30 sept. 2011

La crisis europea divide al propio partido de gobierno en Alemania

Por Vanessa Fuhrmans

BERGISCH GLADBACH, Alemania—Mientras Angela Merkel se apresura a convencer a los alemanes de que su prosperidad depende de la preservación del euro, la canciller se topa con la tenaz resistencia de un flanco inesperado: el ala proeuropea de su propio partido.

La ampliación del fondo de rescate europeo fue aprobada hoy por un amplio margen, pero 10 de los 13 votos en contra de la medida, que muchos inversionistas consideran esencial para impedir el pánico del mercado, fueron de la Unión Demócrata Cristiana de Merkel. Uno de los altos dirigentes de la coalición, Wolfgang Bosbach, un prominente adalid de la integración europea, se había convirtió en las semanas anteriores a la votación en abierto crítico de su manejo de la crisis.

"La primera medicina no funcionó, y ahora simplemente estamos duplicando la dosis. Es una lógica que simplemente no comprendo", dijo Bosbach respecto de los intentos de rescate de Grecia, golpeando el escritorio de su modesta oficina parlamentaria en Berlín. "Mi temor es que cuando ocurra el big bang, no sólo nosotros tendremos que pagar, sino las generaciones futuras".

El principal partido opositor de Alemania acordó apoyar las leyes de rescate, garantizando su aprobación. No obstante, la reacción adversa en la base conservadora de Merkel sugiere que su coalición encarará serios obstáculos internos en los meses venideros si, tal y como se espera, se le pide a Alemania que comprometa más recursos para contener la crisis de la deuda europea.

La rebelión de los legisladores deja de manifiesto un cambio más amplio acerca de cómo los alemanes contemplan su papel en Europa a partir de la crisis griega. Aunque la mayoría mantiene un firme compromiso histórico con Europa y la moneda única como su ancla, abundan las dudas sobre si el creciente costo de salvar la zona euro vale la pena.

Pocos alemanes temen un regreso del conflicto armado en Europa Occidental, la idea que proveyó el ímpetu inicial de lo que los alemanes a menudo siguen llamando "el proyecto de paz europeo". En su lugar, la prosperidad y la estabilidad económica han pasado a ser las principales razones detrás de la unión monetaria, un argumento que ahora muchos alemanes cuestionan después de una serie de fallidos paquetes de ayuda.

Si Merkel es incapaz de persuadir a los electores de apoyar nuevas medidas de rescate, corre el riesgo de sumir a Alemania en un creciente aislamiento y de presidir la disolución del euro, el mayor logro del impulso de posguerra de Europa hacia la integración.

Merkel, una física de 57 años y una política famosa por su cautela, está haciendo un intento tardío por reanimar el fervor alemán por la unidad europea.

Pero después de seis décadas de financiar una Europa integrada, el corazón proeuropeo de la clase dirigente del país está dividido. "No quiero ser forzado a entrar en un movimiento antieuropeo. La UE es un proyecto político importante", argumenta Bosbach, un católico de Renania de 59 años cuyo estilo directo y lucha pública contra un cáncer de próstata avanzado le han granjeado el apoyo y la simpatía sin distinciones partidarias. "Pero a la gente le prometimos una unión de estabilidad, no una unión de deuda".

Una encuesta encargada por la estación de televisión ZDF a comienzos de este mes muestra que tres cuartas partes de los alemanes estaban en en contra de la ampliación del fondo de rescate europeo. "Ya dejó de ser un debate remoto; tiene que ver con nuestras vidas cotidianas y lo que ocurrirá con nuestros ahorros, nuestra posición económica", señala Ria Borgmann, una administradora del gobierno local retirada mientras estaba de compras en Bergisch Gladbach, en el corazón del distrito electoral de Bosbach. "Soy totalmente partidaria de Europa, pero en determinado momento tiene que haber un límite para los paquetes de rescate".

Las medidas que aprobó el Parlamento alemán casi duplican la capacidad de préstamo del principal fondo de rescate de la eurozona a 440.000 millones de euros (US$595.000 millones) y permitirían que el fondo, de ser necesario, compre bonos soberanos en el mercado abierto.

Merkel está tratando de revivir el sentido de deber histórico de los alemanes de apoyar una Europa unificada, tanto por el bien del país como por el del continente. Y las encuestas muestran que la mayoría de los alemanes siguen considerando a una Europa unida como la clave para alcanzar una prosperidad y paz duradera en un continente con un legado de conflictos.

De todos modos, muchos temen que se verán obligados a optar entre ver el colapso del euro o sacrificar su rigor fiscal a un estado supranacional europeo que financie a los países más propensos al endeudamiento, como Italia o Grecia.

