27 mar. 2009

Cómo perdió el brillo el oro

Por James Grant

Nuestro dinero está hecho de papel, lo cual es bueno, o al menos esa es la conclusión que esta historia un colapso económico anterior pretende transmitirles a sus lectores. En su intento por revitalizar la economía y rescatar el sistema financiero, un banco central puede limitarse a simplemente imprimir dinero. De hecho, eso es exactamente lo que lleva haciendo la Reserva Federal de Estados Unidos a un ritmo frenético desde que se desatara el pánico en 2008. Entonces, comparemos la facilidad de duplicar el dólar con la pesadez de excavar en minas su antecesor dorado.

Lords of Finance (algo así como "Los señores de las finanzas") es un repaso modernista a los errores que desembocaron en la Gran Depresión. También supone, necesariamente, una provocación para debatir sobre esta, nuestra Gran Recesión. Liaquat Ahamed es el modernista en cuestión, y escribe con toda la autoridad que le provee su historial como inversionista profesional, ex miembro del Banco Mundial y fideicomisario de Brookings Institution.

Ahamed provee detallados perfiles de los principales banqueros centrales de los años 20 y 30 y el mundo que sin querer destruyeron: Benjamin Strong, el Ben S. Bernanke de entonces pero sin educación universitaria; el mejor amigo de Strong, Montagu Norman, el emocionalmente débil presidente del Banco de Inglaterra; y Horace Greeley Hjalmar Schacht, el banquero central de Alemania, que "logró parecerse a una mezcla de un oficial de la reserva de Prusia y un juez prusiano en ciernes tratando de copiar al oficial".

En la obra de Ahamed, ninguna de estas personalidades es presentada como un héroe, pero el villano de la película es el patrón oro. O, más bien, lo que Ahamed describe de forma inexacta e inútil como "el patrón oro". Su batalla de hecho es con el estándar del intercambio del oro, una versión de espectáculo itinerante del artículo genuino.

El patrón oro constituyó el sistema monetario de forma más o menos constante desde Waterloo hasta la Primera Guerra Mundial. Era la simplicidad misma. Los billetes podían intercambiarse por oro, y el oro a su vez en billetes, a una tasa fija e inviolable. La tarea diaria de un banco central consistía en facilitar este intercambio. En lo que conocemos hoy en día como "política monetaria" (como sinónimo de manipular tasas de interés o la provisión de dinero para impulsar el mercado laboral o sacar a la economía de un bache) el concienzudo banquero central no tendría nada que ver.

El patrón oro desapareció en la Primera Guerra Mundial. En su lugar, los gobiernos del mundo de la posguerra establecieron un sistema que se parecía al estándar de oro. Se decía que las monedas estaban "respaldadas" por lingotes. Pero, de hecho, los banqueros centrales hicieron caso omiso de las normas de estándar de oro. Manipulaban las tasas de interés y de intercambio y acabaron con las funciones del exquisito patrón oro. Lo que se parecía al patrón oro en realidad no tenía ninguna relación con éste. La gente incluso sospechaba que, en la mayoría de los países, las monedas de oro desaparecían en arcas privadas en vez de circular de mano en mano tal como lo habían hecho durante generaciones antes de la Gran Guerra.

El patrón oro sigue en vigor, con sus características esenciales. Lo que respalda a muchas monedas de referencia, por supuesto, no es otra cosa que la buena voluntad de los bancos centrales que las emiten. Pero el hecho de respaldar con oro no es, en esencia, el atributo primordial de un patrón oro que funcione adecuadamente. Lo que hizo que el sistema autorregulatorio perdurara fue la simple norma de que un dólar o un franco o una libra no podían estar en dos lugares al mismo tiempo. Los movimientos de oro entre deudores y acreedores se aseguraban de eso.

Uno podría deducir que una característica tan básica del mundo físico se trasladaría con toda naturalidad al financiero. Pero el equipo de demolición de la posguerra descubrió que se podía crear una cierta clase privilegiada de dinero que cumplía una doble función. Se trataba de la "divisa de reserva". La libra esterlina fue la divisa de reserva original, la marca monetaria más importante de aquel momento. El dólar estadounidense es su sucesor. Tanto Gran Bretaña como luego EE.UU. pudieron hacerlo de las dos formas: consumir mucho más de lo que producían pero sin tener que pagar a sus acreedores extranjeros en otra cosa que no fuera el papel moneda que sólo ellos podían imprimir legalmente. Y si eso no fuera suficiente, los acreedores reinvertían responsablemente las libras o los dólares en valores del gobierno deudor. Mientras duró, parecía el cielo en la tierra.

