16 oct. 2009

La crisis revierte la democratización del crédito

Por S. Mitra Kalita

Nueva York—Karen King debe casi US$36.000, lo que supera cualquier sueldo que haya tenido hasta ahora (En Estados Unidos, los sueldos se calculan en cifras anuales y son brutos).

Su teléfono no deja de sonar. Los cobradores no la dejan en paz. Está buscando un segundo empleo, a veces se salta las comidas y vive en el abarrotado apartamento de su abuelo para tratar de reducir su deuda y enderezar su vida.

"Hace años, vivía al día. Era tan tonta", lamenta King, de 28 años. "Es deprimente, pero ya no puedo vivir así. Ahora quiero vivir para el futuro".

La recesión les ha causado muchos dolores de cabeza a más de uno, pero nadie los sufre con tanta intensidad como los estadounidenses de bajos ingresos que dependían de préstamos para salir adelante cada día y probar la vida de la clase media. Las constantes modificaciones en las prácticas de crédito a lo largo de las décadas hicieron que sacaran préstamos con la misma facilidad que las personas más adineradas.

Karen King, una residente de Nueva York que sufre por salir de un mar de deudas, ve en una calculadora el monto que deberá pagar por un nuevo traje que compró para asistir a la boda de su hermano.

Ahora, la crisis económica y la recesión han acabado con esta democratización del crédito, con serias consecuencias tanto para los consumidores de bajos ingresos como para las empresas centradas en servirlos.

"Vimos cómo los préstamos se expandían a un nivel socioeconómico mucho más profundo, y (estos deudores) consiguieron acceso a los mismos instrumentos de crédito que la clase media y el resto de estadounidenses promedio", señala Ronald Mann, un profesor de derecho de la Universidad de Columbia. Ahora, "a las familias en lo más bajo de la pirámide de ingresos les resultará mucho más difícil conseguir tarjetas de crédito", pronostica.

Los consumidores de todo el espectro económico de EE.UU. están asumiendo menos deuda, tanto por voluntad propia como por la mayor cautela de los prestamistas, sobre todo para con los más riesgosos. Las familias de pocos ingresos son más proclives a caer en la categoría de "alto riesgo" simplemente por la carga que la deuda supone sobre sus limitados recursos. Datos de la Reserva Federal de EE.UU. muestran que entre 1997 y 2007, la relación de deuda-activos subió más rápido para las dos quintas partes ubicadas en lo más bajo de la pirámide de ingresos que para los consumidores más prósperos.

La democratización del crédito empezó hace décadas. Las leyes de fines de los años 70 prohibieron las prácticas de préstamos discriminatorios de los bancos para poder servir a las comunidades locales. Eso desató una ola de compras inmobiliarias y emprendimientos empresariales en los barrios más modestos. Para 2001, la tasa de propietarios de vivienda entre las familias con ingresos en el segmento más bajo de la pirámide ya había subido casi 49% frente a menos del 44% de 1989, según datos de la Reserva Federal analizados por Mann.

Los préstamos a través de tarjetas de crédito siguieron un camino similar. Una explicación del auge fue el fallo de la Corte Suprema de EE.UU. en 1978 que dispuso que los bancos tenían libertad para cobrar la tasa de interés que fuera legal en el estado donde tuviera la sede su división de emisión de tarjetas. Eso hizo más atractivo ofrecer crédito a deudores más riesgosos.

En 2007, 35% de los estadounidenses que conformaban esos dos quintos de consumidores de menores ingresos tenía una tarjeta de crédito con una deuda pendiente, un alza frente al 21% de 1989. El uso de esas tarjetas se propagó. Su balance promedio, ajustado a la inflación, creció 180% para la quinta parte de la población en lo bajo de la pirámide y 80% para el siguiente quinto.

