12 nov. 2010

El G-20 apoyará gran parte de la reforma financiera de EE.UU.

Por Damian Paletta

Seúl—Se espera que los líderes mundiales se comprometan a apoyar este viernes los aspectos principales de la nueva ley estadounidense de regulación financiera, si bien los altos funcionarios siguen manteniendo posiciones distantes respecto a cómo adoptar esas reglas globalmente para evitar futuras crisis financieras y rescates de los contribuyentes.

La división muestra el arduo trabajo que aún les espera a reguladores y banqueros más de dos años después del momento más álgido de la crisis financiera, en un momento en que los bancos están recuperándose pero el crecimiento económico sigue restringido."Hay áreas todavía sin definir", dijo Stephen Green, presidente de la junta directiva de HSBC Group, uno de los bancos más grandes del mundo, en un encuentro con periodistas tras una reunión con otros ejecutivos en Corea del Sur. "Todavía hay trabajo por hacer, pero la dirección es correcta", agregó.

Los funcionarios que asistirán a una reunión del Grupo de los 20 países más desarrollados del mundo planean ratificar reglas que limitan el riesgo para los bancos más grandes del mundo al exigir a las compañías que mantengan reservas de capital que al menos dupliquen la cantidad que se les exigía en el pasado.

La decisión obligaría a algunas de las más grandes instituciones de crédito del mundo, como Deutsche Bank y Bank of America Corp., a operar bajo nuevas reglas destinadas a que los bancos sean más conservadores y estén menos expuestos a crisis.

Pero los esfuerzos por llegar a un compromiso en otras áreas, como los pasos a dar la próximo vez que se presente una crisis, han fracasado durante casi diez años debido a su complejidad y al incierto impacto sobre el crecimiento económico. Los críticos dicen que esta incertidumbre ha facilitado que los grupos de presión de la banca enfrenten a unos países con otros y traben un acuerdo global.

"Los gobiernos quieren poder decir que hicieron algo que será efectivo y eso, dicen, evitará una repetición, pero, de hecho, las instituciones se están volviendo más fuertes que nunca", dijo Ed Kane, profesor de finanzas del Boston College.

La velocidad con la que los funcionarios diseñaron el acuerdo sobre el capital de los bancos sorprendió a muchos, en parte porque un esfuerzo previo por crear reglas en este área tomó casi diez años. Los grandes bancos con presencia internacional tendrán que tener niveles de capital equivalentes al 7% de sus activos, y los gobiernos hicieron más difíciles para que los bancos encuentren vacíos legales en las normas trasladando activos fuera de sus balances contables.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, elogió la rápida resolución sobre las reglas de capital en una carta que envió a los líderes mundiales el miércoles, pero dijo que hace falta más trabajo.

"El mercado no esperará que terminemos", escribió Obama. "Nos van a poner a prueba cada día. Necesitamos presionar y completar nuestra agenda de reformas, con nuevos pasos para asegurar que ninguna institución sea demasiado grande como para fracasar", enfatizó.

La atención ahora se traslada a otras áreas en las cuales los funcionarios gubernamentales mantienen mayores discrepancias, tales como la forma de asegurar que los bancos tengan suficiente financiamiento a corto plazo para continuar siendo solventes durante una crisis y cómo dividir los bancos internacionales que se declaran insolventes.

Los funcionarios planean emitir conjuntamente un comunicado en el que se comprometen a apoyar la ley Dodd-Frank aprobada en julio pasado en Estados Unidos, dijeron personas cercanas a las conversaciones. Específicamente, los líderes elogiarán partes importantes de la ley, tales como el endurecimiento de la regulación sobre los instrumentos financieros llamados derivativos y las nuevas reglas sobre los préstamos al consumidor.

También se espera que los funcionarios apoyen la idea de que los gobiernos tengan la potestad de dividir o liquidar las compañías financieras en quiebra para evitar una repetición de la caótica bancarrota de Lehman Brothers o el rescate del gobierno de American International Group. Inc.

Pero no han llegado a un acuerdo respecto a cómo funcionarían estos poderes. Por ejemplo, si un grupo con sede en Estados Unidos con operaciones en Europa y Asia estuviese camino de la quiebra, los funcionarios no tienen un plan conjunto respecto a la forma de liquidar la compañía y minimizar su impacto en otras firmas.