Pero por supuesto que no duró mucho. Nunca dura. La inflación (de los precios o del crédito) siempre actúa como verdugo. El flaco servicio que Ahamed le hace a la historia es no distinguir entre las fallas de patrón oro clásico, por un lado, y las imperfecciones mucho más profundas del estándar de intercambio de oro (tan similar a los males del estándar actual de dólar"), por el otro.

Había algo en el auténtico patrón que fastidiaba a los intelectuales. H.G. Wells, citado en esta obra, habla de la "magnífica y estúpida honestidad" del patrón oro original. Para John Maynard Keynes el mero capricho de excavar oro de la tierra sólo para volver a enterrarlo en las cajas fuertes del Banco de Inglaterra era indefendible. Ahamed insiste en que por consiguiente, Keynes tenía razón: "No hay mejor testamento de su legado... que el hecho de que en los 60 y tantos años desde que pronunció sus palabras... armado de sus reflexiones, el mundo ha evitado una catástrofe económica como la que arrasó con todo entre 1929 y 1933".

Pero, un minuto. ¿Acaso Ahamed habló demasiado pronto? Uno puede tener la esperanza de que no sea así, pero sus magníficas descripciones del acontecer del principio de los años 30 recuerdan de una forma espeluznante a la crisis actual. Un lector de Lords of Finance se verá poco preparado, apartando la vista del texto para absorber los espantosos titulares de la TV. ¿Será que la humanidad no ha aprendido la lección? ¿Acaso la sustitución de ilustres economistas por lingotes inertes de oro nos ha librado del colapso de créditos y corridas contra la banca internacional? El autor parece sugerirlo. "La Fed", escribe acerca del estilo intervencionista de la política monetaria por el que el estándar de intercambio de oro alentó en los años 20, "había asumido una responsabilidad totalmente nueva: la de promocionar la estabilidad económica interna". Gracias, Ben Strong. Gracias, Ben Bernanke.

Si Ahamed estaba en busca de un auténtico héroe de finanzas de entreguerras, pasó por alto a su hombre. Jacques Rueff, un gran economista francés, sonó la alarma una y otra vez. El clásico patrón oro era un instrumento de equilibrio económico, escribió, mientras que su sucesor es un motor de excesos. "Durante 10 años, hicimos todo lo que estaba en nuestro poder para minar ese equilibrio".

Al criticar el "patrón oro", Ahamed me recuerda a aquel que condena "la pintura" por no encontrarle ningún uso a Andy Warhol.

-Grant, el editor de Grant's Interest Rate Observer, es el autor de Mr. Market Miscalculates (algo así como Sr. Mercado se equivoca en sus cálculos). (Axios, 2008)

26 mar. 2009

Una forma de detener la especulación en el mercado

Por George Soros

En medio de toda la indignación por los pagos a los ejecutivos de AIG, se ha pasado por alto la lección más importante. AIG colapsó debido a que vendió grandes cantidades de seguros contra cesación de pagos (CDS) sin compensar o cubrir adecuadamente sus posiciones. Lo que debemos sacar de esto es que los CDS son instrumentos tóxicos cuyo uso debe ser estrictamente regulado. Sólo a los tenedores de los bonos subyacentes se les debería permitir comprarlos. Instaurar esa regla domesticaría a una fuerza destructiva y recortaría el precio de los seguros. También le ahorraría al Tesoro estadounidense un montón de dinero al reducir las pérdidas sobre las posiciones en circulación de AIG sin derogar ningún contrato.

Los CDS nacieron como una forma de proveer un seguro contra la cesación de pagos de un bono. Ya que se trata de instrumentos que pueden negociarse, se convirtieron en los instrumentos preferidos para quienes apostaban a una baja del mercado especularan sobre el deterioro de una compañía o un país. Lo que los volvió tóxicos es que tal especulación pueda ser auto validada.

Hasta la caída de 2008, la visión prevalente, conocida como la hipótesis del mercado eficiente, era que los precios de los instrumentos financieros reflejan adecuadamente toda la información disponible (es decir la realidad subyacente). Sin embargo, esto no es verdad. Los mercados financieros no lidian con la realidad actual sino con el futuro, un asunto de anticipación, no de conocimiento. Por lo tanto, debemos entender a los mercados financieros a través de un nuevo paradigma que reconoce que ellos siempre proveen una visión no objetiva del futuro y que la distorsión de precios en los mercados financieros podría afectar la realidad subyacente que esos precios supuestamente deberían reflejar. (Yo llamo a este mecanismo "reflexividad").

