15 sept. 2010

La recuperación mundial pierde fuerza y genera incertidumbre

Por Mark Whitehouse, Marcus Walker y Joann S. Lublin

La recuperación global sigue bien encaminada, pero parece cada vez más probable que gran parte del mundo desarrollado atraviese por un prolongado período de crecimiento débil.

Cuando apenas ha transcurrido un año desde el comienzo de la recuperación, su vigor inicial se ha debilitado abruptamente, lo que ha sumido al mundo en un nuevo período de incertidumbre. Las esperanzas de que se produzca una recuperación liderada por Estados Unidos se esfumaron luego de que los consumidores estadounidenses decidieran guardar sus billeteras. Las ráfagas de crecimiento en Japón y Alemania pierden fuerza o se prevé que lo hagan. China y otros grandes países en vías de desarrollo siguen creciendo con solidez, pero a un ritmo más moderado que hace unos meses.

Dos motores tempranos de la recuperación —el estímulo fiscal y el reabastecimiento de inventarios por parte de las empresas— se desvanecen con rapidez. Las autoridades tienen opciones limitadas para inyectar una dosis de estímulo. La gran pregunta es si, y cuándo, el consumo privado y la inversión empresarial llenarán el vacío.

Hasta ahora, la evidencia es contradictoria. Las crecientes clases medias en las economías emergentes podrían proveer un impulso. Pero las empresas en EE.UU. y Europa son renuentes a contratar en la medida necesaria para alimentar un renacimiento del consumo. "No creo que pase nada positivo esta vez", afirma Carol Bartz, presidenta ejecutiva de la empresa de Internet Yahoo Inc., que no aumentó su personal en los últimos dos trimestres. "A no ser que EE.UU. se estabilice, el resto del mundo no se puede estabilizar". La perspectiva dominante para la economía global es un prolongado período de crecimiento mediocre y desempleo alto en las economías avanzadas más afectadas por la crisis como EE.UU., Irlanda y España. Algunas partes del mundo podrían crecer a un ritmo saludable, pero las probabilidades de un desenlace mucho mejor se han vuelto más remotas, mientras el riesgo de que la situación empeore es significativo. Los siguientes son tres escenarios para la economía global durante el próximo año.

Crecimiento débil

En las últimas semanas, datos de todas partes del mundo revelaron una de- saceleración del crecimiento. Las empresas que se habían apresurado a reponer sus inventarios ahora piden sólo lo que necesitan para satisfacer la demanda existente, lo que afecta toda la cadena de suministro.

Un indicador de la actividad empresarial elaborado por J.P. Morgan Chase & Co. cayó a 53,9 en agosto, por encima de la marca de 50 que indica expansión pero por debajo del máximo de abril de 57,7. Las exportaciones mundiales se expandieron a una tasa anualizada de 7,4% en el primer semestre, un descenso importante frente al crecimiento de 47,5% en el segundo semestre del año pasado.

El estancamiento llega en momentos en que los gobiernos recortan el estímulo fiscal o, en el caso de China y otros países asiáticos, reducen el crédito para impedir un recalentamiento de la economía. Economistas de Goldman Sachs Group Inc. estiman que la menor inversión fiscal restará alrededor de medio punto porcentual al crecimiento anualizado de EE.UU. en los próximos tres trimestres.

Los gobiernos europeos, desde Grecia al Reino Unido, comenzaron a recortar el gasto y elevar los impuestos para reducir sus déficits presupuestarios. Incluso Alemania, que tiene una posición fiscal más sólida, contempla reducir el gasto este año. Es probable que el ajuste de cinturones desacelere la economía de la la zona euro, que creció a una tasa anualizada de 3,9% en el segundo trimestre.

Bruce Kasman, economista jefe de J.P. Morgan Chase, prevé que la economía mundial crezca a una tasa anualizada y desestacionalizada de 2,5% en el segundo semestre y de 3% el año próximo, una baja frente a sus estimaciones previas de 3,5% y 3,4%, respectivamente. La mayor parte del crecimiento, afirma, provendrá de los mercados emergentes, que crecerían a una tasa de casi 6% en 2011, mientras los países desarrollados avanzarían 2%, lo que sería insuficiente para reducir el desempleo de forma significativa.

Recaída

Eventos desfavorables en la política o las finanzas podrían convertir el crecimiento anémico en una segunda recesión. "Las recuperaciones débiles, por definición, no tienen la protección de un vibrante crecimiento cíclico para amortiguar el golpe de una crisis inesperada", afirma Stephen Roach, presidente de la junta directiva de Morgan Stanley Asia. "El escenario de un crecimiento lento y sostenido presume que no habrá grandes crisis. Pero las posibilidades no son muy buenas. En el mundo hay crisis todo el tiempo".

Incluso si los gobiernos controlan la deuda, el bajo crecimiento podría resultar insostenible, en especial en EE.UU. La persistente debilidad económica podría convertirse en un círculo vicioso en el que el desempleo en aumento lleva a las personas a reducir el gasto y a las empresas a eliminar más empleos.

Nouriel Roubini, un economista que se ha hecho famosos por su pesimismo, afirma que EE.UU. crece a un ritmo demasiado lento para evitar un alza del desempleo y detener el declive en los precios de las viviendas. Los bancos, como consecuencia, podrían afrontar mayores pérdidas y prestar menos, lo que reduciría el consumo y se crearía una espiral que llevaría al país de vuelta a una recesión.

Una grata sorpresa

Los economistas consideran que una sorpresa positiva es el escenario menos probable. Hay dos maneras principales de que se reanude el crecimiento mundial: una liderada por EE.UU. y otra liderada por el resto del mundo.

EE.UU. tiene abundantes recursos para volver a estimular la recuperación global. Las empresas estadounidenses poseen alrededor de US$1,8 billones (millones de millones) en efectivo, el nivel más alto, como porcentaje de sus activos totales, desde 1963. Si se despejan las incertidumbres sobre impuestos a las ganancias, cobertura de salud y políticas gubernamentales, las empresas podrían crecer de forma lo suficientemente confiada como para desplegar ese efectivo, contratar empleados e invertir en proyectos nuevos. Sin embargo, una recuperación liderada por el gasto de consumo estadounidense probablemente ampliaría el déficit comercial de EE.UU. y, de esta forma, la deuda de EE.UU., un desequilibrio que muchos economistas creen que contribuyó a la crisis global.

Si los países con altas tasas de ahorro, como Alemania y China, gastan más, el resultado podría ser un reequilibrio saludable de la economía mundial que la vuelva menos dependiente del consumidor estadounidense. En el mundo en vías de desarrollo, incluso un crecimiento apenas más sólido podría hacer la diferencia. Los países en desarrollo ahora representan alrededor de un tercio de la demanda global.

Coach Inc., el fabricante estadounidense de bolsos de lujo, apuesta por el consumidor chino. Sus ventas en el país se duplicaron para llegar a US$100 millones en el año que cerró el 30 de junio y se espera que sumen US$250 millones para junio de 2012. "El crecimiento en China no se ha estancado", afirma su presidente ejecutivo, Lew Frankfort.

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Fuente: WSJ