2 oct. 2009

El gran error sobre la recuperación

Por James Grant

Como si en verdad lo supieran, los economistas más destacados predicen que la recuperación de la Gran Recesión estadounidense será floja, gris y no generará empleos. Pero no lo saben, no pueden saberlo. El futuro es impredecible.

Yo voy a sugerir que la recuperación será rápida y vigorosa. Tampoco puedo predecirlo, pero digamos que lo puedo inferir o deducir.

Los mejores inversionistas ni siquiera intentan adivinar el futuro, más bien aprovechan las oportunidades a medida que se les presentan. Henry Singleton, presidente ejecutivo de Teledyne Inc. desde los años 60 a los 80, era uno de estos oportunistas iluminados. El mejor plan, creía, era ningún plan. Lo mejor era afrontar un mundo incierto con la mente abierta. "Estamos sujetos a un significativo número de influencias externas y la gran mayoría son impredecibles", dijo Singleton alguna vez durante una asamblea general. "Lo mejor es mantenerse flexible". Entonces, ¿qué elementos, externos e internos, deben influir sobre la economía de Estados Unidos?

Aunque no podemos predecir el futuro, sí podemos observar cómo la gente se prepara para enfrentarlo.

Inventarios menguados, el aumento del desempleo y tasas de interés casi en cero sugieren que los estadounidenses están esperando el futuro en un búnker antibombas.

La Gran Recesión destruyó la confianza, al igual que los empleos y el patrimonio. Desde su auge, el Producto Interno Bruto estadounidense ajustado a la inflación ha caído 3,9%. Las leves desaceleraciones de 1990-91 y 2001 (cada una, por coincidencia, de apenas ocho meses de duración) redujeron el PIB real en sólo 1,4% y 0,3%, respectivamente. La recesión que se instaló en EE.UU. en el cuarto trimestre de 2007 marcó récords no deseados en categorías estadísticas vitales como la manufactura y los inventarios comerciales (el bajón más profundo desde 1949), utilización de capacidad (su mínimo desde al menos 1967) y producción industrial (el descenso más marcado desde 1946).

No son sólo los disturbios de la postguerra los que han llevado a Citigroup Inc. (fundado en 1812) a los brazos del gobierno o General Electric Co. (con una calificación AAA desde 1956 hasta marzo de este año) a pedir dinero prestado bajo el abrigo de la Corporación Federal de Seguros de Depósitos de EE.UU. No todas las recesiones producen bonos del Tesoro con rendimientos de 0%, una debacle del mercado inmobiliario o un balance de la Reserva Federal que empieza a parecerse al del Banco de Reserva de Zimbabwe. Aun así, estas cosas han empezado a pasar.

Los estadounidenses no están acostumbrados a sobrevivir bajo condiciones económicas adversas. Ha pasado una generación desde la última vez que la contracción de un ciclo empresarial generó el dolor colectivo que este ha producido. Pero mientras más profunda sea la caída, más vigorosa será la recuperación.

Michael Darda, economista jefe de la firma de inversión MKM Partners, dice que "el factor que determina la fortaleza de una recuperación económica es la profundidad de la recesión que la precede. No hay excepción a esta regla, incluyendo la Gran Depresión de 1929".

El crecimiento despegó luego de las depresiones estadounidenses de 1893-94, 1907-08, 1920-21 y 1929-33. Si crisis significativas dieran paso a recuperaciones letárgicas, como sugieren los economistas de hoy, la historia económica de EE.UU. tendría que ser reescrita.

Un comentario ingenioso que encaja perfectamente en el tema es adjudicado al economista inglés Arthur Pigou: "El error del optimismo muere en la crisis, pero al morir, da luz a un error de pesimismo. Este nuevo error no nace como un bebé, sino como un gigante".

