5 ago. 2011

El Banco Central Europeo reactiva medidas para combatir la crisis

Por Geoffrey T. Smith

LONDRES (EFE Dow Jones)--El Banco Central Europeo reactivó el jueves dos de sus medidas más poderosas para combatir la crisis, en un esfuerzo por evitar que la crisis se extienda a España e Italia.

En la rueda de prensa posterior a la decisión de tipos, el presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, anunció que la semana próxima ofrecerá liquidez ilimitada para las entidades financieras con préstamos a seis meses.

Al mismo tiempo, los operadores informaron que el BCE reactivó su programa de compra de bonos estatales por primera vez en cinco meses, aunque Trichet no lo confirmó directamente en la rueda de prensa.

Mientras hablaba, los operadores en Londres dijeron que el BCE compró bonos soberanos de Portugal e Irlanda, lo que supondría la primera intervención desde marzo.

Las medidas adoptadas por el banco se producen en un momento en el que la crisis de deuda amenaza con contagiarse de los países más pequeños y periféricos, como Grecia e Irlanda, a países mucho más grandes y sistémicamente importantes como España e Italia. Sin embargo, las informaciones de los operadores sugieren que el BCE aún no está listo para empezar a apoyar a los mercados de deuda español e italiano, que son mucho más grandes.

Además de la inyección de liquidez durante seis meses, Trichet dijo que el banco mantendrá su política de prestar cantidades ilimitadas en operaciones a una semana, un mes y tres meses hasta finales de año. El BCE no debía decidir sobre su política de liquidez del cuarto trimestre hasta el mes próximo.

El BCE ha recurrido a las operaciones a seis y 12 meses en lo más álgido de la crisis financiera para asegurarse de que los bancos puedan garantizar su liquidez en caso de que pierdan su acceso a los mercados de financiación al por mayor. Se han visto señales esporádicas del resurgir de este problema en los últimos días.

La noticia de las compras de bonos fue suficiente como para impulsar con fuerza al euro frente al dólar.

También aliviaron las tensiones en los mercados de deuda soberana, alentando la entrada de dinero en los mercados de bonos italianos y españoles.

Trichet no dio señales de evitar más subidas de tipos en el futuro próximo y se limitó a decir que su política sigue siendo expansiva.

Advirtió que los riesgos para las perspectivas a medio plazo "siguen tendiendo al alza" y que "la liquidez monetaria sigue siendo amplia y podría favorecer las presiones inflacionistas".

La valoración que ha hecho Trichet de la perspectiva económica es sólo ligeramente más pesimista que la del mes anterior. "Se espera que continúe la expansión moderada" dijo, "aunque la incertidumbre sigue siendo particularmente alta".

El Banco Central Europeo mantuvo el jueves los tipos de interés en 1,5%, como se esperaba, mientras la crisis de deuda amenaza la estabilidad en Italia y España y los últimos datos apuntan a un menor crecimiento económico.

4 ago. 2011

El franco suizo, la nueva moneda de refugio

Por Tom Lauricella

Los daños colaterales de las crisis de la deuda de Estados Unidos y Europa trasladaron ayer el frente de la guerra de divisas a Suiza.

En un sorpresivo esfuerzo para defenderse de una avalancha de dinero que ingresa al país de inversionistas en busca de un refugio seguro, el Banco Nacional Suizo redujo las tasas de interés a casi cero y se comprometió a inyectar en sus mercados miles de millones de francos recién acuñados.

Tras afirmar que su moneda está "excesivamente sobrevaluada", el banco central sostuvo que en caso necesario tomará nuevas medidas contra la fortaleza del franco suizo.

A raíz de la turbulencia de los mercados financieros, los inversionistas llevan meses buscando refugio en países como Suiza y Japón, impulsando el valor de sus monedas y amenazando con afectar sus economías.

La iniciativa de Suiza, que los analistas dudan que tendrá éxito en el largo plazo si la incertidumbre sigue plagando a los mercados de todo el mundo, ilustra otra consecuencia más de la crisis financiera de 2008 y sus secuelas.

