2 jul. 2010

Los gemelos opuestos discrepan sobre el futuro de la Unión Europea

Por Marcus Walker y David Gauthier-Villars

La fallida química personal entre Nicolas Sarkozy y Angela Merkel complica las relaciones entre Francia y Alemania.

Poco después de ser electo presidente de Francia en 2007, Nicolas Sarkozy se reunió con la canciller alemana, Angela Merkel, en una fábrica de aviones en Toulouse para resolver una disputa franco-alemana sobre la gestión de Airbus.

Sarkozy bromeó que ambos formarían un buen equipo para dirigir el fabricante europeo de aviones. "Usted se puede encargar de los detalles", dijo, según algunos asistentes. "Y usted del marketing", respondió Merkel.

El encuentro fijó el tono de lo que ambas partes reconocen ha sido una relación difícil entre los líderes de las dos potencias económicas de la Unión Europea. La crisis de la deuda ha exacerbado la tensión, a medida que los grandiosos planes del infatigable presidente francés se topan con las dudas de la austera canciller sobre la letra chica.

Los "gemelos opuestos", como llama en ocasiones Sarkozy a su país y a Alemania, se encuentran en bandos contrarios sobre temas cruciales para el futuro económico de Europa. Ambos líderes se han enfrentado recientemente en asuntos como el rescate de Grecia, la independencia del Banco Central Europeo y la forma que debería adoptar el nuevo "gobierno económico" de Europa propuesto por Francia.

Es muy poco lo que une a ambos líderes en este momento, aparte de su menguante autoridad en sus respectivos países. La popularidad de Sarkozy alcanzó un nuevo mínimo de 26% en un sondeo de TNS Sofres divulgado el jueves, mientras que una reciente rebelión interna en el partido político de Merkel subraya el descontento en Alemania sobre su liderazgo y manejo de la crisis griega.

A las élites políticas de ambos países les preocupa que la mala relación complique los esfuerzos para reparar las grietas en la estructura de la zona euro que la crisis griega dejó al desnudo. "Europa no puede avanzar sin el motor franco-germano", dijo el ex presidente francés Valéry Giscard d'Estaing durante un reciente debate en París.

Los estrechos lazos personales y un sentido de compartir una misión histórica han caracterizado las relaciones franco-alemanas desde principios de los años 60. Los dos países discreparon a menudo sobre temas económicos y de otra índole, pero su alianza se cimentaba en la creencia de que los acuerdos franco-alemanes eran la clave para lograr pactos europeos más amplios.

Pero con el fantasma de las guerras que los enfrentaron el siglo pasado casi en el olvido, Alemania ha abandonado su renuencia a hacer valer sus intereses nacionales, incluyendo los financieros. Berlín ya no tiene que defender —y usar su poderío económico para financiar— las prioridades políticas francesas que llevaron una vez al general Charles de Gaulle a decir que Alemania era el caballo y Francia el jinete.

Con este panorama como telón de fondo, la extraña química personal entre Sarkozy y Merkel complica aún más la relación.

El inquieto Sarkozy, conocido en Francia como "el conejo de Duracell", bombardea a otros líderes con iniciativas y a menudo hace importantes anuncios antes de que concluyan los acuerdos. Por el contrario, la precavida Merkel, conocida en los círculos europeos como la "Madame Non", reconoce que sólo le gusta tomar decisiones después de estudiar durante mucho tiempo todas las facetas de un tema.

En teoría, tienen mucho en común. Ambos tienen 55 años y no son miembros tradicionales de la clase política. Sarkozy, descendiente de inmigrantes judíos húngaros y sefarditas, no se graduó de las universidades de élite de las que surgen la mayoría de los líderes franceses. Por su parte, Merkel creció en la comunista Alemania del Este y entró en la política sólo después de la unificación alemana, convirtiéndose en la líder protestante y centrista de un partido conservador dominado por hombres católicos.

Aquí es donde terminan las similitudes. Sarkozy, amante de los Rolex, celebró su elección con una fiesta en los Campos Elíseos, pasó unas vacaciones en el yate de un amigo multimillonario y se casó con la cantante y ex supermodelo italiana Carla Bruni.

Merkel está casada con un profesor de física y luchó durante años con sus asesores que insistían en que usara un corte de pelo más a la moda y dejara de lado su ropa desaliñada, alegando que lo importante era sus políticas, no la apariencia. Cuando se enteró de que sería canciller, brindó con agua mineral.

En reuniones privadas con otros políticos alemanes, Merkel ha imitado el nervioso lenguaje corporal de Sarkozy cuando está agitado. El mandatario francés, por su parte, se ha referido a la canciller alemana como la "mujer del Este" en reuniones con sus ministros, según un asesor.