Este proceso es conocido como "resolución transfronteriza" y ha sido un foco de atención particular para los reguladores.

"Crear procedimientos para facilitar las resoluciones trans-fronterizas es crucial para evitar el contagio que ocurre como resultado del fracaso de una institución financiera grande", opina Frederic Mishkin, un economista de la Escuela de Negocios de la Universidad de Columbia. "Es muy complicado porque hay que lidiar con sistemas legales que frecuentemente son muy diferentes", explicó.

Un asunto que los reguladores no estaban preparados para enfrentar durante la crisis fue la falta de efectivo de corto plazo y otros financiamientos que los bancos necesitaban para mantenerse solventes en momentos de creciente demanda de dinero por parte de los acreedores y de otros. El acceso a financiamiento en el corto plazo es conocido como "liquidez", y una falta de liquidez hizo caer a grandes compañías como Lehman Brothers y empujó a los reguladores a organizar rescates con dinero de los contribuyentes.

El Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, un grupo de reguladores globales, se puso de acuerdo respecto a la necesidad de nuevos estándares de liquidez, pero sus miembros han discutido durante meses respecto a su posible impacto. Los bancos han dicho que obligarles a mantener una gran cantidad de activos fácilmente liquidables sería costoso y dañaría la recuperación global. Algunos reguladores se han mostrado de acuerdo, y han decidido postergar la implementación de algunas nuevas reglas en esta área hasta al menos 2018.

Estados Unidos aprobó recientemente estándares para dividir las instituciones financieras en quiebra, pero muchos otros países no han todavía adoptado reglas similares.

Los funcionarios dicen que están comprometidos a resolver las diferencias respecto a las liquidaciones y la liquidez pero no está claro cuánto tiempo les tomará. Michel Barnier, un alto comisionado de la Unión Europea, dijo a periodistas el mes pasado que los funcionarios deben moverse rápido porque "el tiempo para los mercados es mucho más rápido que para la democracia".

Fuente: WSJ

11 nov. 2010

El acuerdo del G-20 no aliviaría la presión sobre los países emergentes

Por Jonathan Weisman, John Lyons y Damian Paletta

SEÚL—Los países reunidos para la cumbre del Grupo de los 20 están cerca de alcanzar un acuerdo que parece sortear muchas de las diferencias que han trabado las negociaciones en los últimos días, pero que probablemente no ponga fin a las tensiones relacionadas a las políticas cambiarias y comerciales.

El pacto reafirmaría el compromiso del G-20 con el tipo de cambio libre, pero sin que China haga promesas específicas sobre la apreciación del yuan. El G-20 también se comprometería a cerrar la brecha entre los países con amplios superávits y déficits comerciales, pero no mencionaría los criterios numéricos específicos que solicitaba Estados Unidos.

El presidente Barack Obama exhortó a los miembros del G-20 a resistir la tentación del proteccionismo e hizo un llamado a hacer un compromiso conjunto en pos del crecimiento, como parte de una estrategia para atenuar los desacuerdos de cara a la reunión de dos días que comienza hoy en esta capital.

Mientras los líderes se reúnen, sin embargo, los países emergentes desde Brasil a Taiwán están instalando barreras para proteger a sus economías de un torrente de capital que amenaza con descarrilar su crecimiento al apreciar excesivamente sus monedas y ahogar a los exportadores.

[Emergentes]

La angustia de los mercados emergentes, unida a los recientes ataques a la Reserva Federal por seguir políticas que debilitan al dólar, amenazan con dejar en un segundo plano otros temas en la cumbre de países desarrollados y en desarrollo. La delegación estadounidense está tratando de desviar las críticas hacia China que, en su opinión, exacerba los desequilibrios comerciales al impedir un alza más acelerada del yuan. La postura de China perjudicaría a los países con un tipo de cambio relativamente libre, como Brasil, Chile y Turquía.

Washington quería aprovechar el encuentro para presionar a China a revaluar el yuan. EE.UU. quiere que los países con grandes superávits comerciales, como China y Alemania, consuman más y exporten menos. Pero EE.UU. ha sido duramente atacado en los últimos días. Alemania, por ejemplo, acusó a la Fed de devaluar el dólar al anunciar un plan para comprar US$600.000 millones en bonos del Tesoro en los próximos meses. Los estadounidenses replican que el crecimiento de EE.UU. les conviene a todos y que la depreciación del dólar es un efecto de los esfuerzos por estimular la economía, no el objetivo.

