1 mar. 2010

No todos creen en las bondades de una inflación baja

Por Jon Hilsenrath

Durante los últimos 25 años, la inflación ha sido un monstruo que come riqueza y causa inestabilidad. Pero últimamente algunas personas inteligentes —incluidos el economista jefe del Fondo Monetario Internacional y un alto funcionario de la Reserva Federal de Estados Unidos— se han preguntado si un poco más de inflación podría ser bueno.

Sin embargo, por varios motivos es improbable que la idea gane tracción pronto.

El nuevo argumento para la inflación es el siguiente: la inflación baja y las tasas de interés bajas que la acompañan le dejan poca capacidad de maniobra a los bancos centrales cuando se producen las crisis. Tras el colapso de Lehman Brothers en 2008, por ejemplo, la Reserva Federal rápidamente recortó las tasas de interés a casi cero, pero no pudo bajar más, aunque la economía necesitaba más estímulo.

Los economistas creen que si la inflación fuera un poco más alta, y de esta forma las tasas de interés fueran un poco más altas, la Fed hubiera tenido más margen para recortar tasas de interés y hubiera brindado más impulso a la economía.

En este momento, la Fed y otros grandes bancos centrales apuntan a una inflación de cerca de 2%. Los economistas habían usado el enfoque "Los tres osos" para llegar a este número; durante mucho tiempo pareció que los precios no estaban ni muy calientes ni muy fríos. Pero una inflación baja podría en teoría significar algo estable a una tasa levemente más alta.

El economista jefe del FMI, Olivier Blanchard, afirmó en un ensayo reciente que quizás la meta de inflación futura del banco central de EE.UU. debería ser de 4%. John Williams, director del departamento de investigación de la Fed de San Francisco, sostuvo el año pasado que podrían necesitarse metas de inflación más altas para brindar un colchón para crisis futuras.

Las propuestas ponen de manifiesto un planteamiento más amplio que circula entre los economistas tras la crisis financiera. Muchas de las cosas que los economistas creían conocer resultaron equivocadas.

Hay otros motivos por los que algunos le darían la bienvenida a un poco más de inflación ahora. Los gobiernos de EE.UU. y otros países, y muchos hogares estadounidenses, tienen montañas de deuda. Un poco más de inflación podría en teoría reducir la carga de intereses y la deuda, porque mientras los pagos de deuda suelen ser fijos, el ingreso y salario que generan los hogares y los gobiernos para pagar aumentarían con la inflación. Pero hay problemas con el argumento de que más inflación es algo bueno.

El primero es que aún no queda claro que las tasas de interés cerca de cero son el mayor problema de la economía, como teme Blanchard. De esta forma, podría no valer la pena hacerles frente a los costos que vendrían asociados con una inflación más alta.

Luego de que la Fed bajara las tasas de interés a casi cero a fines de 2008, su presidente, Ben Bernanke, encontró alternativas a nuevos recortes de las tasas de interés: comprar valores respaldados por hipotecas y bonos del Tesoro y canalizar créditos hacia préstamos estudiantiles, para autos, y los mercados de tarjetas de crédito. Estos pasos adicionales no eran una panacea, pero ayudaron a terminar con la recesión incluso si no produjeron crecimiento lo suficientemente rápido como para reducir el desempleo.

También hay un problema más espinoso. Pasar de una inflación de 2% a una de 4% podría ser un proceso muy problemático. Inversionistas, empresas y hogares bien podrían concluir que un cambio repentino hacia una inflación más alta de hecho significa menos compromiso con una inflación estable. Expectativas de una inflación más alta podrían convertirse en una profecía cumplida. En lugar de una inflación de 4%, los bancos centrales podrían terminar con 5%, 6% o 7%.

Bernanke admitió el atractivo de una meta de inflación más alta. Pero también podría ser contraproducente si causa un fuerte aumento de las tasas de interés y encarece aún más los préstamos futuros.

La meta de inflación de 2% que es tan popular entre los banqueros centrales de todo el mundo podría no haber sido la meta ideal en retrospectiva. Pero parece que todos están atados a ella, para bien o para mal, durante el futuro cercano.

Fuente: WSJ