25 feb. 2011

El FMI aplaude la apreciación de divisas latinoamericanas

Dow Jones Newswires

WASHINGTON (EFE Dow Jones)--Latinoamérica se ha beneficiado del alza de los precios de las materias primas para apreciar sus monedas y evitar riesgos inflacionarios, una asignatura pendiente en el caso asiático, especialmente en el del yuan chino, informó el miércoles el FMI en una nota tras la reunión del G-20.

El Fondo Monetario Internacional reiteró su opinión de que se está produciendo una recuperación "de dos velocidades" de la economía internacional tras la crisis, donde los países en vías de desarrollo como China, India, Indonesia y Turquía están liderando la expansión económica.

"Gracias una creciente demanda intraregional las economías de estos países están equilibrando la debilidad de las economías avanzadas", afirma el informe del organismo internacional.

Sin embargo, el FMI advierte que no todos están haciendo los deberes ante los "riesgos de sobrecalentamiento" de sus economías fruto del "agudo alza de los precios de las materias primas y avalancha de flujos de inversión".

Valora, especialmente, la "sustancial apreciación de las monedas de Brasil y Sudáfrica y otras economías latinoamericanas", mientras que continúa alertando sobre el yuan chino que sigue "notablemente devaluado".

Otras economías asiáticas, ante el temor de verse expulsadas del mercado por los productos chinos, están limitando la apreciación de sus monedas con los consiguientes riesgos.

El FMI estima que tanto el yen japonés como el euro están "en línea con los fundamentos económicos", mientras que el dólar debería someterse a una "mayor depreciación para ayudar a la reducción del déficit de la cuenta corriente de Estados Unidos".

Para la economía estadounidense, el Fondo reconoce un "fortalecimiento" de la recuperación en el último trimestre, pero estima que el "alto nivel de desempleo se mantendrá en el futuro".

"Las recientes medidas fiscales en Estados Unidos generarán un modesto impacto en el crecimiento, con un significativo coste fiscal", apunta.

Por su parte, en la zona euro, destaca el comportamiento "robusto" de la economía alemana, con unos bajos niveles de desempleo, frente a la recuperación "limitada y lenta" de otros países como Francia e Italia, lastrados por una "lánguida" demanda interna.

Además, el FMI remarca que las medidas de austeridad aplicadas por los Gobiernos nacionales en la "periferia europea están dificultando el crecimiento a corto plazo".

El panorama de los países periféricos europeos dibujado por el Fondo contempla un "alto nivel de desempleo", y cita los casos de Irlanda y España, aunque reconoce que los riesgos inflacionarios se mantienen controlados.

24 feb. 2011

Pese a tener sus arcas llenas, muchas empresas de EE.UU. prefieren tomar prestado

Por Jason Zweig

Este mes, Microsoft pidió prestados US$2.250 millones en deuda no asegurada. ¿Qué le pasa por la cabeza a una empresa con US$40.000 millones en efectivo y valores a corto plazo para salir a pedir dinero prestado?

Las tasas de interés bajísimas son un motivo. Pero el código fiscal extraño y bizantino de Estados Unidos parece ser otro.

Microsoft prefirió no hacer comentarios sobre si su reciente solicitud de préstamo fue motivada en parte por consideraciones impositivas. Pero, como muchas empresas que supuestamente disponen de mucho efectivo, Microsoft no puede llevar a EE.UU. gran parte de su dinero sin tener que escribirle un gran cheque al Servicio de Impuestos Internos (IRS, por sus siglas en inglés).

Los políticos han estado quejándose de los más de US$2 billones (millones de millones) en efectivo que permanece inactivo en las arcas corporativas incluso cuando el desempleo sigue siendo alto. Pero gran parte de ese efectivo no está en EE.UU. sino en otros países. Y no es probable que vuelva a ese país si no cambian las leyes impositivas estadounidenses.