Los mercados emergentes han dejado en claro que la avalancha de capital que cae sobre sus economías los obliga a tomar cartas en el asunto ahora, en vez de esperar a un acuerdo del G-20.

Ante el letargo de las economías de Estados Unidos, Europa y Japón, los países que exhiben un mayor dinamismo como Brasil están atrayendo un frenesí de inversiones. Buena parte de estos flujos son especulativos, lo que en la jerga financiera se conoce como capital golondrina, que salen en busca de retornos más altos.

Estos flujos pueden crear burbujas de activos y monedas sobrevaluadas, que podrían desplomarse en el momento que los inversionistas decidan trasladar su dinero a otra parte. La apreciación de las divisas locales también debilita a los exportadores al encarecer sus productos. "Hay un tsunami de dólares que es difícil de contener", dijo Mauricio Cárdenas, un experto en Latinoamérica de Brookings Institution, un centro de estudios en Washington.

Algunos países emergentes han recurrido a los controles de capital, que en algún momento fueron tabú, el ejemplo más reciente de los dolores de cabeza producidos por los desequilibrios económicos entre los países ricos y en vías de desarrollo.

Taiwán impuso esta semana límites a la tenencia de bonos por parte de extranjeros. En octubre, tanto Brasil como Tailandia incrementaron los impuestos a la inversión extranjera en el mercado local de renta fija. En junio, Corea del Sur restringió la negociación de derivados e Indonesia hizo lo mismo con las ventas de ciertos bonos a corto plazo. Los bancos centrales desde Israel hasta Sudáfrica están comprando dólares para impedir el alza de sus monedas y China elevó hace unos días el monto de reservas que le exige a los bancos en un intento por moderar el ingreso de capital foráneo.

Brasil, que desde 1999 deja que el mercado determine el valor del real, es un claro ejemplo del aprieto en el que se encuentran las economías emergentes. Con una tasa de crecimiento anual de 7% , el gigante sudamericano ya estaba atrayendo una enorme cantidad de inversión. Pero la tasa de interés a un día, conocida como Selic, se ubica en 10,75% y ha convertido al país en uno de los blancos principales del capital golondrina. Los inversionistas toman dinero prestado en países donde las tasas están casi en cero, como EE.UU. y Japón, lo depositan en países como Brasil donde las tasas son altas y se embolsan la diferencia. Esta operación, llamada carry-trade, ayuda a explicar el alza de casi 35% del real frente al dólar en lo que va del año.

La opción más fácil que tendría Brasil para reducir la presión especulativa sería reducir las tasas de interés. Pero el creciente déficit fiscal, una deuda que llega a 60% del Producto Interno Bruto y las constantes preocupaciones de un brote inflacionario significan que Brasil necesita las altas tasas para atraer fondos y pagar sus cuentas. Los controles de capital han atenuado el alza del real, pero han tenido efectos colaterales, puesto que los inversionistas han exigido retornos más altos para prestar.

La combinación de políticas cambiarias ha generado preocupación de que la cooperación global que imperó tras la crisis financiera haya sido sustituida por la búsqueda del interés propio. "Se necesita una acción urgente para detener la perturbadora tendencia a medidas unilaterales en los temas macroeconómicos, comerciales y cambiarios", dijo en un comunicado Charles Dallara, director gerente del Instituto de Finanzas Internacionales.

Fuente: WSJ

10 nov. 2010

Tarea para el G-20: encontrar una alternativa al dominio del dólar

Por David Wessel

Más de 60 años después de que los vencedores de la Segunda Guerra Mundial diseñaran las nuevas reglas cambiarias en Bretton Woods, New Hampshire, y más de 30 años después de que Richard Nixon pusiera punto final a ese sistema, comienza la búsqueda de una nueva manera de administrar las tensiones derivadas del tipo de cambio.

Hay, sin embargo, más acuerdo sobre las debilidades del actual régimen, en el cual las divisas se transan en forma relativamente libre, que sobre un sustituto.

El último brote de angustia provino de la decisión de la Reserva Federal de Estados Unidos de emitir US$600.000 millones de dólares para comprar bonos del Tesoro. Un probable coletazo de la medida es el debilitamiento del dólar.

