1 abr. 2011

Pese al crecimiento, aumentan las dudas sobre el milagro indio

Por Paul Beckett

Nueva Delhi, India—La economía de India está en auge; su crecimiento sólo es superado por el de China entre las principales economías del mundo. Sin embargo, en los últimos meses, el ánimo del país se ha agriado drásticamente y los líderes empresariales han comenzado a quejarse de que algo anda mal.

Nadie pone en duda que el boom ha creado una enorme riqueza para la élite ejecutiva y ha contribuido a mejorar las vidas de cientos de millones de personas. Pero los beneficios de este crecimiento no se han extendido a la gran mayoría. Además, una serie de escándalos de corrupción ha expuesto la falta de un gobierno eficaz en India.

En una aparición en televisión, Azim Premji, el presidente del gigante de servicios informáticos Wipro Ltd., describió la situación como una "calamidad nacional".

En enero, Premji y otros 13 líderes de empresas, jueces jubilados de la Corte Suprema y ex gobernadores del banco central, expusieron sus quejas en una carta abierta a "nuestros líderes". "Es un hecho ampliamente reconocido que los beneficios del crecimiento no están llegando a los sectores pobres y marginados de forma adecuada debido a los impedimentos al desarrollo económico", escribieron.

No se suponía que esta fuera la imagen de India 20 años después de abandonar un modelo económico centralizado, abrazar el capitalismo e iniciar el despegue económico. Las reformas históricas de 1991 partieron de la promesa de transformar el país de una economía agraria a una industrial, lo que se tradujo en una mejor calidad de vida para todos sus habitantes. Otros países asiáticos, incluyendo China y Corea del Sur, recorrieron este camino con éxito.

India disfrutó de unos años de crecimiento asombroso, pese a tener problemas que sus vecinos no compartían, como un complejo sistema de castas que imponían inquebrantables diferencias sociales. Estos problemas han estancado su transformación. La educación pública está en ruinas. Ninguna empresa estatal de peso se ha privatizado en años. La prometida modernización del sistema financiero ha avanzado a duras penas y la reforma agraria necesaria para estimular la industrialización ha sido imposible desde el punto de vista político. La desnutrición sigue siendo generalizada.

Los funcionarios del gobierno reconocen que el proceso de reforma necesita ser revitalizado. "Debemos redescubrir rápidamente el viejo sentido de la audacia y tomar decisiones osadas, que estoy seguro que tomaremos", dijo el ministro del Interior, Palaniappan Chidambaram, quien jugó un importante rol en las reformas de 1991. El gobierno, dice, ha tomado varias medidas hace poco para ayudar a los pobres, estableciendo un programa de almuerzos en las escuelas y proponiendo una ley para hacer que el acceso a los alimentos sea un derecho fundamental.

Ravi Venkatesan, quien hasta el martes dirigía la filial de Microsoft Corp. en India, advierte que hay mucho en juego. "Podríamos terminar con una sociedad inestable, a medida que las aspiraciones van en aumento y aquellos que quedan rezagados ya no se conforman con vivir sus vidas. Ya se pueden ver muestras de ira", asegura.

El destino de India es vital para las economías desarrolladas, para las que el país de 1.200 millones habitantes es un mercado de exportación cada vez más importante, una fuerza estabilizadora en una región peligrosa y un contrapeso al auge de China.

El proceso de liberalización económica de India arrancó a partir de una crisis financiera en 1991, cuando estuvo a punto de declararse en cesación de pagos. Manmohan Singh, el actual primer ministro era entonces el ministro de Hacienda, y las iniciativas que implementó evitaron el colapso financiero.

En muchos aspectos importantes, los cambios transformaron el país en una historia de éxito. La esperanza de vida aumentó a 64 años en 2008,, frente a los 58 de 1991. La alfabetización se ha propagado. Centenares de millones de personas empezaron a recibir mayores ingresos. El Producto Interno Bruto per cápita subió a US$3,270 en 2009, en comparación con US$925 en 1991, según el Banco Mundial.

Industrias otrora estatales, como las aerolíneas y las telecomunicaciones, ahora están en manos privadas. El sector de la tercerización es un modelo global por su calidad y bajos costos.

