27 ago. 2010

A la espera del próximo cisne negro

Por Jane J. Kim

Luego de 10 años de un mercado deprimido y dos años de agitación que hicieron caer las acciones 57%, los inversionistas están apostando a que la situación financiera empeore en los próximos meses.

Los rendimientos de los bonos se acercan a niveles mínimos históricos, el precio del oro continúa ascendiendo y la cotización de las acciones continúa oscilando a medida que los operadores intentan determinar la dirección de una economía que permanece, en palabras del presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Ben Bernanke, "inusualmente incierta".

Pero no todos los inversionistas tiemblan temerosos a la espera de que explote la próxima crisis financiera. Algunos están aceptando la volatilidad del mercado con los brazos abiertos y construyendo portafolios para beneficiarse de ésta.

Un creciente número de gestores de fondos y firmas financieras está creando productos de inversión diseñados para sacarles provecho a grandes caídas conocidas como "cisnes negros". La mayoría de estos productos está dirigida a inversionistas institucionales como fondos de pensiones, fondos soberanos, fundaciones y a familias acaudaladas, pero las estrategias también están siendo puestas en práctica por inversionistas individuales.

El término cisne negro fue popularizado en 2007 por el exitoso libro del inversionista Nassim Nicholas Taleb. Se deriva de la antigua creencia, promovida alguna vez en Occidente, de que todos los cisnes son blancos, una noción que resultó ser equivocada cuando exploradores europeos descubrieron cisnes negros en Australia. El punto medular de la historia es que todo es posible. De hecho, grandes sorpresas son más comunes de lo que la gente piensa.

En términos financieros, un cisne negro usualmente se manifiesta con movimientos drásticos en el mercado, eventos como la invasión de Kuwait por parte de Irak en 1990, los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 y la reciente crisis financiera.

La idea básica detrás de la estrategia de cisne negro de Taleb es mantener la mayor parte de su dinero en inversiones muy seguras y apostar una pequeña porción —un 10%— en contratos de opciones u otras apuestas especulativas cuyos precios se dispararían durante un pánico financiero.

El colapso de Lehman Brothers fue una excelente noticia para los inversionistas preparados para la aparición de cisnes negros. Los fondos manejados por Universa Investments LP, un fondo de cobertura en Santa Mónica, California, manejado por Mark Spitznagel, un colaborador de Taleb por mucho tiempo, registraron un rendimiento de más de 100% en 2008. Taleb ha sido asesor de Universa desde su creación en 2007. Los activos del fondo han crecido durante ese período de US$300 millones a US$6.000 millones.

Hoy en día, existen alrededor de 20 fondos de cobertura especializados en estrategias de "riesgo extremo" (tail-risk), la mayoría de los cuales se ha creado en los últimos 18 meses, según Hedge Fund Research Inc.

Algunos de estos fondos especializados intentan generar ganancias cuando los mercados se desploman. Otros están diseñados para protegerse de un desplome financiero pero aún lograr ganancias cuando los mercados se disparan. Los inversionistas típicamente no ponen todo su dinero en estos fondos, pero últimamente están colocando cada vez más.

El talón de Aquiles de la diversificación

La vieja cura para protegerse de eventos extremos era la simple diversificación de inversiones: la distribución de apuestas entre varias clases de inversiones. Pero la última crisis financiera demostró que la colocación de activos no siempre es fiable cuando todos los mercados caen al unísono.

La diversificación "funciona la mayor parte del tiempo, pero cuando no, lo pueden destruir", explica John Liu, quien gerencia Citi Portfolio Solutions, una nueva unidad de Citigroup Inc. dedicada a desarrollar y manejar estrategias de cobertura de riesgo extremo para inversionistas institucionales.

Pero las inversiones cisne negro también tienen sus riesgos. El más grande: cuando los mercados se comportan con normalidad, la estrategia puede llevar a perder la oportunidad de ganar con un mercado al alza.