Ambos bandos, sin embargo, son conscientes de que las relaciones franco-alemanas son cruciales para cualquier acuerdo dentro de la UE. Así que Sarkozy emprendió una ofensiva. En mayo de 2008, en la entrega de un prestigioso premio europeo a Merkel, brindó un efusivo tributo a la canciller, diciendo: "Me encanta Angela Merkel, mucho más de lo que la gente dice". "Se lo agradezco, mi querido Nicolas, de todo corazón", respondió en francés Merkel.

El romance duró poco. La crisis tras el colapso de Lehman Brothers en septiembre de 2008 produjo nuevos enfrentamientos entre Berlín y París. Sarkozy, por ejemplo, propuso un rescate colectivo de la UE al sistema bancario europeo. Merkel vetó el plan e insistió que cada país debía apoyar a sus propios bancos.

El desacuerdo refleja un cambio que se estaba gestando desde hacía tiempo en la actitud alemana. La mayor economía de la UE se había cansando de pagar las cuentas de Europa. Años de dolorosas reformas económicas impulsaron las finanzas y la industria del país. La opinión pública alemana era contraria a dedicar el dinero ahorrado con tanto esfuerzo a apuntalar países vecinos que, en su opinión, no se habían molestado en llevar a cabo sus propias reformas.

Merkel, que en una ocasión anterior había usado la chequera alemana para resolver una disputa presupuestaria de la UE, ahora se presenta como su guardiana.

Las tensiones se exacerbaron hace unos meses debido a la crisis griega. Merkel, cuyo electorado se opuso firmemente al rescate, bloqueó propuestas de la UE respaldadas por Francia que pretendían dar a Grecia algo más que un difuso apoyo verbal. Cuando Alemania acordó finalmente rescatar a Grecia, insistió en la participación del Fondo Monetario Internacional.

La idea era extremadamente difícil de digerir para Sarkozy, partidiario de una solución exclusiva de la UE. Además, el FMI es liderado por Dominique Strauss-Kahn, quien evalúa la posibilidad de presentarse contra Sarkozy en las elecciones presidenciales de 2012. Sarkozy, no obstante, tuvo que claudicar ante el poderío financiero alemán.

El líder francés vio la posibilidad de dejar su sello el 7 de mayo, en una cumbre de la UE que tuvo lugar en el marco de un deterioro de los mercados. La UE, propuso, debería sorprender a los mercados ese mismo día, anunciando un fondo de rescate lo suficientemente grande para salvar a cualquier país en apuros.

Sarkozy fue uno de los primeros en llegar a la cumbre y llevó a cabo una serie de reuniones con líderes europeos en busca de apoyo, mientras lo seguía una comitiva de fotógrafos y camarógrafos.

Merkel hizo que salieran todos los periodistas de la sala de reuniones. "No voy a dejar que me asignes el papel de bruja testaruda", manifestó un alto funcionario presente.

Sarkozy, quien apenas podía contenerse, presionó a Merkel para que tomara una decisión: "Éste es el momento decisivo", insistió según personas presentes. Las mismas fuentes agregan que Merkel pidió a Sarkozy detalles del funcionamiento del fondo de ayuda y, tras considerarlos vagos, bloqueó el acuerdo hasta que los ministros de finanzas los negociaran dos días después.

El 7 de mayo, Sarkozy afirmó ante los medios que había impuesto su voluntad en un "95%". Merkel abandonó la cumbre discretamente.

Después de sucesivos tiras y afloja, la UE acordó el 9 de mayo un fondo de rescate de 750.000 millones de euros (US$956.000 millones), pero bajo las condiciones impuestas por Alemania.

[mandatarios]
Fuente: WSJ

1 jul. 2010

Siete lecciones que el Mundial puede dejarles a los inversionistas

Por Brett Arends

Del Mundial se pueden aprender muchas cosas, y no sólo de fútbol. Mientras veía los partidos me empecé a dar cuenta de cuántas similitudes tiene con el mercado bursátil, y cómo el campeonato puede enseñar una o dos cosas útiles para ganar dinero.

¿No me cree? Aquí tiene siete lecciones que el deporte más popular del planeta le puede enseñar sobre el juego del dinero:

1. No se sorprenda de las "sorpresas".

¿Quién habría imaginado que Francia, finalista hace cuatro años, se iría a casa humillada? ¿Que Inglaterra empataría con Argelia? ¿Que Suiza le ganaría a España?

Sin embargo, estas "sorpresas" ocurren en muchas ocasiones.

Hace muchos años, cuando escribí un libro sobre apuestas de futuros en fútbol, un importante corredor de apuestas de Londres me dijo que su firma ganaba mucho dinero en eventos improbables de este tipo. Los apostadores, dijo, por lo general subestiman las probabilidades de un resultado imprevisto.