Con la ayuda de este nuevo paradigma, la naturaleza tóxica de los CDS puede ser demostrada en un argumento de tres pasos. El primero es reconocer que creer en el mercado a largo plazo pero apostar contra las acciones en el corto plazo tiene un perfil de riesgo/recompensa asimétrico. Hacer una apuesta fallida en una posición a largo plazo reduce la exposición de uno al riesgo, mientras que hacer una apuesta fallida en una posición a corto plazo la incrementa. Como resultado, uno puede ser más paciente en sus apuestas a largo plazo fallidas que en sus posiciones a corto plazo equivocadas. Esta asimetría desalienta las ventas al descubierto.

El segundo paso es reconocer que el mercado de CDS ofrece una forma conveniente de vender bonos al descubierto, pero la asimetría de riesgo/recompensa funciona en el sentido opuesto. Apostar al descubierto contra un bono al comprar un contrato de CDS acarrea un riesgo limitado, pero un potencial de ganancias casi ilimitado. En cambio, vender CDS ofrece ganancias limitadas, pero prácticamente riesgos ilimitados. Esta asimetría alienta la especulación a corto plazo, lo que a su vez ejerce una presión bajista sobre los bonos subyacentes. El efecto negativo es reforzado por el hecho de que los CDS sean transables y, por lo tanto, tiendan a ser valuados como contratos que pueden ser vendidos en cualquier momento, a diferencia de las opciones, las cuales requieren una cesación de pagos verdadera para ser cobradas. La gente los compra no porque espere una cesación de pagos, sino porque esperan que el precio de los CDS se aprecie en respuesta a los acontecimientos adversos.

AIG pensó que estaba vendiendo seguros sobre bonos y, como tal, consideró a los CDS escandalosamente sobre valuados, pero en realidad estaba vendiendo contratos para especular a una baja del mercado y subvalorando severamente su riesgo.

El tercer paso es reconocer la reflexividad, lo que significa que la asignación de precios equivocados a los instrumentos financieros puede afectar los fundamentos que los precios del mercado supuestamente reflejan. En ningún lugar este fenómeno es más pronunciado que en el de las instituciones financieras, cuya habilidad para hacer negocios depende tanto de la confianza. Un declive en el precio de sus acciones y bonos puede incrementar sus costos de financiamiento. Esto significa que los llamados "Bear raids" (es decir la estrategia en la que los corredores tratan de forzar a la baja el precio de una acción, usualmente a través de rumores, para cubrir sus posiciones al descubierto) en las instituciones financieras pueden ser auto validados.

Al tomar estas tres consideraciones en conjunto queda claro que AIG, Bear Stearns, Lehman Brothers y otros fueron destruidos por Bear Raids en los que la venta al descubierto de acciones y la compra de CDS se amplificaron y reforzaron mutuamente. La venta al descubierto ilimitada fue posible debido a la abolición de la regla de aumento (uptick rule), la cual habría dificultado estas maniobras al permitir las ventas al descubierto sólo cuando los precios estén en alza. La venta al descubierto ilimitada de bonos fue facilitada por el mercado de CDS. Los dos conformaron una combinación letal. AIG nunca entendió esto.

Muchos argumentan ahora que los CDS deberían negociarse en bolsas reguladas. Yo creo que son tóxicos y que sólo debería permitirse su uso por aquellos que poseen los bonos, no por quienes desean especular en contra de países o compañías. Bajo esta regla, que requeriría una cooperación internacional y una legislación nacional, la presión de compra sobre los CDS se reduciría mucho y todos los CDS en circulación bajarían de precio. Como un beneficio colateral, el Tesoro estadounidense ahorraría una gran cantidad de dinero en su exposición a AIG:

Soros es el presidente de la junta de Soros Fund Management y autor de The Crash of 2008 (PublicAffairs, 2009).

25 mar. 2009

Los 'hedge funds' vuelven al punto de mira de los reguladores

Hasta el momento los fondos de inversión especulativos (hedge funds) han evitado la estricta regulación a la que están sometidos otros fondos. Pero tal vez dicha situación haya llegado a su fin a medida que la administración Obama y el Congreso buscan el modo de evitar otra crisis financiera.

Aunque aún no está muy claro cuál ha sido el papel desempeñado por los fondos de inversión especulativos en la crisis actual, diversos profesores de Wharton creen que los malos resultados obtenidos por el sector, así como la demanda de mayor transparencia por parte de inversores y reguladores, provocarán grandes cambios en el modo en que operan estos secretos fondos de inversión.

Es muy probable que la preocupación sobre los hedge funds haya aumentado tras la publicación el 18 de marzo en Wall Street Journal de un artículo en el que se informaba que la aseguradora AIG podría dedicar el dinero de los contribuyentes a fondos de inversión especulativos que apostaron por la caída del mercado inmobiliario. Tal y como se explicaba en dicho artículo, al mismo tiempo que el gobierno lucha para resucitar el mercado de la vivienda podría estar gastándose miles de millones de dólares en recompensar hedge funds que se beneficiaron de la caída del mismo.