Sin embargo, otros indicadores del bienestar nacional pintan un cuadro más sombrío. "¿Qué es lo que han hecho la globalización y la industrialización por India?", se pregunta Venkatesan, el ex ejecutivo de Microsoft. "En torno a 400 millones de personas han visto los beneficios, pero unos 800 millones no".

El consumo de calorías por el 50% que constituye la base de la pirámide de la población india está en declive desde 1987, según la encuesta para 2009-2010 del Ministerio de Finanzas, si bien aquellos en la cúspide social luchan contra mayores tasas de obesidad. En parte esto se debe a la desnutrición: 46% de los niños de menos de 3 años son demasiado pequeños para su edad, según UNICEF.

La infraestructura en las ciudades y regiones agrícolas no ha progresado mucho y se encuentra en un estado deplorable. En los últimos años, China ha sumado cada año, en promedio, más de 10 veces la electricidad a su red que India.

El actual gobierno ha estado distraído por las revelaciones acerca de la corrupción. Las reformas debían reducir la corrupción poniendo fin a la "Licencia Raj," un sistema de permisos del gobierno que determinaban la actividad económica, y que era muy corrupto. Además, el gobierno redujo la carga impositiva a particulares y empresas para fomentar un mayor cumplimiento.

Pero la cantidad de negocios que evaden impuestos directos, de hecho, se disparó, dice Arun Kumar, presidente del Centro de Estudios Económicos y de Planificación de la Universidad Jawaharlal Nehru en Nueva Delhi, y un experto en el "mercado negro".

Un estudio a mediados de la década de los 50 estimó que el mercado negro representaba de 4% a 5% del PIB de India. En lugar de disminuir, la economía ilegal se ha convertido en sistémica. Kumar estima que alcanzó 40% del PIB en 1996 y 50% en 2006. "La razón de que haya crecido es que la ilegalidad en la sociedad se ha vuelto más y más tolerable", dice.

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Fuente: WSJ

31 mar. 2011

¿Se considera feliz? Los estadísticos no se lo creen

Por Carl Bialik

Los gobiernos, los académicos y los encuestadores han salido en busca de la felicidad.

El primer ministro británico, David Cameron, lanzó una iniciativa para medir el estado de ánimo nacional de una manera que no es capturada por las estadísticas económicas tradicionales. El presidente francés, Nicolas Sarkozy, y legisladores alemanes estudian iniciativas similares. Investigadores del gobierno de Estados Unidos y encuestadores de Gallup les preguntan a cientos de miles de ciudadanos todos los años cuán satisfechos están con sus vidas.

Pero en los intentos de los estadísticos para medir la felicidad abunda la incertidumbre. En todo el mundo, las personas tienden a describirse como felices aunque expresan muchas quejas específicas y dudas respecto de sus vidas o sus gobiernos. Algunos economistas dicen que aunque se diseñara una prueba confiable sobre la felicidad, sería arriesgado implementar una política determinada sobre una estadística tan amplia. En lugar de ello, sugieren, la felicidad se ve reflejada en forma más confiable en cosas que son medibles, tales como los ingresos, la salud y las condiciones de vida.

Simon Chapple, economista de la división de políticas sociales de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), tiene dudas sobre si es posible medir cómo las políticas públicas afectan la felicidad. "Este es un ámbito académico que está en permanente cambio", señala.

Pero otros economistas creen que hay poco que perder. Richard Layard, economista de la London School of Economics, defiende que se haga un seguimiento de la felicidad "como un indicador básico del progreso de una sociedad". Que la felicidad sea algo subjetivo no es un problema, a su juicio. "Las cosas más importantes en la vida son subjetivas", insiste.

El intento del Reino Unido para medir el estado de ánimo nacional muestra lo incipiente que es este tipo de investigación. Por instrucciones de Cameron, la Oficina Nacional de Estadísticas del país investiga cómo evaluar el bienestar pidiendo información a través de Facebook y Twitter, y en más de 100 reuniones públicas realizadas a lo largo del país. La agencia también publicó en su página web una encuesta en la que pregunta cuál sería la mejor forma para que el gobierno evalúe el estado de ánimo de la gente. Un mensaje de Twitter reciente preguntaba: ¿Le gusta cantar y bailar? ¿Puede la música afectar el bienestar del Reino Unido?

