1 ene. 2010

Tras los rescates, el Estado es el nuevo protagonista del capitalismo

Por Bob Davis, Deborah Solomon y Jon Hilsenrath

En 2008 y 2009, Washington operó de emergencia a un paciente que llegó en un estado muy precario. En 2010, surgirá un cuadro más claro de cómo la intervención estatal transformó el rostro de la economía estadounidense.

Una vez que la recesión ceda, va a quedar totalmente claro la expansión del Estado en la economía y si, a raíz de ello, emerge un nuevo capitalismo estadounidense.

Lo que ya ha quedado de manifiesto es que el gobierno es una fuerza mucho mayor en la economía estadounidense que antes de la crisis financiera. "La frontera entre el Estado y el mercado ha cambiado", señala Daniel Yergin, cuyo libro Commanding Heights (publicado en español bajo el título Líderes y Pioneros de la Globalización) relata el ascenso del libre mercado en el mundo. "El reino del Estado se ha expandido", sostiene.

Para impedir que el derrumbe de los mercados inmobiliario y crediticio hundiera al resto de la economía, los gobiernos de los presidentes George W. Bush y Barack Obama junto con la Reserva Federal gastaron, prestaron e invirtieron más de US$2 billones (millones de millones) en una iniciativa después de otra.

Washington inyectó US$245.000 millones en casi 700 bancos y compañías de seguros, garantizó deuda bancaria por cerca de US$350.000 millones y concedió más de US$300.000 millones en préstamos de corto plazo a empresas de primera categoría. Además, rescató a dos de las tres principales automotrices del país y desembolsó miles de millones de dólares para estimular el mercado de bienes raíces comerciales y los préstamos a la pequeña empresa y de tarjetas de crédito. En dos paquetes de estímulo promulgados en febrero de 2008 y 2009 dedicó otros US$955.000 millones para reactivar la economía.

Los defensores y detractores de esta contundente intervención estatal compiten por que se imponga su interpretación de los acontecimientos de los últimos 16 meses.

Lawrence Summers, el principal asesor económico de la Casa Blanca, insiste en que fue una terapia esencial y de corto plazo, no una reinvención del capitalismo. "Nuestro gran objetivo era rescatar a una economía que estaba cerca del abismo, donde una depresión parecía una posibilidad real", señala. Según esos criterios, afirma, la intervención surtió efecto. "La clase de colapso financiero y económico que a finales del año pasado parecía muy posible, ahora parece remota", subraya. Los rescates "fueron diseñados para ser, y han sido, temporales", dice. "No hay ninguna intención de alterar el papel primordial del sector privado en nuestra economía", resalta.

Summers, en todo caso, no cree que el Estado vuelva ocupar el rol que tenía antes de la crisis. "La manera en que nuestro sistema financiero estaba operando era mucho más frágil de lo que muchos suponían. Estos eventos apuntan a cambios significativos en la forma en que regulamos la economía y las finanzas", advierte.

John Taylor, ex funcionario del Departamento del Tesoro durante la presidencia de George W. Bush y actual profesor de la Universidad de Stanford, piensa que el papel del gobierno será mucho más amplio de lo que insinúa Summers. "Aunque la emergencia puede haber pasado, todavía tenemos una mentalidad que generará intervenciones similares durante un buen tiempo", observa.

Una preocupación es que las empresas esperen ser rescatadas en la próxima crisis, lo que las animará a asumir riesgos imprudentes. "Si no regulamos adecuadamente el sistema bancario vamos a tener un crecimiento muy moderado debido al exceso de regulación u otra crisis financiera dentro de 10 o 15 años", afirma el economista de la Universidad de Harvard Kenneth Rogoff.

Si bien EE.UU. ha vuelto a crecer, el desempleo llega a 10%, un nivel muy alto, y la vitalidad de la economía una vez que el gobierno retire la adrenalina que provee el estímulo sigue siendo una incógnita.

La intervención, asimismo, ha venido acompañada de un gigantesco déficit fiscal que, en algún momento, podría hacer subir las tasas de interés y la inflación.

