10 nov. 2009

El papel del inversor institucional

por Kate Burgess

A los inversores institucionales cada vez les preocupa más su papel en la crisis financiera. Knut Kjaer, director general de RiskMetrics, la firma especializada en gobierno corporativo y ex director del fondo petrolero estatal de Noruega, dice que “debemos reconocer humildemente nuestro fracaso como propietarios”.

Kjaer explicó a los inversores institucionales en una reciente conferencia sobre gobierno corporativo que el mejor medio para “solucionar todo el desorden” generado por la crisis financiera era mejorar “nuestra forma de operar como propietarios”.

El gobierno corporativo está escalando peldaños en la agenda global. Las reformas se están acelerando en todos los países del G-20. Gran parte de estas reformas giran en torno a las remuneraciones, las revelaciones de datos y la calidad de los consejos de administración. Francia y Alemania, por ejemplo, presionan para imponer severas restricciones a los pagos de los banqueros, mientras que en Australia, los inversores tendrán más poder para no reelegir a los consejos si no están de acuerdo con sus políticas de remuneraciones.

La reforma también está en marcha en EEUU, donde se espera que la Comisión del Mercado de Valores (SEC) permita a los inversores dar su opinión sobre la política de pagos y que elimine las barreras para los accionistas que deseen votar sobre la continuidad o disolución de un consejo. La SEC también propone que se permita a los accionistas con compromiso de permanencia escoger un representante en las votaciones de los distintos puntos propuestos antes de una junta anual, y abolir las reglas que permitan a los brókeres usar los votos de sus clientes para respaldar la gestión directiva aunque no hayan rellenado y enviado sus formularios.

Nueva era en EEUU
El poderoso Fondo de Pensiones de los Empleados Públicos de California ha señalado que estas reformas suponen el comienzo de una nueva era en el gobierno corporativo de EEUU. Muchos creen que las propuestas otorgarán a los accionistas más poder para: enfrentarse a los consejeros; vincular claramente los resultados a los ejecutivos; evitar que las empresas se embarquen en adquisiciones destinadas a extender su imperio; obligar a las compañías a abordar la planificación sucesoria; y supervisar unos datos sobre la posición financiera que deberán revelarse puntualmente. En EEUU también aumentan las presiones para que se implementen otras reformas de estilo europeo.

Pese a que los expertos en gobierno corporativo aseguran que la separación de las funciones de consejero delegado y presidente aún está lejos, el fondo petrolero estatal de Noruega presentó el mes pasado informes en cuatro empresas estadounidenses para solicitar presidentes independientes.

Pero en el resto de países la reforma se ha centrado en los propios inversores institucionales. Antes de la crisis, los reguladores británicos pensaban que lo tenían todo bajo control, y enarbolaban su modelo como un esquema a seguir. Los grupos de inversores creen que el sistema británico, basado en un programa de reuniones con empresas y respaldado por las provisiones del Código Combinado y las votaciones en las juntas anuales, contribuye a la existencia de unos principios eficaces y flexibles de gobierno corporativo.

De hecho, muchos creen que la crisis financiera se debió a la falta de control de los inversores más que al de las empresas, y acusan a los accionistas institucionales de no vigilar de forma adecuada a los consejos y de no mostrar firmeza en las votaciones. Lord Myners, el responsable de las relaciones del Gobierno con la City, ha acusado a los inversores institucionales de permitir el desarrollo de “corporaciones sin dueño” y ha instado a los gestores de fondos a “implicarse en las empresas en las que invierten y a pedirles cuentas cuando no son capaces de pensar a largo plazo”.

El Comité de Accionistas Institucionales, que representa a los inversores británicos, ha elaborado por su cuenta una lista de principios, que instan a los grandes inversores a usar sus votos de forma más agresiva. Incluye un código de “mejores prácticas” para los institucionales basado en principios de divulgación obligatoria para cuestiones tales como las votaciones.

Sin embargo, muchos creen que el aumento de la transparencia podría no ser suficiente. La lista de ideas de Lord Myners incluye recompensar a los inversores comprometidos con la permanencia con mayores derechos de voto y permitir que los accionistas comercien con los votos. Los analistas de gobierno corporativo advierten de que si los inversores institucionales no abordan sus errores, el Gobierno británico podría actuar por ellos. Seguro que otras naciones observarán el proceso con interés.

Fuente: FT