13 mar. 2009

El patrimonio de las familias estadounidenses se derrumba

Por S. Mitra Kalita

El patrimonio de las familias estadounidenses cayó 18% en 2008, borrando años de pronunciadas ganancias en los mercados inmobiliario y bursátil y marcando la mayor pérdida desde que la Reserva Federal (Fed) comenzó a llevar la cuenta luego de la Segunda Guerra Mundial.

La Fed reveló el jueves que el patrimonio neto de los hogares estadounidenses descendió en US$11 billones (millones de millones), un derrumbe en un solo año que iguala la producción anual combinada de Alemania, Japón y el Reino Unido. Los datos marcan el fin de una era definida por viviendas primarias y secundarias, fondos de retiro cada vez más abultados y portafolios de inversiones que crecían sin parar.

Recesiones anteriores han sido leves interrupciones en comparación con las pérdidas que soportaron los estadounidenses el año pasado, lo cual los dejó por debajo de los niveles de 2004. Pero la caída del patrimonio neto de los estadounidenses se produce después de un auge extraordinario. La riqueza de las familias creció a más del doble entre 1992 y 2000, y, tras una pausa, subió casi 50% antes del colapso de 2008.

Mientras el valor de sus activos se desplomaba, la deuda total de los estadounidenses no registró grandes variaciones. La deuda total de las familias aumentó medio punto porcentual en 2008, cuando hicieron frente a un menor acceso al crédito y muchos comenzaron a esforzarse por vivir de acuerdo a sus ingresos. Después de años en que el constante aumento de sus activos los hizo abrir la billetera, este fenómeno, conocido como el efecto de la riqueza, se revirtió, contribuyendo a la frugalidad.

Dawn Cortese, madre de tres varones, recuerda los días de bonanza cuando trabajaba como ejecutiva de ventas de la farmacéutica Pfizer Inc., cuya acción se había ido a las nubes debido a las ventas de medicamentos populares como Viagra y Lipitor.

"Miraba mi cuenta de retiro y nos sentíamos cómodos, felices... Nunca fui muy cautelosa", reconoce Cortese, de 40 años, de Oakland, Nueva Jersey. Si sus hijos y sus amigos querían hamburguesas y pizza luego de un partido de hockey en patines, ella se las compraba. Tenía una mucama que limpiaba su casa de cuatro dormitorios y un jardinero que cortaba el césped.

Hace 18 meses, Cortese renunció a Pfizer para fundar una empresa de organización de eventos. Al principio le fue bien. Un fin de semana convertía una fiesta para una niña de 15 años en un estudio de Hollywood con reflectores y megáfonos, y al siguiente transformaba una fiesta de jubilación en un evento de música country.

A fines del año pasado, sin embargo, el negocio empeoró. Los elementos que utilizaba para las fiestas se llenaron de polvo, guardados en el sótano. Ahora, Cortese se dedica a otro emprendimiento: vende productos de cuidado de la piel a través de Arbonne International LLC.

Su marido, Chris, afirma que su empleo es relativamente estable. Pero el matrimonio está tratando de apuntalar sus finanzas. Han puesto su casa en venta por US$799.999, US$100.000 menos que lo que valía hace un año, cuenta Dawn Cortese.

El portafolio total de la familia, compuesto por acciones, planes de jubilación y fondos para la educación de sus hijos, se redujo 35%, afirma la pareja.

"Aunque mi marido tiene un buen empleo, estoy mirando nuestro portafolio y tratando de hacer lo que sea más conveniente", dice Cortese, quien ha comenzado a utilizar cupones de descuento y a cocinar en casa para ahorrar. Si pueden vender la casa, la idea es comprar una vivienda más barata o incluso arrendar por algunos años. "Mi padre siempre decía, Dawn, hay que gastar menos de lo que ganas. Eso es lo que estoy tratando de hacer", dice Cortese.

En general, el documento trimestral de la Fed, conocido como el informe del flujo de fondos, deja en evidencia la nueva carga que pesa sobre el consumidor en EE.UU.: los créditos hipotecarios y la deuda de tarjetas de crédito totalizaron US$13 billones, un 123% de los ingresos después de impuestos. En 1995, por ejemplo, la cifra correspondió al 83% de los ingresos.