El Fondo Monetario Internacional estima que el déficit fiscal estadounidense llegará al 108% del Producto Interno Bruto (PIB) en 2014, un alza importante frente al 62% del PIB de 2007, de no mediar medidas que son difíciles de digerir desde un punto de vista político, como alzas de impuestos o recortes de programas de beneficios.

Para muchas empresas, la presencia del gobierno se ha agigantado, afectando desde la contratación de ejecutivos hasta el futuro de concesionarios de automóviles.

Bank of America Corp. devolvió los fondos inyectados por el gobierno pero, de todos modos, buscó su asesoría sobre un paquete de remuneración antes de contratar a su nuevo presidente ejecutivo. El banco estudiaba incorporar a Robert Kelly, presidente ejecutivo de Bank of New York Mellon Corp., al que le ofrecería entre US$35 millones y US$40 millones y quería conocer la opinión de Washington. Kenneth Feinberg, el encargado del gobierno de las remuneraciones de los ejecutivos, respondió que, si de ellos dependiera, rechazarían el paquete de remuneración. Ante esta y otras señales, la junta directiva de Bank of America desistió de contratar a Kelly y optó por ascender a la presidencia ejecutiva a Brian Moynihan, que había estado trabajando para mejorar la reputación del banco en Washington.

Mientras tanto, algunas aseguradoras acusan al gobierno de distorsionar el mercado al mantener a flote a las empresas más débiles. Edmund "Ted" Kelly, presidente ejecutivo de Liberty Mutual Group, menciona el caso de Hartford Financial Group, uno de sus competidores, que obtuvo US$3.400 millones en fondos estatales luego de comprar una entidad de ahorro y transformarse en un holding bancario. Liberty Mutual, que no solicitó fondos estatales, no entiende por qué Hartford los obtuvo. "La quiebra de Hartford no le hubiera causado ningún daño a la economía", asegura Kelly. Hartford declinó referirse al tema.

La naturaleza del capitalismo post crisis en EE.UU. dependerá en buena medida de la forma en que el gobierno y el Congreso utilicen sus nuevas facultades. Al interior de Washington hay una profunda ambivalencia al respecto. ¿Debería ser un accionista agresivo o pasivo? Por el momento, el gobierno está dividido acerca de su papel como accionista y guardián del interés público.

[EE.UU.]

31 dic. 2009

Europa lucha por reducir su deuda sin ahogar el débil repunte económico

Por Terence Roth

Tras dos años marcados por el colapso de los sistemas bancarios y la recesión, la zona euro se apresta a iniciar 2010 con una crisis de deuda de marca mayor.

La Comisión Europea advierte que las finanzas de la mitad de los 16 países que integran la zona euro corren un riesgo alto de volverse insostenibles.

Los gobiernos pasarán el año entrante y los siguientes tratando de equilibrar la apremiante necesidad de reducir el déficit sin poner en peligro lo que parece ser una feble reactivación económica. Incluso los optimistas más acérrimos en Bruselas y Francfort anticipan un proceso accidentado, en el que las firmas de calificación de crédito se disponen a realizar nuevas rebajas y los mercados de bonos evaluarán a diario la solidez de las políticas gubernamentales.

La calificación de la deuda de Grecia y España ya sufrió una rebaja. Irlanda y Portugal han sido alertados de que podrían ser los próximos en la lista. Fitch advirtió en un informe de diciembre que el Reino Unido (que no está en la eurozona) y España y Francia (que sí lo están) corren el riesgo de sufrir rebajas si el próximo año no ponen en marcha programas de reducción de deuda más creíbles, dado el ritmo de su deterioro fiscal.

Mientras el joven bloque cambiario afronta la primera gran prueba, los mercados financieros cubren sus espaldas. El euro cerró 2009 con una caída respecto a sus máximos del año y las acciones bancarias declinaron ante la percepción de que sus portafolios de bonos gubernamentales podrían perder valor.