Y es lo mismo en el mundo de las inversiones. Nassim Nicholas Taleb llama a los eventos improbables "cisnes negros". Como dijo una vez el novelista británico P.G. Wodehouse "nunca confunda lo inusual como lo imposible". NO hace mucho tiempo, parecía imposible que, por ejemplo, Lehman Brothers o General Motors se declararan en bancarrota.

Como hemos visto en los últimos años, lo inusual ocurre. La única cosa sorprendente es que tanta gente se sorprenda.

2. Se necesita una defensa sólida.

En fútbol hay un dicho: "Sólo se tarda un segundo en meter gol". Pero como el desdichado portero inglés, Robert Green, podría alegar después de su error infantil contra Estados Unidos la semana pasada, la verdad es ligeramente diferente.

Sólo se tarda un segundo en dejarse meter un gol. Meter otro en la otra portería puede tardar una eternidad.

Los inversionistas saben cómo se siente. Las ganancias de una brillante operación pueden desaparecer en un momento por un descuido.

El ataque, es decir intentar ganar dinero, es mucho más emocionante que la defensa, es decir, tratar de no perderlo. Pero la gestión hábil de fondos comienza al revés. Después de todo, se necesita una ganancia del 100% para recuperarse de una pérdida del 50%. O como dirían los inversionistas: regla número uno, que no le metan un gol. ¿Regla número dos? Nunca olvide la regla número uno.

3. Piense globalmente.

El Mundial es una de las escasas ocasiones en que los aficionados se olvidan de sus obsesiones con eventos deportivos, jugadores y equipos locales y comienzan a prestar más atención a todo lo demás.

Si, es cierto que usted apoya a su país, los japoneses apoyan a Japón, y así los demás. Pero todo el mundo se que los titanes del deporte son combinados nacionales como el argentino, el portugués o el brasileño. Pero de todas formas, todos estamos mirando.

Los inversionistas necesitan aprender el mismo truco. "La predisposición local" se ha considerado desde hace tiempo como un gran problema en muchos portafolios. La mayoría de la gente tiene demasiado dinero invertido en sus mercados bursátiles locales. Varios estudios muestran que los inversionistas estadounidenses por lo general mantienen más del 80% de su cartera en acciones estadounidenses. Según el Investment Company Institute, menos de la mitad de los hogares que invierten en fondos de inversión posee un fondo con inversiones en el extranjero.

Esto no tiene sentido. Usted ya ha apostado fuerte por su economía local —su vivienda, empleo y red de apoyo están todos a la vuelta de la esquina. Por ejemplo, para los estadounidenses, su país tan sólo representa una tercera parte de los mercados bursátiles mundiales por valor, por lo que si se limita al mercado nacional se está perdiendo dos terceras partes de la acción.

Invertir globalmente amplía sus apuestas y le concede una máxima diversificación. Un reciente informe de AQR Capital Management reveló que un portafolio global ha dado por lo general mayores ganancias a largo plazo a los inversionistas y menos problemas a corto plazo.

4. Que no le ciegue la esperanza.

Entiendo que alguien de Corea del Norte decida animar a Corea del Norte (0 partidos ganados de 3 jugados, 12 goles encajados), independientemente de lo mal que juegue el equipo. Después de todo, es su país.

Lo que no entiendo es a los inversionistas que se aferran a las inversiones horribles, esperando y rezando que la mala gestión, la mala estrategia y los malos productos produzcan de alguna manera un buen resultado. Tener esperanza no es lo mismo que esperar. A menos que trabaje en la compañía, nadie necesita quedarse con sus acciones en Washington Mutual o Fannie Mae o General Motors. Si no le hacen feliz, deje de quejarse o de rezar. Venda.

5. La paciencia gana.

Una vez más, el equipo de Inglaterra ha sido una monumental decepción para sus aficionados. Yo solía vivir en Inglaterra y ver cómo ocurría esto, exactamente cada cuatro años. ´

La leyenda brasileña del fútbol Pelé explicó en una ocasión el problema a un reportero de la televisión británica. Inglaterra, dijo, necesitaba desarrollar paciencia en el terreno de juego.

Y no son los únicos. Son demasiados los equipos que intentan el gol por la vía rápida, lanzando el pelotazo hacia el área contraria esperando un golpe de suerte. Los grandes equipos —especialmente los brasileños— usan una estrategia diferente. Brasil es famoso por pasar el balón decenas de veces, esperando el momento adecuado para patear. Funciona.

Y es lo mismo en el mercado bursátil, calificado en una ocasión por Warren Buffett —posiblemente el Pelé de las inversiones— como un mecanismo eficaz para transferir dinero de la persona activa a la persona paciente. Al igual que la mayoría de los grandes inversionistas, Buffett se lo tomará con gran calma, esperando su oportunidad para marcar. Es un plan mejor.