Esto es porque la estrategia típicamente conlleva la compra de muchas opciones de venta fuera de dinero (out-of-the-money "put" options) relacionadas a todo, desde índices de acciones y tasas de interés hasta divisas. Las opciones de venta confieren el derecho de vender el instrumento subyacente si el precio cae hasta cierto nivel. Debido a que éstas ofrecen protección, sus valores suben durante olas de pánico en el mercado, produciendo grandes ganancias para los tenedores. Pero si el mercado no se desploma, las opciones expiran sin valor y el inversionista debe comprar nuevas opciones para reemplazar las viejas.

Si los mercados siguen estables o suben por mucho tiempo, estos costos se van acumulando.

Durante el período que comprendió el fin de la década de los 90 y comienzos de la década de 2000, no se registró ninguna depresión marcada del mercado, definida comúnmente como una caída de 20% o más frente al punto máximo. Un inversionista que haya usado una estrategia pura de cisne negro se habría perdido uno de los mayores mercados alcistas de la historia, el de la burbuja tecnológica.

A pesar de los riesgos, un creciente número de inversionistas profesionales están apostando a los cisnes negros, ya sea para protegerse de un colapso bursátil o para ganar con uno en caso de que suceda

La semana pasada se conoció que China Investment Corp., el fondo soberano chino que gestiona US$300.000 millones, y fondos de gobiernos de Oriente Medio están conversando con Universa sobre la posibilidad de invertir en dicho fondo, según personas conocedoras de la situación. Específicamente, los fondos soberanos están dispuestos a pagarle a la firma en espera de que por lo menos parte de su portafolio obtenga ganancias si el mercado se desploma.

"Es difícil para los operadores adoptar una estrategia que gana muy poco en la mayoría de los mercados", señala Spitznagel. Pero agrega: "Estamos listos para esperar mucho tiempo por un cisne negro. Soy de los que creen que otra ola de pánico se avecina".

Fuente: WSJ

26 ago. 2010

Si busca bonos a largo plazo, ¿qué le parece uno a 100 años?

Por Katy Burne

Los bancos han estado sondeando la disposición de los inversionistas a comprar bonos a 100 años y, de esta manera, mantener hasta el próximo siglo las bajas tasas de interés que imperan en la actualidad en Estados Unidos.

Estos instrumentos de plazo tan prolongado son considerados de los más exóticos disponibles y son emitidos sólo por las compañías más fuertes, aquellas que se espera que sobrevivan 100 años más.

Los bonos de un siglo estuvieron de moda a mediados de los años 90 e inicios de la década de 2000, pero son muy poco comunes porque las empresas deben pagar una prima sobre los papeles a 30 años, usualmente los más longevos. Ahora que las tasas están en los niveles más bajos de la historia, algunas compañías podrían verse tentadas a endeudarse hasta 2110, sabiendo que la demanda por bonos corporativos supera la oferta.

El riesgo es que en el próximo siglo, las tasas de interés suban a un nivel que reduzca el valor del bono a 100 años, una posibilidad muy probable debido a la volatilidad del mercado.

Aun así, los banqueros a favor de los bonos de un siglo no se desaniman.

"Es el entorno perfecto para que los emisores se salgan con la suya con bonos a 100 años", dice un banquero que ha estado tratando de promover la idea entre algunos inversionistas. "Hay una tendencia natural a extender los plazos, de modo que la ramificación obvia es ir más allá del bono a 30 años".

Los emisores de deuda a 30 años han sido conglomerados industriales de primer nivel, señala John Hawley, gestor de portafolio de deuda con grado de inversión para Aviva Investors, que administra más de US$19.000 millones en bonos de empresas estadounidenses.

Una compañía que vendió bonos a 100 años en 1997 y 2005 es la naviera Norfolk Southern Corp. Un vocero de la empresa no quiso comentar si la empresa evalúa repetir el ejercicio.

