mes.

El programa parece haber contribuido al alza de los precios de las acciones. El día antes de que Bernanke diera su discurso en agosto, el índice S&P 500 estaba en 1047,22. A la semana había subido 4% y al mes, 10%. Pero las compañías de EE.UU. probablemente merecen más reconocimiento: las ganancias empresariales crecieron 29% en 2010 frente al año anterior, sin las medidas de la Fed para impulsar las valuaciones de sus acciones.

En tiempos normales, las estrategias de la Fed surten efecto por medio de sectores sensibles a las tasas de interés, como el mercado de la vivienda. Las políticas ahora benefician menos al sector residencial porque ya está muy agobiado por deudas. Desde agosto, el ritmo anual de inicios de obras en la construcción de nuevas viviendas ha caído de más 600.000 a 560.000 y los precios de las casas, según la medida del índice de precios de viviendas S&P/Case-Shiller, han caído otro 3%.

Louis Crandall, economista y analista del mercado de bonos de Wrightson ICAP, dijo sobre el programa de la Fed que "el veredicto final en esto era que en un período en el que sentían gran ansiedad, hicieron lo mejor que podían".

El programa aún tiene escépticos. Dan Floorness, director financiero de Fastenal Co., dice que el vendedor de pernos, tornillos y tuercas de Winona, estado de Minnesota, no se benefició de la flexibilización cuantitativa.

"Si la gente tiene una buena necesidad empresarial de crédito y merece que se le preste, creo que se puede conseguir crédito haya relajación cuantitativa o no", opina.

—Dana Mattioli contribuyó a este artículo

Fuente: WSJ

22 jun. 2011

No crea estos mitos griegos

Por Simon Nixon

1. Grecia es insolvente.

No, no lo es. Como Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff han destacado, los incumplimientos soberanos tradicionalmente tienen que ver con la voluntad de pagar más que con la capacidad para hacerlo. Grecia tiene suficientes activos y un enorme potencial para recortar el gasto, elevar la recaudación de impuestos y mejorar la productividad si está dispuesta a hacer sacrificios. Más que la solvencia, el desafío para Grecia es si los cambios que se necesitan son posibles en términos políticos.

2. Es lo mejor para Grecia declarar una cesación de pagos.

Difícilmente. El país todavía registra un gran déficit primario de modo que incluso si aplica recortes del 50% a los tenedores de bonos de todos modos necesitará conseguir préstamos inmediatamente o enfrentar enormes recortes de gasto de la noche a la mañana para equilibrar sus cuentas. Peor aún, el sistema bancario griego colapsaría a medida que su capital es liquidado y se agota su financiamiento. En virtud de la normativa del Banco Central Europeo, los bonos del gobierno griego ya no podrían utilizarse como garantía. Ni tampoco facilitaría las cosas que Grecia intentara abandonar al euro dado que esto posiblemente genere una fuga inmediata en sus bancos.

3. Un incumplimiento de Grecia no sería como lo de Lehman.

Ahora incluso el gobierno alemán parece aceptar que era demasiado autocomplaciente el imaginar que el mercado estaba preparado para una reestructuración de deuda griega. Pese al cambio de opinión de Angela Merkel la semana pasada, los efectos de un contagio se han esparcido a lo largo de la eurozona, de manera notable a España, donde los rendimientos de los bonos han subido pronunciadamente. El error de Alemania fue considerar sólo los efectos de primer orden sobre el capital bancario, en circunstancias en que los efectos de contagio de segundo orden sobre el gobierno y los costos de los préstamos bancarios serían los más dañinos.

4. No pueden seguir postergando el asunto.

Sí, pueden. El tiempo es un gran sanador. Incluso si un incumplimiento griego se vuelve inevitable, hay buenas razones para postergarlo: en parte para alentar a Portugal e Irlanda a ceñirse a sus programas de rescate, pero más importante, para asegurarse de que los inversionistas sigan comprando deuda de bancos y otros gobiernos de la periferia europea. La eurozona debe evitar incumplimientos hasta que países como España e Italia logren alejarse de la zona de peligro. En efecto, aunque les moleste a los contribuyentes alemanes, es posible que la eurozona tenga que continuar aplazando la deuda griega mucho después de 2013.

5. Todo es culpa de Grecia.

No del todo. Ahora que la eurozona aceptó que no tiene muchas opciones salvo volver a rescatar a Grecia, su objetivo debería asegurar los trabajos de rescate. Sin embargo, la eurozona está cobrando a Grecia una tasa de interés punitiva -cerca del doble de lo que el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera paga por pedir préstamos o lo que el Fondo Monetario Internacional cobra- lo que hace mucho más dura la tarea griega. Esto no tiene sentido. La única forma sensata ahora para que la eurozona minimice el riesgo moral es acordar una integración política más cercana. Tarde o temprano, los líderes europeos deberán enfrentarse a esta realidad.

21 jun. 2011

Las tres contradicciones de la economía china

Por David Wessel

El milagro económico de China es indiscutible. Desde que comenzó su apertura, el estándar de vida se ha duplicado cada diez años, una proeza que a Estados Unidos le llevó tres décadas, incluso en los momentos de su crecimiento más vertiginoso. Pero se empiezan a vislumbrar fisuras en los cimientos económicos de China.