David Zion, un analista impositivo y contable de Credit Suisse, estima que las empresas en el índice de 500 acciones de Standard & Poor's tienen "más de US$1 billón" en ganancias extranjeras no distribuidas, o ganancias que se han dejado fuera de EE.UU. para evitar los impuestos estadounidenses. No todo es efectivo; una parte son inventarios u otros activos.

Las empresas estadounidenses deben pagar hasta 35% de impuestos cuando ingresan a su país dinero de ganancias generadas a través de las operaciones de sus subsidiarias en el extranjero. Obtienen un crédito por cualquier impuesto pagado a gobiernos de otros países, pero, ya que la tasa de impuesto corporativo en EE.UU. es una de las más altas del mundo, la mayoría de las empresas no tienen afán en repatriar su dinero. Al mantener esas ganancias en el extranjero, las empresas de EE.UU. pueden diferir indefinidamente sus compromisos con el IRS.

Eso puede poner a las firmas estadounidenses en la posición peculiar de tener muchísimo efectivo fuera de EE.UU. que podrían necesitar pero no pueden usar en su país sin pagar altos impuestos.

EE.UU. es el único país de gran envergadura que cobra impuestos sobre las ganancias extranjeras de sus propias empresas de esta forma. Los inversionistas estadounidenses quizás tampoco se beneficien. En una encuesta entre ejecutivos en más de 400 empresas realizada en 2007, la economista Michelle Hanlon, del Instituto de Tecnología de Massachussets, descubrió que ese deseo de evitar el impuesto sobre la repatriación llevaba a una variedad de distorsiones, la mayoría de los cuales terminaba volviendo menos eficientes a las compañías.

Por ejemplo, entre las empresas que habían repatriado algunas ganancias a EE.UU., 30% había invertido en activos extranjeros de menor retornos en lugar de pagar impuestos extra para traer de vuelta a su país ganancias conseguidas en el extranjero. Otros 56% tomó prestado en EE.UU. en vez de repatriar el efectivo y 6% indicó que habían desechado la posibilidad de invertir en un proyecto redituable en EE.UU. ya que financiarlo con ganancias extranjeras hubiera ocasionado un gasto impositivo.

Estos efectos perversos pueden extenderse a empresas más pequeñas. Por ejemplo Waters Corp., un fabricante de instrumentos para laboratorio con sede en Milford, estado de Massachussets. En la última revisión, Waters tenía alrededor de US$1.400 millones en ganancias estacionadas en subsidiarias extranjeras. De los US$830 millones en efectivo y valores a corto plazo, alrededor de 80% está en fuera de EE.UU.

Waters pidió prestados US$200 millones el año pasado para pagar deuda de costo mayor y "con fines corporativos generales". Como muchas empresas de EE.UU., Waters "acumula efectivo fuera de EE.UU. mientras pide prestado en EE.UU.", sostiene Eugene Cassis, un director de relaciones con los inversionistas.

"Sin dudas nos gustaría poder traer de vuelta parte de ese dinero", afirma. "Tendríamos más capacidad de invertir aquí si no tuviéramos que pagar un 'impuesto de peaje' para traer a casa el efectivo. La actual política impositiva crea un leve condicionamiento hacia adquirir tecnología o activos fuera de Estados Unidos".

Como sostuvo durante tiempo el gran analista financiero Benjamin Graham, los accionistas suelen beneficiarse más cuando las empresas tienen menos efectivo, y no más. Demasiado efectivo puede llevar a adquisiciones imprudentes y una fornida cultura del desperdicio.

Pero, en este caso, no es sólo la forma de administración la que hace que las empresas tengan demasiado efectivo. También es la política fiscal. El Congreso de EE.UU. y la Casa Blanca discuten si EE.UU. debería seguir al resto del mundo y dejar de cobrar impuestos sobre ganancias obtenidas en el extranjero que son repatriadas, ya que estas empresas ya les han pagado impuestos a gobiernos extranjeros. Algunos detalles técnicos complicados deberán ser solucionados para que el impuesto a la repatriación sea reducido o eliminado.