Otras empresas que también han emitido bonos a 100 años son Burlington Northern Santa Fe Corp., The Walt Disney Co., Coca-Cola Enterprises Inc., Federal Express Corp., Ford Motor Co. e International Business Machines Corp.

Los llamados bonos de un siglo "tienden a ser piezas de museo porque son tan poco frecuentes", señala Michael Collins, director de inversión de Prudential Fixed Income, un gestor de renta fija. Puesto que los inversionistas tienden a conservarlos, tampoco es común que se transen en los mercados secundarios, agrega.

Las aseguradoras y los fondos de pensiones son candidatos obvios para comprar estos instrumentos debido a que sus prácticas de gestión de riesgo los obligan a equiparar estos activos con sus pasivos de largo plazo.

Aseguradoras como Symetra Life Insurance Co., Union Fidelity Life Insurance Co. y Genworth Life Insurance estuvieron entre los compradores de los bonos a 100 años que Cola-Cola colocó en 1993. La deuda que empezó pagando un rendimiento de 7,53%, ahora paga sólo 5,37%, en medio de la caída generalizada en los retornos de bonos.

"Se necesita un comprador con una necesidad especial y condiciones especiales en el mercado de bonos. Las condiciones actuales parecen ideales para eso", asevera Ben Garber, economista de Moody's Analytics.

Los banqueros que acaban de sondear a los inversionistas dicen que para generar interés en los bonos a 100 años, los emisores tendrían que ofrecer 0,75 puntos porcentuales más de lo que ofrecen por papeles a 30 años. En 1996, sin embargo, la diferencia entre un bono de un siglo y uno a 30 años era de apenas 0,15 puntos porcentuales, señala Andrew Karp, director de deuda con grado de inversión para Bank of America Merrill Lynch.

Fuente: WSJ

25 ago. 2010

La gran burbuja de bonos estadounidenses

Por Jeremy Siegel y Jeremy Schwartz

Hace diez años vivimos la mayor burbuja en la historia del mercado bursátil de Estados Unidos: la fiebre por Internet y la tecnología que llevó a que acciones tecnológicas infladas se vendieran a más de 100 veces el valor de sus ganancias. Las consecuencias eran predecibles: la mayoría de estas acciones de alta cotización cayeron un 80% o más, y el Nasdaq hoy día se posiciona a menos de la mitad del máximo marcado hace una década.

Una burbuja similar se está expandiendo hoy en día y podría tener consecuencias aún más serias para los inversionistas. Es en bonos, en particular en bonos del Tesoro de EE.UU. Los inversionistas, desencantados con el mercado bursátil, han invertido su dinero en fondos de bonos, y los bonos del Tesoro han sido sus favoritos. El Instituto de Compañías de Inversión reporta que desde enero de 2008 hasta junio de 2010 los flujos salientes desde fondos de acciones alcanzaron los US$232.000 millones mientras que fondos de bonos han visto inyecciones masivas de US$559.000 millones.

Creemos que lo que ocurre hoy es lo opuesto a lo que ocurrió en 2000. Así como los inversionistas eran demasiado optimistas en aquel momento sobre las perspectivas de crecimiento económico, ahora muchos de ellos son demasiado pesimistas.

La precipitación hacia los bonos ha sido tan fuerte que la semana pasada el rendimiento de Instrumentos del Tesoro con Cobertura de Inflación, o TIPS, a 10 años cayó por debajo de 1%, donde aún permanece. Esto significa que este bono, como su equivalente en acciones tecnológicas hace una década, actualmente se vende a más de 100 veces su pago proyectado.

