28 dic. 2009

Siete Premios Nobel sobre España: será un año difícil y hacen falta reformas

por Expansión.com

Michael Spence ha sido el último Premio Nobel de Economía que ha atacado duramente a España por la complicada situación económica que atraviesa. En el último año, varios galardonados con esta distinción han aireado la penurias de un país que "ha decepcionado económicamente al mundo".

En una entrevista que publica hoy el diario italiano 'La Repubblica', Spence, Premio Nobel de Economía 2001, asegura que "España ha despertado de un sueño con un fuerte dolor de cabeza y antes de que se le pase tendrá que esperar mucho tiempo".

El economista estadounidense ha añadido que el país tendrá que afrontar un "periodo de crecimiento muy lento y de serias dificultades internas" tras basar su modelo de crecimiento en un boom inmobiliario que "no podía durar eternamente".

Las palabras de Spence suenan a música celestial cuando se comparan con el diagnóstico que ofreció Robert Lucas Jr, Nobel de Economía de 1995, en una entrevista concedida a Expansión.com. El titular era rotundo: "España ha decepcionado económicamente al mundo".

Mas allá de esta afirmación, Lucas atacaba duramente la actuación del Gobierno liderado por José Luis Rodríguez Zapatero, sobre todo en lo que se refiere a la subida de los impuestos ("Si castigas a los ricos por su éxito, el país tendrá menos éxito") y a la necesidad de reformar el mercado laboral ("El desempleo del país es más que chocante. Acometer una reforma laboral es necesario").

Tampoco se andó por las ramas Edward Prescott, Nobel de Economía de 2004, en una entrevista con Expansión.com en noviembre: "España no está en recesión, sino deprimida".

Prescott también mostró su recelo ante la subida de impuestos planteada por el Gobierno: "Subir impuestos deprime la economía, porque en los países con tipos marginales más altos la gente trabaja mucho menos".

Sobre la situación del mercado laboral, Prescott lanzó un duro alegato contra los subsidios: "En España la gente sabe que va a recibir prestaciones durante muchos años y se despreocupa pensando que hace un buen día", aseguraba. "La gente es feliz trabajando, pero si ellos reciben dinero del Estado no trabajan".

Un mes antes, Paul Krugman, Nobel de Economía de 2008, recomendaba a España "hacer recortes de sueldos, recortes de precios".

"No me gusta esto, no es una manera de ajustarse, pero es la única forma disponible. Odio esto: no me gusta la deflación, pero la realidad es que va a suceder. La pregunta es si va a pasar durante diez años de sufrimiento o relativamente rápido", explicaba Krugman.

En marzo, y en un acto que contó con la presencia de Zapatero, Krugman calificó la situación de la economía internacional como "aterradora" y señaló que España lo tendría "muy difícil". Krugman se refirió en concreto al fin del boom de la construcción, que dejó una situación "especialmente difícil" en nuestro país.

En verano de 2008, en plena tormenta financiera, Edmund Phelps, Nobel de Economía de 2006, invitaba a España a flexibilizar su mercado laboral y caminar "hacia el despido libre".

Phelps señalaba que la crisis abría "una oportunidad para España para elaborar medidas estructurales en este sentido". El economista apuntaba que había al menos una "veintena" de cambios posibles para reactivar el mercado laboral.

Sin embargo, centraba su atención en tres: "Eliminar las trabas burocráticas para facilitar la entrada de nuevas compañías; suavizar las protecciones por desempleo e incrementar al demanda de trabajadores".

Phelps abogaba por "dar la seguridad a las compañías de que pueden contratar sin miedo, ya que si pasados 24 meses, por ejemplo, les sobra mano de obra podrán despedirla sin incurrir en costes demasiado elevados. Incluso, por qué no, podría llegarse al despido libre", concluía.

Por su parte, Eric Maskin, Nobel de Economía de 2007, incidía en el ataque de Prescott a la subida de impuestos. El matemático recordaba que lo que se necesita para salir de la crisis es "animar" la demanda para reactivar la producción.

Una recesión implica que la actividad económica está funcionando a niveles más bajos de lo habitual, explicaba. Hay poca producción y poco consumo, y subir impuestos reduce aún más la demanda y la producción.

El único de los Nobel que se han pronunciado sobre la situación de España que ha dado su visto bueno a la subida de impuestos ha sido George Akerlof, Nobel de Economía de 2001.

Akerlof explicaba que la respuesta habitual ante la crisis sería bajar los impuestos para poder aumentar la demanda, pero matizaba que en el caso de España, que tiene limitada la cantidad de dinero que puede tomar prestada, "esta opción no puede considerarse".

"Si se suben los impuestos, la población gasta más dinero y a la vez mantiene el mismo poder adquisitivo pero el gasto público adicional se obtiene de forma gratuita", indicaba Akerlof.