6. Controle su margen de seguridad.

Los eslovenos parecían bastante cómodos después de contar con una ventaja de dos goles sobre EE.UU. a mitad del partido entre ellos. Pero al final, tuvieron suerte de empatar. Este tipo de cambios de fortuna ocurren siempre. Uno no se puede relajar. Casi cualquier cosa puede suceder.

Ben Graham, el padrino de la prudente inversión de "valor", llegó a una conclusión similar sobre su cartera tras el colapso bursátil de 1929. Los precios de las acciones se desplomaron mucho más de lo que se creía posible. (Los inversionistas en bienes raíces en los últimos años han tenido experiencias similares). Debido a ello, Graham volcó su atención al concepto de "margen de seguridad", recomendando a los inversionistas que compraran acciones cuando se encontraran al menos a una tercera parte por debajo de su valor intrínseco. Por si acaso.

7. No deposite todas sus esperanzas en los árbitros.

Los reguladores financieros —incluyendo la Comisión de Bolsa y Valores (SEC), el Departamento del Tesoro y la Reserva Federal— se han visto sometidos a fuertes críticas durante la crisis financiera, y con razón. No creían que habría una burbuja inmobiliaria. No sabían que los bancos estaban jugando al juego del cubilete y la bolita con sus estados contables. No sabían lo que realmente estaba pasando en el mercado de derivados. La lista da pena.

Pero si quieren sentirse mejor consigo mismos, deberían ver algunos de los partidos del Mundial. Algunos de los arbitrajes han sido simplemente increíbles. El árbitro Koman Coulibaly —un novato en la Copa del Mundo— se ha quedado fuera de la segunda ronda tras su polémica decisión de anular un gol a Estados Unidos que impidió a los estadounidenses derrotar a Eslovenia, sin mencionar los errores arbitrales que perjudicaron a Inglaterra y México. No fue la única controversia del Mundial. Y si nos guiamos por la experiencia, tampoco será la última. Las decisiones dudosas de los árbitros son una constante del fútbol como lo son del mercado bursátil. En cuanto a Coulibaly y sus colegas, quizás les podamos encontrar un trabajo en Wall Street… como reguladores.

Fuente: WSJ

30 jun. 2010

Los beneficios del fin del desbarajuste económico

Por Anatole Kaletsky

[Capital]

Un economista, un químico y un físico naufragan en una isla. Su único alimento es una lata de frijoles, pero no tienen abrelatas. ¿Qué harán? El físico dice: "Pongamos la lata al sol, podría fundirla y hacer un agujero". "No", dice el químico. "Deberíamos verter agua salada en la tapa, podría oxidarla". El economista interrumpe: "Están malgastando el tiempo con esas ideas complicadas. Presumamos que tenemos un abrelatas".

Este chiste, popular entre los economistas, nos dice más sobre las causas y consecuencias de la crisis 2007-2009 que cualquier discurso ministerial o estudio de Wall Street. La propensión de la teoría económica moderna por asunciones injustificadas y excesivamente simplificadas permitió a políticos, reguladores y banqueros crearse el mundo imaginario de la ideología fundamentalista de mercado, en la cual la estabilidad financiera es automática, el desempleo involuntario es imposible y eficiente, los mercados omniscientes pueden resolver todos los problemas económicos, si tan sólo el gobierno se mantiene al margen.

En la nueva economía resultante de la crisis financiera, las conjeturas autocomplacientes de que los mercados son eficaces y se estabilizan solos se han visto desacreditadas, pero algo habrá que poner en su lugar. Desde el siglo XVIII, cada transformación del sistema capitalista ha coincidido con un entendimiento transformado de la economía: Smith y Ricardo de 1780 a 1820; la revolución marginalista de Mill, Jevons y Walras alrededor de 1870; Keynes en la década de 1930; y Friedman en los años 70. El nuevo modelo de capitalismo también tendrá que construirse con base en nuevos conceptos económicos; y los acontecimientos que siguieron al colapso de Lehman Brothers seguramente deben provocar una revolución en el pensamiento económico.

La mayor vergüenza para los economistas académicos en la crisis de 2007-2009 no fue su fracaso en predecir la recesión sino su incapacidad de proveer consejos útiles a políticos y banqueros centrales durante la debacle. Su incapacidad de analizar fue mucho más dañina que su incapacidad de predecir, ya que la economía nunca ha afirmado seriamente ser una ciencia profética. Keynes nunca publicó una previsión económica, ni Hayek, Ricardo o Adam Smith. Lo que la economía ofrecía era una serie de herramientas analíticas para explicar la realidad y sugerir respuestas sensatas a eventos inesperados. En este aspecto, la economía contemporánea reveló su insuficiencia.

