9 oct. 2009

España: El plan de pensiones podría cobrarse en caso de embargo

por Elisa del Pozo. Madrid

La dirección general de Seguros ha remitido al sector una batería de cambios de la normativa del sector para su debate. La comercialización de estos productos centra una parte de ellos.

La Dirección General de Seguros y Pensiones ha puesto encima de la mesa la posibilidad de que los partícipes puedan rescatar anticipadamente el ahorro colocado en estos productos cuando hayan sufrido el embargo de alguno de sus bienes (sueldo, vivienda, bienes de su actividad profesionales o empresariales, etcétera) que le sea imprescindible para su subsistencia.

De prosperar esta iniciativa, debería ir acompañada de otra modificación legislativa ya que, según los expertos consultados, los ingresos procedentes de un plan de pensiones que se ingresen en una cuenta bancaria pueden ser embargados para saldar una deuda del titular. Sólo está fuera del embargo el importe correspondiente al salario mínimo interprofesional (624 euros al mes) si procede del salario o de la pensión pública.

El ahorro acumulado en los fondos de pensiones sólo se puede recuperar tras la jubilación del titular, aunque existen dos excepciones en las que es posible reembolsar antes: cuando el titular se queda en paro y sin ingresos, y cuando él o alguno de sus familiares directos sufre una enfermedad grave.

Esta nueva vía de liquidez de los planes forma parte de una batería de cambios que modificaría el funcionamiento actual de los planes. Las propuestas incluyen que el Ministerio de Economía pueda autorizar la suspensión temporal del pago de prestaciones o la movilización del patrimonio de un fondo que tenga problemas de falta de liquidez de un determinado porcentaje de sus activos.

Con esta medida propuesta por Seguros y Pensiones, se equipararía a estos productos con los fondos de inversión que el año pasado suspendieron en algunos casos sus reembolsos como consecuencia de las dificultades del mercado financiero que les dificultó la liquidez necesaria para afrontar sus solicitudes de rescates.

Situaciones excepcionales
Seguros plantea también que, “ante circunstancias excepcionales de los mercados” Economía “limite o prohiba temporalmente la inversión (de los fondos) en determinadas categorías de activos”.

Los planes, igual que buena parte de los productos y entidades financieras, vivieron el año pasado un periodo de fuerte incertidumbre y turbulencias que imposibilitó en ocasiones la valoración de una parte de sus inversiones. Las modificaciones, incluidas en el documento elaborado por Seguros, presentan las principales líneas de trabajo de la subdirección de planes de pensiones que han sido remitidas a Unespa, Inverco, sindicados, AEB, Ceca, CEOE y consumidores, entre otros, para que cada institución presente su valoración ante este departamento.

Iniciativas
Los cambios planteados parten, en unos casos, de la iniciativa de la propia Administración y, en otros, tienen su origen en las reivindicaciones de las entidades o asociaciones implicadas en este negocio, como, por ejemplo, los beneficiarios de los planes de pensiones de empleo.

Lo previsto es debatir las novedades planteadas, primero en reuniones bilaterales entre la Administración y los representantes del sector. Después, se ampliarán y se tratará de consensuar los cambios en la medida de lo posible, para plasmarlas más tarde en modificaciones de la legislación del sector. Fuentes del Ministerio de Economía afirman que no es obligatorio que se aprueben todos los puntos incluidos en el documento, sin membrete oficial, que contiene las líneas de trabajo.

Varias modificaciones se plantean sobre la comercialización de los planes. Las líneas de trabajo de Seguros quieren dejar claro que la gestora no debe desentenderse de las tareas de comercialización de sus productos, aunque pueden delegar esta función en otras entidades financieras sobre las que deberían tener facultades de control en materia de comercialización de planes individuales, apunta el documento.

“La gestora asume la responsabilidad directa y solidaria frente a los partícipes y la responsabilidad administrativa por la comercialización. La delegación de esta función deberá ser comunicada a Economía”. Seguros pone encima de la mesa que las entidades comercializadoras puedan ser sancionadas por este departamento. Otra de las líneas de trabajo planteadas propugna la imposibilidad de que la gestora y la depositaria de un plan de pensiones sean del mismo grupo, salvo que cumplan las normas de separación que se desarrollarán posteriormente.