Cuando la crisis golpeó con toda su fuerza, a fines de 2007, los bancos que habían cortejado agresivamente a estos clientes, repentinamente dejaron de hacerlo. "En vez de conservar las cuentas con un alto potencial de resultar impagas y con oportunidades limitadas de ingresos, la misión se convirtió en cerrar las cuentas activas de estos clientes y sacarlos de los libros contables", decía un informe de TowerGroup, una consultora. Para junio de 2009, los bancos estaban cerrando cuentas de tarjetas de crédito a una tasa de 14% a 15% al año —el doble que un año anterior—, según la consultora.

De cierta forma, las políticas del gobierno han contribuido a que los prestamistas endurezcan sus reglas. Una nueva ley de tarjetas de crédito limita la libertad de los bancos para subir las tasas de interés sin una notificación con 45 días de anticipación. Anticipando este y otros cambios, las compañías de tarjetas arremetieron contra las cuentas impagas y retiraron su patrocinio a clientes considerados en riesgo de no pagar sus deudas, dice Chris Stinebert, presidente de la Asociación Estadounidense de Servicios Financieros. "Tanto los bancos como los emisores de crédito están analizando su propia deuda y tratando de recaudar cuanto les sea posible", agrega.

El secretario del Tesoro, Timothy Geithner, declaró ante el Congreso en julio que reconocía que millones de estadounidenses fueron incapaces "de evaluar los riesgos asociados con un préstamo para complementar la financiación de una vivienda, un auto o una educación".

Todo esto se traduce en una nueva realidad para consumidores como King. Para 2004, la mayor parte de las tarjetas de crédito que tenía ya habían superado sus límites y no siempre pagaba a tiempo los mínimos exigidos. "Empezaba a pagar (mis deudas) y luego mi hermana casi es desalojada de su departamento, o mi abuelo decidió que no podía pagar el alquiler. Necesitaban ayuda", cuenta. Luego, la tienda para la que trabajaba le redujo sus horas.

La parte más prominente de la deuda de King, US$26.000, son préstamos estudiantiles para pagar su título en marketing y finanzas, que ahora están en manos de cobradores. Los otros US$10.000 incluyen deudas en tarjetas de crédito y a una tienda que alquila muebles, facturas de electricidad y deudas tributarias. Otra obligación son los US$400 al mes que contribuye para pagar el alquiler donde vive con su abuelo, madre, tío y hermana.

En mi mundo, dice, "todos mis amigos están pasando por lo mismo que yo".

Al menos, eso parecía durante un almuerzo que organizó hace unos meses, en el que cada invitado trajo algo de comer, para ahorrar costos. Su hermana menor, Janice, dice que también está sumergida en deudas por culpa de facturas médicas y una pasión excesiva por salir de compras. De momento, tiene un trabajo a tiempo parcial en un supermercado. Su madre, también llamada Janice, dejó su apartamento cuando las facturas de la electricidad sin pagar comenzaron a amontonarse. Se mudó a casa de su padre con sus dos hijas. Ahora, intenta pagar los US$5.000 pendientes de deuda para sanear su historial de crédito y conseguir un apartamento para ella sola.

Datos de la Reserva Federal muestran que el uso de tarjetas de crédito ha perdido terreno frente a las de débito, que no involucran préstamos. Un asesor financiero le recomendó a King que usara su tarjeta de débito para las compras para mejorar su puntaje de crédito.

A veces, en los momentos que tiene libre entre el trabajo, los traslados en transporte público y la planificación de presupuesto, King mira el álbum de fotos que documenta cómo era su vida antes: fiestas, cumpleaños, partidos de baloncesto. "Era una persona social. Tenía muchos intereses", dice. "Tenía sueños. Ahora tengo que limitarme a pagar el pasado".

Fuente: WSJ

15 oct. 2009

El profesor que casi nunca falla en sus predicciones

Por Dennis K. Berman

Lo leyó aquí primero. La fusión entre las empresas de medios Comcast y NBC Universal saldrá adelante. Vivendi, que está decidiendo qué hacer con su 20% de NBC Universal, que a su vez es una división de General Electric, estudiará la posibilidad de sacar a bolsa su participación, pero cederá ante el plan de Comcast. El precio, en todo caso, será más bajo de lo que muchos esperan.

