5 nov. 2010

Paul Volker lucha para que su "Regla" tenga una interpretación amplia

Por Deborah Solomon

WASHINGTON— El expresidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Paul Volker, está aconsejando al gobierno estadounidense que eviten redactar regulaciones demasiado específicas que los bancos puedan evitar o evadir, en un esfuerzo por influenciar las reglas que él ayudó a crear, según fuentes al tanto.

Volcker, en conversaciones privadas con funcionarios del gobierno, dijo que al implementar la llamada Regla Volker, los reguladores deberían seguir el ejemplo de las leyes contra el lavado de dinero, bajo las cuales el gobierno federal prohíbe un comportamiento en particular y le da la responsabilidad a los bancos de estar atentos a violaciones y cumplir con las reglas.

Su sugerencia: prohibirle a los bancos que hagan operaciones con sus propios fondos si se benefician de cualquier tipo de garantía gubernamental, tales como los seguros de depósito, dicen estas fuentes. Los bancos tendrían que supervisar sus propias actividades para asegurarse de que estén cumpliendo, a la vez que los examinadores de la Fed se encargan de que lo hagan.

La reforma financiera aprobada a principios de este año buscaba prevenir que los bancos pusieran el capital de la firma en riesgo al prohibir el corretaje con recursos propios y prohibiendo ciertas relaciones con los fondos de cobertura y los fondos de capital privado. La meta era reducir la toma de riesgos entre las mayores instituciones financieras de EE.UU. Pero la ley dejó mucho a discreción de los reguladores, los cuales están a cargo de llenar los espacios en blanco.

La preocupación de Volker, según varias fuentes al tanto, es que reglas demasiado específicas abran la puerta para que los bancos busquen formas de evitarlas. Desde ya, algunos bancos y sus lobbistas buscan convencer a los reguladores de definir restrictivamente algunos tipos de actividades de corretaje, según funcionarios del gobierno.

Volcker se abstuvo de comentar para este artículo.

En una audiencia ante el Congreso de EE.UU. a principios de este año, Volker dijo que los reguladores deberían adoptar un enfoque tipo Potter Stewart para definir lo que infringe la ley, refiriéndose al magistrado de la Suprema Corte que dijo con respecto a la pornografía "Se qué es cuando la veo". La versión de Volker sería algo como "Los banqueros saben lo que es el corretaje con recursos propios y lo que no lo es. No deje que ellos le digan otra cosa".

Volker sigue siendo muy respetado en la Casa Blanca y sus ideas tienen gran peso con el presidente Obama, dijeron fuentes al tanto.

Sin embargo, la decisión final recae en el sinfín de agencias regulatorias de EE.UU., que deben redactar conjuntamente las reglas. Los reguladores y diseñadores de políticas discuten la mejor manera de implementar la Regla Volker y recientemente solicitaron las opiniones del público. Los reguladores tienen nueve meses para redactar las reglas.

Determinar cómo redactar las reglas será todo un reto para los reguladores, en parte porque es un esfuerzo conjunto por parte de múltiples agencias, pero además porque hay opiniones diferentes sobre el tipo de comportamiento que la ley busca prevenir.

Ya se han discutido varias opciones, incluyendo una similar a lo que propone Volker, según fuentes al tanto.

Otras opciones incluyen el determinar líneas claras y cuantificables de lo que constituye un comportamiento apropiado.

Los reguladores también discuten una combinación de enfoques, en el que marcarán un límite para algunas actividades riesgosas, a la vez que marcarían principios más amplios o directrices para el resto del corretaje.

4 nov. 2010

EE.UU. recibe una inyección de US$600.000 millones

Por Jon Hilsenrath

La Reserva Federal de Estados Unidos divulgó el miércoles que invertirá US$600.000 millones en la compra de bonos del gobierno estadounidense en los próximos ocho meses con el fin de reducir las tasas de interés de largo plazo y estimular el crecimiento. El anuncio constituye un esfuerzo dramático por reanimar una recuperación económica que calificó de "decepcionantemente lenta".

Varios economistas, tanto dentro como fuera de la Fed, creen que se trata de una medida desesperada con pocas opciones de rendir fruto por parte de Ben Bernanke. El presidente del banco central adoptó varias medidas poco convencionales durante la crisis financiera para impedir un colapso del sistema financiero, pero un año y medio después enfrenta una economía lastrada por el alto desempleo, la amenaza de un período de deflación similar al de Japón y la posible paralización del sistema político.