La recesión que comenzó en diciembre de 2007 ha revertido un auge especialmente prolongado. "Lo que llama a engaño cuando se señala que esta es la caída más estrepitosa es que fue precedida por uno de los ascensos más espectaculares", explica David Backus, profesor de economía de le Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York. "Aun cuando ha bajado, no es un nivel bajo comparado con los últimos 50 años de historia".

El patrimonio neto de las familias de EE.UU. ascendió a US$51,48 billones a fines de 2008, según la información de la Fed. Además de haber bajado un 17,9% respecto al año anterior, se ubicó un 9% por debajo del nivel del tercer trimestre. La cifra neta abarca todos los activos de las familias —viviendas, acciones, propiedades personales— a lo que se resta la deuda total.

Deidre Helberg, de Freeport, Nueva York, poseía dos casas y operaba una guardería desde una de ellas. Luego vendió una de las casas y la guardería e invirtió en otro negocio. "Ese dinero ahora se ha esfumado", afirma con amargura.

Fuente: WSJ

12 mar. 2009

Occidente mira con preocupación a Europa Central y del Este

Muchos países de Europa Central y del Este han florecido en los últimos años después de haber navegado durante años en aguas estancadas; sus exportaciones crecieron y crecieron y con las divisas que obtenían compraban bienes y servicios de Occidente. Estos beneficios se empiezan a conocer ahora, otra víctima de la crisis financiera mundial.

Esta parte de Europa ya no está aislada del resto del mundo. En caso de que los deudores de Europa Central y del Este no devolviesen el enorme volumen de préstamos que los bancos occidentales les concedieron con tanta alegría hace apenas unos años, el colapso económico podría resonar en todo Occidente. Muchos economistas advierten que podría haber efectos muy negativos, ya que los problemas de cada región pueden agravan los de la otra; otros temen que Europa occidental incluso podría verse “inundada” de refugiados económicos de Ucrania y otros países de Europa del Este, tal y como sucedió durante la escisión de Yugoslavia en los 90.

"Ahora todos los países del mundo están estrechamente vinculados, así que Europa del Este nos debe preocupar”, afirma el profesor de Finanzas de Wharton Franklin Allen.

La existencia de vínculos financieros puede tener efectos mucho más profundos en economías emergentes que en las fuertes economías desarrolladas, dice Philip M. Nichols, profesor de Ética Empresarial y Derecho en Wharton. “Cuando tus instituciones son tan vulnerables a las influencias externas, como es el caso de las economías emergentes, las cosas malas que ocurran en otras partes del mundo te acaban afectando”.

Aunque las condiciones varían, los países de Europa Central y del Este suelen tener economías basadas en las manufacturas y la agricultura, señala Nichols añadiendo que muchas de ellas se caracterizan por tener una moneda inestable y “problemas con la deuda”. Además, muchos de los países del antiguo bloque soviético no cuentan con mucha experiencia en el funcionamiento de la economía de mercado. “Para ellos todo es totalmente nuevo. Eso obviamente genera vulnerabilidades”.

“Los países de Europa del Este dependen mucho de las exportaciones y tienen enormes déficit por cuenta corriente; están más apalancados que otros mercados emergentes”, dice Heather Berry, profesor de Gestión de Wharton en referencia a las economías que importan más de lo que exportan, provocando salidas masivas de divisas.

“El rápido crecimiento de los países de Europa del Este ha sido debido a las inversiones y a la demanda de Occidente”, añade. “Ambos determinantes ahora están en la cuerda floja. A medida que los países de Europa Occidental se enfrentan a sus propias dificultades, la demanda de productos de Europa del Este disminuye y se paraliza todo plan para realizar más inversiones directas en la zona. Asimismo, muchas empresas occidentales podrían sentirse presionadas para mantener gran parte de su dinero en el propio país para casos de emergencia”.

Los países más perjudicados en la región son los estados bálticos –Estonia, Letonia y Lituania-, donde los análisis de Economist Intelligence Unit predicen este año un descenso del 8,3% en su producto interior bruto. Para Europa Central y del Este –que incluye la República Checa, Hungría, Polonia, Eslovaquia y Eslovenia- se prevé un descenso del PIB del 0,4%. Se espera una contracción del 0,2% en los países balcánicos –Bulgaria, Croacia, Rumania y Serbia-, y en Rusia, Azerbaiyán, Kazajstán y Ucrania, antiguos miembros del la extinguida Unión Soviética, se esperan caídas en el PIB del 2,2%.