Las reuniones terminan en abril y la agencia espera emitir una primera serie de indicadores sobre el bienestar, incluyendo autoevaluaciones sobre la felicidad y medidas más objetivas, a fines de 2011.

Los investigadores británicos esperan producir una medida que pueda ser comparable con las de otros países. Pero no están seguros de si las diferencias nacionales reflejan variaciones reales en la felicidad o diferencias lingüísticas y culturales. Hacen notar, por ejemplo, que los países latinoamericanos habitualmente muestran niveles superiores de felicidad, lo que no debería sorprender basándose en variables como los ingresos; mientras, los asiáticos obtienen calificaciones menores.

Algunos escépticos señalan otro problema potencial: las personas están, en general, bastante contentas o al menos eso dicen cuando se les pregunta. Por ejemplo, desde 2005, los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos realizan una encuesta telefónica enorme en la que preguntan: "En general, ¿está satisfecho con su vida?". Cada año, al menos 92% de los sondeados responden que se sienten satisfechos o muy satisfechos. Eso podría ser algo bueno para el estado anímico nacional, pero no ayuda tanto a los investigadores que están indagando qué cambios en las políticas públicas mejorarían el bienestar.

Puesto que hacer preguntas muy amplias acerca de la felicidad no parece calibrar bien los cambios en el estado de ánimo de las personas, Gallup considera que cuando hace preguntas específicas sobre el gozo, el estrés y las preocupaciones aparece un cuadro más complicado.

Joseph Stiglitz, el economista de la Universidad de Columbia que ha asesorado a Sarkozy sobre las mediciones de la felicidad, afirma que los gobiernos y otros investigadores tendrían mejores resultados si recopilaran e hicieran el seguimiento de un conjunto de datos, tanto objetivos como subjetivos. "Uno no aspira a tener sólo una cifra", señala.

30 mar. 2011

Los precios del petróleo no detendrán la recuperación de EE.UU.

Por Donald Luskin

¿Será el alza en los precios del petróleo por la inestabilidad en Medio Oriente suficiente para descarrilar la recuperación económica de Estados Unidos, justo cuando finalmente cobraba impulso? Ciertamente no ayuda. Pero si bien nuestra memoria colectiva y la intuición acerca de los shocks petroleros pueden hacer que temamos lo peor, un análisis mesurado de los datos sugiere que los precios del crudo tal vez tengan que subir considerablemente para desencadenar una recesión en EE.UU.

Las conmociones petroleras de la década de 1970 y comienzos de los 80, que causaron profundas recesiones, fueron tan significativas que estamos condicionados a suponer que toda alza en los precios del crudo es mala para el crecimiento y que toda caída es buena. Aun así, los datos históricos nos sugieren que la mayoría de los cambios en los precios del crudo no está correlacionada con cambios futuros en el crecimiento real de la producción. Por ejemplo, los precios del petróleo subieron constantemente hasta mediados de la década de 2000, en tanto el crecimiento se mantuvo robusto.

Los precios del petróleo importan para el crecimiento en casos extremos, en aquellos raros casos en que un rápido y extraordinario cambio en el precio del petróleo crea un shock económico. Pero es difícil encontrar una regla simple que nos diga cuándo una conmoción petrolera es suficiente para causar una recesión, o no. Los precios del crudo de hasta US$147 por barril a mediados de 2008, por ejemplo, no se consideran la causa de la Gran Recesión. La mayoría de los analistas mencionaría en cambio el colapso de Lehman Brothers y la crisis bancaria inmediatamente posterior, acontecimientos que ocurrieron aproximadamente al mismo tiempo.

Aceptemos tan sólo que las conmociones petroleras importan. ¿Es el precio del petróleo hoy, de alrededor de US$104 por barril en EE.UU. (y US$115 globalmente) un shock? Para que lo sea, ha de ser grande. Y "grande" es cuestión de contexto. Sí, los precios del crudo hoy son 30% superiores a los de hace un año. Eso suena a mucho. Pero al mismo tiempo, están a más de 30% menos de lo que estaban hace tres años. Eso también es mucho, pero en la dirección opuesta. ¿Cuál es el contexto que cuenta?