Los inversionistas miran ahora a Japón, donde el ministro de Finanzas, Yoshihiko Noda, se unió esta semana al coro de funcionarios japoneses que aseguran que el alza del yen amenaza la economía del país. Noda insinuó una intervención en los mercados de divisas para frenar la apreciación de su moneda.

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Antes de la iniciativa de ayer, el franco había avanzado 11% frente al dólar en el último mes, y 13% frente al euro. El miércoles, el franco suizo cayó 0,6% versus el dólar y 1,6% contra el euro. Esta semana, el dólar coqueteó con un mínimo histórico frente al yen, con casi 76,25. Ayer, la moneda verde se debilitó ligeramente a 77,06 yenes.

Las presiones sobre Japón y Suiza en los mercados cambiarios evocan las quejas del ministro de Finanzas de Brasil acerca de una "guerra de divisas" en septiembre pasado. Brasil ha impuesto sanciones a ciertos tipos de inversiones por parte de extranjeros con el fin de evitar el flujo de dinero al país.

Mientras que países emergentes en América Latina y Asia han visto un alza de sus monedas por razones diferentes a las de Suiza y Japón (inversionistas en busca de altos rendimientos y crecimiento económico), el resultado final es similar: las economías nacionales pueden ser fuertemente influenciadas por acontecimientos externos.

"Cuando las aguas financieras están revueltas como resultado de lo que están haciendo las ballenas, la vida se vuelve también muy poco confortable para el camarón", dice Barry Eichengreen, profesor de la Universidad de California, en Berkeley.

Debido a que los inversionistas están retirando dinero de dos de las monedas más utilizadas (el dólar y el euro), las perturbaciones en la otra punta de la operativa son mucho más grandes para pequeñas economías como la suiza, señala Liaquat Ahamed, que ganó el premio Pulitzer con su libro Los señores de las finanzas.

"Pequeños cambios en los capitales... inundan sus mercados de capital y causan perturbaciones en la conducción económica local", explica.

La bolsa suiza ya está sintiendo la presión. El principal indicador bursátil del país es uno de los que está teniendo peor desempeño en Europa, y ha acumulado una caída de 15% en lo que va del año.

En un esfuerzo por contener un alza dañina del franco durante los años 70, Suiza impuso gravámenes a los depósitos de no residentes que resultaron en tasas de interés negativas. Esas medidas no detuvieron el avance del franco suizo y dejaron al país lidiando con un problema inflacionario, explican los analistas.

Desde el fin de la crisis financiera de 2008 hasta junio de 2010, el Banco Nacional Suizo realizó compras masivas de euros para combatir el alza del franco. Debido a la caída del euro en el primer semestre de 2011, el banco central anunció pérdidas por casi US$15.000 millones.

La entidad es propiedad de sus accionistas, incluyendo los estados miembros del país, conocidos como cantones. En la medida en que las pérdidas en los mercados de divisas afectan las ganancias del banco, el fortalecimiento del franco suizo "se convierte en un asunto fiscal", apunta Edwin Truman, investigador del Instituto Peterson de Economía Internacional.

El desafío para las autoridades suizas es que los inversionistas no están siendo impulsados por los diferenciales de las tasas de interés, por lo que el banco tiene una capacidad limitada para disminuir su apetito por los activos suizos.

Eichengreen dijo que los problemas de Suiza encierran lecciones para EE.UU, a pesar de las diferencias entre ambas economías. "Vamos a tener que entender que lo que los chinos piensan del impasse con el límite de la deuda puede ser importante para EE.UU. de la misma manera en que lo que los inversionistas extranjeros piensan sobre Ginebra es importante para Suiza", opinó.

Fuente: WSJ

3 ago. 2011

Los cuatro motores de la economía de los EEUU

Por Justin Lahart
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En un momento, pareció que las piezas de la economía estadounidense por fin se estaban ensamblando en 2011. Sin embargo, se vinieron abajo.

Lo que ocurra el resto del año depende, para bien o para mal, de cuatro factores: ¿estarán dispuestos los consumidores a llevarse la mano a la billetera? ¿Repuntará la inversión de las empresas? ¿Continuarán los recortes de los gobiernos a nivel federal, estatal y local? ¿Y podrán los exportadores estadounidenses vender más bienes y servicios al resto del mundo?