Los bonos del Tesoro de más corto plazo están rindiendo aún menos. La tasa de interés en los bonos del Tesoro tradicionales sin ajuste inflacionario que vencen en cuatro años ha caído a 1%, o 100 veces su pago. Los bonos con ajuste inflacionario para los próximos cuatro años tienen un redimiendo real negativo. Esto quiere decir que el poder adquisitivo de esta inversión caerá, aún si se reinvierten todos los intereses pagados por el bono. Por si eso fuera poco, cada año los inversionistas deben pagar impuestos a la tasa marginal de impuestos más alta por el incremento inflacionario del capital de bonos con cobertura inflacionaria, aún cuando este incremento no se recibe en efectivo y no será pagado hasta que el bono venza.

Hoy día los pesimistas hablan de los vientos en contra de cualquier recuperación económica, particularmente el gradual desapalancamiento del sector inmobiliario residencial. Pero los datos de apalancamiento financiero que usan es el valor nominal de la deuda, en particular la deuda hipotecaria, mientras el mercado ya ha devaluado mucho de esa deuda a céntimos por cada dólar.

Esto sugiere que si el sector inmobiliario residencial debe lo que el mercado considera que vale esa deuda, entonces la proporción de deuda efectiva es mucho menor. Por otro lado, si los hogares pagan la mayor parte de esa deuda, entonces el sector financiero podrá incrementar el valor contable de cientos de miles de millones de dólares en préstamos e hipotecas que fueron descontados, resultando así en retornos extraordinarios. En cualquiera de los dos escenarios, creemos que el crecimiento económico de EE.UU. probablemente se acelere.

Más aún, los economistas generalmente están de acuerdo con que el más importante determinante para el crecimiento económico a largo plazo es la productividad, no la demanda de consumo. A pesar del bajo crecimiento de la productividad reportado durante el último trimestre, el más reciente crecimiento de la productividad interanual de 3,9% es casi el doble del promedio a largo plazo. Durante los primeros dos trimestres de este año, el crecimiento de la productividad, de más de 6%, fue el más alto desde la década de los 60.

Desde nuestra perspectiva, la apuesta más segura para los inversionistas que buscan ingresos y protección contra la inflación, quizás no sean bonos. En cambio, las acciones, particularmente acciones que pagan altos dividendos, pueden ofrecer a los inversionistas un ingreso y una protección inflacionaria más atractivos que los bonos durante la próxima década.

No lo diga, ya podemos imaginarnos los argumentos en contra. Los retornos de acciones calculados afuera de los índices bursátiles más amplios han sido horrendos durante la última década. En 2009, la caída porcentual en dividendos totales fue la más grande desde la Gran Depresión. Pero debemos recordar que la última década comenzó en la cumbre de la burbuja tecnológica.

Aquellos que compraron acciones consideradas baratas durante la burbuja tecnológica —acciones con buenos rendimientos de dividendos y relaciones bajas de precio-ganancia— han mostrado mejores resultados. Desde diciembre de 1999 hasta julio de 2010, el Índice Russell 3000 de Valor produjo rendimientos de 35% acumulado mientras el Índice Russell 3000 de todas las acciones continuaba mostrando pérdida.

Hoy día, las 10 empresas que ofrecen los dividendos más altos en EE.UU. son AT&T, Exxon Mobil, Chevron, Procter & Gamble, Johnson & Johnson, Verizon Communications, Phillip Morris International, Pfizer, General Electric y Merck. Estas ofrecen un rendimiento de dividendo promedio de 4%, aproximadamente tres puntos porcentuales por encima del rendimiento actual de los TIPS a 10 años y un punto porcentual por encima del rendimiento de los bonos del Tesoro tradicionales a 10 años. Su relación precio-ganancia promedio, basado en las ganancias estimadas de 2010, es 11,7, versus 13 para el índice S&P 500. Además, se proyecta que sus ganancias registradas este año (un año que difícilmente se puede considerar como de fuerte crecimiento) cubran sus dividendos en una relación mayor a 2 a 1.