Si bien las recomendaciones académicas de la Izquierda y de la Derecha diferían en casi todo, incluyendo los gastos de estímulo, tenían un curioso elemento en común: un distanciamiento de la realidad que les hacía inservibles para cualquier propósito práctico.

Por ejemplo, uno de los oscuros secretos de la economía académica moderna es que los modelos informáticos usados por los bancos centrales y ministerios de finanzas para ayudarles a fijar las tasas de interés y regular la banca apenas dicen nada sobre finanzas. Tan sólo suponen que las deudas se pagan en su totalidad, que los mercados financieros siempre funcionan, y que el dinero es "neutral", es decir, que no tiene efecto en la actividad económica, en la producción ni en el mercado laboral. En la práctica, todo esto significa que a los políticos y los banqueros centrales que pidieron consejo a los economistas académicos, recibieron como respuesta: "Arrégleselas como puedan, ya que la situación que enfrentan es imposible: nuestras teorías muestran que no puede existir".

Los altibajos financieros han desconcertado y fascinado a los pensadores económicos desde los primeros días del capitalismo. Por lo tanto, no es sorprendente que la mayor crisis financiera que podamos recordar, después de la bancarrota de Lehman, recibiera diferentes explicaciones: desde ahorros excesivos en China a errores de política de la Reserva Federal, pasando por las prácticas corruptas y los hechos inmutables de la psicología humana, cristalizados en las inolvidables frases de dos palabras de Alan Greenspan: primero "exuberancia irracional", después "avaricia infecciosa" y finalmente "asombrosa incredulidad".

El tema central de todas las explicaciones de los ciclos de altibajos es la imprevisibilidad del futuro. Esto es lo que hace diferente a las finanzas —y más inestable— que otras actividades económicas. El objetivo principal de cualquier sistema financiero es vincular las decisiones adoptadas hoy con eventos que pasarán dentro de muchos años o incluso décadas. Inversionistas y negocios deben resolver ahora cuánto ahorrar y gastar, si construir nuevas fábricas y qué tecnologías usar, pero todas estas decisiones dependen de opiniones sobre el futuro; y a menudo, muchas de estas opiniones se pueden basar sólo en presentimientos, esperanzas y miedos.

En ocasiones, los economistas modernos suponen que los financistas y operadores toman decisiones calculando las probabilidades futuras de la misma forma en que lo hacen las empresas comunes, operando en el presente, contando las actuales ganancias y pérdidas. Pero la sustitución de las distribuciones de la probabilidad por hechos observables no resuelve el problema de la incertidumbre. Tan sólo sirve para ocultar el verdadero problema. Calcular las probabilidades puede funcionar lo suficientemente bien en el negocio de los seguros o en el día a día de la banca, pero en muchos casos la probabilidad no se puede evaluar. Recientes eventos han ofrecido espectaculares ejemplos: ¿cuál era la probabilidad de que dos aviones se estrellaran contra las Torres Gemelas en menos de una hora? ¿Cuál era la probabilidad de que el gobierno estadounidense retirara repentinamente su apoyo a una institución financiera vital que todo el mundo "sabía" que "era demasiado importante para hundirse"?

El papel de la imprevisibilidad inherente en las finanzas significa que los precios más importantes fijados en los mercados financieros —tasas de interés, tasas de cambio, valores bursátiles y valores de propiedades— casi nunca reflejarán correctamente las condiciones en la economía actual y podrían no crear los adecuados incentivos de inversión y ahorros para mantener en equilibrio la economía. La mayoría de las veces, los errores tienden a anularse mutuamente o a autocorregirse rápidamente a través de la competencia normal del mercado. Pero de vez en cuando, los mercados financieros sufren un cortocircuito, sucumbiendo a los excesos alternativos de la avaricia y al miedo que crean los ciclos de altibajos.

¿Significa esto que los ciclos financieros son patológicos e inmorales? La alternancia entre la avaricia y el miedo sí causa pérdidas y alteraciones económicas a corto plazo, así como sufrimiento entre gente inocente que no está involucrada en las finanzas. Pero, en una perspectiva histórica más amplia, se puede observar cómo los ciclos financieros juegan un papel crucial en la evolución del sistema capitalista.

Después de todo, la avaricia y el miedo no son condiciones antinaturales o disfuncionales. La selección natural tiene buenas razones para preprogramar estas emociones en el cerebro humano. La gran perspicacia de Adam Smith fue que la codicia —eufemísticamente descrita como autointerés— es la fuerza creativa que lleva constantemente a la humanidad a mejorar el mundo material.