El informe del viernes acerca de que el Producto Interno Bruto (PIB) creció a una tasa anualizada de apenas 0,8% en el primer semestre sugiere que los riesgos para la economía son severos. Recientes estudios de la Reserva Federal muestran que cuando una economía crece de manera tan lenta como la de EE.UU. este año, a menudo se estanca para luego caer en recesión. La fragilidad de la economía también la hace más vulnerable a shocks potenciales, como el recrudecimiento de la crisis financiera europea.

Este año, los cuatro componentes principales del PIB, consumo, inversión, gasto fiscal y comercio– han estado por debajo de los pronósticos. Sin embargo, algunos economistas sostienen que el crecimiento se acelerará en el segundo semestre. Para poner la recuperación en marcha, es necesario que alguno de los componentes del PIB, o todos ellos, superen los niveles mostrados en el período anterior.

Consumo

En momentos en que muchos estadounidenses tratan de reducir su endeudamiento no parece probable que el gasto del consumidor vaya a impulsar el crecimiento como lo hizo en otras ocasiones. De todos modos, las compras de bienes y servicios representan dos tercios de la demanda interna, de modo que la economía no se puede sostener si el gasto no repunta desde su anémico crecimiento de 0,1% en el segundo trimestre.

El terremoto y el tsunami de Japón tuvieron algo que ver con eso. Las interrupciones en la cadena de suministros llevaron a las automotrices a reducir la producción en EE.UU. lo que se tradujo en una disminución de cerca de un tercio de un punto porcentual en el PIB del segundo trimestre. Con la recuperación de la producción automotriz, los economistas esperan que las ventas de automóviles mejoren.

Los bolsillos de los consumidores también deberían sentir cierto alivio tras la reciente baja del petróleo, lo que reduciría el precio de la gasolina.

Inversión

La inversión de las empresas en nuevos equipos y software es uno de los pocos puntos a favor en medio de un panorama sombrío, con un crecimiento de 7,2% en la primera mitad del año. Las empresas, asimismo, tienen los recursos para gastar más. A fines del primer trimestre, las compañías no financieras contaban con cerca de US$1,91 billones (millones de millones) en efectivo y otros activos líquidos, su mayor nivel desde inicios de los años 60.

Sin embargo, la incertidumbre acerca de la recuperación podría hacer que el gasto de las empresas sea más cauto.

Gobierno

Por lo general, cuando el resto de la economía es débil, aumenta el gasto fiscal para estimular el crecimiento. Pero en el primer semestre de 2011, el gasto público se redujo a una tasa anualizada de 3,5%, lo suficiente para derribar las tres cuartas partes de un punto porcentual del PIB. Aunque el declive se debió en parte a los problemas presupuestarios que obstaculizan a los gobiernos estatales y locales, una gran caída en el gasto de defensa en el primer trimestre, que parece poco probable que se repita, también fue un factor, señaló Bruce Kasman, economista de JP Morgan.

Comercio

Con las exportaciones estadounidenses creciendo un poco más rápido que las importaciones, el comercio dio un ligero impulso a la economía en el primer semestre. El problema fue que ni las exportaciones ni las importaciones crecieron tan rápido como el año pasado. Las exportaciones son una de las claves para la recuperación de EE.UU, opina Michael Carey, economista de Crédit Agricole. "No podemos depender de los consumidores", sostuvo.

Fuente: WSJ

2 ago. 2011

El límite de deuda de EE.UU.: parte tragedia, parte farsa

Por Allen Mattich

Fue divertido —peculiarmente divertido, no para reír a carcajadas— ver cuán diferentemente consideraron los estadounidenses y los europeos el drama del límite de endeudamiento de Estados Unidos durante las últimas semanas.

Los estadounidenses se mantuvieron en general apesadumbrados, esperando lo peor de sus políticos. Como de costumbre, pensaron que las posturas políticas para lidiar con el hecho de que el gobierno estaba alcanzando los límites establecidos para endeudarse conducirían a un estancamiento y por lo tanto llevarían a una cesación de pagos. Lo vieron como una suerte de tragedia de Eurípides.