Hace tiempo que los numerosos detractores quieren que se tomen enérgicas medidas reguladoras en relación con los fondos de inversión especulativos, sosteniendo que tanto reguladores, inversores como el público en general saben muy poco sobre cómo las influencias de este sector sobre los mercados financieros. Pero hasta el momento el sector ha conseguido mantenerse a salvo de todo intento regulador, el más importante en el año 2005, cuando la Securities and Exchange Commission (SEC) propuso el registro obligatorio de los fondos en la agencia, así como una mayor supervisión. En 2006 un Juzgado Federal dictaminó que la SEC no tenía autoridad para imponer semejante medida.

Pero cada vez son más numerosas las voces que claman regulación. El 29 de enero los senadores Carl Levin, demócrata de Michigan, y Charles E. Grassley, republicano de Iowa, introducían una propuesta de ley que otorgaría a la SEC autoridad para regular los hedge funds. Grassley sostiene que el clima político ha cambiado totalmente de dos años para acá, cuando se intentó aprobar una ley similar que no llegó a ninguna parte.

Los burócratas de la administración Obama también apoyan una regulación más estricta, aunque nadie cuál será el grado de severidad. Según algunas noticias publicadas hace unas semanas, el plan general de esta administración para endurecer la regulación del sector financiero incluiría una mayor supervisión de los hedge funds por parte de la Reserva Federal. Reglas más estrictas también podría implicar mayor transparencia de los fondos. Es muy posible que una mayor regulación acabe limitando la capacidad de los hedge funds de endeudarse para sobrealimentar sus apuestas, o incluso frenando algunas inversiones de alto riesgo. La idea principal es asegurarse de que las actividades de estos fondos de inversión especulativos tengan consecuencias negativas únicamente sobre sus inversores, no sobre pobres inocentes. Y parece ser que cualquier regulación se ira aprobando por etapas; inicialmente se mejorará la transparencia y luego se irán imponiendo nuevas normas a medida que se vayan detectando nuevos obstáculos.

Según estimaciones del sector, 10.000 fondos de inversión especulativos controlan cerca de 1,5 billones de dólares en activos. Los hedge funds crecieron de manera espectacular en las últimas dos décadas a medida que los inversores buscaban rendimientos superiores a los del mercado, pero ahora cientos de fondos han perdido dinero y desaparecido, y los inversores pretenden recuperar su dinero en otros fondos. “El sector de los fondos de inversión especulativos está en estos momentos desvaneciéndose”, afirma Thomas Donaldson, profesor de Derecho y Ética Empresarial en Wharton. “Estamos viendo un sector cuya burbuja ha explotado”.

“El año próximo veremos grandes cambios en la regulación”, añade el profesor de Finanzas de Wharton Richard Marston refiriéndose a la supervisión de todo el sector financiero, incluyendo los hedge funds. “No me importa en absoluto que los ricos de Palm Beach se queden desplumados… me importa que las empresas de Filadelfia sufran porque los fondos de inversión especulativos hayan desencadenado el pánico en los mercados financieros. Esta vez no lo han hecho. Fueron los bancos. Pero la próxima vez tal vez sean los hedge funds”.

En 2008 el fondo de inversión especulativo promedio tuvo pérdidas del 20%. Si queremos ser optimistas, dichas pérdidas son sólo la mitad de las obtenidas por el mercado de valores de Estados Unidos. No obstante, resulta bastante molesto para inversores que tienen en mente el objetivo original de los hedge funds: ganar dinero incluso cuando el resto de mercados pierde. 2008 fue el segundo año con resultados negativos para los fondos de inversión especulativos; el primero fue 2002, con un 1,45% de pérdidas.

El profesor de Finanzas de Wharton Marshal E. Blume señala que muchos hedge funds han desaparecido durante los últimos dos años después de haber sido virtualmente exterminados, y por tanto los resultados de los supervivientes dan una imagen mucho más positiva de la realidad. Según un estudio, cerca de 700 fondos desaparecieron en los tres primeros cuatrimestres de 2008, un incremento del 70% en comparación con el año previo. Algunas proyecciones hablan de la desaparición de 1.000 fondos al final del año, en otras palabras, el 10% del sector. “Existe un gran sesgo post-selección en los rendimientos de los hedge funds”, dice Blume. “Los fondos de inversión especulativos que fracasaron no están incluidos en esas cifras de resultados”.