El club de los aguafiestas

Paul Volcker, Warren Buffett, Ben Bernanke y otros economistas han minimizado públicamente la recuperación antes de que ésta empiece. Todos pintan un cuadro de una economía que se emborrachó, rodó por las escaleras, se fracturó una pierna y merece estar postrada en una cama en el hospital arrepintiéndose de sus pecados. Ente los economistas sondeados por Bloomberg News, la proyección media del PIB para 2010 es de 2,4%. Sería una inusual recuperación anémica desde una severa recesión.

¿Qué hacía EE.UU. antes de Timothy Geithner y Ben Bernanke? En ese entonces, era el poder de la autorregeneración de los mercados el que levantaba al país del piso. La brutalidad de la depresión de principios de los años 20 seguramente pesó sobre el presidente Harry Truman cuando firmó la ley de 1946 que decretaba como tarea del gobierno mantener una economía con pleno empleo. Para enfrentar la crisis, la Fed elevó (no bajó) las tasas de interés y el Congreso balanceó el presupuesto, de hecho registró un superávit. Aun así, la depresión se acabó. ¿Cómo? La caída de los precios generó consumo, explica el historiador Allan Meltzer. Los individuos e inversionistas se lanzaron sobre las gangas disponibles. Tras bajar 4,4% en 1920 y 8,7% en 1921, el Producto Nacional Bruto real saltó 15,8% en 1922 y 12,1% en 1923.

Ahora, la voz del banco central de EE.UU. es una de las más tristes en el coro de los pesimistas, y por una buena razón. Al instigar un auge en la deuda, el Banco de Bernanke (y de su predecesor, Alan Greenspan) fue instrumental en la generación de los problemas que azotan a EE.UU. Entonces uno podría pensar que debió haberlos previsto. Para nada. Al llevar las tasas de interés a cero y al batir las marcas de impresión de dinero (US$1,2 billones ,o millones de millones, en los últimos 12 meses), la Fed está poniendo en riesgo el valor del dólar. Lo único que la política extremadamente abierta consigue es que los acreedores extranjeros de EE.UU. se planteen la pregunta fatal: ¿Qué es el dólar? El dólar es un pedazo de papel, o un impulso electrónico, cuyo valor está sujeto a la agudeza analítica de la burocracia monetaria que fue incapaz de predecir el peor colapso financiero desde los años 30.

Al banco central quizá le preocupa algo más. Al no subir las tasas de interés, está distorsionando cada decisión empresarial y de inversión. Si la raíz de la crisis global fue el precio equivocado adjudicado a la deuda, el banco central de EE.UU. se encamina a repetir el error, aunque, esperemos, en un futuro no muy cercano. Mientras tanto, las tasas de interés extremadamente bajas han disparado los mercados bursátiles y de deuda.

Al repuntar, las acciones y los bonos corporativos no sólo promueven una recuperación sino que también ayudan a que se materialice. "Reflexibilidad" es el término acuñado por el especulador George Soros para describir el efecto dual de las oscilaciones del mercado. El alza y la caída de los promedios no sólo reflejan la realidad económica, sino que también la modifican. Hace un año, la venta de liquidación de Wall Street frenó en seco al comercio mundial. Ahora, son los mercados al alza los que están ayudando ha revivirlo.

Prometí ser optimista, y lo soy, en lo que se refiere a la fortaleza improvisada de la actividad empresarial. También lo es el Instituto de Investigaciones del Ciclo Económico, en Nueva York. El principal índice del instituto sobre la economía de EE.UU., así como otros subíndices, alcanza los niveles más altos de 26 años y apuntan a la recuperación más robusta desde 1983.

El mundo está preparado para una decepción. Pero en temas económicos y financieros, el mundo pocas veces obtiene lo que espera.

—James Grant es el editor de Grant's Interest Rate Observer.

1 oct. 2009

¿Por qué sube la bolsa?

por Manuel del Pozo

Resulta que un señor pesca un magnífico lucio en el lago Michigan y se dispara su nivel de confianza. No lejos de allí, Ben acaba de despertarse, se levanta eufórico tras una noche romántica con su mujer y ve brotes verdes por todas partes.