Los europeos la vieron como una farsa de Feydeau, en el que la ignorancia deliberada de personajes ridículos lleva una situación insignificante hasta un potencial enorme desastre sólo para que todo se resuelva amablemente a último momento.

Está bien, ni el presidente Barack Obama, ni el presidente de la cámara baja, John Boehner, republicano por Ohio, estuvieron escondiéndose en los armarios mientras los menospreciados contribuyentes asaltaban la Oficina Oval, pero lo mismo hubo una sensación de ridículo. ¿Crear un desastre de la deuda al estilo griego en tu propio país a propósito? Demasiado para creerlo.

Por esa razón, desde este lado del Atlántico siempre pareció como que el acuerdo sería sellado a último momento y luego sería aclamado como una excelente pieza de negociación. Gran cosa.

Por supuesto, existe alivio de que no haya prevalecido de cierta forma esa idiotez catastrófica, pero no sucede a menudo. No realmente. Ningún político quería decir a sus constituyentes, ni el presidente Obama, ni el liderazgo del Senado o de la Cámara de Representantes, que empeoraron a propósito la ya deslucida economía de Estados Unidos al insistir en una cesación de pagos.

Pero el acuerdo, cualquiera sean los detalles que finalmente se resuelvan, no debería ocultar verdades esenciales sobre el estado de la economía estadounidense. Durante un cuarto de siglo, hasta que la crisis de las hipotecas del sector hipotecario de alto riesgo se transformó en un problema financiero en el 2008, los propietarios estadounidenses dependieron de un endeudamiento cada vez mayor para mantener el crecimiento en sus estándares de vida al que estaban acostumbrados. Con la crisis, los mercados se cerraron al tipo de préstamos de los que dependían cada vez más los propietarios. Con esa fuente de demanda restringida, el gobierno federal se dedicó a mantener la demanda a través de su propio endeudamiento.

Existe un gran debate sobre si el gobierno estadounidense hizo lo suficiente. Los Keynesianos como Paul Krugman, economista de Princeton, argumentan que el gobierno puso en marcha escasos estímulos fiscales del tipo de los que son necesarios para sacar a la economía de la inactividad. Otros tienen la creencia de que si el gobierno hubiera hecho mucho más, habría iniciado el tipo de descalabro del mercado de bonos que azotó a las economías periféricas de la zona del euro.

Lo que parece claro con la estructura general del acuerdo sobre la deuda es que, por ahora, el experimento con estímulos está terminado. La pregunta es: ¿Cuál será el grado y la velocidad del programa de reducción de la deuda del gobierno? ¿Será de una austeridad liviana, o no tan liviana?. Estas restricciones adicionales posiblemente incrementen los problemas de la economía.

Finalmente, los estadounidenses tendrán que reconciliarse con estándares de vida más bajo al que estaban cada vez más acostumbrados, aunque no necesariamente mucho menores. La crisis financiera, la recesión, la lenta recuperación, y los problemas por el límite de endeudamiento son todos pasos para descubrir exactamente hasta dónde bajarán los estándares de vida y cómo se distribuirán a lo largo de la economía. Posiblemente haya otros pasos que andar en el largo camino por delante.

Fuente: WSJ

1 ago. 2011

A EE.UU. se le dañaron los amortiguadores

Por Jon Hilsenrath y Sara Murray

La resistencia de la economía de Estados Unidos, que en los últimos 25 años siempre ha remontado pese a guerras, ataques terroristas y el hundimiento de las acciones, se ha debilitado tras la explosión de la burbuja inmobiliaria. El colchón que en el pasado la ayudaba a absorber estos golpes ya no está funcionando como antes.

El viernes, el gobierno informó que la economía del país creció a una tasa de sólo 1,3% en el segundo trimestre, sin levantarse tras los tropiezos sufridos durante el año. Las estimaciones sobre el crecimiento del primer trimestre también fueron revisadas a la baja a 0,4%. Como resultado, la recuperación económica ha sido una de las más anémicas desde la Segunda Guerra Mundial. Estas son malas noticias cuando el país enfrenta la amenaza de una cesación de pagos de su deuda.