El regulador quiere vetar las campañas de final de año
Seguros quiere prohibir por ley “la captación de aportaciones o movilizaciones mediante promociones consistentes en regalos en efectivo o en especie, aportaciones a favor del partícipe, retribuciones o condiciones especiales en otros productos financieros y, en general, cualquier incentivo que tenga valor económico”.

Seguros ha manifestado en varias ocasiones su oposición a estas campañas, pero el sector se ha negado en redondo a seguir su recomendación y al final de cada año despliega un amplio abanico de regalos e incentivos para captar ahorro y partícipes. Las gestoras alegan que son las comercializadoras, generalmente bancos y cajas, las que lanzan estas campañas y no es, por tanto, una iniciativa que ellas puedan controlar.

Pero, al mismo tiempo, las gestoras admiten que es la situación del mercado, dominada por una fuerte competencia, la que hace inevitables estas promociones, que en muchas ocasiones tienen carácter defensivo. El problema, apuntan en una entidad, se acabaría si existiera un compromiso firme de todo el mercado para renunciar voluntariamente a estas iniciativas, algo que en la práctica resulta imposible.

La prohibición legislativa de las promociones podría interpretarse, por tanto, como una medida que favorecería al sector, que supondría una reducción de costes para las entidades, que podría traducirse en una rebaja o congelación de las comisiones que cobran a los clientes. La pega podría ser el agravio comparativo con otros productos financieros.

Fuente: Expansión

8 oct. 2009

Réquiem por la izquierda (¿europea?)

por Tom Burns

Un fenómeno político fascinante está teniendo lugar en Europa y está ocurriendo por primera vez en la vida de los más antiguos del Viejo Continente. Un espectro se cierne sobre Europa, que diría Carlos Marx, sólo que 161 años después de la publicación de su Manifiesto Comunista. El espectro es el del centroderecha o del conservadurismo liberal, que tanto da.

El hecho es que los clásicos partidos socialistas están batiéndose en retirada y esto es algo auténticamente novedoso. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la izquierda ha sido un permanente referente político en Europa, ora en el poder (en Suecia poco menos que de manera patrimonial), ora como gobierno a la espera. Por añadidura, los socialistas representaban, cosa que a los laboristas británicas les encanta decir, the high moral ground y velaban por el bien de la Humanidad, respirando el aire puro de las alturas y de la incuestionable superioridad moral de su sensibilidad ética.

Pues todo esto acabó. Hecha unos zorros la izquierda en Francia, en Italia, en Holanda y también en Suecia, los socialistas alemanes, que son los que más presumen de solera, han sufrido un serio revolcón del que tardarán mucho tiempo en recuperarse. Los próximos en ser volteados por los votantes serán los laboristas de Reino Unido.

Mi amigo más importante en el gremio socialista, un inteligente sujeto llamado Denis MacShane, que fue ministro para Asuntos Europeos con Tony Blair y, con más valor que el Alcoyano, espera volver a ser elegido diputado laborista en las elecciones generales británicas la primavera que viene, habla de una “profunda crisis existencial” en la izquierda europea. Y uno no puede menos que preguntarse: ¿qué pasa en España? Hay quienes repiten esa estúpida boutade de que Europa acaba en los Pirineos, pero ignorémosles.

La pregunta es: ¿por qué en España sigue gozando el socialismo de una credibilidad que ha perdido en los otros grandes países europeos? Los laboristas británicos querían saber eso mismo la semana pasada cuando, con MacShane al frente, recibieron a José Luis Rodríguez Zapatero en su congreso anual con un auténtico calor que siempre negaron a Felipe González. Blair despreciaba a Rodríguez Zapatero y apenas lo ocultaba. Puede que el cerebral Gordon Brown también, pero el actual primer ministro británico, sumido en sus horas más bajas, se agarró al presidente del Gobierno español con el mismo fervor que un naufrago se abraza a un salvavidas.

