14 sept. 2010

Las nuevas reglas de la banca mundial reciben elogios, pero con algunas reservas

Por Damian Paletta y David Wessel

Dos años después de que el colapso de Lehman Brothers Holdings Inc. sacudiera al sistema financiero global, los supervisores bancarios y los bancos centrales han acordado un plan para impedir una repetición.

La pregunta es si el complejo acuerdo cumplirá la promesa de hacer un aporte "sustancial a la estabilidad y el crecimiento financiero a largo plazo" hecha por Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo y presidente del comité que produjo el pacto anunciado el domingo.

La idea es directa. En Estados Unidos, la ley de reforma financiera aprobada por el Congreso y promulgada en julio por el presidente Barack Obama estableció normas para que los bancos estadounidenses no caigan en los errores pasados. El acuerdo gestado durante los últimos meses en Basilea, Suiza, les permite a los bancos de todo el mundo continuar tomando grandes riesgos, pero les exige que acumulen mayores reservas de capital para absorber pérdidas.

"La forma más simple de decirlo es: capital, capital, capital", dijo al Congreso el año pasado el secretario del Tesoro de EE.UU., Timothy Geithner. "Es bueno diseñar los requerimientos de capital para que, dada la falta de certezas que tenemos sobre el futuro del mundo, (y) dada la ignorancia que tenemos sobre algunos elementos de riesgo, haya un colchón mucho mayor para absorber pérdidas y para ahorrarnos las consecuencias de decisiones erradas".

Según ese criterio, ¿alcanza Basilea III, como se conoce el acuerdo, el objetivo propuesto?

El sólo hecho de que se haya llegado a un acuerdo constituye todo un logro. La negociación de Basilea II, un pacto que hoy se considera inadecuado, demoró alrededor de una década. "Es notable que 27 países se pusieron de acuerdo cuando hay tantas divisiones continentales entre Europa y EE.UU.", indicó Cornelius Hurley, director del Centro Morin para Leyes Bancarias y Financieras de la Universidad de Boston.

Si el convenio se implementa sin grandes alteraciones —algo que dista de estar garantizado—, requerirá que los bancos tengan más capital que antes de la crisis. Una mayor parte de ese capital será capital común que puede absorber pérdidas con rapidez porque los accionistas son los perjudicados.

Es probable que pocos bancos necesiten grandes inyecciones de capital para cumplir con la nueva normativa, en parte porque han apuntalado sus balances y reducido sus préstamos. Si las nuevas reglas se hubieran implementado antes de la crisis, casi todos los mayores bancos del mundo hubieran necesitado un colchón de capital mayor.

El debate, por lo tanto, gira en torno a si las nuevas reglas son insuficientes u onerosas. Los mayores bancos globales se verán obligados a reservar capital común equivalente a 7% de sus activos, comparados con las exigencias actuales que pueden ser de apenas 2%. "Hicieron lo mínimo", afirma Simon Johnson, economista del Instituto de Tecnología de Massachusetts y uno de los críticos más enconados de la respuesta a la crisis global. Douglas Elliot, un ex banquero que ahora trabaja en la Institución Brookings en Washington, describió los estándares como más bajos de lo que le gustaría, "pero mucho más altos que el requisito efectivo (actual)".

Joseph Stiglitz, el ganador del Premio Nobel de Economía que enseña en la Universidad de Columbia, consideró las medidas como "un paso en la dirección correcta".

La reacción entre los ejecutivos de la banca fue menos entusiasta. "Cada dólar de capital es un dólar menos en la economía", manifestó la Mesa Redonda de Servicios Financieros, un organismo que agrupa a las principales firmas financieras estadounidenses.

Los reguladores globales tenían una tarea delicada. Las demandas de demasiado capital demasiado pronto corrían el riesgo de provocar un repliegue más profundo del crédito en momentos en que la economía necesita préstamos.

Por motivos económicos y políticos, los bancos centrales y los reguladores financieros acordaron una transición prolongada para poner en vigencia las nuevas reglas, más larga de lo que quería EE.UU. La normativa entrará en vigor en 2013, pero la mayoría de los bancos tendrán plazo hasta 2019 para cumplirla, e incluso más tiempo en algunos casos.

La transición es demasiado larga para algunos. "Aplaza los niveles de capital más altos durante años", se quejó Anil Kashyap, un economista financiero de la Universidad de Chicago. "El retraso expone al público a un riesgo persistente", añadió Stiglitz.

El respiro de alivio de los bancos se reflejó en los precios bursátiles. Las acciones de Bank of America Corp., J.P. Morgan Chase & Co., Citigroup Inc., Wells Fargo & Co., Citigroup Inc., Goldman Sachs Group Inc. y Morgan Stanley, los seis principales holdings bancarios de EE.UU., subieron cada uno más de 2%.

Varios temas quedaron en el tintero. Uno de ellos es el de las entidades consideradas demasiado grandes para quebrar. Se estudió la idea de que estos bancos reservaran niveles más altos de capital, pero no se pudo alcanzar un acuerdo al respecto.

Fuente: WSJ