19 ene. 2011

Una Internet amurallada para autócratas ansiosos

Por Evgeny Morozov

A fines de 2010, el movimiento de software de "código abierto", cuyos activistas tienden a ser académicos solitarios y nerds informáticos con pelo largo, encontró un aliado inusual: el gobierno ruso. Vladimir Putin firmó un decreto de 20 páginas que requería que todas las instituciones públicas en Rusia reemplazaran para 2015 todo el software patentado, desarrollado por empresas como Microsoft y Adobe, por alternativas gratuitas de código abierto.

La medida le ahorrará al gobierno miles de millones de dólares en costos de licencias, pero los motivos de Putin no son estrictamente económicos. Es muy posible que su temor real sea que la creciente dependencia del país del software patentado, en especial programas vendidos por proveedores extranjeros, tenga inmensas implicaciones para la seguridad nacional de Rusia. Es poco probable que el software de código abierto esconda una puerta trasera secreta que conduzca directamente a la sede central de la CIA.

Rusia no es la única que desconfía del software comercial proveniente del extranjero. Sólo dos semanas después del decreto de Putin, el ministro de tecnologías de la información de Irán, citando preocupaciones de seguridad, anunció planes para un sistema operativo nacional de código abierto. China también ha expresado un creciente interés. Cuando la estatal China Mobile se unió hace poco a la Fundación Linux, la entidad sin fines de lucro detrás del proyecto más famoso de código abierto, uno de los ejecutivos de la telefónica anunció que la empresa "ansiaba contribuir con Linux a escala global".

Las tecnologías de la información han sido celebradas por reducir fronteras y límites tradicionales, pero no hay dudas de que su futuro se verá decisivamente moldeado por la geopolítica. Durante los últimos años, las autoridades en todo el mundo han recibido recordatorios constantes de su dependencia de —y vulnerabilidad ante— las nuevas tecnologías: la exposición de la misteriosa red con sede en China GhostNet, que espió misiones diplomáticas en todo el mundo; la supuesta anulación de la capacidad nuclear de Irán por parte del virus Stuxnet; y, por supuesto, el escándalo de WikiLeaks. Los gobiernos están analizando más de cerca quién les provee su hardware, software y servicios, y con cada vez mayor frecuencia llegan a la conclusión de que es peligroso no desarrollar sus propias capacidades nacionales independientes.

El software de código abierto puede calmar algunas de estas preocupaciones de seguridad. Aunque este tipo de sistemas son más democráticos que los cerrados, también son más fáciles de manipular, en especial por parte de gobiernos con amplios recursos a su disposición. Pero las soluciones de código abierto no pueden abordar cada amenaza percibida. Tal como aprendió Google, el gobierno chino sigue considerando los motores de búsqueda occidentales como un desafío a su presentación cuidadosamente medida de temas controvertidos. De manera parecida, el e-mail puede ser leído por el gobierno anfitrión de la empresa que ofrece el servicio, y la transmisión de datos sensibles puede ser interceptada vía métodos secretos y los datos pueden acabar en WikiLeaks o sus numerosos equivalentes locales.

Por estos motivos, es probable que más gobiernos comiencen a designar los servicios de Internet como una industria estratégica, un arreglo en el que las firmas extranjeras quedarían excluidas de competir en nichos políticamente sensibles. El gobierno turco emergió como el mayor partidario de este tipo de "independencia de la información", al sugerir la idea de un motor de búsquedas nacional y un sistema de correo electrónico nacional. Autoridades de Rusia, China e Irán han debatido propuestas similares.

Las verdaderas guerras comerciales de Internet comenzarán una vez que los gigantes tecnológicos rusos y chinos, con sus conexiones poco disimuladas con los gobiernos y sus pilas de efectivo, comiencen a buscar adquisiciones en EE.UU. y Europa.

Pronto deberán tomarse decisiones dolorosas. ¿Qué pasará cuando firmas rusas o chinas quieran comprar una participación en empresas como Google o Amazon, con profundas conexiones con agencias estatales estadounidenses?

Incluso si son rechazados en EE.UU. y Canadá, es probable que los gigantes de la tecnología chinos reaparezcan en otros lados. Durante varios años China ha estado usando sus enormes reservas para entregar préstamos, por ejemplo en África y Asia, con la condición de que esos gobiernos sólo hagan negocios con empresas de telecomunicaciones de China. Con o sin acceso secreto a esos datos, el hecho de que China controle una parte tan grande de la infraestructura de comunicaciones en el mundo emergente le da peso político.

A la vez, Yota, un proveedor de Internet que en parte es propiedad del Estado ruso, ha estado intentado levantar una base en América Latina, con el lanzamiento de su servicio de 4G en Nicaragua y, pronto, en Perú. Otras empresas rusas construyen (o compran) infraestructura en las ex repúblicas soviéticas, otra forma de conseguir influencia política.

¿Qué significa esto para el futuro de la industria de la tecnología estadounidense? Si la expansión de China en África y la de Rusia en América Latina y la ex Unión Soviética son una indicación, la capacidad de Silicon Valley de expandirse globalmente se verá severamente limitada.

El triunfo global de la tecnología estadounidense siempre se ha basado sobre la separación implícita entre los intereses comerciales de Silicon Valley y los objetivos políticos de Washington. Si eso cambia, Silicon Valley deberá pagar los costos.