O al menos, eso es lo que predicen los números en la hoja de cálculo.

Las cifras son obra de Bruce Bueno de Mesquita, un investigador de la Universidad de Nueva York y la Universidad de Stanford de aspecto sencillo y con una cierta predisposición a las declaraciones grandilocuentes como, por ejemplo, que su modelo matemático es inusualmente certero a la hora de predecir el futuro.

Bueno de Mesquita está en el negocio ultra especializado conocido como teoría del juego aplicada. Este es el tipo de asunto que ocupaba a los estrategas de la Guerra Fría, que recurrían a los computadores para encontrar las opciones más lógicas para combatir. La innovación de Bueno de Mesquita es poner al día muchos de esos conceptos de la era de Atari para la generación Wii. Eso significa incorporar la sofisticada teoría del juego y las técnicas de predicción a temas cotidianos como la política local, las batallas legales y, en efecto, los negocios de Wall Street.

Bueno de Mesquita, de 62 años, ha perfeccionado muchos de estos conceptos en un libro llamado The Predictioneer's Game (algo así el juego del predictor). Si el lector puede soportar el alto concepto de sí mismo que tiene el autor, se trata de una apasionante y reveladora introducción a la toma de decisión estratégica, que es la base del juego de las fusiones.

Bueno de Mesquita es hostil al sentimiento humano. Desde su perspectiva, los actores del mundo —ya sean figuras religiosas, políticas o financieras— son astutos calculadores de sus propios intereses. ¿La madre Teresa? Alguien que hace el bien impelida por una necesidad material de recibir aplausos. ¿Qué hay de un presidente ejecutivo que evalúa la venta de su compañía? Al igual que muchos en Wall Street, Bueno de Mesquita es partidario de los "paracaídas dorados", gigantescos paquetes de indemnización, como manera de motivar a los presidentes ejecutivos a vender, y así conseguir dinero para los accionistas.

Se trata de un mundo brutal, pero racional. Y puesto que es racional, puede ser observado, comprendido y a menudo previsto o manipulado, dice Bueno de Mesquita.

La clave reside en el modelo matemático que ha desarrollado a lo largo de 30 años con la asistencia inicial del Departamento de Defensa de Estados Unidos (el ejército y la CIA lo han usado).

El modelo toma insumos sencillos de cada jugador: un número que refleja el resultado deseado por cada jugador, su poder, su flexibilidad a la hora de negociar y la importancia del asunto.

Cuando se trata sólo de unos pocos actores involucrados, es fácil seguir la dinámica. Pero cuando el grupo aumenta a docenas o cientos de personas, "uno, siendo humano, sólo puede procesar cierta cantidad de información", dice Bueno de Mesquita. "El computador tiene una memoria increíble".

El modelo luego procesa los datos y detecta los vaivenes de la negociación: quién podría formar una coalición; quién pierde interés y quién puede ejercer un mayor poder a medida que cambien las condiciones. Es como el ajedrez, sólo que con personas.

En el caso de Comcast y NBC Universal, le proveí a Bueno de Mesquita una aproximación básica de las posiciones de docenas de jugadores con las mayores probabilidades de influenciar el juego.

Por ejemplo, estimé que el líder de NBC, Jeff Zucker, tendría una gran aversión al acuerdo con Comcast, pero cuenta con escaso poder en las negociaciones. Estimé que el presidente ejecutivo de Vivendi, Jean-Bernard Levy, tendría menos apremio por alcanzar un acuerdo con Comcast si pudiera obtener un buen precio con una salida a bolsa de su participación en NBC Universal. John Malone, el hombre fuerte de Liberty Media, fue clasificado como un actor secundario, dispuesto a comprar NBC Universal sólo a un precio barato.