La investigación del economista James Hamilton de la Universidad de California en San Diego sugiere que los precios del petróleo hacen peligrar la economía cuando llegan a un nuevo máximo de tres años. Steven Kopits, director gerente de la firma de consultoría de energía Douglas-Westwood, dice que la economía general se ve amenazada cuando el promedio de 12 meses del precio del crudo excede por más de la mitad el promedio de 12 meses del año previo. Por debajo de tales niveles, las expectativas de los consumidores y los inversionistas no se descalabran de manera suficiente como para marcar una diferencia. Ambas condiciones distan por mucho de darse a los precios de hoy.

Para que sea una conmoción, tiene que ser una sorpresa, y en un sentido la actual situación lo es: a pesar de todas las narrativas pesimistas que han dominado a la economía en los últimos seis trimestres de recuperación —la recaída en el mercado residencial, estados y municipalidades insolventes, el colapso de la eurozona, la burbuja inmobiliaria en China, y demás— prácticamente nadie predecía que Medio Oriente se sacudiría con contagiosos cambios de regímenes, propagados por vía de Facebook y Twitter.

Dicho esto, ¿debería sorprender a alguien que Medio Oriente sea políticamente volátil? No, y las cosas allí podrían volverse aún más impredecibles. Pero si hay algo que nos ha enseñado la historia de la región, es que quien controle el petróleo casi siempre termina por venderlo al mundo desarrollado, con frecuencia a pesar de sus desvaríos sobre los males imperialistas del mundo desarrollado.

Entretanto, Arabia Saudita se ha comprometido a compensar cualquier escasez transitoria. Extraer un millón de barriles adicionales por día no sería difícil para los sauditas: ello simplemente retrotraería a los niveles de producción del reino a mediados de 2008. Por ello, aun si ahora encaramos una conmoción, ésta será transitoria, y estará amortiguada. Por eso, a pesar de la incertidumbre, el petróleo está ahora a US$104 por barril y no a US$1.000 el barril.

Más importante aún, la economía de EE.UU. está hoy bien posicionada para absorber un fuerte aumento en los precios del crudo sin experimentarlo como una conmoción petrolera. En primer lugar, no estamos cerca del récord en el consumo de crudo, al que llegamos en agosto de 2005 con 21,7 millones de barriles por día. Hoy estamos 9% por debajo de esa cifra, aun cuando el consumo se ha recuperado sustancialmente desde sus peores niveles de la Gran Recesión en septiembre de 2008. Las tres últimas recesiones —las que comenzaron en 1990, 2001 y 2008— comenzaron sólo después de que el consumo de crudo llegó a nuevos máximos.

Las economías en las primeras etapas de la recuperación, como la de EE.UU. hoy día, son menos vulnerables a las conmociones petroleras que aquellas que se encuentran en fases avanzadas de la expansión. Conforme madura el ciclo empresarial, la economía experimenta retornos decrecientes de cada factor determinado de la producción: la mano de obra, el crédito, el petróleo o cualquier otro. Cuando una recuperación aún es nueva, se pueden derivar grandes ganancias de incrementos relativamente modestos en los gastos, por lo cual la economía puede permitirse pagar más por esas inversiones.

También nos hemos vuelto mucho más eficientes en cuanto al consumo de energía. Puede sorprender a muchos, pero hoy en EE.UU. consumimos la misma cantidad de crudo que hace 12 años y la producción real es más de 25% mayor. A pesar de todo lo que se dice de que somos el consumidor más voraz del planeta, nos hemos vuelto notablemente eficientes en cuanto al petróleo.

Finalmente, este aumento de los precios del petróleo ocurre en un momento accidental en la política estadounidense. El presidente Barack Obama, quien tiende al centro político tras lo que él mismo calificó de "aporreo" en las elecciones de medio mandato del año pasado, dijo este mes que quiere "aumentar la producción petrolera interna en el corto y mediano plazo". Esa quizá sea la mayor conmoción de este aumento del crudo.

—Donald L. Luskin es director de inversión de Trend Macrolytics LLC y coautor con Andrew Greta de "I Am John Galt", que publicará Wiley & Sons en mayo.

Fuente: WSJ

29 mar. 2011

América Latina enfrenta la batalla por un crecimiento equilibrado

Por Ángel González y Paulo Winterstein
Dow Jones Newswires

CALGARY (Dow Jones)—América Latina, que tiene una historia de turbulencia y estancamiento en el crecimiento, parece ahora estar lista para una década prometedora, en la cual las ávidas economías del este asiático dependerán cada vez más de la riqueza mineral y agrícola del continente.

