29 sept. 2009

Pittsburgh pone deberes a la banca y desencalla el laberinto de la regulación

por Gemma Martínez. Pittsburgh

El G-20 quiere fortalecer el control sobre el sector financiero, sin que por ello crezca el riesgo de que el crédito se congele. Los analistas bendicen el acuerdo de la cumbre, a pesar de su falta de concreción.

Aterricé en Pittsburgh (Estados Unidos) el miércoles pasado, horas antes de que llegaran los Jefes de Estado y los Ministros de Economía del G-20 para celebrar la tercera cumbre extraordinaria contra la crisis económica. Al día siguiente, antes incluso de que Barack Obama, presidente de EEUU, diera la bienvenida a los líderes del grupo que integra a las principales potencias industriales del mundo y a las economías emergentes (junto a invitados como España), el borrador del documento final de la cumbre ya circulaba por la sala de prensa del Centro de Convenciones de Pittsburgh, sede de la cumbre. Un día después, y tras varias sesiones plenarias entre los miembros del G-20, el borrador se convirtió en documento final, con variaciones mínimas.

El hecho de que el comunicado redactado por los técnicos del G-20 ya estuviera prácticamente finalizado antes de la cumbre demuestra que existía un punto clave que tenía que estar en el comunicado: la reforma de la regulación financiera. "Fuera como fuera, no podíamos salir de aquí sin una hoja de ruta concreta y sin dar una imagen clara al sector financiero de que las cosas van a cambiar a partir de ahora y de que no podemos volver a los excesos de antes de la crisis", explican fuentes intervinientes en el proceso de negociación.

Diferencias entre EEUU y Europa
El acuerdo busca aumentar la vigilancia sobre el sector financiero, que tendrá que elevar sus reservas y, en determinados casos, limitar las retribuciones de sus altos ejecutivos. El documento final no establece ningún porcentaje definitivo de requerimientos de capital (aunque sí dice que Basilea debe ser el modelo a implantarse en 2011), ni fija límites cuantitativos a los bonus. Esta falta de concreción refleja las diferencias que existen entre Estados Unidos y Europa.

EEUU quería exigir un mayor aumento de las reservas de los bancos, mientras que Bruselas temía que este endurecimiento pueda perjudicar ahora más a los bancos europeos que a los estadounidenses, que ya han realizado fuertes procesos de recapitalización. Europa prefería ser mucho más agresiva a la hora de restringir la retribución de los ejecutivos financieros. Francia, por ejemplo, aspiraba a limitar los bonus, que no pudieran superar un porcentaje determinado de los beneficios. Finalmente cada país podrá elegir cómo desarrolla estas políticas de forma individual, sin contradecir el espíritu de lo acordado en la cumbre de Pittsburgh.

Gordon Brown, el primer ministro británico, ya anunció ayer que presentará en breve su proyecto de limitar los bonus y que será "el más duro que existe en todo el mundo", en palabras del propio dirigente. Los detalles técnicos todavía se desconocen.

El acuerdo de Pittsburgh ha servido para establecer un calendario para la reforma, más tarde de lo previsto, que tendrá dos fases. En 2010 se deberán desarrollar y poner por escrito los principios consensuados en la antigua capital del acero de EEUU. Este cometido se materializará en encuentros ministeriales y en las cumbres que el organismo prevé celebrar en 2010, en Canadá (junio) y Corea del Sur (noviembre). Las normas, aplicadas después por cada país a su propio territorio entrarán en vigor dos años después, en 2012.

Además, la cumbre pretende que las líneas generales emanadas en Pittsburgh sean asumidas por las entidades financieras de forma voluntaria, sin esperar a 2012.

Fortalecer el sistema
El presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, comparte este espíritu. Ayer indicó que "ahora más que nunca es extremadamente importante introducir las reformas del sistema financiera para fortalecerlo y evitar las subidas y bajadas excesivas".

Los analistas bendicen el acuerdo, a pesar de su falta de concreción, sobre todo porque establece un calendario a la banca y desencalla el laberinto de la reforma de la regulación financiera. "Funcionará, porque todos los países tienen el mismo objetivo y desarrollarán políticas complementarias", asegura Peter Morici, profesor de la escuela de negocios de la Universidad de Maryland.

El hecho de que haya tres años de plazo es positivo para Chester Spatt, ex economista de la SEC y profesor de la escuela de negocios de Carnegie Mellon (Pittsburgh). "Estas cumbres siempre acuerdan hacer cosas en el futuro. ¿Tres años es demasiado? Depende de lo que acuerden el año que viene", indica. En su opinión, es muy positivo que hayan dado de plazo hasta 2012 para evitar que la mayor exigencia de capital, por ejemplo, pueda volver a congelar el mercado del crédito. "De no haber sido así, la regulación podría haber tenido un coste macroeconómico grande".

Los mercados se pronunciarán hoy sobre la reforma financiera y sobre la cumbre del G-20. Para Morici, la reacción de las bolsas estará marcada por la posibilidad de que haya una recuperación económica, mas que por la reforma de la regulación financiera, que tomará su tiempo”.

EEUU tiene problemas en casa
Barack Obama, que se estrenó como anfitrión del G-20 en la cumbre de Pittsburgh y que se presentó como el gran defensor de la reforma de la regulación financiera, está teniendo problemas para sacar adelante el plan en su propio país.

Obama pretende endurecer la legislación, con un proyecto que encargó este año al Congreso pero que todavía está en tramitación parlamentaria. Su objetivo es materializar el texto legal antes de que acabe el año, pero las divisiones entre los demócratas y el propio énfasis que él está poniendo en su gran proyecto personal (la reforma sanitaria) ha ralentizado el proceso en el Capitolio.

Obama quiere que la Fed se convierta en el superpolicía que vigile al sector financiero con el apoyo de Fdic, la Corporación Federal del Seguro. Además, ha propuesto crear una agencia que proteja los derechos del consumidor.

La figura del superregulador despierta recelo en el Congreso, por la excesiva concentración de poder que ya tiene la Fed según los críticos, y entre las distintas agencias regulatorias, que se resisten a perder competencias. A su vez, el papel de la Fed está en entredicho. Varios políticos clave del hemiciclo pretenden que la actuación del banco central pueda ser sometida a auditorías parlamentarias, algo que ahora no permite la ley.

· Barack Obama. Presidente de Estados Unidos.
Pide una mayor exigencia de capital a los bancos para que puedan sortear mejor crisis futuras.

· Gordon Brown. Primer ministro de Reino Unido.
Ha dicho que su proyecto para limitar los bonus será "el más duro que existe en todo el mundo".

· Ben Bernanke. Presidente de la Reserva Federal.
Respalda los cambios regulatorios y se convertirá en el superpolicía en EEUU.

· Jean-Claude Trichet. Presidente del BCE.
Cree que la reforma es fundamental y necesaria para fortalecer la salud del sistema financiero.

Fuente: Expansión