Para los usuarios de Internet comunes y corrientes, la posible desventaja es que la era de servicios globales como Skype podría terminar pronto, a medida que sean reemplazados por alternativas internas que brinden mayor control a los gobiernos.

La ironía es que la tecnología de la información ha sido uno de los principales impulsores de la globalización y ahora podría convertirse en una de sus mayores víctimas.

—Evgeny Morozov es un académico visitante en la Universidad de Stanford.

Fuente: WSJ

18 ene. 2011

El presidente chino cuestiona el predominio del dólar y resalta la cooperación entre EE.UU. y China

Por Andrew Browne

BEIJING— El presidente chino Hu Jintao enfatizó la necesidad de cooperar con Estados Unidos en áreas que van desde la energía hasta la exploración espacial, antes de su visita a Washington esta semana, pero llamó al actual sistema monetario dominado por el dólar estadounidense un "producto del pasado" y resaltó medidas para convertir al yuan en una moneda global.

"Ambos podemos ganar con una relación sana entre China y EE.UU., y perder con la confrontación", indicó Hu en respuestas por escrito a preguntas de The Wall Street Journal y el Washington Post.

Hu reconoció "algunas diferencias y temas sensibles entre nosotros", pero en general su tono era de generar acuerdos, y evitó una mención específica de algunos de los temas polémicos que han aquejado las relaciones con EE.UU. durante el último año, incluidas las ventas de armas estadounidenses a Taiwán, que condujeron a un congelamiento en las relaciones militares entre el único superpoder del mundo y su ascendente rival asiático.

En el frente económico, Hu minimizó uno de los principales argumentos de EE.UU. que señalan que China debería apreciar su moneda: que la ayudará a contener la inflación. Eso probablemente desilusione a Washington, que acusa a China de impulsar injustamente sus exportaciones al subvalorar el yuan y así lograr que sus productos sean más baratos en el extranjero. Se prevé que el tema esté entre las prioridades de la agenda del presidente estadounidense Barack Obama cuando se reúna con Hu en la Casa Blanca el miércoles.

Hu también ofreció críticas sutiles a esfuerzos de la Reserva Federal de EE.UU. para estimular el crecimiento a través de enormes compras de bonos para mantener bajas las tasas de interés a largo plazo, una estrategia sobre la que China se ha quejado enérgicamente en el pasado por desatar la inflación en economías emergentes, incluida la suya. Afirmó que la política monetaria de EE.UU. "tiene un impacto importante sobre la liquidez y los flujos de capital globales y por lo tanto, la liquidez del dólar estadounidense debería ser mantenida a un nivel razonable y estable".

Las respuestas de Hu reflejan una China que se ha vuelto más confiada en los últimos años, en especial luego de la crisis financiera global, de la que salió relativamente sin consecuencias.

Hu reiteró la creencia de China de que la crisis reflejó "la ausencia de regulación en la innovación financiera" y el fracaso de las instituciones financieras internacionales para "relejar por completo el estatus cambiante de países en vías de desarrollo en la economía y las finanzas mundiales". Pidió un sistema financiero internacional que sea más "justo, inclusivo y bien administrado".

Las discretas críticas de Hu sobre la Fed reflejan los sentimientos extendidos entre los países en vías de desarrollo de que la política de tasas de interés de EE.UU. está devaluando al dólar, produciendo flujos de capital en otros países y creando inflación en otros lugares. China y otros países en vías de desarrollo querrían que la Fed tuviera en cuenta esas consecuencias cuando toman decisiones. Funcionarios de la Fed responden que su mandato es impulsar la economía de EE.UU. y que una economía estadounidense más fuerte es de interés para China y otros países, que dependen fuertemente del comercio y la inversión de EE.UU.

Este podría ser un importante tema de enfrentamiento entre Hu y Obama. EE.UU. culpa a la subvaloración de la moneda china —no a las políticas de la Fed— por empeorar los problemas competitivos y la inflación en otros países.

Algunos de los comentarios más significativos de Hu se refirieron al futuro del dólar y las tasas de cambio entre monedas.

"El sistema monetario internacional actual es el producto de pasado", indicó, y señaló la primacía del dólar estadounidense como moneda de reserva y su uso en el comercio y la inversión internacional.

El comentario es la señal más reciente de que el futuro del dólar sigue preocupando a los niveles más altos del gobierno chino. Beijing teme no sólo que la política monetaria estadounidense flexible esté alimentando la inflación, sino que también erosionará el valor de los activos de China en dólares dentro de sus amplias reservas en moneda extranjera, que alcanzaron US$2,85 billones (millones de millones) a fines de 2010.

Hu renovó la promesa de ofrecer condiciones equitativas en China para las empresas estadounidenses, las cuales se han quejado de agresivas medidas del país para usurpar su tecnología y evitar su participación en enormes contratos gubernamentales.

"Todas las compañías extranjeras registradas en China son empresas chinas", dijo Hu, respondiendo a preocupaciones de que China discrimina en los contratos gubernamentales a los negocios extranjeros, como parte de su esfuerzo por alentar la innovación local.

Agregó que "su innovación, producción y operaciones de negocios en China disfrutan del mismo tratamiento que las empresas chinas".

Fuente: WSJ