A pesar de los esfuerzos del presidente de la Fed, Ben Bernanke, por explicar que la decisión busca fortalecer la economía estadounidense para beneficio de todos, las críticas han arreciado, desde la política republicana Sarah Palin hasta el primer ministro de Luxemburgo. Y eso fue solamente el lunes.

Los gobiernos de todo el mundo, anticipándose a la cumbre del Grupo de los 20 en Seúl, se han sumado a los fuegos artificiales retóricos.

El presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, un veterano de ambos gobiernos del ex presidente George W. Bush, saltó al ruedo el lunes con un llamativo editorial en el Financial Times que insinúa una especie de vuelta al futuro: atar las monedas del mundo al oro. Aunque un retorno al patrón oro es improbable y, en opinión de los académicos que consideran sus rigideces como un factor que contribuyó a la Gran Depresión de los años 30, imprudente, la sugerencia deja en evidencia un extendido malestar con la estructura actual.

En su raíz, el problema es que el uso del dólar para toda clase de intercambio comercial, desde los bonos hasta el petróleo, otorga a la moneda un rol extraordinario y vuelve a la economía mundial más vulnerable a la política monetaria estadounidense. Como lo expresó en un momento el secretario del Tesoro de Nixon, John Connolly: "La moneda es nuestra, el problema es de ustedes".

Los franceses, que el próximo año presidirán el G-20, prometieron diseñar una alternativa. "A todos nos interesa que Estados Unidos continúe creciendo, pero todos somos conscientes de sus responsabilidades y nadie quiere una volatilidad excesiva en los mercados cambiarios", dijo un portavoz del Palacio del Elíseo a los periodistas. Una solución, señalan los franceses, es diversificar las reservas globales para hacerlas menos dependientes del dólar y crear "un nuevo marco de coordinación".

En 1969, en medio de otra ronda de tensiones cambiarias, se crearon los derechos especiales de giro, que son supervisados por el Fondo Monetario Internacional. Pero el uso de este sustituto del dólar es muy limitado fuera de las transacciones oficiales.

En 1971, Nixon acabó con la relación entre el dólar y el oro y, con el tiempo, surgió un nuevo régimen en el que los mercados, con intervenciones ocasionales de los bancos centrales, determinan el valor de una moneda en todas las grandes economías, salvo la de China.

El debate de hoy y la especulación respecto al declive de EE.UU. como superpotencia llevan a predicciones de que el dólar inevitablemente dejará su rol como moneda de reserva mundial. Hasta ahora, no obstante, no parece haber una mejor alternativa. Los mercados no confían en que el euro vaya a existir dentro de diez años, el yen no es lo suficientemente líquido y los chinos están dudando respecto a asumir los forcejeos que acompañan el uso de la moneda de un país como una reserva de valor y un medio de intercambio en todo el mundo.

Barry Eichengreen, un historiador de la economía de la Universidad de California en Berkeley argumenta que el mundo puede terminar con más de una moneda totalmente internacional. La vieja lógica de que los importadores y los exportadores quieren una moneda común y que tanto los gobiernos como los inversionistas privados usarán la divisa más líquida en los mercados, está pasada de moda, asevera.

La idea de que los importadores, los exportadores y los operadores de bonos necesitan usar la misma divisa "tiene menos peso en un mundo donde todos tienen un teléfono celular y pueden comparar cotizaciones en tiempo real", señala. La economía global es ahora tan grande "que hay espacio para mercados líquidos y profundos en más de una moneda", insiste.

Fuente: WSJ

9 nov. 2010

El milagro coreano se agota y el gobierno busca ajustar el modelo

Por Evan Ramstad

Mientras se dispone a darles la bienvenida a los líderes de 20 países esta semana, Corea del Sur debe confrontar una verdad incómoda. La exitosa estrategia económica que la puso en condiciones de ser anfitriona de esta reunión del Grupo de los 20, G-20, se está agotando y sustituirla no será fácil.

Hace 50 años, aparentemente inmersa en la pobreza y el hambre, Corea del Sur comenzó una vertiginosa expansión hacia la riqueza mientras no perdía de vista a su vecina, Corea del Norte, que la había invadido diez años antes y que la continúa amenazando. Corea del Sur es hoy la decimoquinta economía del mundo, sede de multinacionales de la talla de Samsung y Hyundai y un modelo para los países en desarrollo.