Llamémoslas las tres contradicciones.

La primera es que las autoridades están determinadas a moderar el crecimiento y contener la inflación a la vez que siguen subiendo los salarios y entregando otros beneficios a la población. Es una meta ambiciosa para cualquier gobierno, pero especialmente para uno tan temeroso de perder el control que es reticente a dejar que las fuerzas del mercado hagan una parte importante del trabajo.

En un país donde todavía se pueden ver estatuas de Marx y Engels, los salarios representan una parte cada vez menor de los ingresos generales y la brecha entre ricos y pobres empieza a crecer, no exactamente la receta idónea para estimular el consumo. A China le sobran las tiendas minoristas, pero muchas parecen museos: la gente mira, pero no compra.

Dada la fortaleza de la demanda por mano de obra, los sueldos están subiendo más deprisa, una clave para mantener la estabilidad social que tanto valoran los líderes chinos, y para promover el gasto de los consumidores, tan necesario para que la economía deje de depender tanto de las exportaciones.

El problema, al parecer, es que los incrementos salariales están diluyendo la competitividad de las fábricas chinas. Una señal reveladora es que las camisetas en una tienda de Gap en China llevan etiquetas que dicen "hecho en Malasia", y los cepillos de dientes más baratos vienen de Vietnam.

La solución es pasar a las manufacturas más sofisticadas y los servicios. Eso requiere un sistema más grande, mejor y más libre que el actual, que es, según un funcionario, menoscabado por un modelo de gestión soviético para la investigación científica y es menospreciado por la élite china que envía a sus hijos a estudiar al extranjero.

La segunda contradicción tiene que ver con la última moda en los círculos gubernamentales de Beijing, la "internacionalización del yuan", una moneda cuyo uso es prácticamente exclusivamente interno. Esto se debe, en partes iguales, al orgullo nacional, al deseo de una potencia comercial de comprar y vender en su propia divisa y a una decisión del gobierno para que, en caso de que hubiera otra crisis financiera, endeudarse en el extranjero con la misma libertad y a las mismas tasas que EE.UU.

Pero China no puede conseguir eso a menos que deje de mantener las tasas de interés en niveles tan bajos que los ahorristas ni siquiera pueden mantenerse al ritmo de la inflación. Jugar la partida global implica someter una economía a los mercados globales.

Algunos funcionarios advierten peligro en las tasas demasiado bajas. "Es necesario hacer algo sobre las tasas de interés negativas en términos reales antes de perder el control", dijo Guo Shuqing, director del Banco de Construcción de China y posiblemente el próximo presidente del banco central, en una entrevista. "Mucha gente siente que colocar su dinero en depósitos no es bueno, así que se apresuran a comprar cosas como oro y plata. Mucha gente compra propiedades no porque necesiten una casa sino como una inversión". De hecho, los ricos están sumergidos en una ola especulativa, comprando terceras y cuartas viviendas, mientras que otros no pueden permitirse ni siquiera una con los precios en niveles tan altos. Las burbujas de activos en China están alimentadas por la política monetaria china, no por la Reserva Federal de EE.UU. (Fed).

Las tasas de interés de EE.UU. son bajas porque la Fed está tratando de resucitar el crédito. El banco central de China quiere menos préstamos, pero deudores corporativos y gubernamentales con gran poder político bloquean el alza de las tasas. Nouriel Roubini, uno de los economistas que predijo la crisis financiera, describe la política china como "una transferencia masiva de ingresos de hogares políticamente débiles a empresas con poder político: una moneda débil encarece las importaciones".

Convertir el yuan en una moneda internacional significa acabar con la práctica de mantener las tasas por debajo de sus niveles económicamente óptimos por razones políticas. Requiere hacer que la política económica sea transparente. Los líderes chinos aseguran que quieren lo primero, pero no están tan seguros sobre lo segundo y tercero.

Tercero: A un gobierno represivo le cuesta menos mantener contenta a su gente cuando la economía crece 10% al año. Por ahora, todo bien. Pero pisar el freno económico, una medida nunca demasiado popular, representa una amenaza para un gobierno que no confía en su pueblo. Twitter no está autorizado en China. Los estudiantes se quejan de las restricciones en la "Internet china". Y los filtros del gobierno parecen demorar las velocidades de conexión a la red.

El pueblo les devuelve el favor. Incluso un turista extranjero siente que mucha gente no confía en el gobierno. En la cafetería de la Universidad de Tsinghua, en Beijing, un estudiante estalló en ira: "¿Qué es lo que dice sobre un país que su líder envíe a su hija a estudiar al extranjero?", en referencia al próximo presidente de China, Xi Jingping, cuya hija acaba de terminar su primer año en Harvard.

Y en un pueblo a unos 100 kilómetros al norte de Beijing, donde la Gran Muralla serpentea prácticamente ignorada por los turistas, uno puede ver unas cuantas casas simples de campesinos, y una nueva vivienda más grande, más ancha y más alta que parece sacada de otro mundo. Todos saben quién la construyó: el secretario local del Partido Comunista. Y no la pagó precisamente con su sueldo.