La Fed dejó abierta la posibilidad de aumentar la dosis si el crecimiento no repunta en los próximos meses. Las nuevas compras de US$75.000 millones de bonos del Tesoro al mes se suman a los US$35.000 millones mensuales que está gastando para reemplazar bonos hipotecarios en su portafolio que saldrán de circulación.

El Promedio Industrial Dow Jones prosiguió el miércoles la marcha ascendente iniciada en agosto, cuando Bernanke dejó entrever la posibilidad de llevar a cabo un plan de compra de bonos del Tesoro.

El indicador avanzó 0,24% para alcanzar 11.215,3 puntos, su mayor nivel de los últimos dos años. Los rendimientos de los bonos del Tesoro a 10 años, que habían caído justo por debajo de 3% finalizaron el día en 2,62%. La cotización del dólar, en tanto, ha retrocedido en anticipación de una avalancha de nuevos dólares en el mercado global.

La Fed opina que estas reacciones de los mercados estimulan la economía. Además del impacto del menor costo del dinero, el alza en los precios de las acciones podría alentar a los consumidores a elevar sus gastos y a las empresas a invertir más. Un dólar débil, por su parte, abarata las exportaciones estadounidenses.

"Todas estas cosas son parte de lo que la Fed está tratando de hacer y creo que han tenido éxito", dijo Lawrence Kantor, director de análisis de Barclays Capital en Nueva York.

Las medidas anunciadas el miércoles se ajustaron a las expectativas de los economistas, si bien algunos esperaban un gasto total ligeramente inferior y un desembolso más acelerado.

De todos modos, hay mucha incertidumbre y grandes imponderables en torno a los anuncios. En esencia, la Fed imprimirá más dinero para comprar hasta un máximo de US$900.000 millones en bonos del Tesoro estadounidense de aquí a junio del próximo año.

En condiciones normales, una inversión de esta magnitud sería altamente inflacionaria al inundar de dinero la economía y generar preocupación sobre el gasto fiscal. Esto podría, a su vez, elevar las tasas de interés de largo plazo y, de esta manera, anular los esfuerzos de la Fed.

Los precios de las materias primas han aumentado desde que Bernanke empezó a insinuar, a finales de agosto, la intención de comprar bonos del Tesoro. La cotización del petróleo, por ejemplo, ha subido 15% desde entonces para llegar a los US$85 el barril. Michael Pence, legislador republicano con el tercer cargo más alto en la Cámara de Representantes, dijo que la Fed estaba tomando "un riesgo incalculable".

Thomas Hoening, el presidente del Banco de la Reserva Federal de Kansas City —quien describió la decisión antes de la reunión como un "pacto con el diablo"—, fue el único en desacuerdo en una votación de 10 a 1 del comité de política monetaria de la Fed. Hoening manifestó que los riesgos de compras adicionales de bonos del gobierno superaban los beneficios.

La mayoría de los miembros del banco central, no obstante, consideran que el riesgo de un brote inflacionario es bajo puesto que todavía hay mucha capacidad ociosa en la economía, incluyendo una tasa de desempleo de 9,6%, más de 14 millones de viviendas desocupadas y fabricantes que operan a un 72% de su capacidad productiva.

En un comunicado difundido después de su reunión, la Fed dijo que actuaba para "promover un ritmo más sólido de recuperación económica" y para asegurar que la inflación, que en la actualidad se ubica en una tasa anual cercana a 1%, suba hasta la meta informal del banco central de 2%.

Se trata de la segunda vez que la Fed experimenta con un gran programa de compra de bonos. Entre enero de 2009 y marzo de este año adquirió aproximadamente US$1,7 billones (millones de millones) de bonos gubernamentales e hipotecarios. Esta decisión también hizo surgir temores de inflación, que hasta ahora no se han materializado. El programa de compra de bonos se conoce como relajamiento cuantitativo, o QE por sus siglas en inglés. Puesto que la Fed ha reanudado la medida, algunos economistas lo describen como QEII.

Al comprar una gran cantidad de bonos y retirarlos del mercado, la Fed espera hacer subir sus precios y reducir sus rendimientos. Esto, a su vez, haría bajar las tasas de interés que pagan los deudores hipotecarios, los consumidores y las empresas y los alentaría a endeudarse, gastar e invertir.

La Fed cree que también aumentará las compras de acciones, bonos corporativos y otras inversiones más arriesgadas que ofrecen retornos más altos.

