30 mar. 2011

Los precios del petróleo no detendrán la recuperación de EE.UU.

Por Donald Luskin

¿Será el alza en los precios del petróleo por la inestabilidad en Medio Oriente suficiente para descarrilar la recuperación económica de Estados Unidos, justo cuando finalmente cobraba impulso? Ciertamente no ayuda. Pero si bien nuestra memoria colectiva y la intuición acerca de los shocks petroleros pueden hacer que temamos lo peor, un análisis mesurado de los datos sugiere que los precios del crudo tal vez tengan que subir considerablemente para desencadenar una recesión en EE.UU.

Las conmociones petroleras de la década de 1970 y comienzos de los 80, que causaron profundas recesiones, fueron tan significativas que estamos condicionados a suponer que toda alza en los precios del crudo es mala para el crecimiento y que toda caída es buena. Aun así, los datos históricos nos sugieren que la mayoría de los cambios en los precios del crudo no está correlacionada con cambios futuros en el crecimiento real de la producción. Por ejemplo, los precios del petróleo subieron constantemente hasta mediados de la década de 2000, en tanto el crecimiento se mantuvo robusto.

Los precios del petróleo importan para el crecimiento en casos extremos, en aquellos raros casos en que un rápido y extraordinario cambio en el precio del petróleo crea un shock económico. Pero es difícil encontrar una regla simple que nos diga cuándo una conmoción petrolera es suficiente para causar una recesión, o no. Los precios del crudo de hasta US$147 por barril a mediados de 2008, por ejemplo, no se consideran la causa de la Gran Recesión. La mayoría de los analistas mencionaría en cambio el colapso de Lehman Brothers y la crisis bancaria inmediatamente posterior, acontecimientos que ocurrieron aproximadamente al mismo tiempo.

Aceptemos tan sólo que las conmociones petroleras importan. ¿Es el precio del petróleo hoy, de alrededor de US$104 por barril en EE.UU. (y US$115 globalmente) un shock? Para que lo sea, ha de ser grande. Y "grande" es cuestión de contexto. Sí, los precios del crudo hoy son 30% superiores a los de hace un año. Eso suena a mucho. Pero al mismo tiempo, están a más de 30% menos de lo que estaban hace tres años. Eso también es mucho, pero en la dirección opuesta. ¿Cuál es el contexto que cuenta?

La investigación del economista James Hamilton de la Universidad de California en San Diego sugiere que los precios del petróleo hacen peligrar la economía cuando llegan a un nuevo máximo de tres años. Steven Kopits, director gerente de la firma de consultoría de energía Douglas-Westwood, dice que la economía general se ve amenazada cuando el promedio de 12 meses del precio del crudo excede por más de la mitad el promedio de 12 meses del año previo. Por debajo de tales niveles, las expectativas de los consumidores y los inversionistas no se descalabran de manera suficiente como para marcar una diferencia. Ambas condiciones distan por mucho de darse a los precios de hoy.

Para que sea una conmoción, tiene que ser una sorpresa, y en un sentido la actual situación lo es: a pesar de todas las narrativas pesimistas que han dominado a la economía en los últimos seis trimestres de recuperación —la recaída en el mercado residencial, estados y municipalidades insolventes, el colapso de la eurozona, la burbuja inmobiliaria en China, y demás— prácticamente nadie predecía que Medio Oriente se sacudiría con contagiosos cambios de regímenes, propagados por vía de Facebook y Twitter.

Dicho esto, ¿debería sorprender a alguien que Medio Oriente sea políticamente volátil? No, y las cosas allí podrían volverse aún más impredecibles. Pero si hay algo que nos ha enseñado la historia de la región, es que quien controle el petróleo casi siempre termina por venderlo al mundo desarrollado, con frecuencia a pesar de sus desvaríos sobre los males imperialistas del mundo desarrollado.

Entretanto, Arabia Saudita se ha comprometido a compensar cualquier escasez transitoria. Extraer un millón de barriles adicionales por día no sería difícil para los sauditas: ello simplemente retrotraería a los niveles de producción del reino a mediados de 2008. Por ello, aun si ahora encaramos una conmoción, ésta será transitoria, y estará amortiguada. Por eso, a pesar de la incertidumbre, el petróleo está ahora a US$104 por barril y no a US$1.000 el barril.

Más importante aún, la economía de EE.UU. está hoy bien posicionada para absorber un fuerte aumento en los precios del crudo sin experimentarlo como una conmoción petrolera. En primer lugar, no estamos cerca del récord en el consumo de crudo, al que llegamos en agosto de 2005 con 21,7 millones de barriles por día. Hoy estamos 9% por debajo de esa cifra, aun cuando el consumo se ha recuperado sustancialmente desde sus peores niveles de la Gran Recesión en septiembre de 2008. Las tres últimas recesiones —las que comenzaron en 1990, 2001 y 2008— comenzaron sólo después de que el consumo de crudo llegó a nuevos máximos.

Las economías en las primeras etapas de la recuperación, como la de EE.UU. hoy día, son menos vulnerables a las conmociones petroleras que aquellas que se encuentran en fases avanzadas de la expansión. Conforme madura el ciclo empresarial, la economía experimenta retornos decrecientes de cada factor determinado de la producción: la mano de obra, el crédito, el petróleo o cualquier otro. Cuando una recuperación aún es nueva, se pueden derivar grandes ganancias de incrementos relativamente modestos en los gastos, por lo cual la economía puede permitirse pagar más por esas inversiones.

También nos hemos vuelto mucho más eficientes en cuanto al consumo de energía. Puede sorprender a muchos, pero hoy en EE.UU. consumimos la misma cantidad de crudo que hace 12 años y la producción real es más de 25% mayor. A pesar de todo lo que se dice de que somos el consumidor más voraz del planeta, nos hemos vuelto notablemente eficientes en cuanto al petróleo.

Finalmente, este aumento de los precios del petróleo ocurre en un momento accidental en la política estadounidense. El presidente Barack Obama, quien tiende al centro político tras lo que él mismo calificó de "aporreo" en las elecciones de medio mandato del año pasado, dijo este mes que quiere "aumentar la producción petrolera interna en el corto y mediano plazo". Esa quizá sea la mayor conmoción de este aumento del crudo.

—Donald L. Luskin es director de inversión de Trend Macrolytics LLC y coautor con Andrew Greta de "I Am John Galt", que publicará Wiley & Sons en mayo.

Fuente: WSJ