Debido al crecimiento económico, los dividendos de acciones, a diferencia de los pagos de intereses de bonos, históricamente se han incrementado por encima de la tasa de inflación. El ingreso por dividendos promedio de un portafolio de acciones del índice S&P 500 creció a un ritmo de 5% por año desde la creación del índice en 1957, un sólido punto porcentual por encima de la inflación durante ese período. Ese crecimiento incluye las desastrosas reducciones de dividendos que ocurrieron en 2009, el peor año para recortes de dividendos por lejos desde la Gran Depresión.

Aquellos que ahora se lanzan a invertir en bonos y en fondos de bonos se arriesgan demasiado. La última vez que las tasas de interés de bonos del Tesoro estuvieron tan bajas como lo están ahora fue en 1955. El posterior retorno anual de bonos a 10 años fue 1,9%, marginalmente por encima de la inflación, y el retorno anual del bono a 30 años fue 4,6%, por debajo de la tasa inflacionaria.

Además, el riesgo de sufrir pérdidas de capital considerables es una amenaza palpable. Si durante el próximo año las tasas del bono a 10 años, que ahora son de 2,8%, aumentan a 3,15%, los tenedores de bonos sufrirán una pérdida de capital comparable al actual nivel de rendimiento. Si las tasas suben 4% como ocurrió este año, la pérdida de capital será más de tres veces el rendimiento actual. ¿Existe alguna duda de que las tasas de interés subirán durante las próximas dos décadas a medida que la generación nacida luego la Segunda Guerra Mundial se jubila y los enormes programas de gobierno necesarios se pongan en marcha?

Con el precario futuro de las finanzas gubernamentales, la acumulación de activos privados y los ingresos de dividendos deben convertirse en las principales fuentes de fondos de retiro. A las tasas de interés actuales, los bonos del gobierno no serán la respuesta. El nivel de 100 veces las ganancias marcó el punto de inflexión para el mercado de acciones tecnológicas hace una década. Creemos que lo mismo se aplica ahora a bonos del gobierno.

Siegel es profesor de finanzas en la Escuela de Negocios Wharton de la Universidad de Pensilvania y consejero senior de WisdomTree Inc.

Schwartz es el director de investigación de WisdomTree Inc.

24 ago. 2010

El sudeste asiático se integra para competir con China

Por Patrick Barta y Alex Frangos

El alza de los costos laborales en China está llevando a las empresas a salir en busca de lugares más baratos donde fabricar sus productos, lo que representa una oportunidad para otros países en desarrollo.

Los aumentos de sueldos en China ya han contribuido a producir disturbios laborales en países como Camboya y Bangladesh.

Esto quiere decir que no basta con ofrecer costos laborales más bajos. Los países que pretendan competir con China tendrán que renovar su infraestructura básica y otras partes de sus economías para convertirse en alternativas viables. Sólo cerca de un quinto de las principales firmas estadounidenses y europeas encuestadas hace poco por Credit Suisse dijo que sería fácil trasladar producción desde China a otros países, debido a la sólida red de proveedores e infraestructura de distribución china. Un 90% consideró que reubicar la producción sería muy costoso.

No obstante, a medida que la mano de obra china se encarece, será inevitable que la inversión se desvíe a otros países, lo que acelerará los esfuerzos para mejorar las cadenas de suministro y la infraestructura manufacturera, dicen los analistas.

[China]

"Durante 15 años, China prácticamente marginó al resto del mundo" a medida que inversionistas se congregaron allí en busca de mano de obra barata, dice Frederic Neumann, economista de HSBC en Hong Kong. Ahora, añade, los cambios "abren la puerta para que otros países" compitan por el espacio que antes ocupaba China en forma exclusiva.

Un ejemplo claro es el sudeste asiático, una región de casi 600 millones de personas que era uno de los destinos predilectos de la inversión global, hasta que China lo desplazó. El trabajador fabril promedio en Vietnam ganaba US$136 al mes el año pasado y el de Indonesia US$129, muy por debajo del promedio en China: US$413.