Gran parte del problema radica en la deuda. En los últimos años, las empresas y consumidores de Europa Central y del Este se endeudaron masivamente en bancos occidentales; dichos préstamos se concedieron en dólares y euros dado que el tipo de interés a aplicar era inferior que para los créditos en su propia divisa. “Un banco austriaco podía conceder una hipoteca en euros a un propietario polaco a un tipo muy bajo, en especial si lo comparamos con lo que costaría en zotlys polacos”, dice Mark Zandi, economista jefe y cofundador de Moody’s Economy.com.

Los prestamistas de Austria y otros países occidentales estaban ansiosos por cubrir la demanda. Pero la crisis económica internacional ha provocado que muchas divisas de Europa Central y del Este caigan en relación con el dólar y el euro. Esto hace más difícil la devolución de los préstamos, ya que los ingresos de los prestatarios, en moneda doméstica, tienen que ser convertidos en euros o dólares. Por ejemplo, en la actualidad un euro se cambia por once grivnias ucranianas, pero hace exactamente doce meses cotizaba a siete grivnias.

“Ahora lo que se demanda es calidad, y esto significa que todo el mundo acude al dólar y al euro y abandona las divisas de las economías emergentes … y éstas se derrumban”, dice Zandi. “Y como gran parte de la deuda contraída por los hogares e instituciones de Europa del Este está expresada en euros, están experimentando graves dificultades. Si pensabas que las hipotecas subprime eran un problema, la devolución de estas otras hipotecas son un gran problema”.

En opinión de Zandi, esto podría causar grandes pérdidas para los bancos occidentales e, indirectamente, para los estadounidenses. “La cuestión clave es que si estos préstamos tienen consecuencias negativas para Europa Occidental, entonces eso también se convierte en un problema para Estados Unidos. Vendemos mucho a Europa y al Reino Unido”, dice Nichols. “Sería como preguntarse por qué una gran depresión en California afecta al estado de Oregón. Desde luego que le afectaría”.

Divisas que se derrumban

Muchos economistas han comparado los problemas en Europa Central y del Este con la crisis financiera asiática de 1997 y 1998. Dicha crisis dio comienzo con el colapso del baht tailandés, llevando a la bancarrota al país cuando fue incapaz de hacer frente a sus pagos frente a acreedores extranjeros. La crisis luego se propagó por toda Asia. “Es una situación muy parecida”, dice N. Bulent Gultekin, profesor de Finanzas de Wharton.

Por ejemplo, según un informe de Citigroup Global Markets, en Ucrania más del 90% de la deuda del Gobierno está expresada en divisa extranjera. Según otras estimaciones, para países como Rumania, Hungría y Bulgaria esta cifra se sitúa en más del 50%. En la India, que comparativamente está capeando el temporal financiero bastante bien, dicha cifra se sitúa en el 5%.

“Al igual que en Asia oriental en 1997-98, un exceso de deuda extranjera puede provocar una salida masiva de la divisa local”, señala el profesor de Finanzas de Wharton Richard Marston. "Es muy peligroso".

Los países asiáticos fueron capaces de hacer frente a la crisis con sus exportaciones, pero a Gultekin le preocupa que los países de Europa Central y del Este se encuentren con una demanda de exportaciones débil, ya que sus socios comerciales de Europa Occidental apenas disponen de dinero para el consumo.

Los países de Europa Occidental, preocupados con sus propios problemas, están ofreciendo un apoyo mínimo a sus vecinos del Este. El 1 de marzo, los líderes de la Unión Europea rechazaron una petición de Hungría por valor de 241.000 millones dólares para sacar a flote a las economías de Europa del Este. Hungría forma parte del bloque formado por Polonia, Eslovaquia, la República Checa, Bulgaria, Rumania y los estados bálticos que insiste en la necesitad de ayuda inmediata. La canciller alemana Angela Merkel, representando a la economía europea más poderosa, sostenía que cualquier ayuda debería analizarse individualmente, ya que los problemas difieren de país a país. El primer ministro húngaro Ferenc Gyurcsany respondía advirtiendo que si Europa Occidental rechazaba su petición, una “nueva cortina de hierro” se levantaría entre Europa del Este y del Oeste, ralentizándose el desarrollo económico en ambas partes”.