Evidentemente, estas eran estimaciones aproximadas hechas de afán. Tal y cómo me recordó Bueno de Mesquita, mis evaluaciones podrían ser defectuosas. Su trabajo se realizó en el curso de un fin de semana, lo que podría influenciar la calidad de los resultados. La mayoría de sus encargos puede tardar tres semanas, con un precio base de US$50.000. Bueno de Mesquita ha asesorado a empresas y bancos en al menos una docena de fusiones, dice. La mayoría no las puede revelar, a excepción de su asesoría a British Aerospace durante la compra de Marconi Electronic Systems en 2000.

Bueno de Mesquita sigue confiando en que con datos rigurosos su modelo podría predecir resultados con un éxito inesperado. Acierta nueve de cada 10 veces, según una valoración de la CIA desclasificada, de la que no duda en presumir.

Si acertará o no con su predicción de NBCU es indiferente. El valor del "juego del predictor" es que elimina el artificio detrás de la presentación de una nueva ley por parte de un político. O de la aseveración por parte de una compañía de que una transacción es, en lenguaje de Wall Street, en el mejor interés de los accionistas.

En este mundo cruel y racional, "obtener el mejor acuerdo posible no implica que sea el mejor para los accionistas", dice Bueno de Mesquita. "Significa el mejor para las personas que están fraguando el acuerdo".

Fuente: WSJ

14 oct. 2009

La venta de activos del gobierno británico

por Lex Column

Los políticos británicos, que buscan formas relativamente inocuas de cubrir el agujero en los presupuestos, han fijado sus miras en la venta de activos. En febrero, los dos grandes partidos respaldaron el programa, ahora suspendido, para vender un tercio de Royal Mail.

El mes pasado, los conservadores sugirieron la venta de las participaciones gubernamentales en Lloyds Banking Group y Royal Bank of Scotland. Y ahora, Gordon Brown ha propuesto una vez más el comercio de activos públicos para contener la hemorragia de deuda que sufre Reino Unido.

El plan a dos años del primer ministro pretende recaudar 3.000 millones de libras (3.218 millones de euros) con la venta de activos como la cadena de apuestas Tote y la línea ferroviaria del Canal de la Mancha, y otros 13.000 millones de libras mediante el comercio de propiedades inmobiliarias locales del Estado.

16.000 millones de libras de activos no representa más que un mosquito en el parabrisas del tren de la deuda pública, que ha acelerado hasta los 800.000 millones de libras y sigue aumentando la velocidad. El déficit de Reino Unido, que probablemente se sitúe en torno al 12,4% del producto interior bruto –175.000 millones de libras–, es el mayor del G-20.

El déficit estadounidense de 1,4 billones de dólares (949.640 millones de euros) no representa más que un 10% de la producción. Y los propios activos no son ninguna joya. La oleada de privaciones durante el gobierno de Margaret Thatcher vendió la piezas centrales de la cubertería de plata de la nación, incluidas British Gas y British Airways. En la actualidad, al gobierno sólo le quedan piezas dispersas. Por lo tanto, los recortes en el gasto público seguirán siendo esenciales.

Los laboristas han propuesto una subida de impuestos, que aumentará a lo largo de ocho años hasta los 90.000 millones de libras anuales, el equivalente al 6,4% de la renta nacional. Los conservadores quieren recortes más rápidos y profundos, así como una reducción del programa de expansión monetaria cuantitativa. En cualquiera de los casos, esta situación implicaría el recorte más severo de los servicios públicos desde la década de 1970, según el Instituto de Estudios Fiscales.

Al centrar las expectativas en pequeñas ventas excepcionales de activos lo único que se hace es eludir estos amargos problemas presupuestarios. El agridulce premio para el ganador de las próximas elecciones será una desagradable mezcla de recortes de gastos y subidas fiscales.