A los socios comerciales de EE.UU., en especial los países en desarrollo, les preocupa que esta inyección de liquidez de la Fed genere presiones inflacionarias y contribuya a la formación de burbujas de activos en sus países.

[Fed]
Fuente: WSJ

3 nov. 2010

La compra de bonos del Tesoro genera polémica

Por Sudeep Reddy y Luca Di Leo

La decisión de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) de emitir dinero para comenzar una nueva ronda de compra de bonos, que se espera sea anunciada el miércoles, apunta a bajar las tasas de interés de largo plazo para impulsar la economía. Pero tanto dentro como fuera de la Fed, hay una inusual divergencia respecto a los efectos de la decisión.

Los defensores de esta medida dicen que comprar cientos de miles de millones de dólares en bonos del Tesoro dará solamente un modesto impulso a la economía. Quienes se oponen advierten que podría producir el resultado opuesto, al impulsar al alza el precio de las materias primas, sembrando las semillas de un brote inflacionario o minando la confianza en la capacidad de la Fed para administrar, y a la larga reducir, su portafolio.

Los detractores abarcan todo el espectro ideológico, desde John Taylor, un economista de la Universidad de Stanford y ex funcionario del Departamento del Tesoro en el gobierno de George W. Bush hasta Joseph Stiglitz, el premio Nobel de la Universidad de Columbia y ex funcionario bajo el ex presidente Bill Clinton. Taylor ha dicho que el esfuerzo, conocido como relajamiento cuantitativo, o QE (por su sigla en inglés) no dará resultado y que el gobierno no debería subir impuestos ni imponer nuevas regulaciones. Stiglitz cree que el QE no surtirá efecto y que la economía necesita una dosis significativa de incremento del gasto fiscal y recortes de impuestos.

Los economistas ni siquiera están de acuerdo respecto a los efectos de una nueva ronda de relajamiento cuantitativo. Bank of America Merrill Lynch espera que ayude a reducir para fines de año el rendimiento del Bono del Tesoro a diez años desde 2,63% a 2%. Mizuho Securities dice que el efecto de las nuevas compras de activos "será limitado".

En un sondeo de Dow Jones Newswires entre firmas que operan directamente con la Fed, los economistas de Nomura Securities Inc. dijeron que otra ronda de QE mantendría "la confianza de los consumidores para mantener la recuperación en curso". UBS cree que ayudaría pero "modestamente". Deutsche Bank entiende que las compras podrían dañar a la economía al depreciar demasiado el valor del dólar. En su primer programa de compra de bonos, que terminó en los primeros meses del año, la Fed invirtió US$1,75 billones (millones de millones) en valores respaldados por hipotecas y papeles del Tesoro. Se considera que la decisión ayudó a sacar a la economía de una espiral descendente.

La expectativa respecto a una nueva ronda de compra de bonos, aunque menor, ya impulsó el precio de las acciones, puso presión a la baja en las tasas de interés y deprimió al dólar. Los inversionistas esperan que la Fed anuncie compras por alrededor de US$ 500.000 millones en un período de seis meses.

La decisión no es fácil, reconocen muchos economistas. Marco Annunziata de UniCredit advirtió que los beneficios serán "marginales" mientras que los costos podrían ser "enormes". Su opinión:

"No va a estimular mucho el gasto de los consumidores ni las inversiones de las empresas".

Otros sopesan los pros y contras y reconocen que el impacto no será significativo. "No pienso que nada de lo que vayan a terminar haciendo cambie, instantánea y significativamente, la dirección de la economía" dice el ex vicepresidente de la Fed, Donald Kohn. "Pero podría ayudar marginalmente en lo que es una situación insatisfactoria", consideró.

Otros dicen que es simplemente una mala idea, incluyendo a Allan Meltzer, un profesor de la Universidad Carnegie Mellon e historiador de la Fed. Meltzer cree que la decisión del banco central "no hará mucho". Desplazar a los inversionistas de los bonos de largo plazo hacia los de empresas o las acciones, como está tratando de hacer la Fed, repetirá pasados errores, considera. "¿Es algo sensato para que haga un banco central?". No lo cree.

Fuente: WSJ

2 nov. 2010

Robert Mundell, el caos cambiario y las opciones sobre la mesa

Por Judy Shelton

Las relaciones cambiarias globales están en un completo desorden. Los tipos de cambio fluctúan de forma salvaje entre los principales socios comerciales del mundo, generando rumores de proteccionismo y guerras cambiarias. El oro sigue escalando a medida que el dólar cae y los economistas debaten sobre si la mayor amenaza a la recuperación de Estados Unidos es la deflación o la inflación.