A esa misma hora, el señor Wertzer da saltos de alegría cuando le entregan en Berlín su nuevo y flamante BMW. Y el IFO, para arriba. La señora Maruja se pone de acuerdo con su vecina Pepi y las dos deciden comprar ternera de la buena en el mercadillo de Alcañiz, lo que eleva el precio en la lonja de ganado de Texas. La consecuencia es que Juan Baldomero se dirige a su banco en Tomelloso y se lanza a comprar acciones de Telefónica. La bolsa sube.

¿Qué hubiera ocurrido si el señor de Michigan sólo pesca una zapatilla, si Ben hubiera discutido con su esposa, si a Wertzer le aplazan la entrega del BMW, y si a Maruja y a Pepi les da por cambiar la ternera por el pollo? Pues que el señor de Tomelloso se habría quedado en casa, no habría ido al banco y la bolsa hubiera caído. Que por qué sube la bolsa. La verdad es que no tengo ni idea. Y algo debería haber aprendido en los cerca de 20 años que llevo en EXPANSIÓN.

En este tiempo he visto cómo el ciudadano medio descubría la bolsa y se abalanzaba a comprar al Estado acciones de empresas privatizadas como Repsol, Telefónica y Endesa. Aquella euforia inicial se convertiría en lloros años después. Vivimos el fenómeno Terra y aquella locura colectiva que contradecía el más elemental sentido común. Cuanto más perdía una puntocom, más subía en bolsa. Aquello era insostenible y la burbuja pinchó.

Los inversores huyeron despavoridos hasta que Alan Burbujita Greenspan –considerado un mago hasta hace 3 años– se puso a inundar el mercado de dólares. La bolsa volvió a subir, pero los españoles, tan espabilados ellos, dijeron: “Esta vez no me pillan, ahora voy a comprar pisos, que el ladrillo nunca cae”. No sólo cayó, sino que se derrumbó sobre nuestras cabezas.

No han pasado ni dos años del batacazo y ahora volvemos a las andadas. El mercado inmobiliario está como para echar a correr, y los bancos no sólo no nos dan ni un euro por nuestro dinero, sino que nos bombardean con unos bonos y unas preferentes que van a dar más de un susto.

¿Es hora entonces de volver a la bolsa y contagiarnos de su optimismo? Parece ser que sí, a la vista de su espectacular evolución, que contradice cualquier lógica económica. Porque por mucho que nos traten de convencer de que la crisis ha tocado fondo y de que estamos en los inicios de la recuperación –fuera de España, por supuesto–, a ver cómo se explica que los índices europeos hayan subido más del 50% desde los mínimos de marzo, y que el Ibex encabece el rally con un 70% desde entonces.

No será por fundamentales, porque los beneficios caen y las perspectivas macroeconómicas españolas son para echarse a temblar: Más deuda, más paro, menos consumo y un Gobierno noqueado que vive en el limbo y que no es capaz de ilusionar ni a sus adeptos.

Pero entonces, ¿por qué sube la bolsa? Los analistas –muy buenos para explicar el pasado, pero no para atisbar el futuro– cuentan que la subida es lógica porque el castigo anterior fue excesivo (el Ibex pasó de los 16.000 puntos de noviembre de 2007 a los 6.700 dieciséis meses más tarde), porque hay una mejora de las expectativas, por la liquidez que han insuflado los gobiernos, por la ausencia de alternativas de inversión, por los bajos tipos de interés y por lo bien que están capeando la crisis los bancos españoles.

Si el Ibex estuviera cayendo, lo explicarían con el argumento de que las empresas ganan menos, que el desempleo no para de crecer, que el país se está endeudando en 580 millones de diarios, que el consumo se ha desplomado y que está por ver si hay alguna subprime debajo de la alfombra de las entidades financieras.