Por lo que me cuentan, Rodríguez Zapatero les habló a los compañeros laboristas de ensayar un retorno a los orígenes radicales que enfatizan la preocupación (y el gasto) social y demonizan el capitalismo salvaje. Y esto, desde el prisma de la izquierda, tiene todo el sentido del mundo si no fuese por el pequeño detalle de que el partido Laborista, y muy especialmente el propio Brown en sus largos años al frente de los presupuestos británicos, así como el SPD alemán, primero con Gerhard Schröder y luego en coalición con Angela Merkel, son parte del problema: el socialismo de “Nueva Vía” dio poco menos que rienda suelta a los mercados financieros. De hecho, la política business-friendly de Felipe González-Carlos Solchaga ya dibujó una hoja de ruta socialista para la desregulación financiera, la independencia del banco central, las privatizaciones, la flexibilidad laboral y tanto más.

‘Back to basics’
Brown se vistió con la ropa populista de Rodríguez Zapatero en el congreso laborista, pero, por mucho que pudo satisfacer a las bases de su partido, no consiguió ilusionar al votante medio. No hay nada que pueda irritar más al centro político de una sociedad desarrollada que el empeño de un partido socialista por demostrar sus señas de identidad ideológicas mediante fuertes subidas de impuestos a las clases medias con el fin de financiar un gasto que sobrepasa cualquier control.

La desconfianza en el liderazgo y en la capacidad de gestión socialista es manifiesta, y la vuelta al back to basics de la izquierda, que es el discurso que Rodríguez Zapatero le vendió a Brown, es el ejercicio inútil de retrasar las manillas del reloj. Este discurso tampoco tendría un pase en España de existir una Merkel, un Nicolas Sarkozy o un David Cameron. El problema de España no es que sigue siendo creíble el socialismo. Es que no existe una derecha liberal que le saque los colores de su profunda crisis existencial.

Fuente: Expansión

7 oct. 2009

Esclareciendo el futuro de los derivados OTC

por John Gapper

“No debemos permitir que la luz del día interrumpa los momentos mágicos”, advirtió Walter Bagehot sobre la monarquía británica. En el caso del mundo de los derivados, sin embargo, se necesita más claridad.

Un año después de la quiebra de Lehman Brothers, los bancos aun obtienen grandes beneficios con los derivados, en especial con los más complejos que operan fuera del mercado bursátil (OTC). Los bancos ingresaron 15.000 millones de dólares (10.258 millones de euros) el primer semestre de este año a través del comercio de dinero y derivados, mientras que el valor nominativo de sus carteras subió hasta los 203 billones de dólares.

Los derivados OTC, que se usan en todas las áreas desde la cobertura de los balances al arbitraje fiscal, son unos de los contratos más rentables que ofrecen los grandes bancos. Pese a que los ingresos procedentes del comercio de renta variable y bonos se han reducido, los derivados complejos siguen siendo un filón.

Sin embargo, tienen un coste para el sistema financiero. Cuando American International Group quedó al borde de la quiebra, el Gobierno estadounidense gastó miles de millones de dólares para adquirir sus contratos de seguro frente al impago de deudas con entidades entre las que se incluía Goldman Sachs. Cuando los problemas golpearon a Bear Stearns y Lehman Brothers, otros grupos empeoraron su situación al apresurarse a cerrar operaciones de derivados.

El Gobierno estadounidense y la Comisión Europea están intentando solucionar los problemas más serios en el mercado de derivados OTC. Ambos quieren que la mayor parte de los derivados pasen de ser contratos privados OTC a liquidarse de forma centralizada, y tal vez operarse en las bolsas.

Los bancos que dominan los mercados de derivados OTC luchan contra las propuestas más estrictas. Cuentan con aliados que apoyan su campaña: las empresas industriales a las que les desagrada la idea de tener que protegerse frente a los riesgos que pueden derivarse de las divisas, los tipos de interés y los créditos a través de cámaras de liquidación y compensación.

Grupos europeos, entre los que se incluyen Lufthansa y Rolls-Royce, se quejaron la semana pasada sobre el riesgo que para ellos suponen las restricciones a los derivados OTC. En EEUU, Delta Airlines, Cargill y varias compañías de servicio público están protestando con un ímpetu similar.

Pero no debería permitirse que las empresas socaven las reformas obligando a reguladores y gobiernos a dar marcha atrás en su ofensiva para lograr una mayor transparencia y reducir el riesgo sistémico. Sus inquietudes pueden abordarse al mismo tiempo que se impide que el mercado OTC siga funcionando como antes.

