7 abr. 2011

Errores de concepto sobre los tratados de libre comercio

Estados Unidos y Colombia acaban de acordar un tratado comercial. Con este acuerdo y otros que están cerca de ser debatidos en el Congreso de EE.UU., Ed Gerwin, investigador en Comercio y Políticas Económicas Globales en Third Way, y Jon Cowan, presidente de Third Way, señalan cinco errores de concepto sobre los acuerdos comerciales.

Este año, el gobierno de Barack Obama y el Congreso de EE.UU. buscarán votos de ambos partidos para aprobar acuerdos de libre comercio con Corea del Sur, Colombia y Panamá. Considerando que 87% del crecimiento económico mundial durante los próximos cinco años se registrará fuera de EE.UU., los partidarios del comercio creen que estos acuerdos crearán empleos y prosperidad al ayudar a las compañías estadounidenses a entrar a mercados de exportación de rápido crecimiento.

Quienes se oponen discrepan. Argumentan que los acuerdos "tipo NAFTA" dañan más que de lo que ayudan a la economía de EE.UU. y las encuestas muestran que gran parte de la población coincide.

¿Pero es correcta esta creencia general? ¿O los acuerdos de comercio dan resultado? En momentos en que Washington se prepara para duros debates sobre el comercio, vale la pena explorar algunos errores de concepto habituales respecto a los acuerdos comerciales.

1. Los acuerdos comerciales generan déficit comercial.

En realidad, no es así.

Los críticos frecuentemente asocian los acuerdos comerciales con los déficit comerciales de EE.UU. Por ejemplo, los oponentes hacen notar que el déficit comercial global de EE.UU. en mercaderías se disparó a casi US$830.000 millones en 2008 desde los US$103.000 millones anteriores a la firma del NAFTA.

Pero los datos aduaneros de los países con los que se firmaron acuerdos indican algo diferente. En 2008-2009, EE.UU. tuvo un superávit comercial de casi US$50.000 millones con sus 17 socios de acuerdos de libre comercio, y las exportaciones manufactureras estadounidenses a esas naciones continuaron superando las importaciones en 2010. Los verdaderos impulsores del déficit comercial general de EE.UU. son el déficit en bienes manufacturados con países con los cuales no tiene acuerdos (más de US$345.000 millones en 2009), en especial con China (casi US$227.000 millones en 2009), y las enormes importaciones de petróleo (casi US$205.000 millones en 2009). Además, los críticos de los acuerdos comerciales suelen ignorar que EE.UU. tiene sólidos superávit comerciales en servicios y agricultura (US$136.000 millones y US$27.000 millones, respectivamente, en 2009). Resumiendo, al enfocarse en los déficit, los escépticos a menudo confunden la causa con la cura.

2. Los acuerdos comerciales son un juego de "suma cero".

No lo son.

Los críticos están preocupados por los déficit porque creen que los acuerdos son esencialmente juegos de "suma cero", en los cuales, si un país gana, el otro necesariamente pierde. Consideran que las exportaciones son esencialmente "buenas" y las importaciones son esencialmente "malas". Pero el mundo real es mucho más complejo.

Sin dudas, las exportaciones son vitales para la economía estadounidense, y sostienen uno de cada tres empleos en el sector industrial y representan uno de cada tres acres plantados en las granjas estadounidenses.

Pero las importaciones también hacen importantes contribuciones a la economía estadounidense. Las importaciones proveen insumos de bajo costo que les permiten a los fabricantes estadounidenses y a sus trabajadores en EE.UU. fabricar productos más competitivamente. También dan sustento a millones de empleos estadounidenses vinculados a la investigación, el diseño, el transporte, la logística, el comercio minorista y las manufacturas. Además, los aranceles reducidos a las importaciones incrementaron el poder de compra de la familia promedio estadounidense en casi US$2.000 anuales, lo que les permite a las familias gastar más en sus comunidades locales.

3. Los acuerdos comerciales debilitan a la economía.

No es así.

Los críticos atribuyen una variedad de serios problemas económicos a los acuerdos comerciales. Por ejemplo, citan una y otra vez un estudio de 2006 que sostiene que el NAFTA "desplazó" alrededor de un millón de empleos estadounidenses y sostienen que el sector manufacturero estadounidense cayó más de 30% debido al NAFTA.