Errores garrafales de política

Para ser justos, parte de las pérdidas de 2008 del sector de los fondos de inversión especulativos deberían ser atribuidas a errores garrafales de política federal en respuesta a la crisis bancaria, sostiene el profesor de Finanzas Richard J. Herring. Uno de esos errores garrafales ha sido, en su opinión, la decisión el pasado septiembre de permitir que Lehman Brothers se precipitase al vacío, lo cual hizo temer la llegada de más pérdidas e hizo caer el precio de los valores. Los hedge funds también se vieron perjudicados, señala Herring, por una prohibición el pasado otoño relacionada con las ventas en corto, esto es, apostar que los mercados van a caer, una práctica clave en la estrategia de inversión de muchos fondos. “Con la prohibición de vender en corto, la liquidez de varios mercados simplemente se evaporó”.

Aunque posiblemente los hedge funds no sean los culpables directos de la actual crisis, hace tiempo que a muchos expertos les preocupa que estos fondos puedan desencadenar una crisis mundial. La primera alarma saltaba en 1998 con el colapso del hedge fund de Connecticut llamado “Long-Term Capital Management”, que había realizado complejas apuestas sobre el precio de los bonos. Para evitar un tsunami financiero, la Reserva Federal organizó un grupo de grandes bancos para hacerse cargo de los activos de LTCM.

“No eran altruistas”, dice Marston acerca de los bancos rescatadores. “Estaban salvando su propio pellejo. Es el motivo principal por el que los hedge funds deben supervisarse”.

Aunque la legislación actual no obliga a la inscripción en la SEC de los fondos de inversión especulativos, muchos lo hacen porque sus inversores institucionales así lo solicitan. Las firmas registradas representan cerca del 70% de los activos de los hedge funds. Como únicamente están abiertos a gente pudiente e inversores institucionales, los hedge funds han disfrutado durante mucho tiempo de cierta excepcionalidad, no estando sujetos a los requisitos de transparencia o la regulación aplicable a los fondos de inversión, fondos que cotizan, rentas vitalicias u otras inversiones abiertas al público en general. Asimismo los fondos de inversión especulativos disponen de más opciones de inversión, como por ejemplo vender en corto, con apalancamiento o hacer apuestas sobre materias primas y derivados, estrategias en muchos casos no permitidas para el resto de fondos.

La teoría es que los hedge funds se circunscriben a los inversores que pueden permitirse grandes riesgos. “No creo que deba haber una regulación que impida que inversores bien informados pierdan dinero”, dice Blume.

Pero la actual crisis financiera ha dirigido el foco de atención hacia el riesgo sistémico, cuando todo el sistema financiero sufre las actividades de un pequeño grupo de jugadores, señala Blume. En los actuales mercados financieros, muy dinámicos, todo está conectado con todo lo demás. “Lo más preocupante es que grandes cantidades de capital pueden contribuir al riesgo sistémico y a recesiones sistémicas. Es un preocupación muy válida… los hedge funds disponen de enormes cantidades de dinero”.

Si las apuestas de los fondos de inversión especulativos son capaces de enturbiar los mercados, pueden perjudicar a pobres inocentes. Marston señala que las donaciones de la universidad y los planes de pensiones se han convertido en grandes inversores en hedge funds, lo cual supone que cualquier fallo podría hacer daño a gente inocente. Marston citaba un estudio que muestra que la universidad estadounidense promedio había dedicado el 15% de su cartera de inversiones a “inversiones alternativas”, partida que incluye fondos de inversión especulativos otros fondos especialmente arriesgados.

Tal y como explica Christopher C. Geczy, profesor adjunto de Finanzas de Wharton, los hedge funds pueden ser muy arriesgados para los inversores, pero no existe evidencia de que hayan desempeñado un papel protagonista en la actual crisis financiera. “A diferencia de lo que cree la gente, los hedge funds no han sido los causantes de esta crisis”, dice.

Marston y Blume están de acuerdo. “No creo que los hedge funds hayan sido la causa de esta debacle actual”, señala Blume echándole más bien la culpa a la presión del gobierno para fomentar la propiedad de la vivienda, algo que a su vez fomentó hipotecas entre personas con poca capacidad crediticia. Dichas hipotecas fueron agrupadas en valores y estos valores vendidos a inversores de todo el mundo; el precio de dichos valores cayó al vacío cuando los propietarios empezaron a retrasarse en los pagos de sus mensualidades. “Los hedge funds compraron parte”, dice. “Si los hedge funds pierden dinero no hay problema. El problema es cuando los bancos pierden dinero”.

En opinión de Marston, los bancos de inversión tienen mucha más parte de culpa en la actual crisis financiera. Insatisfechos con los beneficios obtenidos con sus actividades tradicionales –como fusiones y adquisiciones o suscripción de valores-, en los últimos años los bancos de inversión actuaron como sí ellos mismos fuesen fondos de inversión especulativos, realizando apuestas con apalancamiento muy complejas en sus propias cuentas, explica Marston.