Los economistas temen que el perjuicio fiscal podría tardar años en repararse. La recesión que se ha apoderado de la zona euro desde mediados de 2008 derrumbó la recaudación tributaria y disparó los costos de los sistemas de protección social. Los miles de millones de euros destinados a los planes de estímulo fiscal y rescates bancarios completaron la devastación de las arcas gubernamentales.

Los inversionistas también temen una recaída si los gobiernos se apresuran demasiado a consolidar sus presupuestos y asfixian la recuperación económica. Si los gobiernos se demoran mucho en reducir la deuda, no obstante, arriesgan nuevas rebajas a su calificación de deuda y un mayor riesgo de cesaciones de pagos. Los déficits fiscales de la región aumentaron a 6,4% del Producto Interno Bruto (PIB) en 2009, respecto al 2% del año previo. La UE proyecta que la brecha ascienda a casi 7% del PIB en 2010.

Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo, no ha ocultado su temor de que la excesiva deuda fiscal limite su capacidad para controlar la inflación y ha exhortado en reiteradas ocasiones a los gobiernos para que no se desborden. El BCE también reconoce que países como Grecia y España podrían tener que tomar medidas antes para reducir su déficit fiscal y la cantidad de deuda en circulación en los mercados de bonos europeos.

Alemania y Francia, en cambio, elevarán el gasto para inyectar más estímulo fiscal en 2010, lo que en el caso de Francia impulsará su déficit fiscal a más de 8% del PIB, según las proyecciones de la UE. La preocupación en Berlín y París es que el alza del desempleo contribuya a restringir el consumo, por lo que un retiro prematuro del apoyo gubernamental sería contraproducente.

Los intentos por equilibrar las políticas fiscales en el marco de una unión cambiaria de muchos países ponen de relieve un escollo que preocupaba a los escépticos antes del lanzamiento del euro hace una década. Estos decían que una unión monetaria no suplementada por una unión política corría el riesgo de ver políticas fiscales absolutamente dispares entre sus gobiernos miembros, especialmente durante una recesión. 2010 será un buen momento para demostrar que tales temores eran infundados.

De todas maneras, el centro de atención a principios de 2010 seguirá siendo Grecia y su déficit fiscal del 12,7% del PIB, cuatro veces el límite de la UE. El gobierno griego trata de gestar un consenso político en el Parlamento para apoyar un plan de reducción del gasto público sin provocar el rechazo social visto en las calles del país a finales de 2009.

Europa le ha dicho a Atenas que tiene que solucionar el problema sin ayuda externa, pero son pocos los que creen que la zona euro permitiría que uno de sus miembros caiga en cesación de pagos. Si la situación llega a tal extremo, sería de esperar que los gobiernos de la eurozona acudan con un plan de rescate para absorber parte de la deuda griega o emitir garantías.

Pero Bruselas ha adoptado una línea dura. La Comisión Europea, en su último informe económico trimestral, dijo que la fuerte reacción de los mercados financieros a las muestras de políticas fiscales laxas subraya la importancia de controlar el gasto público y calificó a Grecia como "una fuente de preocupaciones seria".

El primer capítulo de la lucha europea contra el exceso de deuda llegará en enero, cuando Grecia deba presentar una reforma fiscal para ser evaluada por sus homólogos de la zona euro.

[Europa]

Fuente: WSJ

30 dic. 2009

España: Cómo pagar mejor al empleado sin gastar más

por Sergio Saiz

La retribución flexible permite descontar de la nómina de los trabajadores parte de sus gastos personales, como el alquiler de un piso o la guardería de los hijos, rebajando el salario bruto gravado por el irpF y ahorrando en el pago de impuestos.

[foto de la noticia]
Ampliar foto

Ha llegado el momento de que Javier y Elena lleven a su hijo a la guardería. A ella, se le ha terminado la baja por maternidad y juntos tienen que pensar cómo sacar el máximo partido a sus sueldos para llegar a final de mes. Elena cobra 50.000 euros, el doble que su marido. Ambos han oído hablar de que sus compañías cuentan con un plan de retribución flexible, pero hasta ahora nunca lo han utilizado. Tras hacer cuentas, deciden que será Javier quien pida una reducción de jornada para poder estar con su hijo por las tardes, ya que es el que menos ingresos aporta a la cuenta familiar. Los gastos anuales de la guardería ascienden a 3.500 euros, a los que se suman los 2.100 euros que Elena gasta al año por tener que quedarse a comer cerca de la oficina. Además, tienen contratado un seguro médico privado para toda la familia, que les cuesta 150 euros al mes.