“Creo que lo que les preocupa es el riesgo moral, esto es, que si firman un cheque en blanco acabarán pagando mucho más de lo que deberían”, dice Allen en relación a la posición adoptada por Europa Occidental. Al final, los países de Europa Occidental tendrán que enfrentarse a los hechos: permitir que Europa del Este se derrumbe provocaría pérdidas destructivas a los bancos occidentales que han concedido préstamos en la zona oriental, así como a las empresas occidentales con negocios allí”.

Para que los bancos empiecen a conceder préstamos de nuevo, los gobiernos de la Unión Europea han inyectado casi 400.000 millones de dólares a sus bancos y garantizado más de 3 billones de dólares en préstamos bancarios. Esto debería conceder cierta protección contra las pérdidas generadas en Europa del Este. El 27 de febrero, el Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo, el Banco Europeo de Inversiones y el Banco Mundial anunciaban que destinarían 31.000 millones de dólares al apoyo de los países de Europa del Este; muchos expertos creen que se necesitaría mucho más. “Suelen ser lentos a la hora de dar respuesta a las crisis, en parte porque no se trata de un solo país, sino de muchos países diferentes”, dice Zandi.

A algunos economistas les preocupa que una nueva oleada proteccionista se interponga en todo esfuerzo para atajar la crisis. Por ejemplo, la Unión Europea aprobó préstamos de apoyo a los fabricantes automovilísticos franceses a cambio de que mantuviesen las fábricas francesas funcionando, lo cual ha provocado protestas en la República Checa, que cuenta con sector automovilístico propio.

De los 27 estados miembros de la Unión Europea, sólo 16 tienen el euro como divisa (de ellos, sólo dos pertenecientes a Europa Central y del Este: Eslovaquia y Eslovenia). La recesión económica impide que muchos otros países cumplan los criterios para poder adoptar al euro, como por ejemplo mantener el nivel de deuda pública y el déficit presupuestario por debajo de determinado umbral. La Unión Europea ha mostrado escaso interés por suavizar los criterios a pesar de las peticiones de Hungría, Polonia y los estados bálticos.

Fuerte, débil y “ni lo uno ni lo otro”

Aunque se suele meter a todos los países de Europa Central y del Este en el mismo saco, las diferencias entre ellos son extremas.

Por ejemplo, la economía ucraniana está dominada por las exportaciones de acero y productos químicos. Ambos sectores están en crisis y practicando despidos masivos; asimismo dicho país está sufriendo escasez en el suministro de agua y de energía para la calefacción. La divisa está en caída libre y a muchos expertos les preocupa que el Gobierno no pueda devolver sus préstamos. En enero una disputa con Rusia relacionada con ciertos pagos y transporte del gas natural a través de Ucrania dejaron a los consumidores de algunos países europeos sin calefacción, subrayando la importancia que tiene Europa del Este para Europa Occidental. El Fondo Monetario Internacional predice una caída del 6% de la economía ucraniana para este año, pero ha retenido parte del préstamo de rescate concedido porque el Gobierno no ha sido capaz de cumplir el requisito de recortar sus presupuestos.

“Ucrania es una de las economías más extrañas que jamás te puedas encontrar”, señala Nichols citando la descomunal descentralización sufrida y su dependencia de países con los que mantiene relaciones poco amistosas, como es el caso de Rusia. “La base de una economía como Ucrania es muy poco sólida”, lo cual le convierte en un país especialmente vulnerable a cualquier recesión económica.

La divisa polaca se desploma. Hungría, Rumania y los estados bálticos están cayendo en picado. Letonia tiene tantos problemas que Standard & Poor’s ha devaluado su calificación crediticia hasta el más bajo estatus, impidiendo que este país -fuertemente endeudado- pueda seguir pidiendo préstamos.

En opinión de Nichols, Eslovenia se está comportando relativamente bien, en parte gracias a sus vínculos con la economía austriaca. “Por lo que yo sé, está superando los baches”. También es el caso de Polonia, que goza de bastante buena salud gracias a su vibrante democracia y su falta de corrupción, dice Nichols. “Polonia ha hecho un trabajo extraordinario abriendo su economía”.

Al otro lado del espectro está Bielorrusia. “Todavía tiene un Gobierno autoritario y no democrático que emite señales confusas sobre si desea o no incorporarse a una economía mundial de mercado”. En el sur, muchos países se parecen a la Europa de hace 50 o 60 años. Bulgaria, que se está desplomando a grandes pasos, depende de la agricultura y todavía emplea animales de tiro y otras técnicas agrarias anticuadas. Hungría se debate en problemas éticos.

