22 jun. 2011

No crea estos mitos griegos

Por Simon Nixon

1. Grecia es insolvente.

No, no lo es. Como Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff han destacado, los incumplimientos soberanos tradicionalmente tienen que ver con la voluntad de pagar más que con la capacidad para hacerlo. Grecia tiene suficientes activos y un enorme potencial para recortar el gasto, elevar la recaudación de impuestos y mejorar la productividad si está dispuesta a hacer sacrificios. Más que la solvencia, el desafío para Grecia es si los cambios que se necesitan son posibles en términos políticos.

2. Es lo mejor para Grecia declarar una cesación de pagos.

Difícilmente. El país todavía registra un gran déficit primario de modo que incluso si aplica recortes del 50% a los tenedores de bonos de todos modos necesitará conseguir préstamos inmediatamente o enfrentar enormes recortes de gasto de la noche a la mañana para equilibrar sus cuentas. Peor aún, el sistema bancario griego colapsaría a medida que su capital es liquidado y se agota su financiamiento. En virtud de la normativa del Banco Central Europeo, los bonos del gobierno griego ya no podrían utilizarse como garantía. Ni tampoco facilitaría las cosas que Grecia intentara abandonar al euro dado que esto posiblemente genere una fuga inmediata en sus bancos.

3. Un incumplimiento de Grecia no sería como lo de Lehman.

Ahora incluso el gobierno alemán parece aceptar que era demasiado autocomplaciente el imaginar que el mercado estaba preparado para una reestructuración de deuda griega. Pese al cambio de opinión de Angela Merkel la semana pasada, los efectos de un contagio se han esparcido a lo largo de la eurozona, de manera notable a España, donde los rendimientos de los bonos han subido pronunciadamente. El error de Alemania fue considerar sólo los efectos de primer orden sobre el capital bancario, en circunstancias en que los efectos de contagio de segundo orden sobre el gobierno y los costos de los préstamos bancarios serían los más dañinos.

4. No pueden seguir postergando el asunto.

Sí, pueden. El tiempo es un gran sanador. Incluso si un incumplimiento griego se vuelve inevitable, hay buenas razones para postergarlo: en parte para alentar a Portugal e Irlanda a ceñirse a sus programas de rescate, pero más importante, para asegurarse de que los inversionistas sigan comprando deuda de bancos y otros gobiernos de la periferia europea. La eurozona debe evitar incumplimientos hasta que países como España e Italia logren alejarse de la zona de peligro. En efecto, aunque les moleste a los contribuyentes alemanes, es posible que la eurozona tenga que continuar aplazando la deuda griega mucho después de 2013.

5. Todo es culpa de Grecia.

No del todo. Ahora que la eurozona aceptó que no tiene muchas opciones salvo volver a rescatar a Grecia, su objetivo debería asegurar los trabajos de rescate. Sin embargo, la eurozona está cobrando a Grecia una tasa de interés punitiva -cerca del doble de lo que el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera paga por pedir préstamos o lo que el Fondo Monetario Internacional cobra- lo que hace mucho más dura la tarea griega. Esto no tiene sentido. La única forma sensata ahora para que la eurozona minimice el riesgo moral es acordar una integración política más cercana. Tarde o temprano, los líderes europeos deberán enfrentarse a esta realidad.