The Financial Times Limited 2009. All Rights Reserved

13 oct. 2009

El plan de Europa para dominar el mundo

por Gideon Rachman

¡Por fin! Irlanda ha aprobado el Tratado de Lisboa y ahora la UE puede seguir adelante con su plan para dominar el mundo. En unos meses, es probable que la UE nombre a un presidente y a un ministro de Exteriores. Tony Blair está haciendo calentamientos para ocupar el máximo cargo. Varios candidatos suecos, holandeses y belgas se disputan el puesto de ministro de Exteriores.

Reforzada por su nueva estructura de política exterior, la Unión reivindica que se la tome en serio como superpotencia global. David Miliband, el ministro de Exteriores británico, señala: “El mundo no debería dividirse en un G-2 compuesto por EEUU y China. Debería haber un G-3 con la UE”.

Pero lo que suceda en Bruselas –o incluso con los acuerdos a tres bandas entre EEUU, China y Europa– es algo secundario. La verdadera clave para las ambiciones globales de Europa es el G-20.

Jean Monnet, el padre fundador de la UE, creía que la unidad europea “no era un fin en sí misma, sino sólo una etapa en el camino hacia el mundo organizado del mañana”. Sus sucesores en Bruselas no ocultan que consideran el estilo de gobierno supranacional de la Unión como un modelo global.

En la última cumbre del G-20 en Pittsburg hace algunas semanas, comprendí que el G-20 es el Caballo de Troya de Europa. El entorno y la atmósfera eran extrañamente familiares. Y entonces lo comprendí; había vuelto a Bruselas, y esto no era más que una versión global de una cumbre de la UE.

El procedimiento y el formato eran los mismos. La cena de los líderes antes de la cumbre; un día para negociar un comunicado impenetrable y cargado de jerga; la creación de oscuros grupos de trabajo; las salas para las conferencias de prensa posteriores a la crisis.

Todos estos procedimientos son muy familiares para los líderes europeos –pero bastante nuevos para los políticos asiáticos y estadounidenses a los que Europa está enredando cuidadosamente en esta nueva estructura–. Al ver deambular sin rumbo fijo, y aparentemente despreocupado, a un delegado indonesio, en el centro de conferencias de Pittsburg, sentí cierta lástima. “No sabes donde te metes”, pensé. “Te vas a pasar el resto de tu vida hablando de cuotas de pesca” (o, como en este caso se trata del G-20, de cuotas de emisiones de CO2).

Los europeos no sólo fijaron el tono en el G-20 –también dominaron las reuniones, gracias a su alta representación–. Los países de gran extensión como Brasil, China, India y EEUU están representados cada uno por un líder. Los europeos consiguieron asegurarse ocho asientos en la mesa de conferencias para Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, España, Holanda, el presidente de la Comisión Europea y el presidente del Consejo Europeo. La mayoría de los funcionarios internacionales más relevantes también eran europeos: Dominique Strauss-Kahn, el director gerente del Fondo Monetario Internacional; Pascal Lamy de la Organización Mundial de Comercio; Mario Draghi del Consejo de Estabilidad Financiera.

En consecuencia, los europeos parecían mucho más centrados en lo que estaba sucediendo que otras delegaciones. Mientras cavilaba sobre los nuevos poderes otorgados al FMI en las conclusiones finales para controlar las políticas económicas nacionales, me interrumpió una vieja amiga de la Comisión Europea, que reconoció el lenguaje de inmediato. “Ah sí”, dijo, “el método abierto de coordinación”.

¿Pero realmente importa nada de esto? Después de todo, las cumbres y declaraciones de la UE se han convertido en un sinónimo de maquinaciones tortuosas y poco efectivas que, con frecuencia, tienen poco efecto en el mundo real. El proceso que dio origen al Tratado de Lisboa comenzó hace ocho años. Incluso pese a que Irlanda haya votado Sí, el proceso aún podría verse desbaratado por los recalcitrantes gobiernos de la República Checa o Reino Unido.