Podría haber sido de gran utilidad que los reguladores hubiesen dispuesto de más información sobre las posiciones amasadas por los hedge funds, añade Blume, pero los reguladores sabían que los bancos estaban creando y vendiendo productos estructurados basados en hipotecas y otros préstamos arriesgados. “Si hubiesen tenido más información sobre los fondos de inversión especulativos, ¿habría cambiado algo? Probablemente no”. La actual estructura reguladora no trata muy bien el riesgo sistémico, señala Blume, principalmente porque la SEC, otras agencias gubernamentales y los propios entes reguladores del mercado de valores tradicionalmente se han centrado en proteger a los inversores individuales, no a supervisar el funcionamiento general de los mercados financieros.

“Incluir en esta categoría a los hedge funds no contribuirá en absoluto a resolver el riesgo sistémico porque a la SEC no le preocupa este riesgo”, dice Blume. “Aquí es donde nos introducimos en nuevos terrenos. Por definición, si te preocupa el riesgo sistémico deberás asignar dicha misión a una organización, y en estos momentos no existe esa organización. Es más, habría que hacerlo a nivel mundial. Estados Unidos es poco propenso a ceder parte de su soberanía a favor de entes extranjeros… La actual estructura es por tanto inadecuada. No estoy seguro de hacia dónde nos dirigimos”.

En Washington se están discutiendo varias ideas; desde simplemente fomentar la autoridad de los reguladores ya existentes hasta conceder poderes a la Reserva Federal en temas de regulación. Se habla incluso de crear una nueva “superagencia”. El diputado demócrata por Massachussets Barney Frank, que dirige el Financial Services Committee, quiere hacer a la Reserva Federal responsable de proteger la estabilidad del sistema financiero, con nuevos poderes para recabar información sobre hedge funds, aseguradoras, bancos de inversión y otros entes. Parece ser que la administración Obama quiere mostrar progresos reales en esta materia durante la reunión de abril del G-20. Los burócratas del gobierno han dado la bienvenida a las recomendaciones para una regulación más estricta propuestas en un informe del pasado año realizado por un comité internacional liderado por Paul A. Volker, ex presidente de la Reserva Federal que en la actualidad es asesor económico de Obama.

El efecto Madoff

Incluso sin una nueva regulación, es muy posible que el sector cambie. De hecho ya está cambiando: para retener a los inversores muchos fondos han recortado sus comisiones. Lo normal era un 2% sobre los activos gestionados y un 20% sobre los beneficios. “Cada vez hay más gente que habla de las altísimas comisiones que aplican estos fondos, algo de lo que Warren Buffet siempre ha hablado. Ahora estamos viendo cómo bajan… un par de fondos han renunciado al 20% sobre los beneficios. Algunos han bajado del 2 al 1% sobre los activos gestionados”.

Los fondos también están sufriendo la presión de los inversores, contrarios a las actuales normas restrictivas para retirar dinero. De hecho, muchos fondos han endurecido dichas normas, cerrando toda puerta de salida, después de la crisis financiera que estimuló la desinversión. “Existe cierto malestar entre los inversores que ven como se ha cerrado la puerta de acceso a sus inversiones”, dice Marston. “Impedir que los inversores recuperen sus activos cuando muchos de ellos están desesperados por conseguir efectivo les alienará de manera permanente”. No obstante, permitir las desinversiones también crea problemas. Los fondos pueden quedar heridos de muerte, dificultando e incluso imposibilitando llevar a cabo estrategias de inversión complejas que requieran compromisos a largo plazo.

Por último, también está la cuestión de cuáles son esas estrategias de inversión. Tradicionalmente los hedge funds han ofrecido a los inversores únicamente descripciones vagas, alegando que deben guardar el secreto sobre sus transacciones para mantener su ventaja. “Dicho argumento, aunque fuerte, está cediendo lentamente a la apertura de cierta información, en especial para los inversores, para darles más confianza”, dice Donaldson.

La demanda de mayor transparencia has sido fomentada por “el efecto Madoff”, eso es, una mayor desconfianza después de que saliese a la luz el pasado año el esquema Ponzi puesto en marcha por Bernard Madoff, con el que estafó unos 50.000 millones de dólares. Aunque la operación de Madoff nada ha tenido que ver con los fondos de inversión especulativos, se empleó el mismo tipo de secretismo que en los hedge funds, y se gestionó dinero para fondos de fondos, esto es, un subconjunto de hedge funds. Ahora muchos inversores quieren saber cómo se emplea su dinero y quién es el propietario de los valores que supuestamente forman parte del fondo, explica Donaldson. “Tiene sentido que haya algo más de transparencia ante la SEC y otras entidades reguladoras. También que exista el modo de atrapar a aquellos que estén haciendo un uso impropio del fondo”. No obstante, Donaldson advierte que las opciones de inversión de los fondos de inversión especulativos son tan variadas que será muy difícil regularlos de manera efectiva.