El aporte de Alemania al expandido fondo de rescate asciende a los 211.000 millones de euros (US$286.000 millones), menos de la mitad de los 500.000 millones de euros que prometió para rescatar sus bancos en 2008. Pero muchos consideran la decisión del Banco Central Europeo de comprar miles de millones de euros en bonos soberanos de países del sur de Europa como otra señal de que las instituciones europeas se les están yendo de las manos.

Aún más difícil de digerir es la perspectiva de hacer que la eurozona se haga colectivamente responsable de las deudas de sus miembros, como han sugerido un creciente coro de voces europeas en los últimos meses. Muchos sostienen que los llamados eurobonos, una idea a la cual Merkel se ha opuesto tajantemente, son el bastión necesario para aliviar la presión financiera sobre los miembros abrumados por deudas y apuntalar la unión fiscal de la zona euro.

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Para los alemanes, sin embargo, los eurobonos equivaldrían a renunciar a sus bajas tasas de interés para financiar los gastos de los países con una menor disciplina fiscal. "En última instancia, el tema del eurobono tendrá que ser resuelto y Merkel estará ante un dilema imposible", indica un legislador alemán de su propia coalición. "Si vuelve a los electores alemanes con los eurobonos, hasta ahí llega su carrera política. Si no lo hace, será una figura muy solitaria en Europa".

Al igual que muchos alemanes comunes y corrientes, Bosbach objeta la idea de que la zona euro sólo puede sobrevivir si se mantiene a Grecia en su seno. Argumenta que el bloque monetario necesita reglas claras que permitan la salida de un país insolvente, y sólo puede lograr estabilidad si éstas se aplican. "La cuestión no es si Grecia quiere recuperarse, es si tiene la capacidad de hacerlo", advierte.

La élite política y económica de Alemania se opone por abrumadora mayoría a la línea dura de Bosbach, argumentando que suspender la ayuda ahora podría causar el desmembramiento de la eurozona. "No hay ninguna solución realmente buena y rápida", escribieron los jefes de las principales federaciones industriales del país en una carta abierta a los parlamentarios. "Pero sin la expansión del fondo de rescate europeo, consecuencias incalculables amenazan a la Unión Europea y a su moneda común".

Fuente: WSJ

29 sept. 2011

Aumentan las posibilidades de una mayor inflación en Brasil

Por Matthew Cowley

SÃO PAULO (Dow Jones)--El Banco Central de Brasil señaló el jueves que hay una mayor posibilidad de que la inflación sobrepase el límite superior de su rango meta este año, pero mantuvo su visión ampliamente optimista sobre el panorama para los precios en el mediano plazo.

Las proyecciones de inflación son "menos benignas" de lo que eran en el trimestre pasado, pero desde entonces hay más "señales favorables" sobre la inflación, indicó la autoridad monetaria en su informe de inflación del tercer trimestre.

La inflación de precios al consumidor posiblemente se ubique en el 6,4% este año, muy por encima de las proyecciones de un 5,8% para 2011 realizadas hace tres meses, según el informe. Para 2012, las perspectivas se mantuvieron sin cambios en un 4,7%.

El banco central redujo además sus proyecciones para el crecimiento del producto interno bruto del 4% al 3,5%. La "sustancial" desaceleración del crecimiento mundial actuará como un lastre adicional para la economía local, que se está desacelerando a un ritmo más rápido del esperado, sostuvo la entidad.

La volatilidad de los mercados financieros se ha incrementado y las perspectivas para los precios de los bienes básicos son "relativamente benignas", manifestó la autoridad monetaria.

26 sept. 2011

Todos los Estados deben respaldar al BCE para salvar al euro

Por Simon Nixon

El Banco Central Europeo ha sido el salvador de la eurozona durante los últimos 18 meses. Mientras los políticos dudaban, ha recurrido a su estatus de única institución europea con capacidad para actuar con decisión para responder con rapidez a los acontecimientos. Sin sus intervenciones en las fases iniciales de la crisis, la eurozona estaría ahora en una situación aun peor e incluso podría haber quebrado. Pero en los últimos meses, la crisis ha entrado en una fase nueva y mucho más peligrosa para la que el BCE no cuenta con las herramientas adecuadas. En efecto, podría ahora suponer la mayor amenaza para la supervivencia de la divisa.

Tanto la fortaleza del BCE como su debilidad provienen de su independencia. El BCE es diferente de otros bancos centrales; no tiene que rendir cuentas directamente a nadie pero actúa en nombre de los 17 estados miembro. Para garantizar su independencia, los padres fundadores de Europa fijaron estrictos límites para las competencias del BCE: Habría una estricta separación de las responsabilidades monetarias y fiscales. Al BCE se lo dio un objetivo --la estabilidad de los precios-- y se le excluyó de la responsabilidad de garantizar la estabilidad financiera, algo que podría haber desdibujado los límites, lo que le presionó para expandir su balanza y generó riesgo moral.