Pero la estrategia económica que funcionó tan bien durante tanto tiempo ya recorrió su camino. Corea del Sur alcanzó el nivel de riqueza que se puede obtener a través de la dependencia de las exportaciones. El porcentaje de su producción que depende de las exportación de bienes, 43%, es el más alto de las países avanzados.

"El país está en un punto de inflexión", dijo el ministro de Finanzas, Yoon Jeung-hyun, en un reciente discurso. "Aparentemente hay un límite en las industrias de exportación para crear nuevos empleos y valor agregado", reconoció.

La pregunta que enfrenta Corea del Sur es simple y, al mismo tiempo, difícil: ¿puede hacer los ajustes necesarios, económicos, políticos y culturales, que le permitan continuar su trayectoria ascendente?

Los economistas coreanos y extranjeros concuerdan en que el país debe realizar cambios fundamentales en su sociedad jerárquica y dominada por los hombres, no solamente incorporando a más mujeres a la fuerza laboral, sino fomentando la innovación y el espíritu emprendedor, ascendiendo a los empleados por sus méritos y no por los años que llevan en una empresa y abriendo la puerta a los inmigrantes.

Corea del Sur también tendrá que reducir la profunda injerencia del Estado en la economía, un vestigio de la época en la que poderosos presidentes y ministros tomaban decisiones difíciles respecto a la asignación de un capital escaso. También tendrá que relajar la adhesión del país a las jerarquías basadas en el confucianismo, siguiendo el camino tomado por vecinos como Japón, China, Hong Kong y Singapur.

El presidente de Corea del Sur, Lee Myung-bak, describió en términos amplios los obstáculos al avance económico en el país. "Hay mucho trabajo que hacer en la reforma de muchas de las instituciones sociales o de las normas, prácticas y tradiciones que hemos tenido en este país durante muchos, muchos años", dijo Lee. "Tenemos ahora la necesidad de intentar cambiar", agregó.

La forma en que Corea del Sur enfrente estos desafíos será observada de cerca por docenas de pequeños países que imitaron su exitoso modelo de desarrollo exportador y por países de ingresos medios, incluyendo Taiwán, Arabia Saudita, Israel y Portugal que están llegando a mesetas en cuanto a su desarrollo y potencial.

Auge y estancamiento

El veloz auge de Corea del Sur comenzó en la década de los 60 bajo el dictador militar Park Chung-hee, que dirigió el escaso capital a muchas de las mismas industrias que hicieron de Japón una potencia: los textiles, el acero, los autos y los productos electrónicos. Los surcoreanos se rebelaron contra el gobierno autoritario y establecieron una democracia constitucional en 1987, pero la economía siguió creciendo aceleradamente.

El ingreso per cápita de Corea del Sur llegó a los US$20.000 en 2007 y si bien la crisis asiática de 1997 y 1998 asestó un golpe a la tradición que existía del empleo vitalicio y obligó a las empresas a focalizarse en la rentabilidad más que en el crecimiento como un fin en sí mismo, la interrupción de la trayectoria ascendente del país fue breve.

Bajo la superficie de esa creciente prosperidad, sin embargo, comenzaban a germinar los problemas.

El crecimiento económico de Corea del Sur promedió 4,3% anual durante la última década, por debajo del 6,2% de los años 90. Este año, el Producto Interno Bruto se expandirá alrededor de 6%, porcentaje superior al de las economías avanzadas. Sin embargo, este resultado vendrá después de dos años de bajo crecimiento. Los economistas esperan que el próximo año el crecimiento se ubique entre 3% y 4,5%.

Además, el potencial de expansión ha caído más en los últimos 15 años que en cualquier otro país desarrollado, según la Cámara de Comercio e Industria de Corea del Sur. Un estudio reciente elaborado por la entidad muestra que el potencial de crecimiento, el máximo posible cuando todos los factores de producción como trabajo y capital son utilizados, alcanza 4% anual y posiblemente se reduzca a entre 2% y 3% anual en los próximos 10 años.

Todo esto ocurre a un nivel de ingresos mucho menor que el que tenía Japón cuando le sucedió lo mismo. A fines de los 80, cuando el potencial de crecimiento de Japón declinó a entre 3% y 4%, su ingreso per cápita excedía los US$30.000. El de Corea del Sur hoy ronda los US$20.000.