Sin embargo, la historia del Tratado de Lisboa puede leerse de otra forma. Una vez que la UE se marca un objetivo, nunca lo abandona. Los procesos que comienzan en las cumbres de la UE –que con frecuencia parecen papeleos burocráticos menores–, años más tarde, resultan tener muy a menudo importantes implicaciones políticas. Lo mismo podría suceder con algunas de las decisiones tomadas en Pittsburg –como el discurso sobre los paraísos fiscales y los bonus de los banqueros–.

Desde el principio, la UE avanzó mediante pequeños pasos, en apariencia técnicos, que se centraban en cuestiones económicas –el denominado “método Monnet”–. El propio Monnet creía que Europa se construiría a través de “la gestión en común de los problemas comunes”. ¿Es tan distinta esta idea al reciente llamamiento del presidente Barack Obama para que se encuentren “soluciones globales a los problemas globales”?

Sin duda, aún existe una inmensa brecha entre la capacidad de la UE moderna y la del G-20. No existe un ejército de funcionarios del G-20 que iguale a los burócratas de Bruselas. No hay ningún organismo legislador del G-20 o un tribunal que haga respetar las decisiones del grupo. Tampoco existen perspectivas inmediatas de que EEUU o China –países ambos que protegen con celo su soberanía– cedan verdaderos poderes a un organismo legislador del G-20.

Sin embargo, se ha implantado el germen de algo nuevo. Para entender su potencial, merece la pena remontarse a la Declaración Schuman de 1950, que inició el proceso de la integración europea. “Europa”, decía, “no se creará de inmediato, o de acuerdo a un único plan. Se construirá mediante logros concretos, que creen en primera instancia una solidaridad de facto”.

El G-20 ya ha tiene en su haber varios logros y un floreciente sentimiento de solidaridad entre los miembros de este nuevo y exclusivo club. ¿Quién sabe qué deparará el futuro?

The Financial Times Limited 2009. All Rights Reserved

12 oct. 2009

Las finanzas pierden atractivo para profesionales y estudiantes

Por Lisa Bannon

Al igual que casi el 30% de los graduados del Instituto de Tecnología de Massachusetts en los últimos años, Ted Fernández se interesó por las finanzas. A pesar de haber obtenido un grado en ciencia e ingeniería de materiales, se dejó tentar por las historias emocionantes de amigos que fueron a Wall Street.

Sin embargo, cuando hace un año se acercó al stand de un banco de inversión en una feria de trabajo, lo encontró escalofriantemente vacío. El puesto pertenecía a Lehman Brothers Holding Inc., y la fecha era el 18 de septiembre de 2008, tres días después de que el banco de 158 años de antigüedad se declarara en bancarrota. Ahora, Fernández, de 22 años, estudia para obtener una maestría en ingeniería en el MIT y planea enfocar su carrera hacia la tecnología de energía solar.

"Sin duda, hubiera trabajado en finanzas si la crisis financiera no hubiera ocurrido", señala. "Ahora, no gano mucho dinero, pero puedo ir a mi casa en las noches y sentirme bien con lo que hago. Eso vale más que cualquier cantidad de dinero".

Durante los últimos 20 años, las finanzas crecieron más rápido que cualquier otro sector de la economía de Estados Unidos, ofreciendo de paso salarios altos y atrayendo a un creciente número de mentes brillantes para operar con instrumentos financieros, otorgar préstamos, gestionar portafolios, idear fusiones y convertir hipotecas en derivados complejos. Ahora que la burbuja financiera se desinfló, cientos de miles de empleados se han visto obligados a buscar otros trabajos o incluso otras carreras, sobre todo en el caso de los recién graduados.

Las pérdidas de empleos en el sector financiero se extienden mucho más allá de Nueva York. El año pasado, alrededor de 3.400 personas perdieron sus trabajos en ­Seattle cuando Washington Mutual fue absorbido repentinamente por J.P. Morgan Chase & Co.