No sorprende que las compañías se preocupen ante los cambios en los mercados de derivados ya que, en retrospectiva, estaban obteniendo muy buenos resultados del sistema financiero y los contribuyentes. Pese a que los derivados OTC eran caros, resultaron no serlo tanto.

Los precios subirán porque los reguladores exigirán que los bancos mantengan más capital frente a cada transacción y las cámaras de liquidación y compensación demandarán más garantía en líquido. Esto no agradará a las empresas, pero refleja el coste total de los riesgos financieros que han podido generar.

Aparte del aumento de los costes, las empresas se quejan principalmente de dos cosas.

Primero, aseguran que no pueden cubrir los riesgos complejos mediante derivados operados en bolsa y que necesitan los productos OTC. Pero tendrán la posibilidad de adquirir productos complejos según sus necesidades –las medidas para prohibir los derivados OTC, incluido un proyecto de ley del Senado, se han abandonado–.

Además, cuantos más contratos se liquidasen, más flexibilidad tendrían para garantizar los riesgos fuera del mercado OTC y más barato resultaría el proceso. A largo plazo, el comercio en bolsa de la mayor parte de los derivados redunda en su propio interés.

Segundo, se quejan de que les resultará muy complicado y arriesgado adquirir derivados que se liquidan de forma centralizada. Esto se debe a que las cámaras de liquidación y compensación como LCH Clearnet reducen sus propios riesgos exigiendo que todos los participantes aumenten las garantías para cubrir las posiciones sin valor intrínseco (out-of-the-money).

Lufthansa asegura que esto “generaría graves riesgos de liquidez” para las empresas y que, si estas reformas se hubieran aprobado el año pasado, la crisis financiera “habría borrado del mapa a muchas corporaciones con un efecto dominó que habría alcanzado cada... rincón de la actividad empresarial”.

Las empresas quieren que el requisito de que los derivados se liquiden de forma centralizada se aplique sólo a las entidades financieras que operen entre ellas. Lo que desean es poder comprar contratos de cobertura (swaps) a los bancos sin tener que aumentar, y ajustar continuamente, la garantía.

Esto, sin embargo, provocaría una inmensa laguna jurídica. Compañías como Enron y Metallgesellschaft, el grupo energético alemán que quebró en 1993 por deudas procedentes de derivados, eran participantes de peso en el mercado incluso pese a no ser, aparentemente, entidades financieras.

Los bancos de Wall Street no tardarían en crear filiales industriales para evitar los requisitos de liquidación sobre los derivados estándar si los contratos se trataran de forma distinta según la empresa.

Las compañías más pequeñas, en especial, carecen de facilidades para manejar los flujos de garantías en efectivo, pero esto puede abordarse sin la necesidad de crear un doble mercado para los derivados. ¿Por qué no dejar que los bancos les concedan líneas de crédito y aumenten el margen sobre ellas?

Los beneficios para el sistema que se obtienen llevando la mayor parte de los contratos de derivados a cámaras de liquidación y compensación son significativos. Se reduciría el riesgo de que se produzca una demanda generalizada de fondos de los grandes bancos de inversión y los operadores de swap, y habría una mayor transparencia en el preciado y la valoración de los derivados.

Los gobiernos y los reguladores no deberían sacrificar esos beneficios permitiendo lagunas legales que terminarán lamentando.

The Financial Times Limited 2009. All Rights Reserved

6 oct. 2009

El pesimismo pasa factura a los inversionistas más escépticos

Por Gregory Zuckerman

El gestor de fondos de cobertura Peter Thiel está sufriendo, no porque perdiera dinero en la crisis, sino porque no aprovechó el repunte.

Thiel, el multimillonario cofundador de la compañía de pagos por Internet PayPal y uno de los primeros en invertir en Facebook, opina que la economía está lejos de haberse recuperado y se ha sumado al grupo de inversionistas más pesimistas en medio de un repunte sin tregua aparente.

Su fondo ha experimentado declives de dos dígitos mientras otros han registrado ganancias.

"La recuperación no es real", dice. "Los problemas estructurales profundos no han sido resueltos y no está claro cómo crearemos empleos y conseguiremos que la economía crezca de nuevo —esa ha sido mi opinión por mucho tiempo y la sigue siendo".