Necesitamos a un titán de la economía para ayudarnos a explicar todo esto y recomendar un remedio. ¿Dónde está Robert Mundell cuando uno lo necesita?

Mundell, el profesor de la Universidad de Columbia que abogó por una política de moneda dura y bajos impuestos para superar la estanflación de comienzos de los años 80 y que recibió el premio Nobel en 1999 por su investigación sobre los tipos de cambio, estaba en Nueva York la semana pasada. Tuve suerte porque cuando no está en su castillo italiano, el "padre del euro" suele estar en camino a su próxima conferencia en algún lugar del mundo.

"¿Qué es lo que le pasa a la economía mundial? ¿Cómo solucionamos este lío monetario?", le pregunto.

"El problema comenzó antes de la Primera Guerra Mundial. El patrón oro estaba funcionando bastante bien. Pero se desmoronó como consecuencia de la guerra y lo que ocurrió en la década de los años 20. Y después Estados Unidos comenzó a ser tan dominante en el mundo, y el dólar se transformó en la moneda central luego de los años 30, que toda la economía cambió", explica.

"El oro perdió mucho valor. Los países europeos lo cambiaban por dólares hasta que EE.UU. perdió más de la mitad de sus reservas. EE.UU. abandonó el patrón oro en 1971, bajo Nixon, y nadie más ha vuelto a él", apunta Mundell.

¿Está usted pensando que quizás sea el momento de comenzar a pensar en un nuevo orden monetario internacional?, aventuro. ¿Debería EE.UU. ofrecer nuevas propuestas en relación a los tipos de cambio y la política monetaria?

Mundell, que es canadiense, parece preocupado. "No creo que EE.UU. tenga ninguna idea; no tiene un liderazgo fuerte en cuestiones de economía internacional. No ha habido nadie en el gobierno, durante mucho tiempo, que realmente entienda mucho sobre el sistema monetario internacional", asegura.

El economista argumenta que hoy en día no sería posible forjar un sistema monetario con el dólar como moneda de reserva clave, tal como hicieron el presidente Franklin Roosevelt y el secretario del Tesoro Henry Morganthau en los años 40. "Para ser justos, la posición de EE.UU. ya no es tan fuerte", admite. "Pero lo que me decepciona es su renuencia a reconocer este gran movimiento en el mundo y hacer algo para restaurar la estabilidad en el sistema cambiario internacional", señala. Frunce el ceño. "Lo ignoran, como si el tipo de cambio del dólar fuera meramente un asunto nacional", lamenta.

"¿Cree que tiene que ver con la relación de EE.UU. con China?", le pregunto. EE.UU. amenaza con imponerle aranceles a los bienes chinos si Beijing no los encarece mediante una valorización de su moneda.

"EE.UU. regaña a China por su política de tipo de cambio que a Washington no le gusta", explica Mundell. "Pero una presión unilateral sobre China para modificar su tipo de cambio está fuera de lugar. El asunto no debería ser tratado como una disputa bilateral entre ambos países. Es un asunto multilateral porque el déficit de EE.UU. en sí mismo es un asunto multilateral que está conectado con el rol internacional del dólar", advierte.

Pero, en su opinión, "la iniciativa más importante que se podría tomar para mejorar la economía mundial sería estabilizar el tipo de cambio entre el dólar y el euro" lo que requeriría intervenciones del Banco Central Europeo y la Reserva Federal. Mundell señala que el dólar y el euro juntos representan 40% de la economía mundial.

"No creo que acabe en una batalla de monedas. EE.UU. es aún muy poderoso, sería una lucha desigual. Pero es importante organizar una conferencia de alto nivel para explorar opiniones para reformar el sistema monetario mundial. Los europeos deberían estar involucrados, así como los países emergentes".

¿Así que usted piensa que un sistema de cambio fijo es más propicio para el libre comercio y la recuperación económica global que la flotación?, le planteo.

A Mundell le sorprende que siquiera se lo pregunte. "La simple idea de contar con un área de libre comercio cuando uno tiene tipos de cambio flotantes no tiene ningún sentido. Simplemente arruina el efecto de cualquier tipo de acuerdo de libre comercio", apunta.

Viniendo esto del economista que ayudó a diseñar la moneda única europea, es perfectamente coherente. Desde su introducción en 1999, el euro eliminó las fluctuaciones cambiarias entre los 16 socios que lo adoptaron. En poco más de una década, se transformó en la segunda moneda de reserva después del dólar y la segunda más operada en los mercados.