Entre las razones que explican la vulnerabilidad de la economía se destaca el hecho de que los consumidores endeudados y con escasos ahorros tienden a gastar menos en cuanto caen sus ingresos. La confianza es más frágil. Las personas se trasladan menos para encontrar empleos, lo que dificulta la labor de las empresas para cubrir las vacantes. Y el gobierno, que durante décadas ha sido el rescatista de última instancia con recortes en las tasas de interés, reducciones de impuestos e incremento del gasto, se ha quedado sin herramientas.

Los economistas denominan la era que abarca desde fines de los 80 hasta principios de la década pasada como "La Gran Moderación", durante la cual los altibajos de la economía fueron amortiguados.

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Esa época terminó. James Stock, un economista de Harvard que ayudó a acuñar el término, dice que la volatilidad actual en la producción, el ingreso y el consumo se parece más a la de hace 25 años. "En esta recesión y sus secuelas, esos mecanismos que moderaban la caída, esos elementos que absorbían los golpes, claramente han sido dañados", señala.

La economía de EE.UU. ya lleva expandiéndose dos años y los analistas esperaban que tomase impulso en la segunda mitad del año, empujada por una robusta demanda externa, inversiones en el país por empresas con mucho efectivo acumulado y la renovada disposición de los consumidores a gastar conforme se desprenden de sus deudas. Pero el informe sobre el Prodcuto Interno Bruto del viernes y el impacto del impasse en Washington para llegar a un acuerdo sobre el límite de la deuda pública sobre la confianza de los consumidores, las empresas y los mercados financieros está generando dudas sobre esa perspectiva.

Podrían pasar años antes de que los estadounidenses sientan que han recortado suficientemente sus deudas como para comenzar a gastar con confianza. Los niveles de deuda de los hogares, que hoy se ubican en 112% de los ingresos anuales, siguen siendo altos. Para volver a la relación deuda-ingresos de los años 90, que era de 84%, los ingresos tendrían que ser casi US$4 billones (millones de millones) más altos, calcula Crédit Suisse.

La economía fue sacudida este año por varios shocks. El terremoto en Japón interrumpió la producción de autos. Las turbulencias políticas en Medio Oriente dispararon los precios del petróleo. El consumo de los estadounidenses, en términos reales, cayó en abril y mayo, lo que es inusual.

"Esperábamos que 2011 resultara un año bastante bueno", dice Robert Olson, presidente de Winnebago Industries, que fabrica casas rodantes. Sin embargo, ahora Winnebago se ha visto obligado a cancelar pedidos de partes y equipos para tratar de rebajar una acumulacion de US$33 millones en inventario.

La deuda es un ingrediente clave en la fragilidad. La capacidad de EE.UU. de tomar prestado en tiempos difíciles ayudó a atenuar los altibajos de la economía en los años 90 y principios de 2000. Karen Dynan, economista del centro de estudios Brookings Institution, asegura que, en promedio, una pérdida de corto plazo de US$100 en los ingresos solamente reducía el gasto en US$5 debido a que los consumidores podían pedir prestado. Ahora, sus finanzas están demasiado justas.

Robert Hall, profesor de la Universidad de Stanford, calcula que tres cuartas partes de las familias estadounidenses no tienen siquiera el equivalente a dos meses de ingresos ahorrados en efectivo u otros activos líquidos.

En marzo de 2001, cuando arrancó la recesión, 40% de los que participaron en una encuesta de la Universidad de Michigan creía que en un año estaría en una situación económica mejor. Para fines del año, incluso después de los ataques terroristas del 11 de septiembre, el barómetro de optimismo había subido a 45%.

Recientemente, esa confianza ha perdido fuerza. En febrero, 30% respondió que espera estar en mejores condiciones financieras el año que viene. En julio, era apenas un 20%, un mínimo histórico.

Mientras tanto, la capacidad del gobierno de ayudar a absorber los altibajos está severamente limitada. Con la deuda en los niveles actuales, la Casa Blanca insiste en moderar los gastos. A su vez, la Reserva Federal es reacia a realizar otra ronda de compra de hipotecas y bonos del Tesoro para estimular el crecimiento.

Fuente: WSJ