La avaricia es lo que da impulso a la flecha del progreso, no sólo en la economía. En la filosofía china, el principio creativo de yang, está asociado a la agresividad y adquisición. Pero la avaricia, ya sea de posesiones materiales como de gloria política, se debe controlar. De ahí el valor evolutivo del miedo. El miedo, también conocido como prudencia, precaución o el yin chino, es tan importante como la ambición y la codicia para el éxito humano.

Esta es la razón por la que se necesita el anillo de ciclos financieros repetitivos como mecanismo compensador para controlar la flecha del progreso. De hecho, la interacción entre la flecha y el anillo podría ser necesaria para que el sistema capitalista evolucione y mejore, al igual que se necesita el equilibrio entre la codicia de ganancias y el temor a la bancarrota para que los negocios e industrias se adapten y mejoren.

Sin embargo, en ocasiones, quizás tan sólo una vez por generación, las oscilaciones financieras de la avaricia y el miedo se escapan de control. En estas circunstancias, una fuerza política ajena a la economía de mercado debe intervenir para moderar el ciclo financiero. Los gobiernos o los reguladores deben tener el poder y la autoconfianza para predecir y tomar el control de las señales del mercado. Deben aceptar la responsabilidad de gestionar la actividad económica y el empleo. Y deben estar preparados para apuntalar el sistema financiero si fallan las regulaciones.

—Anatole Kaletsky es editor de 'The Times' en Londres.

Adaptado de "Capitalism 4.0: The Birth of a New Economy in the Aftermath of Crisis" (algo como "Capitalismo 4.0: El nacimiento de una nueva economía después de la crisis"), de Anatole Kaletsky, que se lanzó este mes por Public Affairs, una división de Perseus Books Group.
Copyright © 2010 por Anatole Kaletsky.

29 jun. 2010

Hacia un capitalismo sostenible

Por Al Gore y David Blood

El capitalismo tiene varias ventajas bien entendidas que lo hacen superior a cualquier otro sistema para organizar la actividad económica. Ha demostrado ser mucho más eficiente en la distribución de recursos y en emparejar la oferta con la demanda, mucho más eficaz en la creación de riqueza, y mucho más propicio para generar altos niveles de libertad y autonomía política. Sin embargo, a su nivel más básico, el capitalismo se ha convertido en la principal ideología económica elegida en el mundo principalmente porque estimula una fracción mayor del potencial humano con omnipresentes incentivos orgánicos que premian la dedicación, la ingenuidad y la innovación.

Por ésta y otras razones, los mercados forman parte de los cimientos de cualquier economía exitosa. Sin embargo, la reciente crisis de los mercados globales (que sigue a otras inestabilidades del mercado en 1994, 1997, 1998 y en 2000-2001), ha sacudido la confianza mundial en la forma en que opera el capitalismo moderno en la actualidad.

[Gore]

Además, los fallos sistemáticos flagrantes y cada vez peores —como la creciente disparidad de ingresos, los altos niveles de desempleo, el endeudamiento público y privado, la falta de inversiones crónica en educación y sanidad pública, la persistente pobreza extrema en países en vías de desarrollo, y, en especial, la imprudente falta de atención a la cada vez peor crisis climática— se encuentran entre los factores que han llevado a muchos a preguntar: ¿qué tipo de capitalismo maximizará el crecimiento económico sostenible? Como mínimo, la última década ha demostrado claramente que los mercados libres, como operan en la actualidad, simplemente no han estado ofreciendo resultados óptimos a largo plazo.

Antes de la crisis y desde entonces, nosotros (y otros) hemos solicitado una forma de capitalismo más responsable y a largo plazo, lo que llamamos "capitalismo sostenible". El capitalismo sostenible pretende maximizar la creación de valor a largo plazo. Integra explícitamente factores medioambientales, sociales y de gobernabilidad (ESG por sus siglas en inglés) en una estrategia, en la medición de las producciones, y en la evaluación tanto de riesgos como de oportunidades. El capitalismo sostenible nos desafía a generar retornos financieros de una manera responsable y a largo plazo.

Precisamente porque la energía desatada por los incentivos es la verdadera fuente de la fortaleza del capitalismo, creemos que la construcción del capitalismo sostenible debería comenzar prestando atención especial a la naturaleza y el diseño de los incentivos que usan los negocios y fomentan las políticas públicas.

En su libro "The Big Short", Michael Lewis identificó la causa real de la debacle de las hipotecas de alto riesgo o subprime (que propiciaron la Gran Recesión) como un factor por encima de todo lo demás: "La avaricia en Wall Street era un hecho, casi una obligación. El problema era el sistema de incentivos que canalizó la avaricia".

Entonces, ¿cómo motivamos a los líderes empresariales para que trabajen pensando en el largo plazo y cómo compensarlos por crear una riqueza sostenible? Para empezar, la compensación debería estar vinculada a los objetivos a largo plazo, y las recompensas financieras deberían estar ligadas al periodo en el que se obtienen resultados.