“Todos estos países son significativamente diferentes”, dice Nichols.

A largo plazo, los países en desarrollo de Europa Central y del Este necesitan tener vínculos más fuertes con Europa Occidental, adhiriéndose a la Unión Europea, adoptando el euro y ampliando su comercio. Pero la crisis económica está complicando todo. La gente de los países occidentales está agachando la cabeza, protegiendo sus propias economías y mostrando poco o nulo entusiasmo con el establecimiento de vínculos con Oriente. Mientras, los países del Este carecen de recursos y necesitan realizar cambios para cumplir los criterios de entrada a la UE o de adopción del euro. Es más, la batalla contra la corrupción y la expansión de los principios democráticos es más complicada en condiciones de estrés.

“La Unión Europea es una democracia orientada hacia el mercado, y quieren asegurarse que todo país que se incorpore sea una democracia orientada hacia el mercado”, dice Nichols. “No quieren que por ejemplo Bielorrusia se una, tenga derecho a voto y sea una dictadura”.

Para evitar que la crisis se transforme en una catástrofe, los países occidentales deberían proporcionar ayuda suficiente para al menos impedir que los gobiernos de Europa Central y del Este no sean capaces de devolver su deuda soberana, que tal y como explica Zandi, sería equivalente a decir que el Gobierno estadounidense no paga sus bonos del Tesoro

Al final, añade Gultekin, Occidente debe reconocer los hechos. “Si permite que estos países se hundan, dará comienzo una reacción en cadena. Si te deben dinero, lo último que deseas es que tu deudor se muera”.

Fuente: Universia Knowledge Wharton

11 mar. 2009

Nacionalizarán la gran banca norteamericana

Por Enrique Quemada

El paro sigue subiendo en América (ya alcanza el 8%) y como consecuencia aumentan también los problemas para la banca.

Y aumentan porque mientras en España son las familias las que están absorbiendo la caída de precios de la vivienda, en USA la absorción la están sufriendo los bancos.

Si en USA una familia se ha comprado una vivienda por 100, con una hipoteca de 80 y el valor de la casa baja a 70, la familia se va al banco, devuelve las llaves de la casa y deja de estar endeudada, ha cancelado sus deudas pues el bien hipotecado respondía por el 100% de la deuda. Sencillamente ha trasladado el problema al banco. Más paro implica más incertidumbre, más incapacidad de pagar la hipoteca y mayor caída del precio de las viviendas.

En España la ley es diferente, aunque devuelvas las llaves sigue la familia endeudada hasta que pague los 100 por lo que compró la casa. El problema lo tiene la familia.

Por eso, la crisis en USA se ha convertido en una crisis eminentemente financiera, mientras que en España va a ser una larga crisis de consumo y no se reactivará la economía hasta que las familias paguen sus deudas.

Siguiendo el consejo de algunos lectores, en adelante las cifras que utilice serán en billones europeos.

Volviendo a USA: por el momento, la banca americana ha reconocido algo más de un billón (millón de millones) de dólares en pérdidas crediticias. Algunos analistas consideran que es la mitad de lo que va a salir, otros pensamos que es por lo menos un tercio y que es posible que incluso un cuarto de las pérdidas que tienen todavía que aflorar (debido al inmenso volumen de derivados de crédito emitidos, al sistema antes mencionado de "entrega de llaves" existente en USA que va a seguir aumentando por el tremendo endeudamiento de las familias, el aumento del paro y al des inflamiento del precio de las viviendas).

Hasta la fecha el gobierno americano ha estado garantizando la deuda de los bancos (la famosa "Deuda Senior con garantía pública"), ha llegado a acuerdos para que unos bancos absorban a otros a cambio de compartir las pérdidas con ellos y ha reforzado de ratios TIER 1 de numerosos bancos comprando acciones preferentes (El Core Capital es Capital más Reservas y el TIER 1 incorpora también las Acciones Preferentes), sin embargo sólo el Core Capital tiene capacidad de absorber pérdidas.

Por el momento las inyecciones públicas de capital se han hecho principalmente a través de Acciones Preferentes u otros instrumentos de deuda híbridos computables como TIER 1 y no con Acciones Ordinarias:


Para no diluir a accionistas ordinarios (cuya colaboración futura puede ser mas que necesaria)

Por la urgencia en recapitalizar y evitar reticencias de algunos bancos a acogerse a las medidas por rechazo a la idea de ser parcialmente nacionalizados.