Claramente estos son tiempos duros para los hedge funds. Pero no hay muchos expertos que piensen que el sector va a desaparecer. Los inversores siempre se sentirán atraídos por las promesas de grandes beneficios, y los fondos de inversión especulativos pueden emplear estrategias no permitidas a los fondos de inversión y otras inversiones. “Creo que los hedge funds van a ser evaluados más cuidadosamente por los inversores”, dice Blume, “pero no creo que el sector vaya a perder fuerza”.

Fuente: Universia Knowledge@Wharton

24 mar. 2009

Para una recuperación global, China tendría que ahorrar menos y EE.UU., más

LONDRES—Cuando los líderes de las 20 mayores economías del mundo se reúnan en Londres el 2 de abril tendrán una agenda agitada por delante, desde cómo prevenir una depresión global hasta sanear el sistema financiero. Los economistas, sin embargo, esperan que presten atención a lo que muchos consideran una de las principales causas de la crisis financiera: la inmensa disparidad en los niveles de ahorro de los países.

[desequilibrio]

Recientemente, un grupo de prominentes economistas —incluyendo el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Ben Bernanke, y su par británico, Mervyn King— ha indicado que, para desatar una crisis de proporciones globales hizo falta más que la avaricia de los bancos, el despilfarro de los consumidores estadounidenses y una regulación débil. Si bien todos estos factores jugaron un rol importante, la condiciones también fueron creadas por China y otros países asiáticos, que en la última década ahorraron en moneda extranjera miles de millones de dólares generados por sus exportaciones. Sus esfuerzos por invertir tales ahorros inundaron de efectivo a los mercados financieros occidentales, abaratando el costo del dinero en el momento exacto en que los consumidores en países como EE.UU. y Gran Bretaña acumulaban deuda a una tasa alarmante.

La lógica de los economistas es que las hipotecas de alto riesgo, o subprime, de EE.UU. que dispararon la crisis habrían sido sólo una de las múltiples maneras por las que los bancos sacaron ventaja de dichos "desequilibrios globales" para generar ganancias, uniendo a estos ahorradores y prestatarios.

"Los bancos siempre han sido avaros, la regulación no fue peor que en otras ocasiones y siempre han habido crisis. Lo que pasa es que esta crisis tuvo características especiales y una de las principales tiene que ver con los desequilibrios globales", dice Richard Portes, profesor de Economía de London Business School y presidente del Centre for Economic Policy Research, de Inglaterra.

A medida que se acerca la reunión del G-20, Portes y otros economistas están ofreciendo un menú de soluciones, que van desde otorgarle más facultades al Fondo Monetario Internacional para convertirlo en un depósito central de reservas en moneda extranjera, una idea parecida a la del economista británico John Manynard Keynes, que quería crear un banco central global en 1944, cuando se estableció el FMI en Bretton Woods, New Hampshire. Todas las alternativas tienen inconvenientes, pero si no se encuentra una forma de hacer que los asiáticos ahorren menos y los estadounidenses ahorren más, los economistas advierten que la economía mundial volverá a estar en apuros. "Pasar por alto los desequilibrios pese a todo lo demás que está pasando sería un grave error de parte del G-20", dice C. Fred Bergsten, director del Instituto Peterson de Economía Internacional, de Washington.

Pese al deterioro de la economía global, un indicador de los desequilibrios globales, el superávit de China en la cuenta corriente apenas se ha modificado. El FMI estima que el superávit, que refleja las exportaciones netas del país y el capital que envía al exterior, creció de US$372.000 millones en 2007 a US$399.000 millones. Si la situación no cambia, podría fomentar sentimientos proteccionistas a medida que políticos occidentales miran con recelo como sus enormes paquetes de estímulo impulsan las exportaciones de otros países.

La propensión al ahorro de los países asiáticos se remonta a la crisis que sufrieron a fines de los años 90. En ese entonces, muchos gastaban más de lo que ganaban y habían acumulado grandes deudas en moneda extranjera. Eso ahuyentó a los inversionistas foráneos, que huyeron en masa y provocaron devaluaciones de divisas y dolorosas recesiones. Después de la crisis, los países incentivaron sus exportaciones al mantener un tipo de cambio bajo frente al dólar, una estrategia que llevó sus reservas en moneda extranjera a niveles inusitados. Al invertir tales reservas en lugares como EE.UU. y Gran Bretaña, tensionaron a los mercados financieros. Los flujos netos de capital transfronterizo, por ejemplo, ascendieron a los US$1,9 billones (millones de millones) en 2008, cerca de 3% del Producto Interno Bruto global, según el FMI. La cifra es más que el doble del nivel de 1997, antes de la crisis asiática.