De todos modos, el sudeste asiático también enfrenta enormes obstáculos, incluyendo sistemas legales subdesarrollados y problemas de corrupción. También existe la posibilidad de que los costos se eleven más de lo esperado a medida que los trabajadores, enterados de los aumentos de sueldo en China, exijan condiciones similares.

"La mayoría de los países, por no decir todos, se guía por los precios en China", señaló en un comunicado de prensa Bruce Rockowitz, director de la firma de corretaje de Hong Kong Li & Fung. Aun así, Li & Fung ha mitigado parte del alza en sus costos transfiriendo operaciones a países como Indonesia y Vietnam.

Varios países del Sudeste de Asia, incluyendo Camboya, Vietnam e Indonesia, carecen de la infraestructura suficiente para sostener industrias manufactureras más grandes, aunque sus salarios son inferiores a los de China. Los países de la región tampoco cuentan con la escala por sí solos para absorber el enorme flujo de empleos provenientes de China.

Los líderes de la región impulsan planes para agrupar a varios países dentro de una plataforma de promoción y producción común para 2015. De concretarse, el proyecto incluiría menos restricciones a la movilización de mano de obra calificada entre países y agilizaría los procedimientos aduaneros.

Los países del sudeste asiático también están incrementando su inversión en carreteras y ferrocarriles. Iniciativas financiadas por el Banco Asiático de Desarrollo y otras entidades han creado tres corredores comerciales terrestres con mejores conexiones entre Camboya, Tailandia, Vietnam y Laos.

Muchas compañías buscan alcanzar independientemente esas mismas metas. En la industria textil, más de 12 proveedores de la región han alcanzado recientemente acuerdos para integrar sus cadenas de suministro al conectar empresas en lugares como Camboya con fabricantes de insumos en Tailandia y otros países cercanos. Las empresas se juntan para promocionar sus productos y parecerse a los proveedores en China, que usualmente cubren todo lo necesario para la fabricación de prendas de vestir en una misma zona.

La meta a largo plazo es que el sudeste asiático opere como un solo país con muchos estados en vez de una región con 10 países, sostiene Van Sou Ieng, presidente de la junta de la Asociación de Fabricantes Textiles de Camboya. "Tenemos enormes diferencias, pero tenemos que lograrlo" para atraer más negocios desde China, dice.

Una de las empresas participantes es la malaya PCCS Group, con operaciones en China y Camboya. En China, PCCS posee dos fábricas cuyos salarios se han disparado cerca de 50% en los últimos seis meses. También experimenta una escasez de mano de obra que ha reducido las operaciones a menos de la mitad de la capacidad, asegura Yik Thong Choon, gerente general de PCCS. En Camboya, en cambio, la empresa recibe más solicitudes de empleo de las que necesita.

Fuente: WSJ

23 ago. 2010

Las privatizaciones se popularizan en EE.UU.; desde zoológicos a aeropuertos

Por Ianthe Jeanne Dugan

Ciudades y estados a lo largo de Estados Unidos están vendiendo y arrendando todo, desde aeropuertos hasta zoológicos en una liquidación que podría ayudar a cerrar brechas fiscales ahora, pero podría empeorar sus finanzas en el largo plazo.

California busca despojarse de edificios de oficinas, Pittsburgh de la empresa de suministro de agua y Chicago de sus parquímetros. En Louisiana y Georgia, los aeropuertos están disponibles al mejor postor. Alrededor de 35 acuerdos están ya en marcha en EE.UU., según los datos recopilados por la filial de banca y mercados globales de Royal Bank of Scotland, RBS. Los activos tienen un valor de mercado en torno a los US$45.000 millones, más de diez veces los US$4.000 millones recaudados hace un par de años, estima Dana Levenson, encargada de banca de infraestructura para RBS. Otros cientos de transacciones están en consideración, dicen analistas.