Ahora toca subir, y como dice mi buen amigo Fernández Hódar –que es de los pocos que sí saben de qué va esto de la bolsa–, se ha abierto la veda para la caza del gamusino. Todos quieren cazar las suculentas ganancias que está generando el mercado, pero a más de uno le caerá el gamusino en la cabeza, y se tendrá que convertir a la fuerza en un inversor a largo, que, por definición, es aquel inversor a corto que se ha equivocado.

Hoy nos salieron rana los de Chicago con su índice manufacturero y el Ibex cayó, mañana se conoce el dato de desempleo americano y parece que la cosa no pinta muy bien. Otro día estaremos pendientes de si Ben ha discutido o no con su mujer, suspiraremos porque a Jean-Claude le hayan florecido brotes verdes en el jardín, confiaremos en que los suecos entren en las tiendas de H&M, en que Dell venda más ordenadores, en que el PMI manufacturero –que no es una marca de leche– tire para arriba... Y llegará el tercer viernes de mes y los analistas nos dirán: “Hoy habrá volatilidad porque hay triple hora bruja”. No se trata –como yo pensaba al principio–de que miles de zombies van a la plaza de la Lealtad a celebrar Halloween. Es que ese día hay vencimiento de derivados, opciones y futuros, que no sé lo que es pero impone.

Que por qué sube la bolsa en estos tiempos tan convulsos. Pues porque Maruja y Pepi han comprado ternera en lugar de pollo. Ahora sí que lo entiendo.

Fuente: Expansión

30 sept. 2009

La Cumbre del G-20 en Pittsburg y la reforma financiera

por Antonio Carrascosa Morales. Dir. Cumplimiento Regulatorio, PwC

En todas las Cumbres recientes del G-20, y la de Pittsburgh no ha sido una excepción, se explicita claramente que las fuerzas desestabilizadoras de nuestras economías han sido el crecimiento excesivo del crédito bancario, el excesivo apalancamiento de los agentes y las burbujas especulativas en algunos mercados de activos.

Las respuestas a estos problemas, una vez superada la crisis sistémica del último cuatrimestre de 2008, pasan por una mejor regulación de la actividad de las entidades financieras y una mayor consideración de la estabilidad “sistémica”.

Antes del inicio del proceso de reforma financiera, había que sanear la banca. La elevada exposición de las entidades a activos tóxicos, el sobreendeudamiento de muchas de ellas, el progresivo crecimiento de la morosidad y la creciente desconfianza entre entidades financieras, obligaron, en reuniones anteriores del G-20, a coordinar medidas extraordinarias de saneamiento bancario. Aunque todavía es pronto para dar por cerrada la crisis bancaria en muchos países, ya que no es claro el perfil y sostenibilidad de la recuperación económica, puede concluirse que ese objetivo tiene un grado de cumplimiento satisfactorio. La valoración es más negativa si recordamos que el propio G 20 establecía como objetivo último de dicho saneamiento, la recuperación del crédito a empresas y familias.

El lento proceso de las reformas
Otro gran objetivo del G-20, la reforma de la regulación financiera internacional, dista mucho de haberse alcanzado. Ello quizás porque tras la correcta identificación de los temas que componen la agenda de reformas financieras, en reuniones anteriores del G 20, lo difícil ahora es la elaboración y aprobación de las medidas concretas de reforma.

Los temas que forman parte de la reforma financiera que está impulsando el G 20 responden a las principales debilidades que ha puesto de manifiesto la crisis financiera global: refuerzo de la capitalización de las entidades de crédito, limitaciones a su apalancamiento, retribuciones e incentivos en el sector financiero, inclusión en el perímetro regulatorio de la llamada “banca en la sombra”, etc. Veamos los avances en cada uno de ellos.