Estas limitaciones a sus competencias no evitaron que el BCE interviniera durante las fases iniciales de la crisis. Actuó como un prestamista tradicional de último recurso para el maltrecho sistema bancario europeo, ofreciendo liquidez ilimitada de hasta un año, todo en nombre de preservar la estabilidad de los precios. Cuando la crisis se contagió a los mercados de deuda soberanos europeos, el BCE de nuevo intervino a través de su Programa de Mercados Secundarios, comprando bonos estatales para estabilizar las rentabilidades, afirmando, como justificación, que esta decisión era un componente vital del mecanismo de transmisión de la política monetaria. Durante mucho tiempo, esto funcionó: el BCE solo aumentó su balance en un 71% frente al 229% de la Reserva Federal de Estados Unidos y al 193% del Banco de Inglaterra. La economía de la eurozona creció y la inflación permaneció cerca de su objetivo del 2%.

Pero la postura del BCE en la gestión de la crisis siempre fue polémica. Consciente de las deficiencias de su mandato y de las dificultades que afrontaría ante un contagio serio, el BCE fue firme a la hora de afirmar que los responsables europeos de políticas monetarias no deberían hacer nada que minase la confianza en el sistema financiero de la eurozona. Cuando quebró el sistema bancario irlandés, el BCE insistió en que Dublín rescatase a todos los acreedores pese a que su anterior garantía de depósitos hubiera vencido. De manera similar, cuando el tamaño de la crisis de deuda de Grecia se hizo evidente, el BCE insistió en que Grecia debía evitar la quiebra por todos los medios.

Esta postura podrá tener sentido intelectual, pero al mismo tiempo parece injusta. Los irlandeses pagaron un precio por la determinación del BCE de preservar la confianza en los mercados de deuda bancaria, mientras que los contribuyentes griegos pagaron un precio similar para mantener la integridad de los mercados de deuda soberana. A los bonistas se les está devolviendo todo el dinero mientras que las pérdidas se están socializando, y ulteriormente serían sufragadas por los contribuyentes ricos. Mientras tanto, el colapso de los países periféricos estaba forzando al BCE a hacerse cargo de la financiación tanto de los bancos como de los gobiernos, exponiendo sus balances al creciente riesgo crediticio.

La estrategia del BCE quebró en octubre de 2010 cuando los líderes europeos acordaron en Deauville que los bonistas tendrían que asumir las pérdidas de cualquier rescate a partir de 2013. Esto fue o el mayor error en cuanto a políticas monetarias desde los años 1930 o una respuesta inevitable a las realidades políticas. En cualquier caso, cambió complemente la dinámica de la crisis de la eurozona. El contagio que estuvo tratando evitar el BCE se trasladó inmediatamente a otros países periféricos; en cuestión de semanas, Irlanda y Portugal tuvieron que pedir rescates del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera. Cuando Alemania insistió en que los bonistas estatales alemanes asumieran las pérdidas para un segundo rescate griego este verano, la crisis escaló aun mas, afectando a Italia, España e incluso Francia.

Llegados a este punto, el BCE tendría que haber cambiado de postura. Los bonos estatales y bancarios de la eurozona ahora conllevaban un riesgo crediticio explícito, al igual que el balance del BCE. Debería haber pedido a los gobiernos de la eurozona una compensación explicita por cualquier pérdida. El BCE argumenta que esto habría comprometido su independencia, dado que habría resultado más difícil resistirse a las presiones de los gobiernos para comprar bonos. Pero esto parece una débil excusa: una compensación no habría supuesto ninguna obligación y en cambio habría dado legitimidad democrática a sus acciones.

En lugar de eso, el BCE se encuentra ahora en el ojo del huracán político. Su consejo de gobierno está dividido y dos de sus miembros más senior han dimitido para protestar por la compra de bonos.

Esta situación está ahora llegando rápidamente a su fin. El mercado no tiene dudas de que Grecia quebrará. De hacerlo, las normas del BCE no permitirán que siga financiando a los bancos griegos. En esta ocasión, el BCE debería definitivamente pedir una compensación, de acuerdo con algunas personas cercanas a esta postura. Pero eso exigiría que los 17 miembros de la eurozona acordaran seguir financiando a un país que no ha cumplido con las anteriores condiciones del rescate, cargando a los contribuyentes con enormes pérdidas sin garantías de que la situación no se vuelva a dar. En este momento, el futuro del euro estará decidido. El BCE no debería esperar a que llegue ese momento para exigir a los gobiernos de la eurozona que le respalden explícitamente.

Fuente: WSJ