11 nov. 2010

El acuerdo del G-20 no aliviaría la presión sobre los países emergentes

Por Jonathan Weisman, John Lyons y Damian Paletta

SEÚL—Los países reunidos para la cumbre del Grupo de los 20 están cerca de alcanzar un acuerdo que parece sortear muchas de las diferencias que han trabado las negociaciones en los últimos días, pero que probablemente no ponga fin a las tensiones relacionadas a las políticas cambiarias y comerciales.

El pacto reafirmaría el compromiso del G-20 con el tipo de cambio libre, pero sin que China haga promesas específicas sobre la apreciación del yuan. El G-20 también se comprometería a cerrar la brecha entre los países con amplios superávits y déficits comerciales, pero no mencionaría los criterios numéricos específicos que solicitaba Estados Unidos.

El presidente Barack Obama exhortó a los miembros del G-20 a resistir la tentación del proteccionismo e hizo un llamado a hacer un compromiso conjunto en pos del crecimiento, como parte de una estrategia para atenuar los desacuerdos de cara a la reunión de dos días que comienza hoy en esta capital.

Mientras los líderes se reúnen, sin embargo, los países emergentes desde Brasil a Taiwán están instalando barreras para proteger a sus economías de un torrente de capital que amenaza con descarrilar su crecimiento al apreciar excesivamente sus monedas y ahogar a los exportadores.

[Emergentes]

La angustia de los mercados emergentes, unida a los recientes ataques a la Reserva Federal por seguir políticas que debilitan al dólar, amenazan con dejar en un segundo plano otros temas en la cumbre de países desarrollados y en desarrollo. La delegación estadounidense está tratando de desviar las críticas hacia China que, en su opinión, exacerba los desequilibrios comerciales al impedir un alza más acelerada del yuan. La postura de China perjudicaría a los países con un tipo de cambio relativamente libre, como Brasil, Chile y Turquía.

Washington quería aprovechar el encuentro para presionar a China a revaluar el yuan. EE.UU. quiere que los países con grandes superávits comerciales, como China y Alemania, consuman más y exporten menos. Pero EE.UU. ha sido duramente atacado en los últimos días. Alemania, por ejemplo, acusó a la Fed de devaluar el dólar al anunciar un plan para comprar US$600.000 millones en bonos del Tesoro en los próximos meses. Los estadounidenses replican que el crecimiento de EE.UU. les conviene a todos y que la depreciación del dólar es un efecto de los esfuerzos por estimular la economía, no el objetivo.

Los mercados emergentes han dejado en claro que la avalancha de capital que cae sobre sus economías los obliga a tomar cartas en el asunto ahora, en vez de esperar a un acuerdo del G-20.

Ante el letargo de las economías de Estados Unidos, Europa y Japón, los países que exhiben un mayor dinamismo como Brasil están atrayendo un frenesí de inversiones. Buena parte de estos flujos son especulativos, lo que en la jerga financiera se conoce como capital golondrina, que salen en busca de retornos más altos.

Estos flujos pueden crear burbujas de activos y monedas sobrevaluadas, que podrían desplomarse en el momento que los inversionistas decidan trasladar su dinero a otra parte. La apreciación de las divisas locales también debilita a los exportadores al encarecer sus productos. "Hay un tsunami de dólares que es difícil de contener", dijo Mauricio Cárdenas, un experto en Latinoamérica de Brookings Institution, un centro de estudios en Washington.

Algunos países emergentes han recurrido a los controles de capital, que en algún momento fueron tabú, el ejemplo más reciente de los dolores de cabeza producidos por los desequilibrios económicos entre los países ricos y en vías de desarrollo.

Taiwán impuso esta semana límites a la tenencia de bonos por parte de extranjeros. En octubre, tanto Brasil como Tailandia incrementaron los impuestos a la inversión extranjera en el mercado local de renta fija. En junio, Corea del Sur restringió la negociación de derivados e Indonesia hizo lo mismo con las ventas de ciertos bonos a corto plazo. Los bancos centrales desde Israel hasta Sudáfrica están comprando dólares para impedir el alza de sus monedas y China elevó hace unos días el monto de reservas que le exige a los bancos en un intento por moderar el ingreso de capital foráneo.

Brasil, que desde 1999 deja que el mercado determine el valor del real, es un claro ejemplo del aprieto en el que se encuentran las economías emergentes. Con una tasa de crecimiento anual de 7% , el gigante sudamericano ya estaba atrayendo una enorme cantidad de inversión. Pero la tasa de interés a un día, conocida como Selic, se ubica en 10,75% y ha convertido al país en uno de los blancos principales del capital golondrina. Los inversionistas toman dinero prestado en países donde las tasas están casi en cero, como EE.UU. y Japón, lo depositan en países como Brasil donde las tasas son altas y se embolsan la diferencia. Esta operación, llamada carry-trade, ayuda a explicar el alza de casi 35% del real frente al dólar en lo que va del año.

La opción más fácil que tendría Brasil para reducir la presión especulativa sería reducir las tasas de interés. Pero el creciente déficit fiscal, una deuda que llega a 60% del Producto Interno Bruto y las constantes preocupaciones de un brote inflacionario significan que Brasil necesita las altas tasas para atraer fondos y pagar sus cuentas. Los controles de capital han atenuado el alza del real, pero han tenido efectos colaterales, puesto que los inversionistas han exigido retornos más altos para prestar.

La combinación de políticas cambiarias ha generado preocupación de que la cooperación global que imperó tras la crisis financiera haya sido sustituida por la búsqueda del interés propio. "Se necesita una acción urgente para detener la perturbadora tendencia a medidas unilaterales en los temas macroeconómicos, comerciales y cambiarios", dijo en un comunicado Charles Dallara, director gerente del Instituto de Finanzas Internacionales.

Fuente: WSJ