Por la conveniencia política de situar las participaciones en una posición preferente respecto al capital ordinario.

Todas estas medidas han sido insuficientes y el próximo paso es la nacionalización de los bancos. De hecho el proceso de nacionalización ya ha comenzado: AIG, Fannie Mae, Freddie Mac, Citigroup,...

Ya se están poniendo nerviosos los gobernantes americanos pues es tal la cantidad de dinero público que han inyectado a los bancos sin entrar en su capital, que por un lado se sienten incómodos al no estar en su gestión y por otro, no quieren ni plantearselo. Esta semana dijo el propio Bernanke que los bancos no pueden hacer lo que quieran con el capital que reciben del Estado.

El gobierno americano se está resistiendo a la nacionalización y solo lo está haciendo cuando resulta inevitable para que no se colapse el sistema. Han comenzado a hacer pruebas de estress con los 19 bancos más grandes de USA, intentando calcular hasta donde pueden llegar las perdidas y si necesitarían más capital en el caso de que PIB siga bajando. Los resultados probablemente indiquen que hay que capitalizar muchos de ellos y seguramente los inversores privados no estarán dispuestos a hacerlo, solo quedará una solución, que el Estado inyecte capital. Eso sí, como les da terror la palabra nacionalización, evitarán las Acciones Ordinarias y lo harán a través de Acciones Preferentes convertibles, que dan dividendos más seguros (esta vez a los contribuyentes) y les evita meterse en la gestión de las entidades. Al final, no quedará mas remedio que convertir las Preferentes en Ordinarias y la banca americana será nacionalizada.

Ayer mismo Bernanke manifestó su compromiso en rescatar a entidades cuya quiebra podría tener consecuencias inimaginables en el sistema. Los datos apuntan a que con el deterioro económico que esta teniendo USA y el sistema actual de "entrega de llaves" casi toda la gran banca americana se encuentra al borde de la insolvencia.

Como se ve, el mundo ha cambiado.

Fuente: Expansión

10 mar. 2009

La Fed no causó la burbuja inmobiliaria

Por Alan Greenspan

Estamos en medio de una crisis global que incuestionablemente es la más virulenta desde los años 30.

Eventualmente esta se desvanecerá y pasará a ser historia, pero la forma en la que sean interpretadas las causas y efectos que reforzaron e interactuaron en esta contracción severa darán forma a la reconfiguración de nuestro, actualmente debilitado, sistema financiero global.

Hay al menos dos teorías que compiten para explicar los orígenes de esta crisis. La primera es que las políticas de "dinero fácil" de la Reserva Federal produjeron la burbuja inmobiliaria de Estados Unidos que se encuentra en el corazón del desastre financiero actual.

La segunda, y mucho más creíble, explicación concuerda con que fueron en efecto las bajas tasas de interés las que detonaron la euforia especulativa. Sin embargo, la tasa de interés que importaba no era la aplicada a los fondos federales, sino la tasa sobre las hipotecas de largo plazo a tasa fija.

Entre 2002 y 2005, las tasas hipotecarias residenciales se adelantaron 11 meses a la evolución de los precios de la vivienda en Estados Unidos. Esta correlación entre los precios de la vivienda y las tasas hipotecarias fue muy significativa, y es un indicador mucho mejor del aumento de los precios de la vivienda que la tasa de interés federal.

Eso no debería ser una sorpresa. Después de todo, los precios de los activos de larga duración siempre han sido determinados al descontar el flujo de ingresos (o servicios imputados) por las tasas de interés con los mismos vencimientos que el activo.

A mi juicio nadie emplea las tasas de interés a un día —como la tasa interbancaria federal— para determinar la tasa de capitalización de los bienes raíces, ya sea en un edificio de oficinas o en una residencia unifamiliar.

La Reserva Federal se percató agudamente de la desconexión entre la política monetaria y las tasas de interés cuando las tasas no respondieron como se esperaba a la subida de tipos decretada por la Fed a mediados de 2004.

Además, los datos muestran que las tasas hipotecarias residenciales se habían deslindando gradualmente de la política monetaria incluso antes, a raíz de la emergencia, a partir de principios de este siglo, de un mercado global bien arbitrado para instrumentos de deuda de largo plazo.