Por ejemplo, en la industria de la administración de activos, somos fervientes partidarios de honorarios por rendimiento multianuales para incentivar a los inversionistas para que gestionen activos con una perspectiva a largo plazo. Por el contrario, si los propietarios de los activos continúan recompensando a sus administradores en una base trimestral o anual, no deberían sorprenderse al ver cómo los gestores tratan de optimizar los resultados dentro de ese plazo, frecuentemente en detrimento del valor a largo plazo. Desgraciadamente, ésta es una práctica demasiado común entre los propietarios de activos, incluso entre los fondos de pensión, cuyos fideicomisarios están obligados a emparejar el rendimiento a largo plazo de sus activos con el vencimiento a largo plazo de sus pasivos.

En su ensayo "Sentido Común", Thomas Paine escribió: "La prolongada costumbre de no pensar que una cosa es un error, le da una apariencia superficial de ser correcta". Esto sin dudas es cierto en el caso de las estrategias de compensación tanto en los negocios como en las finanzas. Nuestro enfoque excesivo en el corto plazo representa un obstáculo fundamental para el desarrollo del capitalismo sostenible.

Las estructuras de incentivos también deberían reflejar medidas más completas de rendimiento. Por ejemplo, cada vez más, las compañías más responsables están incluyendo explícitamente la sostenibilidad ambiental, la satisfacción del cliente, la moral del empleado y la seguridad laboral en sus programas de incentivos. Estas compañías entienden que estas consideraciones ayudan al rendimiento financiero a largo plazo. También creemos firmemente que si los propietarios de los activos quieren que sus administradores de activos consideren los factores ESG en sus decisiones de inversión, entonces deberían incluir estos factores al evaluar, medir y recompensar el rendimiento.

Ralph Waldo Emerson dijo: "La recompensa de una cosa bien hecha es haberla hecho". Innumerables doctores, enfermeras, profesores, bomberos y policías trabajan incansablemente no sólo por el dinero, sino también por la satisfacción del trabajo bien hecho. Por el contrario, la excesiva dependencia en los incentivos monetarios, a menudo llamada "la cultura de las bonificaciones", de los líderes corporativos y financieros se produce a costa de estrategias competitivas sostenibles como el trabajo en equipo, la ética, la cultura de la firma y las relaciones a largo plazo con los clientes.

No hay duda de que los incentivos monetarios son importantes —críticos de hecho— pero también es importante considerar otras formas positivas de motivar y hacer partícipe a la fuerza laboral. En un libro reciente de George Akerlof y Rachel Kranton, "Economía de la Identidad", los autores documentan cómo la gente que trabaja en organizaciones excepcionales trabajan bien porque se identifican con los valores y la cultura, no simplemente las recompensas financieras. Es más, una encuesta reciente de la consultora McKinsey & Co. mostró que los aspectos motivadores no financieros son más eficaces para lograr un mayor compromiso a largo plazo de los empleados. Sin embargo, de alguna forma durante la última década hemos permitido que la "cultura de las bonificaciones" dominara nuestro discurso y pensamientos sobre incentivos. Podemos ver que los resultados no son buenos.

Además, la creciente desigualdad en nuestra sociedad es claramente inaceptable. Hace surgir preguntas fundamentales sobre lo que es justo y sobre si estos niveles de disparidad de ingresos son sostenibles dentro del contexto de la salud y urbanidad a largo plazo de nuestras comunidades.

Los líderes empresariales, así como los comités de las juntas directivas que deciden la compensación, deben ejercer un mejor liderazgo y los accionistas deben involucrarse más en mejorar las estructuras de incentivos. Apoyamos firmemente el "Say on Pay", por el que los accionistas votan sobre la remuneración de los ejecutivos, y otras disposiciones respaldadas por muchos inversionistas institucionales. Somos contrarios a los límites sobre la compensación decretados por el gobierno y a otras políticas de compensación recomendadas. Sin embargo, si las comunidades empresariales y de inversión no actúan, los gobiernos podrían hacerlo.

Todos los que estamos involucrados en las finanzas y los negocios necesitamos replantearnos urgentemente cómo diseñar e implementar estrategias de remuneración. Necesitamos crear un buen plan de incentivos que sean acordes a los objetivos a largo plazo, que reflejen medidas de rendimiento más completas, que incluyan importantes factores motivacionales no financieros, y que sean equitativos. Esto, junto con un renovado compromiso con estrategias empresariales responsables a largo plazo que incluyan inquietudes ambientales, sociales y gubernamentales, serán pasos significativos hacia la consolidación del capitalismo sostenible.

Al Gore, ex vicepresidente de Estados Unidos, y David Blood son cofundadores de Generation Investment Management.