La postura contestataria de Thiel le sitúa entre un grupo de inversionistas con historiales de desempeño impresionantes que han decidido esperar y se niegan a aceptar la noción de la recuperación de la economía.

En Londres, el mayor fondo de la firma de fondos de cobertura de US$4.000 millones de John Horseman ha perdido 20% este año. "Es difícil estimular la confianza a largo plazo cuando las perspectivas de empleo y los mercados laborales van en declive", dijo el gestor en una carta a clientes.

En Nueva York, un gran fondo de cobertura dirigido por la firma de inversiones Renaissance Technologies perdió casi 12% entre enero y agosto al apostar por acciones prometedoras y apostar en contra de otras percibidas como más débiles. Y en Chicago, Capital Management, una pequeña firma de Benjamin Bornstein, perdió casi 5% en el primer semestre, pero aún así sigue apostando por la caída del mercado.

Las fuertes pérdidas de empleo, el débil crecimiento de ganancias para la mayoría de compañías, el encarecimiento de las acciones y la incapacidad de la economía de crecer sin la ayuda del gobierno son todos motivos por los que Bornstein sigue desconfiando del mercado bursátil.

"Pocas veces he estado tan convencido de que el próximo movimiento más amplio del mercado será a la baja", dice Bornstein, quien el año pasado consiguió evitar la mayoría de las pérdidas del mercado.

"El problema es que los gobiernos no crean ingresos o riqueza y el actual estímulo equivale a impuestos en el futuro. Eso se convertirá en una gran preocupación a mediados de 2010, cuando el estímulo haya acabado".

Clarium Capital Management, el fondo de Thiel, que el año pasado llegó a tener US$6.000 millones en activos, ha sufrido pérdidas de casi 16% en lo que va del año hasta mediados de septiembre, comparado con un aumento de 14% en promedio para los fondos de cobertura en el año hasta agosto, según Hedge Fund Research Inc.

Clarium ahora gestiona unos US$2.000 millones. En 2008, perdió 4%, mientras el índice bursátil Standard & Poor's 500 cayó 38%, y la firma ha registrado ganancias anuales de 22% en promedio desde su fundación en 2002, según inversionistas. El año pasado, el fondo registró ganancias de más de 40% antes de que el colapso de los precios de la energía tomara a Thiel por sorpresa.

Para los escépticos, los riesgos abundan. El negocio de fondos de cobertura tuvo su peor año en 2008 y otro ciclo de resultados desalentadores podría suponer el fin de muchos fondos que tuvieron dificultades el año pasado.

Thiel no parecería ser un estandarte probable de los inversionistas pesimistas. Este graduado de Derecho de la Universidad de Stanford, de 41 años, es un campeón de ajedrez universitario de reconocimiento nacional y fue presidente ejecutivo de PayPal en esta década y logró un gran triunfo cuando en 2002 cuando eBay Inc. compró la compañía por US$1.500 millones. A todo esto, Thiel añadió sus éxitos en el capital de riesgo con sus inversiones tempranas en Facebook y Palantir Technologies, una firma de alta tecnología que rastrea a terroristas.

En 2002, lanzó Clarium y registró ganancias importantes durante varios años, al invertir en energía con la idea de que el aumento global de la demanda y los menores suministros impulsarían los precios del petróleo.

Durante la mayor parte de este año, la firma de Thiel ha hecho una serie de apuestas en contra del mercado, en parte porque las valuaciones de gran parte de los mercados globales de renta variable parecían altas, dice. A medida que los mercados han escalado, se ha visto obligado a reducir sus posiciones para evitar pérdidas mayores.

Ha apostado por el yen japonés y el dólar y ha comprado bonos seguros, todo con la creencia de que el temor volverá a los mercados. Ha tomado también otros pasos conservadores porque "una recuperación sostenida y real no es posible sin un aumento de la productividad".

"EE.UU. y gran parte del mundo desarrollado no son muy competitivos globalmente, ya que eso requeriría mejorías difíciles en tecnología y no estoy viendo que eso esté sucediendo lo suficiente", dice.