La conexión entre las tasas hipotecarias y las tasas de corto plazo en Estados Unidos había sido estrecha durante décadas. Entre 1971 y 2002, la tasa de fondos federales y la tasa hipotecaria evolucionó paralelamente. La correlación era fuerte: de 0,85. Entre 2002 y 2005, sin embargo, la correlación prácticamente se redujo a la insignificancia.

Tal y como apunté en esta página en diciembre de 2007, la presunta causa del declive mundial en las tasas de largo plazo fue el cambio tectónico a principios de los años 90 en gran parte del mundo en desarrollo, de un énfasis marcado en la planificación central a una competencia comercial centrada en la exportación cada vez más dinámica.

El resultado fue un incremento del crecimiento en China y un gran número de otras economías de mercados emergentes que llevaron a un exceso en el ahorro global previsto relativo a las previsiones de inversiones de capital. Ese exceso de ahorros basado en cambios anticipados propulsó progresivamente a la baja las tasas de interés de largo plazo entre principios de 2000 y 2005 a escala global.

Ese declive en las tasas de interés de largo plazo en un amplio espectro de países explica estadísticamente, y es la causa principal más probable, de las tasas de capitalización inmobiliarias que declinaron y convergieron en todo el mundo, resultando en la burbuja de precios inmobiliarios a escala global. (La burbuja de precios en Estados Unidos estaba en, o por debajo de, la mediana, según el Fondo Monetario Internacional).

En 2006, las tasas de interés de largo plazo y las tasas hipotecarias determinadas por ella, para todos los países desarrollados y los principales países en desarrollo, se habían reducido a menos del 10% —creo que por primera vez jamás. Pensaba que el peso de una evidencia tal generaría un amplio apoyo a esta explicación de la crisis actual.

Sin embargo, a partir de mediados de 2007, la historia empezó a rescribirse, en gran medida por mi buen amigo y ex colega John Taylor, profesor de la Universidad de Stanford, con quien pocas veces he estado en desacuerdo. Sin embargo, escribiendo en estas mismas páginas el mes pasado, Taylor inequívocamente afirmó que si la Reserva Federal entre 2003 y 2005 hubiera mantenido las tasas de interés de corto plazo a los niveles implícitos en su "Regla Taylor", "esto habría prevenido este auge y desplome inmobiliario". Esta noción ha sido citada y repetida tantas veces que ha adoptado el aura de una noción de conocimiento popular.

Además del uso inapropiado de tasas de interés de corto plazo para explicar el valor de activos de largo plazo, su acusación estadística de la política de la Reserva Federal durante el período de 2003 a 2005 no trata los antes mencionados cambios estructurales en la economía global. Su análisis estadístico incorpora relaciones empíricas de décadas anteriores al período más reciente, donde no necesariamente se pueden aplicar.

Asimismo, aunque creo que la "Regla Taylor" es una primera aproximación útil al camino de la política monetaria, sus parámetros y predicciones se derivan de estructuras modelo que se han revelado consistentemente incapaces de anticipar el principio de las recesiones o crisis financieras. Razonamientos hipotéticos partiendo de estructuras tan defectuosas no pueden ser la única base de un exitoso análisis o asesoría sobre políticas gubernamentales, con o sin el beneficio de los conocimientos en retrospectiva.

Dado el desacoplamiento de la política monetaria de las tasas hipotecarias de largo plazo, acelerar la política de incremento de tipos que la Fed implementó en 2004-2005 no podría haber "prevenido" la burbuja inmobiliaria. Tomando todo en consideración, personalmente prefiero la valoración del desempeño de la Reserva Federal de Milton Friedman. Al evaluar el período entre 1987 y 2005, escribió en esta misma página a principios de 2006: "No existe otro período de comparable duración en el que el Sistema de la Reserva Federal haya funcionado tan bien. Es más que una diferencia de grado; estamos hablando de una diferencia profunda".

¿Cuánto importa si la burbuja fue causada por una política monetaria inapropiada, sobre la cual tienen control las autoridades, o por las amplias fuerzas globales sobre las cuales tienen un control limitado? Importa mucho.

Si la política monetaria es la que tiene la culpa, entonces eso puede corregirse a futuro, al menos en principio. Si, sin embargo, estamos lidiando con fuerzas globales más allá del control de las autoridades monetarias domésticas, como sospecho que fue el caso, entonces enfrentamos un problema más amplio.