La sede central de Bank of America Corp. en Charlotte, en el estado de Carolina del Norte, eliminó 9.000 empleos en las áreas de finanzas y seguros, o un 14%, frente a su máximo de mayo de 2006, según Moody's Economy.com. La firma calcula que en el área de finanzas se perdieron 437.000 empleos en todo EE.UU., una caída de 7,1%. En Chicago se eliminaron 23.000 puestos mientras que en Los Ángeles fueron 47.000.

Aunque los bancos más importantes en ese país muestran un apetito renovado por el riesgo y ciertos instrumentos exóticos, no se prevé que muchos de los empleos que desaparecieron se recuperen pronto. La Casa Blanca espera que los empleos en los sectores de finanzas y seguros se reduzcan a 4,1% de la fuerza laboral en 2016, frente a 4,8% a fines de 2008.

Mientras tanto, los sectores de salud y servicios educativos crecerán a casi 18% de la fuerza laboral estadounidense en siete años, frente al 16% de 2008, predijo el Consejo.

Menos representación

La promoción que se graduará de Harvard en 2009 muestra el giro en la dirección de las carreras. Quienes ingresen a las finanzas y la consultoría representarán un 20% de los graduados este año, frente a casi el doble en 2008 y 47% el año anterior, según una encuesta realizada por el diario de la universidad, el Crimson. Un 15% hizo planes para dedicarse a la educación, un 50% más que en 2008.

La desregulación gradual de las finanzas y los seguros en EE.UU. posibilitó instrumentos financieros aún más complejos. La creación, el análisis y la negociación de estos valores atrajeron a personal inteligente y ambicioso. Operar con acciones, bonos, commodities y otros activos se convirtió en el 9% de los empleos de finanzas en 2005, desde 2,8% en 1980, según un estudio realizado por Thomas Philippon, profesor de finanzas de la Escuela de Negocios Stern, de la Universidad de Nueva York.

Los ingresos generados de esta forma se convirtieron en una parte primordial de la economía. El "valor agregado" de las finanzas (la contribución que hicieron sus empleados y su capital a la economía en general) era de sólo 2,3% luego de la Segunda Guerra Mundial. Para 1997, era de 4,4% y para 2006 había alcanzado 8,1%, según la investigación de Philippon.

En 1980, el sueldo de un ingeniero y de alguien con un postgrado equivalente que trabajara en el sector de finanzas era casi el mismo. Para 2005, el profesional de las finanzas ganaba en promedio entre 30% y 40% más, según Philippon.

Algunas de las personas que ahora pierden estos empleos aprovechan la oportunidad para reevaluar sus vidas y buscar una nueva actividad que realmente les guste.

"Algo que nunca había visto antes en 30 años es que esta (recesión) económica ha hecho que la gente replantee sus prioridades" dice Jeanne Branthover, jefa de servicios financieros globales de Boyden Global Executive Search, una firma de reclutamiento de talento. "Dicen, 'si no voy a ganar tanto dinero, esta vez quiero buscar algo que me guste'".

Gordon Jones, quien pasó 26 años en Wall Street vendiendo acciones y valores convertibles, actualizó un título en educación y ahora enseña matemáticas en la Escuela Secundaria Greenwich, en Connecticut. "Tengo mucha energía", afirma Jones, de 54 años. "La paso muy bien con estos niños".

La crisis también parece coincidir con un interés creciente en el gobierno y el servicio público. Un 40% de los trabajadores estadounidenses considerarían iniciar una carrera en el gobierno federal, un alza de 24% frente a 2006, según una encuesta de Gallup realizada en abril para la organización sin fines de lucro Partnership for Public Service.

Sin embargo, el fin de la burbuja financiera también trajo empleos para unos pocos. Los segmentos de inversión en activos con problemas, procesos de bancarrota y reestructuraciones se han expandido. Las fusiones y adquisiciones relacionadas a procesos de bancarrota o reestructuraciones ascendieron a 140 este año, por un valor de US$84.400 millones, versus 102 valoradas en US$20.000 millones en todo 2008, según Dealogic.

Fuente: WSJ