Mayor capitalización de los bancos
La Cumbre de Pittsburgh no ha entrado en detalles básicos de la actual discusión (nuevos ratios de capitalización mínima para las entidades, mitigación de los efectos procíclicos de Basilea II, el refuerzo de los requisitos de capital derivados del riesgo de liquidez, los instrumentos computables como recursos propios básicos y el mayor consumo de dichos recursos por algunas actividades –por ejemplo, la cartera de negociación, productos arriesgados y actividades de fuera del balance-), pero ha acordado el final de 2010 como plazo para que finalicen los trabajos que se están llevando a cabo en este terreno. Eso sí, se adoptarán cuando las condiciones económicas hayan mejorado, siendo un objetivo realista el final de 2012.

El comunicado de la Cumbre menciona expresamente su apoyo a la introducción de una ratio de apalancamiento como medida complementaria al esquema de Basilea II de exigencias de capital basadas en el riesgo. Para asegurar la comparabilidad, los detalles de la ratio de apalancamiento serán armonizados internacionalmente.

Las compensaciones a directivos bancarios
En relación a las compensaciones a los directivos bancarios, el tono de la Declaración final de Pittsburgh ha sido duro. Ésta menciona expresamente algunos requisitos de las retribuciones variables:

Deberán estar ligadas a la rentabilidad a largo plazo de las entidades.

No deben estimular una adopción excesiva de riesgos y estarán alineadas con los riesgos efectivamente asumidos.

Deben prohibirse las retribuciones variables plurianuales.

Debe poder diferirse el pago de una parte relevante del “bonus” devengado.

Deben abonarse en forma de acciones o instrumentos ligados a la evolución a largo plazo de la entidad.

Deben poder devolverse si los objetivos a largo plazo no se cumplen.

Debe exigirse transparencia en las políticas y estructuras de compensación de las entidades.

La limitación cuantitativa de esas retribuciones (como porcentaje de los ingresos netos totales de los directivos) debería ser una realidad sólo cuando sean inconsistentes con los ratios de capitalización de la entidad.

Debe asegurarse la independencia de los Comités de las entidades que deban supervisar sus políticas de compensación. Asimismo, las instituciones supervisoras nacionales deben tener el poder de revisar dichas políticas y poder obligar, en el caso de políticas incentivadoras de la asunción de riesgos excesivos o en el caso de entidades insolventes o intervenidas por las autoridades, a su modificación o a aplicar otras medidas correctoras (se cita expresamente la exigencia de mayores recursos propios).

Un nuevo marco institucional para la supervisión
La reforma de las instituciones supervisoras también está incluida en la agenda de reformas del G-20, como vía para favorecer una supervisión eficiente, tanto micro-prudencial (se cita expresamente la generalización de los colegios de supervisores) como macro-prudencial, una mayor cooperación internacional y una minimización del arbitraje regulatorio.

Sobre los grupos financieros multinacionales, en la Cumbre de Pittsburgh se ha fijado el final de 2010 como plazo para desarrollar un marco legal y operativo adecuado para la intervención de las autoridades supervisoras, en caso de crisis, de entidades con implantación en varios países.

En el Comunicado final se menciona expresamente que se deberán crear grupos de gestión de crisis para las principales entidades y mecanismos para mejorar el intercambio de información en caso de dificultades.

Asimismo, para dicha fecha las entidades financieras con impacto sistémico deberán desarrollar planes de contingencia y resolución adecuados. El Comité de Estabilidad Financiera propondrá para final de octubre de 2010, medidas adicionales que podrían incluir una más intensiva supervisión de dichas entidades, requisitos adicionales de capital, liquidez, etc.

Como conclusión general, podemos decir que la Cumbre del G-20 en Pittsburgh no ha variado sus prioridades de reforma financiera, aunque sólo se hayan concretado compromisos de fechas para avanzar en dicha reforma. También cabe destacar que los líderes mundiales han designado al G-20 como el foro principal de coordinación económica internacional. El Consejo de Estabilidad Financiera supervisará y coordinará todo el proceso de reforma financiera, debiendo informar de los progresos a los Ministros de Finanzas y Gobernadores de Bancos Centrales antes de la próxima Cumbre de los Jefes de Estado y de Gobierno del G-20.