Pero el largamente esperado auge también tendrá su parte de inestabilidad debido a que el sobrecalentamiento producido por las exportaciones de materias primas y las inversiones extranjeras podría perjudicar a otras industrias y resultar en un crecimiento desequilibrado. En la reunión anual de gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo, BID, los funcionarios latinoamericanos y del Caribe prometieron luchar contra el "síndrome holandés", denominado de esa manera luego del deterioro del sector manufacturero holandés en medio de un auge exportador de petróleo y gas durante la década de los 60.

El ministro de Finanzas de Colombia, Juan Carlos Echeverry, dijo a Dow Jones Newswires en una entrevista durante un receso en la reunión que el desafío para los próximos 10 años en América Latina, y en Colombia en particular, consiste en hallar la forma de lograr un crecimiento equilibrado.

El comienzo de la "década latinoamericana", como ha sido calificada por funcionarios del BID, se basa en el éxito de los últimos 15 años, en los cuales una combinación de políticas económicas conservadoras e ingresos más altos por las exportaciones de materias primas enviadas a Asia resultaron en un crecimiento inesperadamente alto en la mayoría de los países. Entre el 2002 y el 2010, el auge permitió a más de 40 millones de latinoamericanos salir de la pobreza, algo que según el presidente del BID, Luis Alberto Moreno, no tiene precedentes en la historia reciente de la región. Moreno hizo el comentario durante un discurso en el último día de reuniones del BID.

En el 2011, se espera que las economías latinoamericanas crezcan 4,5%, después de expandirse 6% en 2010, añadió. La nueva división internacional del trabajo, donde las grandes economías en proceso de industrialización del mundo en desarrollo producen la mayor parte de los productos fabriles a nivel mundial, debería beneficiar a los países latinoamericanos, dijo Moreno.

No obstante, el flujo de ingreso de efectivo a la región ya está alentando las presiones inflacionarias y está causando una apreciación de las monedas de los países exportadores de materias primas, dificultando las exportaciones del sector manufacturero y la competencia con las importaciones baratas. Según Moreno, el síndrome holandés es la principal preocupación para muchos de los asistentes a la reunión.

Para aliviar esa presión, los gobiernos deberían comenzar a acumular parte del superávit de ingresos en fondos que les permitan capear crisis futuras y enfriar un poco la economía, dijo Moreno.

Colombia planea dirigir a partir del 2014 parte de los ingresos que obtiene por la creciente producción petrolera hacia un fondo de patrimonio soberano, dijo Echeverry de Colombia. Además, el año próximo el gobierno federal quiere forzar a las provincias colombianas a ahorrar parte de sus ingresos petroleros en un fondo propio, añadió.

El aumento de los flujos de capital que ingresan a la región, alimentado también por las bajas tasas de interés en las economías desarrolladas, ha llevado a que algunos gobiernos impongan barreras a los ingresos de capital, un tema que fue muy discutido en las reuniones de este año. Incluso el director gerente del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn, ha admitido que esos controles pueden ser útiles en algunos casos. En el pasado, las organizaciones financieras internacionales se opusieron a esos controles por considerarlos barreras para el libre comercio.

El ministro de Finanzas de Uruguay, Fernando Lorenzo, cuyo país organizará la próxima reunión anual del BID, dijo que tiene la esperanza de que las preocupaciones macroeconómicas disminuyan durante el año para que el banco pueda volver a enfocarse en su tarea de promover el crecimiento regional.

Lorenzo señaló que la región tiene ingresos medios o bajos y una desigualdad en la distribución de la riqueza, por lo que no tiene otra opción que la de buscar el crecimiento.

28 mar. 2011

El oro ¿una inversión inteligente? Un argumento a favor

Por Janet Briaud

Debería un portafolio de inversión tener oro? Yo creo que sí, por varias razones.

A corto plazo, el oro puede ser un refugio seguro en tiempos de crisis. No sabemos cuándo será la siguiente crisis, pero hemos visto muchos "cisnes negros" (eventos extraordinarios) en los pasados años. La triple tragedia en Japón es apenas el último ejemplo. Nuestros mercados y nuestro mundo parecen determinados a pasar por períodos de crisis y de calma. En este sentido, el oro puede ser visto como una protección a corto plazo, o una medida especulativa contra la volatilidad.