Las fisuras no necesariamente presagian un colapso. Pero sugieren tensiones que, de no ser resueltas, pueden debilitar un edificio económico, incluso uno tan impresionante como el de China.

Fuente: WSJ

20 jun. 2011

La Fed optaría por no hacer cambios en su política en su reunión de junio

Cuando los funcionarios de la Reserva Federal se reunieron en abril, pasaron mucho tiempo trazando estrategias para salir de las políticas de expansión monetaria del banco central. Mientras se preparan para su próxima reunión, en medio de una pronunciada desaceleración económica, la salida parece cada vez más distante.

En cambio, los funcionarios de la Fed planean mantener estable la política monetaria mientras se preparan para la reunión del 21 y 22 de junio del Comité Federal de Mercados Abiertos, el organismo rector de la Fed.

Debido a que la creación de empleos posiblemente se está desacelerando, los precios de las viviendas están cayendo y los consumidores están gastando cautelosamente, los funcionarios no quieren endurecer las condiciones financieras. Esto significa que mantendrán las tasas de interés de corto plazo cerca de cero y evitarán los US$2,6 billones (millones de millones en títulos en su poder se reduzcan. Al mismo tiempo, debido a que la inflación se ha acelerado, son reticentes a adoptar nuevas iniciativas tendientes a alentar el crecimiento.

"Creo que las condiciones, según veo cómo se desarrollan, podrían bien ser apropiadas si simplemente se mantienen como están por un tiempo", dijo Dennis Lockhart, presidente del Banco de la Reserva Federal de Atlanta, en una entrevista durante la semana pasada.

La Fed completará el programa de compra de títulos del Tesoro por US$600.000 millones este mes. La reciente desaceleración llevó a algunos inversionistas a sugerir que la Fed podría iniciar una nueva ronda destinada a alentar a los mercados financieros y la economía, pero eso parece muy improbable por ahora. Muchos funcionarios de la Fed creen que el panorama económico ha cambiado desde que el banco central lanzó el actual programa en noviembre.

En aquel momento, muchas mediciones de inflación eran muy bajas y la deflación -o la caída de los precios al consumidor- era considerada una amenaza seria. El índice de precios al consumidor subía un 1,1% frente al año anterior, por debajo del objetivo de la Fed del 2%, y los precios estaban aún más bajos si se excluían los volátiles precios de los alimentos y la energía. En abril, en cambio, el índice de precios al consumidor subió un 3,2% frente al mismo mes del año anterior y los precios de objetos diferentes a alimentos y energía subieron.

"La situación ha cambiado extremadamente rápido", dijo Lockhart.

Esa es una razón en contra de un nuevo programa de relajación, dijeron él y otros funcionarios en entrevistas y discursos en los últimos días. "Ya hemos hecho suficiente. Nuestra tasa de los fondos federales, esencialmente en cero, da un gran apoyo. Aunque mantengamos el tamaño de nuestro balance continuaremos ajustándonos", dijo Charles Evans, presidente de la Fed de Chicago en una entrevista a comienzos de este mes.

Lockhart dice que para convencerlo de lo contrario haría falta una nueva serie de preocupaciones sobre deflación, o sobre una recesión, o el deterioro en el mercado de empleo.

Funcionarios de la Fed no coinciden con la noción de que no tienen opciones si la inflación y la economía se debilitan sustancialmente. Las opciones van más allá de otro programa de compra de bonos, el cual se vuelto el centro de la atención del mercado.

Una herramienta es la guía que la Fed proporciona al público sobre sus políticas. Actualmente, la Fed ha asegurado a los inversionistas que planea mantener las tasas de corto plazo cerca de cero por un "tiempo prolongado". Funcionarios de la Fed cree que la certidumbre que dan a los inversionistas sobre este frente ayuda a mantener condiciones financieras poco exigentes. Si la economía se sigue debilitando, la Fed podría fortalecer ese compromiso de mantener las tasas baja y sus grandes tenencias de títulos.

Hay otras herramientas. La Fed podría reducir la tasa de interés que cobra sobre el dinero que los bancos mantienen en reservas en el banco central. La Fed ahora les paga un 0,25% para mantener el dinero en reservas. Podría reducir esa tasa si fuera necesario, dando a los bancos más incentivos para prestar el dinero. O podría prolongar el vencimiento de algunas de sus tenencias en títulos, lo cual podría ayudar a mantener bajas las tasas de interés de más largo plazo.

Todas estas medidas tienen su lado negativo, y debido a que las perspectivas sobre la economía y la inflación son mixtas, los banqueros centrales no están ávidos de adoptarlas. Eso podría cambiar si la economía no se recupera en el segundo semestre del año tal como se espera. Pero si lo hace, el debate posiblemente vuelva nuevamente hacia la estrategia de salida.

-Por Jon Hilsenrath at jon.hilsenrath@wsj.com and Luca Di Leo at luca.dileo@dowjones.com