Fuente: Expansión

29 sept. 2009

Pittsburgh pone deberes a la banca y desencalla el laberinto de la regulación

por Gemma Martínez. Pittsburgh

El G-20 quiere fortalecer el control sobre el sector financiero, sin que por ello crezca el riesgo de que el crédito se congele. Los analistas bendicen el acuerdo de la cumbre, a pesar de su falta de concreción.

Aterricé en Pittsburgh (Estados Unidos) el miércoles pasado, horas antes de que llegaran los Jefes de Estado y los Ministros de Economía del G-20 para celebrar la tercera cumbre extraordinaria contra la crisis económica. Al día siguiente, antes incluso de que Barack Obama, presidente de EEUU, diera la bienvenida a los líderes del grupo que integra a las principales potencias industriales del mundo y a las economías emergentes (junto a invitados como España), el borrador del documento final de la cumbre ya circulaba por la sala de prensa del Centro de Convenciones de Pittsburgh, sede de la cumbre. Un día después, y tras varias sesiones plenarias entre los miembros del G-20, el borrador se convirtió en documento final, con variaciones mínimas.

El hecho de que el comunicado redactado por los técnicos del G-20 ya estuviera prácticamente finalizado antes de la cumbre demuestra que existía un punto clave que tenía que estar en el comunicado: la reforma de la regulación financiera. "Fuera como fuera, no podíamos salir de aquí sin una hoja de ruta concreta y sin dar una imagen clara al sector financiero de que las cosas van a cambiar a partir de ahora y de que no podemos volver a los excesos de antes de la crisis", explican fuentes intervinientes en el proceso de negociación.

Diferencias entre EEUU y Europa
El acuerdo busca aumentar la vigilancia sobre el sector financiero, que tendrá que elevar sus reservas y, en determinados casos, limitar las retribuciones de sus altos ejecutivos. El documento final no establece ningún porcentaje definitivo de requerimientos de capital (aunque sí dice que Basilea debe ser el modelo a implantarse en 2011), ni fija límites cuantitativos a los bonus. Esta falta de concreción refleja las diferencias que existen entre Estados Unidos y Europa.

EEUU quería exigir un mayor aumento de las reservas de los bancos, mientras que Bruselas temía que este endurecimiento pueda perjudicar ahora más a los bancos europeos que a los estadounidenses, que ya han realizado fuertes procesos de recapitalización. Europa prefería ser mucho más agresiva a la hora de restringir la retribución de los ejecutivos financieros. Francia, por ejemplo, aspiraba a limitar los bonus, que no pudieran superar un porcentaje determinado de los beneficios. Finalmente cada país podrá elegir cómo desarrolla estas políticas de forma individual, sin contradecir el espíritu de lo acordado en la cumbre de Pittsburgh.

Gordon Brown, el primer ministro británico, ya anunció ayer que presentará en breve su proyecto de limitar los bonus y que será "el más duro que existe en todo el mundo", en palabras del propio dirigente. Los detalles técnicos todavía se desconocen.

El acuerdo de Pittsburgh ha servido para establecer un calendario para la reforma, más tarde de lo previsto, que tendrá dos fases. En 2010 se deberán desarrollar y poner por escrito los principios consensuados en la antigua capital del acero de EEUU. Este cometido se materializará en encuentros ministeriales y en las cumbres que el organismo prevé celebrar en 2010, en Canadá (junio) y Corea del Sur (noviembre). Las normas, aplicadas después por cada país a su propio territorio entrarán en vigor dos años después, en 2012.

Además, la cumbre pretende que las líneas generales emanadas en Pittsburgh sean asumidas por las entidades financieras de forma voluntaria, sin esperar a 2012.