Portes, de London Business School, cree que la principal razón detrás del ímpetu de la acumulación de reservas por parte de China y otros países es el afán de protegerse contra una nueva crisis. Una solución, que es parte de una lista de propuestas para el G-20, es que varios países depositen sus reservas en moneda extranjera en el FMI y darle al Fondo las facultades para intervenir y proveer financiamiento de emergencia sin condiciones a los países que lo necesiten. A cambio, China y otros países emergentes tendrían una mayor participación en las decisiones del FMI.

23 mar. 2009

Bernanke pide reforma a las leyes de contabilidad

Dow Jones Newswires

WASHINGTON (Dow Jones)--El titular de la Reserva Federal, Ben Bernanke, afirmó el viernes que las autoridades reguladoras podrían necesitar modificar las reglas de capital y contabilidad para asegurar que no magnifiquen las alzas o bajas en los mercados financieros.

También indicó que la decisión de la Fed, anunciada el miércoles, de comprar cientos de miles de millones de dólares en títulos del Gobierno y valores relacionados con hipotecas, tiene la intención de mejorar las condiciones del mercado y que la Fed se siente alentada por la respuesta que han tenido sus medidas relacionadas con el crédito.

"Los encargados de políticas deberían revisar las actuales reglas de capital y los estándares de contabilidad para determinar si ellas podrían ser modificadas para reducir su potencial de tener efectos excesivamente procíclicos sin debilitar su capacidad de alcanzar sus objetivos fundamentales", dijo Bernanke en comentarios preparados de antemano para ser pronunciados durante una conferencia con la comunidad bancaria.

Bernanke formuló sus comentarios dos días después de que el Comité de Mercados Abiertos de la Fed sorprendiera a los inversionistas mediante el anuncio de que comprarían hasta US$300.000 millones en títulos del Tesoro además de añadir miles de millones de dólares en líneas de crédito hipotecarios existentes.

Los precios de los valores del Tesoro repuntaron con la noticia inicial, lo cual sirvió de recordatorio de que la Fed aún puede afectar las condiciones de los mercados financieros, incluso cuando las tasas de interés se encuentran cercanas a cero.

"Estas compras tienen la intención de mejorar las condiciones en los mercados privados de crédito", dijo Bernanke. "En particular, están contribuyendo a reducir las tasas de interés que (las entidades auspiciadas por el Gobierno) requieren sobre las hipotecas que ellas compran o aseguran, por lo tanto reduciendo las tasas de interés a las cuales los prestamistas, que incluyen bancos comunitarios, pueden financiar nuevas hipotecas", dijo.

Las decisiones de la Fed durante la crisis, añadió Bernanke, ha ayudado a "todos los segmentos del sistema financiero" y de la economía en general.

Pero los efectos a mayor plazo no están claros. La Fed ya tiene una abultada hoja de balance -de US$2,07 billones según el informe semanal más reciente del banco central- la cual se expandirá aún más una vez que entren en vigencia las compras de líneas de crédito del Tesoro e hipotecarias.

Esto podría derivar en un repunte en la inflación una vez que la economía se recupere a no ser que los funcionarios de la Fed rápidamente drenen el exceso de efectivo en los mercados financieros, lo cual no es fácil de lograr.

Bernanke ha sido objeto de agudas críticas por parte de los legisladores en semanas recientes debido a cómo la Fed manejó inicialmente el rescate de American International Group Inc. (AIG) en medio de noticias de que la compañía pagó US$165 millones en bonificaciones a empleados en una división que se encuentra en el epicentro del desplome de AIG.

Bernanke específicamente no se refirió a la controversia en el discurso del viernes, pero indicó que los rescates emprendidos por el Gobierno han tenido intrínsicamente "opciones desagradables y difíciles".

Pero dada la interrelación de la naturaleza del sistema financiero y los "efectos potencialmente devastadores" que un fracaso desordenado hubiera tenido, "no creo que hemos tenido alternativas realistas para evitar tal tipo de fracasos", dijo Bernanke.

Bernanke recuerda a los mercados que la Fed ya está pensando sobre las estrategias de retirada de sus voluminosas inversiones, y que el apoyo del banco central decaerá a medida que el sector de la vivienda se recupera.

"No queremos estar en los mercados de crédito para siempre", dijo Bernanke.

Fuente: WSJ