Es difícil creer que se avecina un período de estabilidad. La Reserva Federal de Estados Unidos, Fed, está desesperadamente tratando de estimular la economía. Los precios inmobiliarios siguen siendo débiles y el desempleo se mantiene elevado en ese país, que sigue siendo uno de los motores económicos mundiales. En el lado político, Oriente Medio sigue en plena agitación y el golpe triple de terremoto, tsunami y desastre nuclear amenaza la economía de Japón, la tercera del mundo. En los pasados tres años, hemos aprendido que los eventos pueden viajar extremadamente rápido en un mundo cada vez más conectado. La estabilidad será cada vez más fugaz, quizá permanentemente.

Una simple apuesta

A largo plazo, el oro es una buena forma de apostar a que la inflación subirá, una posibilidad cada vez mayor. A medida que los gobiernos batallan con problemas de deuda y los bancos centrales intervienen a su favor, podemos ver cómo se debilitan las monedas en muchos países desarrollados. ¿Por qué usar oro en lugar de otra cobertura contra la inflación? Por la simplicidad: el oro puede mantenerse en la mayoría de los portafolios, particularmente a través de fondos que cotizan en bolsa (ETF, por sus siglas en inglés) y cuyas acciones son invertidas en lingotes.

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Otra consideración para el largo plazo es que el oro podría recuperar parcialmente su estatus como una moneda de reserva. Una cosa es que los inversionistas individuales se protejan con oro contra la inflación y otra es que los bancos centrales lo hagan.

Si los bancos centrales empiezan a comprar oro en serio, crearán una demanda adicional. Incluso si los bancos centrales simplemente mantienen sus reservas del metal, limitarían el suministro. Cualquiera de estos escenarios impulsará el precio del oro.

Sin embargo, no todas las razones para poseer oro son pesimistas. Un número sin precedentes de personas está ingresando a la clase media en el mundo. Este grupo representa una fuente creciente de demanda de oro. Esta es, de hecho, la razón por la que en 2003 empecé a invertir en oro para mis clientes.

Algunos podrían estar en desacuerdo filosóficamente sobre el valor que le adjudicamos al oro, un metal con pocas aplicaciones industriales que no produce renta. Pero, como todo, su precio lo determina la oferta y la demanda. La oferta siempre ha sido limitada y la demanda siempre ha sido elevada.

Históricamente, este metal ha sido valioso para la gente de todas las culturas. Por ejemplo, los conquistadores españoles encontraron culturas en América que también atesoraban el oro. Estas fueron dos civilizaciones independientes en lugares opuestos del planeta y, sin embargo, ambas valoraban al mismo metal amarillo.

En otras palabras, el oro ha sido atesorado desde antes de la invención de las acciones, los bonos, las monedas mismas, los créditos o los seguros contra incumplimiento de pagos. Cuando forma parte de un portafolio de activos que generan renta, el oro ofrece cierta protección contra la inflación.

Muchos críticos plantean dudas sobre la ética de poseer oro, pero debatir la moralidad de un tipo de actividad económica sobre otra, rara vez encontrará una respuesta que satisfaga a todas las partes. ¿La minería explota a los mineros? ¿El medio ambiente? ¿Ofrece prosperidad a los países productores? ¿O fomenta la corrupción y economías mal diversificadas? Estas preguntas se plantean casi sobre cualquier producto. Si cuestionamos al oro de esa forma, debemos cuestionar igualmente a otros productos.

Cabe aclarar que el oro viene con algunas salvedades, y los inversionistas deberían incorporarlo en sus portafolios sólo entendiendo los riesgos. En primer lugar, puede ser volátil y los precios ciertamente se ven más inflados de lo que se veían hace una década.

Pero están lejos de ser una burbuja. El oro, que por estos días ronda los US$1.400 por onza, tendría que superar los US$2.000 por onza para igualar su máximo histórico, ajustado por la inflación.

En conclusión, a corto plazo, provee algo de protección contra eventos inesperados y a largo plazo ofrece una cobertura en contra de la amenaza de la inflación.

—Briaud es una planificadora financiera y socia de la firma Briaud Financial Advisors, una firma de Texas.

Fuente: WSJ