La competencia de los mercados globales y la integración en bienes, servicios y finanzas han producido ganancias sin precedentes en bienestar material. Pero el camino del crecimiento de los mercados altamente competitivos es cíclico y en raras ocasiones puede derrumbarse, con consecuencias como las que experimentamos actualmente. Ahora es bastante claro que los niveles de complejidad a los que los participantes del mercado trataron de impulsar las técnicas de gestión de riesgo y los productos eran excesivos para que incluso los participantes más sofisticados los manejaran adecuada y prudentemente.

Sin embargo, la respuesta institucional apropiada no es frenar la intermediación financiera con mucha regulación. Eso ahogaría importantes avances en las finanzas que fortalecen los estándares de vida. Recuerde, antes de la crisis, la economía estadounidense exhibía un impresionante nivel de avance de productividad. Para lograr eso con un nivel modesto de ahorros domésticos y préstamos extranjeros (nuestro actual déficit de cuenta corriente) fue una medida del éxito de nuestro sistema financiero anterior a la crisis. Las soluciones para los fallos en el mercado financiero revelados por la crisis están en los mayores requerimientos de capital y una mayor persecución del fraude, no un aumento en la micro gestión por parte de las entidades gubernamentales.

Cualquier nueva regulación debe mejorar la habilidad de las instituciones financieras para dirigir con efectividad los ahorros de un país a las inversiones de capital más productivas. Un alto nivel de regulación no logra superar esa prueba y a menudo es costoso y contraproducente. Los requerimientos adecuados de capital y colateral pueden enfrentar las debilidades que la crisis ha desenterrado. Tales requerimientos no estorbarían demasiado y por lo tanto no interferirían inadecuadamente en las decisiones de negocios del sector privado.

Si vamos a retener una economía mundial dinámica capaz de producir prosperidad y crecimiento sostenible a futuro, no podemos depender de los gobiernos para intermediar en los flujos de ahorro e inversión. Nuestro reto en los próximos meses será implementar un régimen regulatorio que asegure una gestión de riesgo responsable por parte de las instituciones financieras, mientras que las alientan a continuar tomando los riesgos necesarios e inherentes en cualquier economía de mercado exitosa.

Greenspan, fue presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos y es el presidente de Greenspan Associates LLC y el autor de "The Age of Turbulence: Adventures in a New World" (Penguin, 2007).

Fuente: WSJ

9 mar. 2009

El FMI entona el mea culpa por no anticipar la crisis

César Muñoz Acebes

WASHINGTON (EFE Dow Jones)--El Fondo Monetario Internacional, FMI, que tiene entre sus paredes la mayor concentración de doctores en finanzas de Washington, ha reconocido que su obsesión con los países en desarrollo le cegó la crisis que se cocinaba en Estados Unidos y Europa.

Es algo que le han echado en cara Brasil y otras de las naciones emergentes que han soportado su mirada inquisidora durante décadas, pero hasta ahora el organismo no había hecho acto de contrición.

El mea culpa ha llegado en un documento sobre las lecciones de la crisis encargado por sus países miembros y que será analizado por el G-20 en su cumbre del próximo 2 de abril en Londres.

En el informe, la gerencia del FMI reconoce no haber detectado el peligro de que el hundimiento de los precios inmobiliarios en Estados Unidos destapara una pirámide levantada sobre los pies de barro de miles de préstamos de mala calidad.

El Consejo Ejecutivo del organismo, compuesto por los 185 países miembros, fue más allá en una sesión dedicada al tema a finales de febrero y cuyo contenido acaba de ser divulgado.

En ella, los directores se quejaron de que uno de las fallos graves que permitieron que se gestara la crisis fue la falta de avisos del Fondo y de otras fuentes sobre las manzanas podridas ocultas en los sistemas financieros de los países desarrollados.

Reza Moghadam, director del departamento de Política y Revisión, reconoció el viernes que la institución estaba muy enfocada en los riesgos existentes en los mercados emergentes y no tanto en los países avanzados.

Las últimas crisis habían comenzado en México, Brasil, Tailandia y Rusia, pero la actual situación demuestra que los problemas en los países desarrollados, aunque menos frecuentes, son potencialmente mucho más desastrosos para el mundo.

De aquí en adelante, la gerencia del FMI deberá vigilar "todo tipo de riesgos del sistema (financiero), igual en países avanzados que en los mercados emergentes", según el Consejo Ejecutivo.

Ahora, la consigna que el FMI lleva al G-20 es más regulación y la promesa de ser el vigilante imparcial que no mira sólo para un lado.

Fuente: WSJ