Parte de la razón del estancamiento es demográfica. El país simplemente no tiene suficientes personas para desempeñar empleos que impulsen el crecimiento. Con solamente 1,15 bebés por madre, la tasa de natalidad de Corea del Sur es la más baja de todos los países desarrollados. La cantidad de gente entre los 25 y los 49 años ya alcanzó su nivel máximo y entre 2017 y 2019 el conjunto de la población en edad productiva comenzará a bajar.

Asimismo, Corea del Sur ha llegado a un punto en el que tanta gente se ha educado que pocos se presentan para empleos de baja remuneración y de poca especialización. Esto ha dejado a las granjas y la industria en busca de trabajadores al tiempo que muchos egresados de la universidad pasan años esperando oportunidades en las grandes compañías y en el gobierno.

El modelo hoy para Corea del Sur, dicen los economistas, deberían ser los países de Europa y América del Norte que desarrollaron un robusto sector de servicios, que absorbe a los empleados altamente calificados y complementa al sector manufacturero, creando diferentes entornos de trabajo que estimulan la innovación y la creatividad.

Al tope de la lista de prioridades del gobierno está dejar de microadministrar la economía. Ese involucramiento tenía sentido cuando el país se levantaba de la nada con un capital limitado y un bajo nivel educativo. Ahora, sin embargo, se considera que la mano del gobierno ahoga la competencia y el crecimiento. Las regulaciones, por ejemplo, establecen que una cervecera en Corea del Sur tiene que producir 3,8 millones de botellas al año, lo que impide a las empresas nuevas competir con las dos grandes cerveceras.

La forma más veloz de estimular el crecimiento sería aceptar a más trabajadores extranjeros. Corea del Sur tiene 557.000 trabajadores extranjeros, alrededor de 2% de su fuerza laboral de 23 millones. Esa cifra es más alta que en Japón donde es inferior a 1% pero está muy debajo del 10% de Estados Unidos.

Pero los extranjeros pueden quedarse cinco años en las compañías de propiedad coreana, de acuerdo con las leyes laborales. La inmigración permanente es muy poco frecuente, aunque ha crecido en los últimos años para una categoría especial de inmigrantes: las mujeres de otros países, en particular del sudeste asiático, que se casan con los granjeros solteros que quedaron en las zonas rurales luego de que las jóvenes coreanas emigraran a las ciudades.

A pesar de todo esto, un estudio de Danny Leipziger, un profesor de la universidad George Washington, y ex vicepresidente del Banco Mundial, muestra que, con suficientes mejoras de productividad y un mayor nivel de empleo para mujeres y para personas mayores, Corea del Sur podría incluso llegar a la meta de crecimiento de 7% que Lee anunció en su campaña presidencial. "El futuro no está escrito en piedra", dijo Leipziger.

Fuente: WSJ

8 nov. 2010

Las agencias calificadoras necesitan ser "rebajadas"

Por Patience Wheatcroft`

Los gobiernos aún se estremecen con la perspectiva de una rebaja de calificación por parte de ellas. Las empresas aún pagan grandes sumas por sus servicios. Las agencias de calificación de crédito (ACC) parecen haber sido grandes sobrevivientes de la crisis financiera. Pero eso podría estar comenzando a cambiar.

Recientemente, el Consejo de la Estabilidad Financiera de Europa (FSB, por sus siglas en inglés) explicó lo que llamó "Principios para Reducir la Dependencia de las Calificaciones de ACC". Según el presidente del directorio del FSB, el gobernador del Banco de Italia, Mario Draghi, el objetivo es "reducir los efectos no deseados que podría tener la dependencia mecánica de las calificaciones de las agencias de crédito". Acepta que esto no será logrado con rapidez, en parte debido a que la dependencia de las agencias de crédito ha sido tan fuerte en algunos trimestres que significa que ellas simplemente no tienen la capacidad de evaluar el riesgo financiero y necesitarán tiempo para construir esa capacidad.

Draghi también es inflexible en que la intención no es prohibir a las agencias de crédito, sino sólo disminuir su importancia. La dependencia actual es tal que pueden tener lo que el FSB llama "efectos de precipicio", como los experimentados hace poco cuando una rebaja de calificación "puede amplificar la prociclicidad y causar disrupciones sistémicas".