En tanto, los inversionistas deberían recordar que un gran volumen de efectivo en el balance podrá lucir tentador pero no necesariamente está disponible para usarlo.

Fuente: WSJ

23 feb. 2011

¿Por qué las acciones no siempre suben con un auge económico?

Por Peter Stein

Los inversionistas que compran acciones en China deberían poder obtener ganancias comparables al crecimiento de la economía de ese país en su conjunto. ¿Correcto?

Incorrecto. Entre 1993 y 2010, el Producto Interno Bruto de China creció a una tasa anualizada ajustada por inflación de 9,5%, mientras que el retorno real de sus acciones locales fue del orden de un mucho más modesto 2,2%, de acuerdo con un informe de Nomura Holdings Ltd, que incluso tomó en cuenta años de fuerte crecimiento como 2009, cuando el índice compuesto de Shangai subió 80%.

Hasta ahora, 2011 no ha sido un gran año para los inversionistas que apuestan a la expansión de las economías de más rápido crecimiento del mundo. El índice Standard & Poor's 500 de Estados Unidos, por ejemplo, ha tenido un mejor desempeño que el índice MSCI Asia Pacific Ex Japón en casi ocho puntos porcentuales desde fines del año pasado, y 12 puntos desde comienzos de octubre.

Sí, probablemente sea un fenómeno de corto plazo. Las investigaciones sugieren, sin embargo, que el crecimiento rápido a largo plazo del Producto Interno Bruto no se traduce en enormes alzas de las acciones de un país.

Se puede culpar a varios factores de la actual debilidad de las acciones de los mercados emergentes. La inflación actualmente es la principal fuente de angustia para los inversionistas. La inquietud política en Medio Oriente también está reduciendo el apetito de riesgo.

Muchos inversionistas que se apresuraron a invertir en Asia y en otras economías en desarrollo el año pasado asumiendo que el crecimiento sería igual a los retornos ahora están cambiando de rumbo, saliendo del mundo emergente y yendo al desarrollado. Los inversionistas sacaron US$5.400 millones de fondos de inversión que operan en los mercados emergentes durante la semana que terminó el miércoles, la cuarta consecutiva de salidas netas del sector, según el proveedor de datos EPFR Global. La empresa de datos hace el seguimiento de fondos de todo el mundo.

El desencanto global con las perspectivas para países como China, India o Brasil probablemente no dure. Pero investigaciones realizadas por Jay R. Ritter en la Universidad de Florida sugieren que cuando el optimismo regrese, al menos debería ser moderado.

[Stox]

"Existe la creencia extendida de que el crecimiento económico es bueno para los retornos de las acciones y los pronósticos sobre crecimiento económico son un elemento básico para las decisiones de asignación de recursos a nivel internacional", escribió en un reporte publicado en 2005.

Para poner a prueba la tesis, Ritter analizó el crecimiento real combinado del PIB y los retornos combinados ajustados por inflación de las acciones, remontándose a más de 100 años atrás. Se concentró en 16 grandes economías, incluidas Estados Unidos, Alemania y Japón. El hallazgo técnico indica que había una correlación a través de distintas secciones de -0,37, entre los dos grupos de datos. En palabras claras, concluyó que el crecimiento económico no necesariamente beneficia a los accionistas.

Más recientemente, Nomura aplicó el enfoque de Ritter para estudiar el desempeño de un amplio espectro de mercados bursátiles de la región Asia-Pacífico remontándose a 1988. También encontró, como en el caso de China, que "la correlación entre el PIB real y los retornos del mercado bursátil es, en el mejor de los casos, nebulosa".

"Es un poco como una verdad incómoda para los inversionistas", dice Sean Darby, principal estratega de Nomura para Asia. "De alguna forma dedicamos mucho tiempo a observar lo bueno que es el crecimiento, considerando las tasas del PIB. Pero cuando uno mira la correlación con los activos financieros, es bastante débil", agrega.