El sueldo de Javier se destina íntegramente a pagar el alquiler del piso donde viven y con el de Elena se pagan las facturas de la guardería, el médico y la comida en la oficina, por lo que el saldo final de la renta de la que disponen para otros gastos es de 32.000 euros anuales. Un compañero de Elena le cuenta que él ha comprado, a través de la intranet de la compañía, tres días libres adicionales con cargo a su sueldo, que unidos a otros dos días de vacaciones que todavía no ha disfrutado, le sirven para irse una semana de vacaciones a Cuba, viaje que también ha contratado a través de la intranet y, de paso, ha aprovechado una oferta que había para empleados y se ha comprado un ordenador para su uso personal. “Y encima me desgrava”.

Incentivos fiscales
Por probar no se pierde nada, y Elena se acerca al departamento de Recursos Humanos para plantear su caso y ver si ella también puede aprovecharse de esos incentivos fiscales de los que habla todo el mundo y que pensaba que sólo eran para la empresa, pero no para los trabajadores. El director de RRHH le explica que, si es la empresa la que paga la guardería, los gastos de comida y el seguro médico, y se los descuenta directamente a ella del sueldo bruto, su base de cotización ya no son 50.000 euros, sino 42.800, ya que estos beneficios sociales están exentos del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) si los desembolsa la compañía.

De esta forma, Elena pagará menos impuestos y se ahorrará cada año 2.600 euros, es decir, su salario neto disponible se incrementa un 8,1%. Para confirmar estos cálculos, Elena habla con Stanislas de Saint Louvent, director general de Sodexo Soluciones de Motivación, compañía especializada en retribución flexible. Además de verificar que los cálculos son correctos, De Saint Louvent le advierte de que el salario en especie no puede superar el 30% de la retribución y que esta fórmula está especialmente indicada para sueldos que superan los 18.000 euros anuales, por lo que Elena le cuenta también el caso de su marido. El director de Sodexo le explica entonces que existen muchos tipos de beneficios sociales que pueden incluirse dentro del sistema de retribución flexible, cuya gran ventaja es que es el empleado quien decide qué tipo de gastos descuenta de su nómina en función de sus necesidades y teniendo en cuenta que no todos las partidas tienen el mismo tratamiento fiscal, ya que unos están exentos completamente de pagar el IRPF, pero otros sólo parcialmente e, incluso, algunos no cotizan a la Seguridad Social (por lo que no se les considera parte del salario bruto a efectos de paro o jubilación).

Ahorro
La gama de opciones es tan amplia que incluso hay compañías que, además de los tradicionales vales de comida o cheques guardería (los más utilizados en España), han desarrollado productos que combinan seguros de vida con planes de pensiones. Gracias al programa Planmax (adaptado también a las pequeñas empresas a través de Pymax), de ING, se puede ofrecer a los empleados un seguro de vida de ahorro colectivo. Esta modalidad tiene una doble compensación, ya que las aportaciones dinerarias están exentas de tributación (por lo que la cantidad ahorrada cuando llegue la jubilación es mayor que si se hicieran de forma individual) y, además, reduce la base del salario bruto sobre la que se aplica el IRFP en la nómina (cuyo diferencial es menor cuanto más bajo es el salario).

Fuente: Expansión

29 dic. 2009

Un golpe maestro en medio del pánico bancario

Por Gregory Zuckerman

El fondo de cobertura de David Tepper logró una ganancia de US$7.000 millones en 2009, y el ejecutivo se encamina a cosechar más de US$2.500 millones para sí mismo, según personas al tanto. Eso se destaca entre las mayores ganancias anuales de los últimos tiempos.