[Mario Draghi]

Mario Draghi

Gobiernos como el de Irlanda, que este mes recibió otro golpe de las agencias, seguramente estarían de acuerdo con esas declaraciones. Muchos inversionistas, sin embargo, serían mucho más descorteses que Draghi y el FSB. Señalarían que las agencias les pusieron calificaciones triple A de forma despreocupada a la mayoría de los derivados respaldados por hipotecas que crearon los bancos de inversión a la cola de los préstamos de alto riesgo cuando, como se ha demostrado ampliamente, deberían haber sido marcados con una calavera y huesos en lugar de un sello de aprobación.

El conflicto de intereses que caracteriza el rol de las agencias hoy sigue siendo un tema de importancia tanto como lo era en las épocas felices antes de que Lehman quebrara: el cliente que busca una calificación le paga a la agencia para que lo brinde. Como le dijo a The Wall Street Journal Paul Stevenson, un ex ejecutivo de Moody's, luego de que se desatara la crisis: "El problema más reciente es que el proceso de calificación se convirtió en una negociación".

Cuando el Senado de EE.UU. investigó el rol de las agencias en la crisis, recibió una sucesión de testimonios que indicaban que ese tipo de "negociaciones" cambiaban una buena calificación por ingresos en concepto de honorarios. Un e-mail de un empleado no nombrado de Standard & Poor's explicó que el grupo de valores residenciales respaldados por hipotecas de la agencia "se había vuelto tan dependiente de sus emisores más importantes para obtener ingresos que desarrollaron un síndrome de Estocolmo...", una referencia al síndrome por el cual los rehenes desarrollan sentimientos positivos por sus secuestradores.

Pero a pesar de las críticas que se han realizado sobre las agencias y sus prácticas, el sistema sigue sin cambios y, como se ha visto con el entusiasmo generado por sus recientes calificaciones de deuda soberana, siguen ejerciendo un gran poder.

Los esfuerzos para idear estructuras alternativas para financiarlos hasta ahora no han logrado arrojar algo que pueda funcionar. Así que la respuesta debe ser reducir su poder, que es lo que pretende hacer el FSB. Y si se depende menos de las calificaciones de las agencias, entonces podría haber una renuencia creciente a pagar por ellas. La situación sin duda podría volverse más difícil para las agencias.

El FSB comienza por pedirles a los gobiernos que analicen sus leyes y regulaciones y que, donde haya referencias a las calificaciones de las ACC, si es posible, las quiten. "Quienes fijan estándares y las autoridades deberían desarrollar definiciones alternativas de lo que es merecer un crédito y los participantes del mercado deberían mejorar sus capacidades de administración del riesgo como sea apropiado..." establecen los Principios de la FSB.

Luego afirman que los bancos, los inversionistas institucionales y otros que ahora dependen de las calificaciones de las ACC deberían tener otras fuentes o emitir sus propios juicios sobre los riesgos de los créditos. Se volvió claro luego de la crisis que incluso los grandes bancos de inversión parecían haber estado contentos de depender por completo de las agencias de calificación para determinar el riesgo relativo de un producto financiero. Compraron según la fortaleza de veredictos que eran equivocados.

Al ver las desastrosas consecuencias de la crisis, se escucharon a muchas personas que decían que habían aprendido de la experiencia y que mejorarían su propia capacidad de evaluación del riesgo. Quizás lo hayan hecho pero gran parte de las contrataciones que siguieron a la crisis con tanta rapidez parecen haberse concentrado en los negocios más que en el menos emocionante, pero vital, análisis de riesgo.

"Los principios deberían dejar en claro que cualquier uso de calificaciones de ACC por parte de una firma no disminuye su propia responsabilidad de asegurarse de que sus exposiciones al crédito estén basadas en evaluaciones sólidas", señala el FSB, de forma razonable. Como una potencial forma de alentarlos, sugiere que si los bancos tienen inversiones que no fueron evaluadas de forma interna, entonces podrían tener que cumplir con requisitos de capital más altos. También podría haber una demanda de mayor apertura sobre las prácticas de inversión de las firmas, aunque, a la luz de las críticas del FSB, sería una firma imprudente la que dejara en claro que aún depende en gran medida de las agencias de calificación.

Si ahora parece que es hora de rebajar la calificación de las acciones de las agencias de calificación de crédito, habría pocas lágrimas en Grecia o Irlanda.

Fuente: WSJ