Las razones son muchas. El crecimiento del PIB en los mercados emergentes suele ser impulsado por altas tasas de ahorro y productividad creciente de la mano de obra, pero esos elementos no necesariamente derivan en ganancias o dividendos. Lo que importa más en el caso de las acciones, argumenta Ritter, es una reinversión atinada de las ganancias en proyectos que generan valor para los accionistas.

Una mala conducción de las empresas es un problema más grande en los mercados emergentes que en los más desarrollados, que cuentan con mejor regulación. Y los precios de las acciones frecuentemente son más altos con relación a las ganancias, lo que disminuye los futuros retornos reales.

Por supuesto, los inversionistas tienen otras opciones para beneficiarse del crecimiento de los mercados emergentes más allá de la exposición directa al mercado bursátil de un país. Esas opciones incluyen la compra de acciones de multinacionales con ventas de crecimiento rápido en el mundo en desarrollo, o de acciones y monedas de países que son grandes productores de commodities y exportan a naciones como China e India. Sin embargo, incluso esas inversiones están sujetas a los riesgos políticos y regulatorios de los mercados emergentes.

El crecimiento, claramente, es muy bueno para los inversionistas pero no es un sustituto de las ganancias.

Fuente: WSJ

22 feb. 2011

Los mercados emergentes ganan terreno como centros de investigación y desarrollo

Por Joe Light

Los trabajadores de bajos ingresos no son los únicos que se enfrentan a la competencia de China e India.

De acuerdo a un reciente informe de Ernst & Young, las empresas de los países desarrollados planean cada vez más acudir a los mercados emergentes para actividades esenciales de investigación y desarrollo.

Ernst & Young encontró que cerca de 11% de las compañías domiciliadas en Canadá y Estados Unidos ahora gastan más de una cuarta parte de sus presupuestos de investigación y desarrollo en los mercados de rápido crecimiento. Pero en cinco años, más de 23% anticipa haber sobrepasado esa marca.

De las empresas de Europa Occidental, sólo 7% dijeron llevar a cabo más de la cuarta parte de su I+D en mercados emergentes, pero alrededor de 19% planean hacerlo en los próximos cinco años.

En total, 16% de las compañías encuestadas expresaron que en la actualidad realizan más de 25% de su Investigación y desarrollo en mercados emergentes y 28% planean invertir para hacerlo en cinco años. En los últimos 10 años, las empresas estadounidenses han pasado de usar los centros de I+D en el exterior simplemente para hacer los productos más locales a aprovecharlos como fuente para lanzar productos a nivel global, sostiene Anil Gupta, profesor de estrategia de la Universidad de Maryland y autor de "Entendiendo a China y a India" ("Getting China and India Right").

"China, India y Brasil están convirtiéndose en auténticos centros de innovación e investigación", opina Gupta. Las empresas todavía pueden contratar investigadores por la cuarta parte del salario que pagarían en EE.UU., y las aptitudes de la fuerza laboral en los mercados emergentes han mejorado conforme maduran los sistemas universitarios de estos países, indica el autor.

Los gigantes corporativos de los mercados emergentes, como Infosys Technologies Ltd., de India, también han establecido exhaustivos programas de capacitación que educan a miles de trabajadores, afirma el profesor de la Universidad de Duke, Vivek Wadhwa, quien visitó los centros de Investigación y Desarrollo en el extranjero de empresas multinacionales. Luego de que estos trabajadores son entrenados, las empresas con base en EE.UU. se los arrebatan para emplearlos en sus propias instalaciones.

Algunas empresas incluso no hacen mucho alarde de sus actividades de investigación y desarrollo en el exterior. "Hay una gran reacción negativa en EE.UU. siempre que se habla del trabajo de I+D en el extranjero", comenta Wadhwa, quien cree que, de aquí a cinco años, los trabajadores de India desarrollarán software a la par con los programadores de Silicon Valley.

Ernst & Young llevó a cabo el sondeo en noviembre entre 1.050 compañías.

Fuente: WSJ