Fortalecer el sistema
El presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, comparte este espíritu. Ayer indicó que "ahora más que nunca es extremadamente importante introducir las reformas del sistema financiera para fortalecerlo y evitar las subidas y bajadas excesivas".

Los analistas bendicen el acuerdo, a pesar de su falta de concreción, sobre todo porque establece un calendario a la banca y desencalla el laberinto de la reforma de la regulación financiera. "Funcionará, porque todos los países tienen el mismo objetivo y desarrollarán políticas complementarias", asegura Peter Morici, profesor de la escuela de negocios de la Universidad de Maryland.

El hecho de que haya tres años de plazo es positivo para Chester Spatt, ex economista de la SEC y profesor de la escuela de negocios de Carnegie Mellon (Pittsburgh). "Estas cumbres siempre acuerdan hacer cosas en el futuro. ¿Tres años es demasiado? Depende de lo que acuerden el año que viene", indica. En su opinión, es muy positivo que hayan dado de plazo hasta 2012 para evitar que la mayor exigencia de capital, por ejemplo, pueda volver a congelar el mercado del crédito. "De no haber sido así, la regulación podría haber tenido un coste macroeconómico grande".

Los mercados se pronunciarán hoy sobre la reforma financiera y sobre la cumbre del G-20. Para Morici, la reacción de las bolsas estará marcada por la posibilidad de que haya una recuperación económica, mas que por la reforma de la regulación financiera, que tomará su tiempo”.

EEUU tiene problemas en casa
Barack Obama, que se estrenó como anfitrión del G-20 en la cumbre de Pittsburgh y que se presentó como el gran defensor de la reforma de la regulación financiera, está teniendo problemas para sacar adelante el plan en su propio país.

Obama pretende endurecer la legislación, con un proyecto que encargó este año al Congreso pero que todavía está en tramitación parlamentaria. Su objetivo es materializar el texto legal antes de que acabe el año, pero las divisiones entre los demócratas y el propio énfasis que él está poniendo en su gran proyecto personal (la reforma sanitaria) ha ralentizado el proceso en el Capitolio.

Obama quiere que la Fed se convierta en el superpolicía que vigile al sector financiero con el apoyo de Fdic, la Corporación Federal del Seguro. Además, ha propuesto crear una agencia que proteja los derechos del consumidor.

La figura del superregulador despierta recelo en el Congreso, por la excesiva concentración de poder que ya tiene la Fed según los críticos, y entre las distintas agencias regulatorias, que se resisten a perder competencias. A su vez, el papel de la Fed está en entredicho. Varios políticos clave del hemiciclo pretenden que la actuación del banco central pueda ser sometida a auditorías parlamentarias, algo que ahora no permite la ley.

· Barack Obama. Presidente de Estados Unidos.
Pide una mayor exigencia de capital a los bancos para que puedan sortear mejor crisis futuras.

· Gordon Brown. Primer ministro de Reino Unido.
Ha dicho que su proyecto para limitar los bonus será "el más duro que existe en todo el mundo".

· Ben Bernanke. Presidente de la Reserva Federal.
Respalda los cambios regulatorios y se convertirá en el superpolicía en EEUU.

· Jean-Claude Trichet. Presidente del BCE.
Cree que la reforma es fundamental y necesaria para fortalecer la salud del sistema financiero.

Fuente: Expansión

28 sept. 2009

El G-20 evalúa un reto clave: ¿cuándo hay que retirar los planes de estímulo?

Por Justin Lahart

NUEVA YORK—Aunque hay señales de que la economía global está creciendo, después de superar la peor recesión global desde los años 30, la severidad y el alcance de la crisis hacen que el ritmo de recuperación sea incierto. Esto representa un dilema para los líderes que participarán en la reunión del Grupo de los 20 en Pittsburgh.

