20 oct. 2009

Vuelta a lo básico

por Emilio Botín

Más de dos años después de que comenzara la crisis financiera, la receta más extendida a los bancos es la vuelta a “lo básico”. No obstante, no se ha reflexionado lo suficiente sobre cuáles son estos aspectos básicos de la banca y nos encontramos con algunos ejemplos de que el mensaje se ha oído pero no se ha tomado en cuenta.

Estoy plenamente convencido de que, entre los motivos que provocaron esta crisis está el hecho de que los bancos se alejaron de la tarea básica de aceptar depósitos y conceder créditos y de que los reguladores y supervisores carecieran del conocimiento o los medios suficientes para contenerlos.

Por tanto, mientras reflexionamos sobre el futuro de la banca, deberíamos preguntarnos lo que significa realmente un retorno a lo básico. La función más básica de un banco es la de redistribuir el capital de aquellos que cuentan con más a los que tienen menos. Éste es un servicio de gran valor y, como concepto, queda además bastante claro. No obstante, no siempre resulta sencillo aplicarlo de forma correcta. Para ello es necesaria una amplia experiencia en la gestión del riesgo, de la tecnología de la información y de las operaciones, y un meticuloso equilibrio de los intereses y derechos de los clientes, empleados y accionistas, además de un alto grado de autodisciplina institucional y ética del deber.

Para cumplir estos objetivos, un banco debe contratar a los profesionales de más talento de la sociedad. Cuando hablamos de una vuelta a lo básico, nos referimos a esta actividad. Otras actividades, como las operaciones comerciales, los productos complejos de alto riesgo y los vehículos especiales de inversión están relacionados con la banca, pero no forman parte fundamental del sector. La crisis tuvo su origen precisamente en estas áreas de alto riesgo. ¿Quiere esto decir que debería evitarse que los bancos se implicaran en estas actividades? Rotundamente no. Significa que estas actividades deben ser transparentes y deben estar debidamente reflejadas en el balance de un banco.

De esta forma, los mercados podrán determinar las verdaderas actividades y el perfil de riesgo de un banco y valorarlo en consecuencia, algo que en los últimos años resultó muy difícil a medida que los instrumentos más complejos adquirían cada vez más peso en el crecimiento de los servicios financieros. Aferrarse al principio “más riesgo, más capital” proporcionaría un poderoso incentivo para que los bancos se centren en lo básico. La vuelta a lo básico no significa que lo más pequeño sea lo mejor.

Al contrario, tanto las grandes como las pequeñas entidades han sufrido las consecuencias de esta crisis. Lo que separa a las que han sobrevivido de las que se quedaron en el camino no es el tamaño, sino la gestión y supervisión de un banco. Las propuestas de los gobiernos y reguladores para intentar limitar el tamaño de los bancos, su crecimiento y sus actividades internacionales son equivocadas. Las economías de escala, la diversificación, la eficacia, la innovación y las buenas prácticas proporcionan enormes beneficios. No deberíamos prescindir de éstas penalizando el crecimiento. Para los bancos que se atienen a lo básico, el pasado y el presente proporcionan cierta orientación para el futuro. En primer lugar, habrá que contar con una red comercial vibrante y eficiente.

Cuanto más sólida sea ésta, más lo será el banco, dado que la relación con los clientes seguirá siendo la clave de las buenas prácticas bancarias. Desde que me dedico a la banca he oído que las redes comerciales formaban parte del pasado y que el futuro estaba en la banca electrónica. No obstante, con la tecnología adecuada, una gran red comercial es perfectamente compatible con la eficiencia de costes. Durante la actual crisis, las redes comerciales han sido fundamentales para captar depósitos lo que, a su vez, ha fortalecido el balance de los bancos. Durante el próximo ciclo, serán igualmente importantes en la gestión de préstamos. Segundo, la gestión del riesgo será el centro del sector bancario durante las próximas décadas.

Los bancos que más han sufrido durante esta crisis han sido los que perdieron la perspectiva de la base de una adecuada gestión del riesgo, los que ignoraron el elemento de compensación entre los riesgos y los beneficios y olvidaron la diferencia entre el riesgo del mercado y el riesgo crediticio. Por consiguiente, se alejaron de sus principales actividades. La regulación debería garantizar en el futuro que un mayor nivel de riesgo requiere más capital, lo que serviría de incentivo para que los bancos no se apartaran de lo básico. Ya hemos podido apreciar el consenso en torno a las mejores políticas y prácticas del riesgo: la gestión de riesgo debe ser independiente de las áreas de negocio, con líneas de comunicación independientes; las políticas de riesgo deben decidirse y estudiarse en el consejo de administración; la gestión del riesgo debe centrarse en el conocimiento del cliente.

Tercero, los bancos deben reclutar a los profesionales de más talento e integridad de la sociedad, dado que una de las mayores lecciones de los últimos dos años está en la importancia de las personas. El factor humano ha sido el elemento más importante en el liderazgo, la estrategia, la gestión y la ejecución; lo que ha distinguido a los buenos bancos de los malos. Trabajar en un banco, sea como cajero o presidente, es asumir una enorme responsabilidad; porque en un banco se protege el ahorro de las personas, su seguridad, sus oportunidades. Los jóvenes que se incorporen al mundo bancario deben entender este concepto, dejando de lado la idea de las generosas recompensas que pueden obtener.

Para ello es necesario tener presente el aspecto ético tanto en el carácter, como en la cultura y la formación. Relacionada con este factor está la cuestión de cómo modificar las estructuras compensatorias que han contribuido a fomentar esta crisis. Estos esquemas deberían basarse en el rendimiento a largo plazo y vincularse a la rentabilidad del grupo en conjunto, evitando proporcionar incentivos por asumir riesgos excesivos o inapropiados. Una mayor transparencia es fundamental para garantizar políticas adecuadas y disciplina. Ninguna economía moderna puede prosperar sin un sistema bancario sano y sólido capaz de financiar su crecimiento y de proteger sus ahorros. Esto no significa que los bancos o los reguladores tengan que inventar nada nuevo, sino que tendrán que poner en práctica el mejor sistema de gestión y supervisión.

Los sistemas financieros que aplicaron una supervisión cercana y proactiva han sido los que menos se han visto afectados por la crisis. Pero, ante todo, para una adecuada gestión bancaria es necesario que los directivos de las entidades recuerden que sus obligaciones con los clientes, los empleados y los accionistas van más allá de los informes financieros trimestrales.

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