13 dic. 2011

La crisis económica enturbia el legado de Bernanke en la Fed

Por Jon Hilsenrath

Una fría madrugada de noviembre, en una base militar en Texas, el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Ben Bernanke, saludaba a los soldados que volvían de su última misión en Irak. Luego les dijo que regresaban a un campo de batalla diferente en su país.

"Para mucha gente", dijo durante su discurso en Fort Bliss, "sé que no parece que la recesión haya terminado".

Bernanke, quien ayer cumplió 58 años —el mismo día en que se celebró la última reunión de estrategia de la Fed del año— está ingresando en lo que probablemente sean las etapas finales y cruciales de su propia misión como presidente del banco central. Su segundo período de cuatro años concluye en enero de 2014, con lo cual le quedan dos años para terminar la labor. Muchos amigos y colegas dudan que quiera un tercer mandato. Los republicanos han prometido concederle el retiro. El pre-candidato presidencial del Partido Republicano, Newt Gingrich, quiere despedirlo.

A Bernanke, un historiador económico antes de iniciar su carrera en el servicio público, le preocupa más su legado de largo plazo que sus legiones de críticos. Pero al cabo de diez años en Washington, seis de los cuales ha pasado al frente de la Fed, su trayectoria tiene altibajos y su legado es incompleto.

La Fed, bajo su liderazgo y antes, no fue capaz de anticipar la crisis. Cuando estalló, Bernanke actuó con audacia para mitigar el golpe y es posible que haya evitado una segunda Gran Depresión. Desempeñó un papel clave en el diseño del plan de recuperación, pese a que hasta ahora sus resultados han sido decepcionantes.

Una vocera de la Fed dijo que Bernanke estaba "exclusivamente concentrado en hacer el mejor trabajo posible ahora mismo".

En la reunión de ayer, los representantes de la Fed optaron por no anunciar nuevas medidas, dejando el camino abierto para 2012. Las autoridades monetarias hicieron una evaluación un poco más optimista de la economía, si bien reconocieron que aún hay riesgos.

Para el futuro, Bernanke quiere dejar la economía de EE.UU. en una posición más sólida, con menos desempleo y una inflación estable, a pesar de los peligros en el horizonte. También quiere transformar la Fed, haciendo más transparente su oscuro proceso de decisiones.

Bernanke lidia con cuestiones económicas que van más allá del control del banco central, como por ejemplo, el impasse del Congreso sobre la política fiscal, el alicaído mercado inmobiliario estadounidense y la crisis de deuda de Europa.

Durante la semana del 21 de noviembre, Bernanke participó en una serie de conferencias telefónicas convocadas apresuradamente para discutir los problemas del mercado financiero europeo con otros líderes de bancos centrales. Los bancos europeos tenían dificultades para conseguir préstamos en dólares a corto plazo debido a las preocupaciones sobre su salud financiera.

A comienzos de esa semana, habían acordado expandir un programa de la Fed que ampliaba la disponibilidad de préstamos de dólares internacionalmente vía los bancos centrales.

En conversaciones recientes, Bernanke instó a Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, a reaccionar con decisión a la crisis, el mismo mensaje que había enviado a su antecesor, Jean-Claude Trichet. Bernanke también revisó con Draghi varios programas iniciados por la Fed durante la crisis de 2008, en caso de que los problemas actuales se intensifiquen.

En los últimos meses, Bernanke ha librado batallas fuera de su control. Con regularidad, pide al Congreso, generalmente en un tono académico y moderado, que adopte mejores políticas presupuestarias, sugerencias que hasta ahora no han rendido frutos.

Para abordar los problemas del sector inmobiliario, Bernanke creó una comisión especializada dentro de la Fed. En septiembre, urgieron a los reguladores de las agencias Fannie Mae y Freddie Mac a que intentaran facilitar el proceso de refinanciación de hipotecas, recomendando medidas que acabaron siendo adoptadas en octubre.

Durante la crisis financiera y las primeras etapas de la recuperación, la Fed compró más de US$1 billón (millón de millones) en deudas hipotecarias, para reducir las tasas de interés de los préstamos. Pero dado que el sector todavía sigue hundido, algunas autoridades quieren comprar aún más.

Sin embargo, la Fed está dividida. Varios de sus representantes creen que ya no hay mucho que el banco pueda hacer para estimular el crecimiento. Sus detractores temen la inflación, en caso de que a la Fed se le vaya la mano.

Parte de su estrategia actual pasa por revelar sus intenciones para las tasas de corto plazo.

Algunos funcionarios predicen que si los inversionistas saben por cuánto tiempo la Fed prevé mantener bajas los intereses de corto plazo, los de largo plazo caerían más, estimulando la inversión, el gasto y el empleo.

Bernanke también ha progresado en su objetivo de hacer que la Fed adopte una meta formal de inflación, en alrededor de 2%. Eso exigiría más explicaciones de la Fed sobre su posición en relación al desempleo, que estaba en 8,6% en noviembre. La mayoría de las autoridades cree que puede caer a 5% o 6% sin inflación.

Con todo, Bernanke tiene muchos críticos, que creen que será recordado por sus errores estratégicos, como colocar demasiado dinero en el sistema antes y después de la crisis. "Vamos a tener inflación, es sólo una cuestión de tiempo", dijo Allan Meltzer, historiador de economía de la Escuela de Negocios Tepper, de Carnegie Mellon. Henry Paulson, el ex secretario del Tesoro de EE.UU. y un cercano aliado durante la crisis financiera, dijo que Bernanke se aseguró su pedestal en la historia al impedir una depresión económica. "He estado en la boca del lobo con él", dijo. "Es un tipo audaz, imaginativo y valiente".

Fuente: WSJ