Detrás de estos resultados está una apuesta de miles de millones de dólares a que Estados Unidos evitaría repetir la Gran Depresión.

Entre febrero y marzo, Tepper compró acciones de bancos con problemas mientras muchos inversionistas huían despavoridos. Día tras día, Tepper compraba acciones de Bank of America, que en ese momento se vendían a menos de US$3, y acciones preferentes de Citigroup Inc., cuando esos títulos estaban por debajo de US$1. Amigos que compartían sus creencias optimistas temían imitar sus pasos en medio de la especulación de que el gobierno podría nacionalizar los grandes bancos.

"Me sentí solo", recuerda Tepper. Algunos días, señala, "nadie hacía siquiera una sola oferta".

Las apuestas dieron sus frutos. Un mercado renaciente ha ayudado a la firma de Tepper, Appaloosa Management, a ganar alrededor de 120% luego de los honorarios de la firma, hasta comienzos de diciembre. Gracias a esas ganancias, Tepper, especializado en acciones y bonos de empresas con problemas, administra alrededor de US$12.000 millones, una cifra que convierte a Appaloosa en uno de los mayores fondos de cobertura del mundo.

Ahora, Tepper apunta a un nuevo objetivo. Compró alrededor de US$2.000 millones en valores comerciales respaldados por hipotecas con mal desempeño. Entre sus compras se encuentran bonos respaldados por paquetes de deuda de Peter Cooper Village & Stuyvesant Town y del número 666 de la Quinta Avenida en Nueva York, dos propiedades inmobiliarias de alto perfil que perdieron valor en los dos últimos años.

Algunos expertos predicen más malas noticias para los bienes raíces comerciales, y afirman que si la apuesta de Tepper no da buenos resultados, podría poner en peligro parte de sus ganancias recientes. Tepper asegura que se mantiene optimista.

Ya no son mimados

Los fondos de cobertura, que en su momento fueron los niños mimados de los inversionistas con mucho dinero, sufrieron mucho en 2008, precipitándose 19%. Casi 1.500 fondos, o 16% del total, quebraron en 2008. En 2009, los fondos de cobertura se recuperan, con subidas de 19% hasta noviembre, al ritmo para lograr sus mejores ganancias anuales en una década, según Hedge Fund Research Inc.

Un puñado de fondos —incluidos los fondos de mercados emergentes de Everest Capital y la firma especializada en acciones Glenview Capital— consiguieron suculentas ganancias este año. En dólares, sin embargo, ninguno parece haberse siquiera acercado a las ganancias de Appaloosa.

A fines de los años 80, Tepper trabajaba en Goldman Sachs. Tras ser pasado por alto una y otra vez para un ascenso, dejó la firma y fundó Appaloosa en 1993. Para 2008, tenía un historial de ganancias anuales que promediaban alrededor de 30% y un patrimonio neto de alrededor de US$2.000 millones.

Tepper se ríe con facilidad, pero los empleados afirman que puede cambiar de humor con rapidez cuando se enoja. Tepper tiene una réplica de un par de testículos de bronce en un lugar visible en su escritorio, un regalo de ex empleados. Cada día, como chiste con sus colegas, frota el regalo para tener suerte durante la jornada de operaciones.

Sus mayores logros a lo largo de los años los consiguió comprando grandes paquetes de inversiones caídas en desgracia. Cuando los mercados asiáticos se derrumbaron en 1997, Tepper agregó acciones coreanas a un portafolio lleno de deuda rusa. Las iniciativas llevaron a cientos de millones de dólares en ganancias cuando los mercados repuntaron dos años después. Ganó mucho dinero con bonos basura en 2003 y su apuesta en 2007 por el acero, carbón y otras empresas de recursos naturales rindieron sus frutos en 2008 cuando los precios de los commodities se fueron por las nubes.

Puro terror

Debido a que a veces coloca más de la mitad de su portafolio en una sola apuesta de corretaje, Tepper también es propenso a sufrir pérdidas abruptas y brutales.