—Alistair Barr contribuyó a este artículo

Fuente: WSJ

5 oct. 2009

EEUU: Los inconvenientes de reducir el nivel de deuda

Por David Wessel

La evolución de la economía estadounidense durante los últimos años se podría resumir en unas cuantas oraciones. Las firmas financieras, otras empresas y las familias se endeudaron mucho más de la cuenta. Fue divertido. Las entidades financieras y los inversionistas prestaron dinero sin mayor reparo y no se protegieron lo suficiente contra el riesgo que estaban asumiendo. Cuando los deudores no pudieron pagar sus préstamos y la garantía que habían ofrecido no fue suficiente para cubrir el crédito, muchos de los prestamistas perdieron dinero. Eso no fue divertido.

Ahora, es mucho más difícil obtener un préstamo y muchos estadounidenses, la mayoría de los bancos y otras compañías están tratando de aligerar su deuda, lo que en la jerga económica se conoce como "desapalancar".

Esta reacción prudente al frenesí del crédito está resultando perjudicial para la economía. Las instituciones financieras, que básicamente le piden prestado a unos para prestarles a otros, están asumiendo menos deuda y, por lo tanto, otorgando menos crédito. Los consumidores están escatimando en sus gastos para reducir sus niveles de deuda. El resultado es un crecimiento económico tan anémico que es incapaz de reducir el desempleo. El gobierno no puede frenar este desapalancamiento, pero trata de aliviar al endeudarse más mientras los demás se endeudan menos. El desapalancamiento está en sus etapas iniciales. Las grandes entidades financieras han hecho su parte, en especial después del colapso de Lehman Brothers hace un año. Los últimos datos de la Reserva Federal muestran que el sector financiero de EE.UU. redujo su endeudamiento a una tasa anualizada de 12,2% en el segundo trimestre, después de haberlo reducido a un 10,4% en el primer trimestre.

Los bancos, no obstante, todavía son cautos. "Aunque las ganancias de los bancos se están recuperando, no se espera que sean suficientes para compensar las rebajas contables que se anticipan para los próximos 18 meses", dijo el Fondo Monetario Internacional.

La combinación de "ganancias insuficientes y las continuas presiones de desapalancamiento significan que los bancos aún no están en una posición sólida para dar apoyo a una recuperación económica", advirtió el FMI.

Las familias de EE.UU., que son las beneficiarias de casi un 40% de los préstamos del país, no han recorrido tanto como los bancos en el camino del "desapalancamiento". Ya sea por voluntad propia o porque no pueden obtener crédito, empezaron a reducir su deuda hace un año, dice la Fed. En el segundo trimestre, la deuda familiar se redujo a una tasa anualizada de 1,7%, una diferencia muy marcada con el ritmo de crecimiento de más de más de 10% registrado hace unos años. Todavía tienen un largo camino que recorrer. "El desapalancamiento en los hogares apenas comienza porque es difícil que las familias reduzcan sus cargas de deuda sin declararse en bancarrota", dice Martin Barnes, quien ha seguido de cerca el ciclo de crédito por años para la publicación especializada Bank Credit Analyst.

El analista señala que el gobierno estadounidense le está enviando a los consumidores un mensaje algo confuso: por una parte predica las virtudes del ahorro y de vivir con menos deuda mientras que por la otra lanza programas como el de "efectivo por chatarra" (a través del cual los estadounidenses recibían un subsidio por cambiar un vehículo de alto consumo de combustible por uno nuevo y más eficiente en el uso de gasolina), el cual implicaba que los consumidores solicitaran un préstamo para comprar un carro.

La deuda de las familias de EE.UU. equivale ahora a cerca de 125% de sus ingresos después de impuestos, ligeramente por debajo de los niveles máximos, pero aún muy por encima de los niveles de 80% registrados a mediados de los 90. Mucho depende de si los estadounidenses seguirán ahorrando a las tasas actuales una vez que la economía se recupere. Mientras más frugales sean, menos gastarán en las tiendas, los concesionarios, las aerolíneas y los restaurantes. "¿Cuál es el nivel de deuda que las familias quieren mantener?" pregunta Rebecca Wilder, una analista financiera que escribe para un blog. "Nadie puede decirlo, un poco menos de 125%".

El paciente, la economía de EE.UU., sufrió un ataque cardíaco de proporciones. Salió de la unidad de cuidados intensivos, pero sigue convaleciente y tiene que pasar muchas horas en la máquina trotadora, es decir reduciendo su deuda, antes de volver a la normalidad.

Fuente: WSJ