Los acuerdos ilustran la deteriorada situación financiera por la que atraviesan numerosas comunidades. Muchas usan las ventas de activos para balancear sus presupuestos que han sido devastados por las caídas en la recaudación de impuestos y las obligaciones de pensiones. En un reciente testimonio ante el Congreso estadounidense, el inversionista multimillonario Warren Buffet expresó su preocupación sobre la capacidad de las municipalidades para financiar la jubilación y los beneficios de salud de sus empleados y sugirió que el gobierno federal podría, en última instancia, verse obligado a rescatar a los estados.

La privatización ha sido popular por años en partes de América Latina, Europa, Canadá y Australia, donde el Estado en algún momento controló una parte importante de la economía. En muchos casos, la toma de control por parte del sector privado de industrias y servicios controlados por el Estado puede resultar en operaciones más eficientes y rentables. Un a empresa privada, por ejemplo, puede disponer de más recursos para invertir en las reparaciones de una carretera y asumir el grueso de las pérdidas si los conductores la usan menos.

Los críticos, sin embargo, argumentan que muchas de las ventas de activos podrían costarle a éstas comunidades ingresos a futuro, ya que toman pagos únicos a cambio de un flujo constante de ingresos. Los acuerdos amenazan las calificaciones crediticias en algunos casos y afectan la calidad y el costo de servicios públicos como el agua y la electricidad. Los detractores agregan que muchas de estas decisiones pueden compararse con individuos que liquidan sus fondos de jubilación y los gastan en necesidades inmediatas, sin preocuparse por el futuro. "Estas transacciones son parte de una amplia reestructuración de nuestra economía que acarrea grandes riesgos debido a pérdidas de ingresos en el tiempo", dice Michael Likosky, profesor de la Universidad de Nueva York quien se especializa en leyes de finanzas públicas.

Las municipalidades sostienen que el dinero que podrían levantar les ayudaría a construir más activos de largo plazo, mejorar la eficiencia y evitar un alza de los impuestos. "La ciudad de Los Ángeles no debería estar en el negocio de los estacionamientos", insiste Mike Mullen, asesor principal del alcalde, quien fue contratado desde el Bank of Montreal para evaluar la venta de algunos de los activos de la ciudad, incluyendo estacionamientos que actualmente generan alrededor de US$20 millones al año.

En EE.UU., la práctica de vender edificios públicos y luego arrendarlos generó mucha atención en la década de los 80, pero todos esos acuerdos se hicieron en gran medida para obtener beneficios fiscales, y los activos generalmente se mantuvieron bajo control estatal. Los acuerdos de hoy son fundamentalmente distintos porque el control del activo pasa a manos privadas. En estos casos, "el inversionista privado asume el riesgo operacional", señala Likosky.

El gobierno del condado de Nassau, en Nueva York, comenzó la semana pasada a buscar compradores para los derechos a alquilar una antigua base militar llamada Mitchel Field. El condado continuaría siendo dueño del área, pero recibiría un pago por parte de un inversionista que recolectaría los pagos de alquiler por 30 años, estimados en US$113 millones. El condado espera recaudar alrededor de US$20 millones para cerrar su brecha presupuestaria.

Los acuerdos más populares en este momento son los de parquímetros municipales y espacios de estacionamiento. Chicago recibió US$1.160 millones en 2008 por permitir que un consorcio liderado por Morgan Stanley gestionara más de 36.000 espacios de estacionamiento por un período de 75 años. La ciudad continúa fijando las reglas y las tasas de los parquímetros y recolecta las multas de tráfico. Pero los inversionistas se quedan con los ingresos, los cuales este año serían el triple de los US$20 millones que la ciudad estaba recibiendo, de acuerdo con empresas calificadoras de riesgo. Por lo menos una docena de sistemas públicos de estacionamiento en EE.UU. están en venta, incluyendo los de San Francisco y Las Vegas.

Fuente: WSJ