Ese enfoque le costó más de US$1.000 millones el año pasado. En enero de 2008, salió a la luz que el corredor de Societé Général SA Jérôme Kerviel perdió US$7.200 millones, una de las mayores pérdidas de corretaje del mundo. Tepper vendió una gran parte de sus valores, al temer una caída generalizada del mercado. Sin embargo, los precios se mantuvieron, lo cual perjudicó a Appaloosa.

En la primer mitad de 2008, se volvió optimista sobre las acciones de grandes empresas y realizó algunas compras, pero se vio perjudicado cuando los mercados empezaron su declive.

También perdió casi US$200 millones en una fallida inversión en el proveedor de autopartes Delphi, tras una batalla legal que terminó hace unos meses.

El mayor fondo de Tepper cayó 25% en 2008, peor que el promedio de 19% de la industria.

"Invertir con David es como volar: son horas de aburrimiento seguidas de minutos de puro terror", señala Alan Shealy, un cliente durante más de 18 años. "Es un oportunista innato, que invierte en cualquier clase de activo, pero es necesario tener un estómago de hierro (para trabajar con él)".

Tepper empezó 2009 con cautela, con más de 30% de los activos de su firma en efectivo, o más de US$2.000 millones. Quería salir de compras.

El 10 de febrero de este año, Tepper leyó que el Departamento del Tesoro de EE.UU. presentaba un plan que incluía un compromiso por parte del gobierno para inyectar capital en bancos y comprar sus acciones preferentes.

Tepper lo tomó como prueba de que el gobierno respaldaría a los bancos. Les indicó a sus corredores que compraran acciones y deuda de bancos.

Pocos inversionistas se sentían tan optimistas. Tepper insistió en que el gasto en estímulo y las bajas tasas de interés impulsarían la economía. Estimaba que había sólo un 20% de posibilidades de que EE.UU. nacionalizara bancos como Citigroup.

A lo largo de varias semanas, el equipo de Tepper compró inversiones en varios bancos, incluyendo deuda, acciones preferentes y acciones comunes. A pesar del dinero que el gobierno inyectaba en empresas financieras y bancos, sus acciones no dejaban de caer.

En marzo, la firma registraba una pérdida de 10% para el año, o unos US$600 millones. Tepper comenzó a llamar en persona a los corredores de Wall Street para averiguar qué tan grave era la situación.

La respuesta era la misma en todas partes: realmente grave. Tepper afirma que le dijeron que era el único gran inversionista que seguía comprando.

Para fines de marzo de 2009, las acciones de Citigroup se habían triplicado en valor, y otros activos de Tepper, incluidos bonos basura, subían. Él y su equipo compraron más, gastándose más de US$1.000 millones, cuando varios bancos vendieron acciones. Tepper asegura que el costo promedio que tuvo por acciones de Citigroup fue de 79 centavos de dólar y para Bank of America fue de US$3,72.

Poco después de mediados de este año, Tepper había conseguido alrededor de US$1.000 millones en ganancias en acciones sólo de Citigroup y Bank of America, y sus ganancias totales superaban los US$4.500 millones.

Tepper sigue siendo optimista. Prevé que las tasas de interés se mantendrán bajas, y sostiene que las acciones y los bonos tienen precios razonables.

Fuente: WSJ

28 dic. 2009

Siete Premios Nobel sobre España: será un año difícil y hacen falta reformas

por Expansión.com

Michael Spence ha sido el último Premio Nobel de Economía que ha atacado duramente a España por la complicada situación económica que atraviesa. En el último año, varios galardonados con esta distinción han aireado la penurias de un país que "ha decepcionado económicamente al mundo".

En una entrevista que publica hoy el diario italiano 'La Repubblica', Spence, Premio Nobel de Economía 2001, asegura que "España ha despertado de un sueño con un fuerte dolor de cabeza y antes de que se le pase tendrá que esperar mucho tiempo".

El economista estadounidense ha añadido que el país tendrá que afrontar un "periodo de crecimiento muy lento y de serias dificultades internas" tras basar su modelo de crecimiento en un boom inmobiliario que "no podía durar eternamente".