28 jun. 2010

Para los grandes bancos, la reforma financiera pudo ser peor

Por Randall Smith y Aaron Lucchetti

Podría haber sido peor.

Después de semanas de forcejeos en el Congreso de Estados Unidos los mayores bancos de Wall Street parecen haber evitado algunas de las cláusulas más severas de la versión del Senado, la cual fue aprobada en mayo.

Firmas entre las que se encuentran J.P Morgan Chase & Co., Goldman Sachs Group Inc. y Morgan Stanley tenían mucho que perder bajo los nuevos límites a los riesgosos derivados y el corretaje con sus propios fondos. Pero sus acciones subieron más de 3% el viernes a medida que los inversionistas se mostraron reconfortados por las excepciones a esos límites.

"No hay forma de ver a esta ley como positiva para el sector financiero. Pero podría haber sido mucho peor", dijo el analista Jaret Seiberg de el grupo de investigación de Concept Capital en una nota a sus clientes.

Las reglas propuestas respecto al corretaje con recursos propios y el uso de derivados, los cuales son contratos atados al valor de otros activos fueron limitadas, con la adición de excepciones sustanciales. La ley busca evitar que los bancos recorten las inversiones riesgosas con su capital.

Para los grandes bancos como J.P. Morgan y Goldman, la ley impone un tope de 3% en el capital que puede ser invertido los riesgosos fondos de cobertura, firmas de capital privado y fondos de bienes raíces, lo que se conoce como la regla Volcker. Pero los bancos podrán continuar gestionando los fondos, los cuales generan buenas utilidades.

En Goldman, el tope de 3% podría requerir que la firma recortara sus inversiones totales en esos fondos de US$15.400 millones a US$2.100 millones, según un fuente. Pero la ley permite hasta siete años para desmantelar estas inversiones y más tiempo aún para las inversiones ilíquidas.

Por su parte, J.P. Morgan es dueña del fondo de cobertura Highbridge Capital Management, el cual cuenta con cerca de US$21.000 millones bajo gestión. Ejecutivos del banco dicen que J.P. Morgan podrá mantener a Highbridge bajo las nuevas reglas, debido a que contiene dinero de los clientes, no fondos del bancos.

Morgan Stanley también enfrenta la posible venta de algunas de algunas de sus inversiones en fondos de cobertura, firmas de capital privado y bienes raíces, los las cuales sumaban cerca de US$4.600 millones para finales del primer trimestre, o 9% de sus US$50.100 millones de capital Tier-1, una medida del amortiguamiento de los bancos contra las pérdidas. Para ubicarse en el rango requerido por la nueva ley, Morgan tendrá que vender cerca de US$3.000 millones de sus inversiones.

Tanto Goldman como Morgan también podrían desmontar su estatus como holdings bancarios, aunque ninguna de las dos firmas ha dicho que está considerando tan medida.

Algunas cláusulas de la regla Volker que prohibieron el corretaje con recursos propios también incluyeron excepciones para permitir que las firmas tengan deuda respaldada por el gobierno como los bonos del Tesoro, así como para que tengan cobertura sobre sus propias exposiciones y se involucren en más corretaje relacionado con los clientes.

Morgan probablemente necesitará escindir o vender su negocio de corretaje con recursos propios, conocido como PDT, el cual representa cerca de 2% de sus ingresos totales, dijeron fuentes al tanto. Tendrá varios años de plazo para hacerlo y los reguladores tendrán cierta influencia sobre qué necesita ser movido y cuándo. Goldman probablemente reducirá también su negocio de corretaje con recursos propios, el cual se cree que aporta 10% de sus ingresos.

La versión adoptada el viernes no requerirá que las firmas separen a los derivados menos riesgosos, incluyendo tasas de interés y cambio de divisas en unidades independientes que requerirían más capital. Sólo los contratos ligados a ciertos commodities riesgosos, acciones y seguros contra la cesación de pagos en deuda que no tenga grado de inversión tendrán que residir por fuera de sus unidades de banca.

El acuerdo final fue "mejor a lo esperado" por los grandes bancos, dijo la analista Betsy Grasek de Morgan Stanley, quien dijo que algunos inversionistas temían que "la mayoría" de los derivados se vieran afectados por la ley.

Timothy Ryan, presidente de la Asociación de la Industria de Valores y Mercados Financieros, un grupo de la industria, indicó que hay más de 200 puntos en la ley cuyos detalles quedarán en manos de los reguladores. "Lo cierto aquí es que esta saga va a continuar", dijo Ryan.

Ernie Patrikis, un socio de la práctica de asesoría a bancos del bufete White & Case LLP y ex consejero general del Banco de la Reserva Federal de Nueva York dijo que "para mi la ley comenzó como algo horrendo. Ahora es apenas horrible".