Esto me lleva a la siguiente pregunta: ¿Qué piensa del incremento en el corretaje de divisas por parte de los bancos, con alrededor de US$4 billones (millones de millones) en circulación diariamente en los mercados globales?

"¡Es parte de la enfermedad del sistema! Esas monedas deberían estar fijas (...) Todo ese ruido innecesario, incertidumbre; solamente confunde la capacidad para evaluar los precios de mercado", considera.

Mundell tiene una especial facilidad para reducir las cosas a términos simples. Creció en una granja de 1,6 hectáreas en Ontario y luego obtuvo un doctorado en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. A fines de los años 60, llegó a desafiar al renombrado Milton Friedman de la Universidad de Chicago. Ambos economistas eran fervientes defensores del libre mercado, pero Mundell no estaba de acuerdo con la defensa de Friedman de las tasas de cambio flotantes.

¿Cuál sería su fórmula ganadora de hoy? ¿Qué consejo le daría a Washington que ayudara a revertir la situación de la moribunda economía estadounidense?, le pregunto para cerrar. "Políticas impositivas a favor del crecimiento y tipos de cambio estables", concluye.

—Judy Shelton, economista, es autora de 'Money Meltdown: Restoring Order to the Global Monetary Systems' (1994). También es codirectora en la Fundación de Investigaciones Económicas Atlas.

1 nov. 2010

El sector de microcréditos de India pierde los estribos

Por Eric Bellman y Arlene Chang

El movimiento de los microcréditos que se suponía iba a sacar a millones de habitantes de India de la pobreza recientemente entró en caos.

Instados por funcionarios de gobiernos locales y políticos, miles de deudores dejaron de pagarles a los prestamistas pese a que tenían dinero. El gobierno ha incrementado las restricciones por temor a que los prestatarios estén siendo perjudicados por tasas de interés usurarias. En algunos casos, funcionarios han arrestado a prestamistas por presuntos acosos a los deudores.

Los políticos locales, mientras tanto, han atribuido decenas de suicidios a los microprestamistas y están urgiendo a los deudores a no pagar lo que deben.

Aunque hasta ahora la reacción se ha visto limitada al estado sureño de Andhra Pradesh, lo que ocurre allí a menudo sirve de referencia para las microfinanzas en India y el resto del mundo. Hyderabad, la capital del estado, es sede de algunos de los mayores microprestamistas del mundo, incluidos SKS Microfinance Ltd., Spandana Sphoorty Financial, Basix y Share Microfin Ltd. En este estado se realiza alrededor de 30% de este tipo de préstamos en India, uno de los mercados mundiales más importantes de las microfinanzas.

"Esto potencialmente va a devastar el crédito para las zonas rurales durante un largo tiempo", dice Vikram Akula, fundador y presidente de SKS Microfinance, el mayor microprestamista de India por volumen. "Confiamos en que sobreviviremos, pero ciertamente esto va a cambiar la forma en que las cosas pueden y deben ser hechas", advirtió.

El microcrédito es el préstamo de pequeñas cantidades, normalmente menos de US$200, a emprendedores que usan el dinero para comenzar o expandir pequeños negocios. La mayoría de las firmas de microcréditos prestan dinero a través de grupos de mujeres que llegan a prestatarios que o están demasiado lejos o son demasiado pobres para recurrir a un banco. La tasa de devolución de los créditos tendía a ser mejor que la de los prestatarios de más recursos. Las tasas de interés, sin embargo, pueden ser bastante altas, de entre 25% y 100% al año, fundamentalmente debido al costo de administrar millones de pequeños créditos en áreas remotas.

La crisis en cierta medida recuerda los recientes problemas de deuda en Estados Unidos. El microcrédito se enfoca en una población que no es tomada en cuenta por el grueso del sector bancario, el mismo nicho social al que apuntan los prestamistas de hipotecas de alto riesgo en EE.UU.

A medida que la industria de las microfinanzas crecía, atrajo capital internacional que hizo crecer su tamaño. En una significativa decisión que mostró el interés de los inversionistas internacionales en el sector, SKS hace poco vendió US$350 millones de sus acciones en el mercado bursátil indio.

No obstante, junto con este crecimiento vino la preocupación entre políticos, reguladores y hasta algunas empresas en la industria de que la expansión sin límites estaba causando malas prácticas en la concesión de créditos, múltiples préstamos a los mismos deudores y temores respecto a extendidos problemas de pago.

Fuente: WSJ