Las palabras de Spence suenan a música celestial cuando se comparan con el diagnóstico que ofreció Robert Lucas Jr, Nobel de Economía de 1995, en una entrevista concedida a Expansión.com. El titular era rotundo: "España ha decepcionado económicamente al mundo".

Mas allá de esta afirmación, Lucas atacaba duramente la actuación del Gobierno liderado por José Luis Rodríguez Zapatero, sobre todo en lo que se refiere a la subida de los impuestos ("Si castigas a los ricos por su éxito, el país tendrá menos éxito") y a la necesidad de reformar el mercado laboral ("El desempleo del país es más que chocante. Acometer una reforma laboral es necesario").

Tampoco se andó por las ramas Edward Prescott, Nobel de Economía de 2004, en una entrevista con Expansión.com en noviembre: "España no está en recesión, sino deprimida".

Prescott también mostró su recelo ante la subida de impuestos planteada por el Gobierno: "Subir impuestos deprime la economía, porque en los países con tipos marginales más altos la gente trabaja mucho menos".

Sobre la situación del mercado laboral, Prescott lanzó un duro alegato contra los subsidios: "En España la gente sabe que va a recibir prestaciones durante muchos años y se despreocupa pensando que hace un buen día", aseguraba. "La gente es feliz trabajando, pero si ellos reciben dinero del Estado no trabajan".

Un mes antes, Paul Krugman, Nobel de Economía de 2008, recomendaba a España "hacer recortes de sueldos, recortes de precios".

"No me gusta esto, no es una manera de ajustarse, pero es la única forma disponible. Odio esto: no me gusta la deflación, pero la realidad es que va a suceder. La pregunta es si va a pasar durante diez años de sufrimiento o relativamente rápido", explicaba Krugman.

En marzo, y en un acto que contó con la presencia de Zapatero, Krugman calificó la situación de la economía internacional como "aterradora" y señaló que España lo tendría "muy difícil". Krugman se refirió en concreto al fin del boom de la construcción, que dejó una situación "especialmente difícil" en nuestro país.

En verano de 2008, en plena tormenta financiera, Edmund Phelps, Nobel de Economía de 2006, invitaba a España a flexibilizar su mercado laboral y caminar "hacia el despido libre".

Phelps señalaba que la crisis abría "una oportunidad para España para elaborar medidas estructurales en este sentido". El economista apuntaba que había al menos una "veintena" de cambios posibles para reactivar el mercado laboral.

Sin embargo, centraba su atención en tres: "Eliminar las trabas burocráticas para facilitar la entrada de nuevas compañías; suavizar las protecciones por desempleo e incrementar al demanda de trabajadores".

Phelps abogaba por "dar la seguridad a las compañías de que pueden contratar sin miedo, ya que si pasados 24 meses, por ejemplo, les sobra mano de obra podrán despedirla sin incurrir en costes demasiado elevados. Incluso, por qué no, podría llegarse al despido libre", concluía.

Por su parte, Eric Maskin, Nobel de Economía de 2007, incidía en el ataque de Prescott a la subida de impuestos. El matemático recordaba que lo que se necesita para salir de la crisis es "animar" la demanda para reactivar la producción.

Una recesión implica que la actividad económica está funcionando a niveles más bajos de lo habitual, explicaba. Hay poca producción y poco consumo, y subir impuestos reduce aún más la demanda y la producción.

El único de los Nobel que se han pronunciado sobre la situación de España que ha dado su visto bueno a la subida de impuestos ha sido George Akerlof, Nobel de Economía de 2001.

Akerlof explicaba que la respuesta habitual ante la crisis sería bajar los impuestos para poder aumentar la demanda, pero matizaba que en el caso de España, que tiene limitada la cantidad de dinero que puede tomar prestada, "esta opción no puede considerarse".

"Si se suben los impuestos, la población gasta más dinero y a la vez mantiene el mismo poder adquisitivo pero el gasto público adicional se obtiene de forma gratuita", indicaba Akerlof.