Lo que se dice sobre las pérdidas de empleo es refutado por una serie de otros estudios, incluyendo varios análisis del Servicio de Investigaciones del Congreso de EE.UU., la Oficina de Presupuesto del Congreso de EE.UU., la Comisión de Comercio Internacional de EE.UU. y el Carnegie Endowment for International Peace. Además, datos de la Oficina de Estadísticas Laborales de EE.UU. muestran que los fabricantes estadounidenses sumaron 500.000 empleos en los siete años posteriores a la entrada en vigencia del NAFTA.

EE.UU. ha perdido empleos manufactureros en los últimos años, pero es difícil atribuir esas pérdidas en un nivel significativo a los acuerdos comerciales. En cambio, la causa predominante para la caída del empleo manufacturero en ese país es la creciente productividad, el hecho de que una fuerza laboral mejor educada que utiliza equipamiento más sofisticado puede producir más con menos trabajadores. Los empleos manufactureros han estado cayendo sostenidamente como proporción del empleo total en EE.UU. desde la Segunda Guerra Mundial, mucho antes de que se pensara en los modernos acuerdos comerciales. Al mismo tiempo, EE.UU. fabricó 4,7 veces más bienes en 2005 que en 1959. También es difícil echarle la culpa a los pactos comerciales por las pérdidas de empleos manufactureros cuando EE.UU. logró un superávit en el comercio de bienes industriales con los países con los que firmó acuerdos.

4. Es hora de tomarse un respiro del comercio.

No nos podemos dar ese lujo.

Los críticos del libre comercio quieren que Estados Unidos deje de trabajar en la búsqueda de nuevos acuerdos. Insisten en que primero ese país debe renegociar los acuerdos existentes y adoptar nuevas políticas comerciales, incluyendo medidas que limitarían las importaciones y harían más difícil que las empresas estadounidenses exporten.

Pero el resto del mundo no está esperando a EE.UU. En cualquier mercado, llegar primero tiene un premio. Pregúntenselo a Apple respecto al iPod. Si EE.UU. no logra meterse en el juego y mantenerse en él, nuestros exportadores perderán no solamente nuevas oportunidades en los mercados extranjeros, sino que crecientemente perderán sus actuales negocios a medida que sus competidores foráneos enfrenten cada vez menos barreras comerciales. Por ejemplo, sin el acuerdo comercial con Corea del Sur, los productores de cerdo estadounidenses no podrían ofrecer precios competitivos y quedarían fuera del mercado de ese país asiático en lapso de una década, por lo que perderían US$215 millones en ventas anuales.

Para su crédito, el gobierno de Obama y muchos en el Congreso entienden esto. El gobierno ha tomado un enfoque muy inclusivo de la política comercial estadounidense, en particular al desarrollar un nuevo modelo para los acuerdos comerciales en las negociaciones de sociedades transpacíficas. Pero también saben que EE.UU. ya no puede quedarse quieto mientras sus competidores internacionales negocian una serie de nuevos acuerdos comerciales para abrir mercados a sus exportaciones.

5. Los acuerdos comerciales no son "justos".

No, precisamente tienen que ver con lo que es justo.

Contrariamente a lo que sostienen quienes los rechazan, EE.UU. frecuentemente se ve perjudicado en sus relaciones comerciales en las que les falta un robusto acuerdo comercial. No es coincidencia que China —un país con el que EE.UU. no tiene un acuerdo de libre comercio— use ampliamente una política cambiaria, estándares técnicos, requerimientos para las licitaciones y otras barreras altamente discriminatorias que niegan una equidad esencial para las compañías y trabajadores estadounidenses. Y, cuando se la compara con los socios comerciales de EE.UU. con los que éste tiene acuerdos comerciales, China no ha asumido ningún compromiso significativo para asegurar la aplicación de leyes laborales y ambientales.

En su esencia, los acuerdos comerciales traen equidad a EE.UU. al derribar injustas barreras comerciales extranjeras a su comercio. Establecen que sus socios tendrán que aplicar principios esencialmente estadounidenses, como el juego limpio y el debido proceso, a los inversionistas y exportadores estadounidenses. Los acuerdos comerciales requieren que se desarrollen reglas de una manera abierta y transparente, se prohíban la discriminación injusta contra productos, servicios o partes estadounidenses, y se protejan los derechos de propiedad estadounidenses contra las expropiaciones sin el debido proceso y una compensación justa. Y, al final, les dan a los exportadores, los trabajadores y los inversionistas estadounidenses una mayor libertad de la interferencia injusta por parte de gobiernos extranjeros.

En momentos en que EE.UU. debate acuerdos comerciales que tienen el potencial de respaldar un nuevo crecimiento económico, es imperativo que nos concentremos en los méritos de cada uno y que no simplemente volvamos a caer en errores de concepto de larga data.