Las paquetes de estímulo y otros programas que han implementado para reactivar sus economías son increíblemente costosos y dejan tras de sí déficit fiscales que merman el crecimiento. El Fondo Monetario Internacional pronostica que los niveles de deuda del Grupo de los 20 países líderes industrializados y en desarrollo promediarán más de 100% del Producto Interno Bruto.

La incertidumbre en torno a la recuperación global dificulta las decisiones que deben tomar los gobiernos del mundo. Si mantienen los planes de ayuda, en especial los programas de estímulo fiscal, corren el riesgo de impulsar la inflación. Si los retiran demasiado pronto, sin embargo, podrían descarrilar la recuperación.

Cuando el G-20 se reunió por última vez en abril, la economía mundial sufría los estragos de la crisis. Barclays Capital calcula que el PIB global cayó a una tasa anual de 5,9% en el primer trimestre, tras un declive similar en el cuarto trimestre de 2008. El banco estima que el PIB global creció 3% en el segundo trimestre y se expandirá 3,9% en el tercero. Para todo el año, Barclays proyecta una contracción de 1,2%, lo que se enmarca dentro de las previsiones de la mayoría de los economistas.

Dominique Strauss-Kahn, director gerente del FMI, advirtió el jueves que es demasiado pronto para empezar a retirar las medidas de estímulo en declaraciones en francés a la cadena radial Europe 1. "Por el momento, el mayor peligro es una desaceleración demasiado rápida", manifestó.

Para 2010, sin embargo, los pronósticos varían. El FMI, que pondrá al día sus estimaciones el próximo mes, previó en julio un crecimiento global de 2,5% para 2010.

Michael Mussa, ex economista jefe del FMI que se desempeña en el Instituto Peterson de Economía Internacional, pronostica una expansión de 4,2%. En un informe reciente, Mussa invocó la "regla de Zarnowitz", en referencia al fallecido economista Victor Zarnowitz: las recesiones profundas suelen ser seguidas de recuperaciones abruptas.

Aunque es habitual que una economía crezca más rápido que lo normal después de una recesión, algunos economistas temen que los efectos de la crisis financiera imposibilitarán una recuperación expedita.

"Tenemos que cuidarnos de no cantar victoria de forma prematura", dijo la economista de la Universidad de Maryland Carmen Reinhart, que examina la historia de las crisis financieras en un libro elaborado con el economista de la Universidad de Harvard Kenneth Rogoff, que se publicará próximamente. "El mensaje al G-20 es que la situación, aunque alentadora, todavía es tenue".

[Mundo]

Reinhart y Rogoff hallaron que, en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, el PIB de los países que atravesaron por una recesión tardó, en promedio, dos años en alcanzar el nivel previo a la crisis. La razón principal es que la reducción del crédito disponible deprime el crecimiento.

Un segundo factor es la naturaleza global de la crisis. El aumento de las exportaciones suele impulsar la recuperación de las economías golpeadas por la crisis. Pero la recesión ha causado estragos en tantas economías al mismo tiempo que todas no pueden recurrir a las exportaciones para recuperarse. Eso podría menguar el crecimiento e intensificar las fricciones comerciales.

En China, gran parte del dinero del estímulo del gobierno ha sido destinado a inversión en plantas y equipos para fomentar la capacidad de producción del país, en lugar de estimular la demanda interna. Eso exacerbará la necesidad de China de aumentar sus exportaciones, dijo Eswar Prasad. El economista de la Universidad de Cornell también teme que Japón y Europa dependan demasiado de las exportaciones para crecer, algo que volverá a colocar a los estadounidenses en el papel de consumidor de última instancia.

Tras absorber cuantiosas pérdidas en los mercados bursátiles y de bienes raíces, sin embargo, las familias de EE.UU. tal vez no estén en condiciones de asumir ese rol, al menos por mucho tiempo. "Aquí es donde veo que se está gestando una tensión real en la economía mundial", dijo Prasad.

Fuente: WSJ