3 dic. 2009

Más acciones no significa un portafolio más seguro

Por Jason Zweig

No colocar todos los huevos en la misma canasta es el principio más básico de la inversión. También es el más difícil de cumplir.

Durante mucho tiempo, los asesores financieros han aconsejado a los accionistas que para tener un portafolio convenientemente diversificado deben tener acciones sólo de entre 10 y 40 compañías. Incluso el gran analista de inversiones Benjamin Graham aconsejaba procurar una "diversificación adecuada pero no excesiva", que él fijó en entre 10 y 30 valores.

Como muchos estudios han demostrado, se puede reducir al menos 40% de la variabilidad en retornos al pasar de una compañía a 20. Una vez que un portafolio contenga de 20 a 30 acciones, sumar más no hará mucho a la larga por reducir las fluctuaciones de valor.

Pero estas investigaciones sobre diversificación se basan en el resultado promedio de un gran número de portafolios generados por computadora.

Sin embargo, sucede algo completamente distinto cuando personas de carne y hueso tratan de añadir acciones de una en una.

Don Chance, profesor de finanzas de la escuela de negocios de la Universidad Estatal de Louisiana, les pidió a 202 alumnos de administración de empresas que seleccionaran una acción de su preferencia y que luego añadieran una segunda, tercera y así sucesivamente hasta compilar un portafolio de 30 acciones.

Chance quería demostrarles a sus alumnos que la diversificación funciona. En promedio, para el grupo, diversificar de una a 20 acciones redujo el riesgo de los portafolios en 40%, tal y como predecía la investigación. "Fue como un truco de magia", dice Chance. "Los estudiantes reprodujeron exactamente el mismo gráfico que se ve en sus libros académicos".

Pero luego, el profesor analizó los resultados de cada estudiante y halló que la diversificación fallaba con bastante frecuencia.

A medida que aumentaron las acciones de una sola a una canasta de 30, muchos de los estudiantes aumentaron su riesgo en lugar de reducirlo. Una vez de cada nueve, acabaron con portafolios de 30 acciones que eran más arriesgados que la primera compañía con la que habían empezado. Para 23% de los alumnos, la canasta final de 30 acciones fluctuó más que con sólo cinco acciones.

Portafolios volátiles

La lección es que para un inversionista cualquiera, es posible que los promedios no se apliquen a su caso. "El mensaje que enviamos es que no se necesitan tantas acciones para diversificar", dice Chance. "Pero eso sencillamente no es cierto".

Las personas, además, son incluso más falibles. Los alumnos de Chance empezaron eligiendo empresas que conocían: Exxon Mobil, Wal-Mart Stores, Apple, Starbucks, Nike, etc. Pero pronto se quedaron sin nombres de referencia. Para elegir la quinta, los estudiantes ya estaban optando por compañías cuya capitalización de mercado era al menos la mitad que la de la empresa con la que empezaron. Al añadir estas acciones más pequeñas a sus portafolios los hicieron más volátiles.

Estos resultados no sorprenden a Allan Roth, un planificador financiero de Wealth Logic, en Colorado. "Los humanos no pueden pensar de manera aleatoria", dice Roth. "Una vez que la gente piensa en Exxon Mobil, es mucho más probable que piensen en Chevron u otra acción petrolera.

Para muchos inversionistas, la diversificación es como un juego de asociación de palabras".

Gur Huberman, un profesor de finanzas de la Universidad de Columbia, señala que los inversionistas se decantan por acciones que se ajustan a sus propias creencias sobre el riesgo.

La gente que se define a sí misma como reacia al riesgo creará portafolios de acciones similares que parecen "seguras". El resultado, paradójicamente, es un portafolio arriesgado con todos los huevos en la misma canasta.

Tal y como aprendieron los inversionistas bancarios el año pasado, poseer un mayor número de acciones del mismo tipo de compañías no es diversificar.

Fuente: WSJ