13 nov. 2009

Simples verdades sobre la economía

por Samuel Brittan | FT

La verdad es en ocasiones simple, por muy elaborados que sean los detalles. El rasgo más destacable de la economía mundial en los últimos años han sido los crecientes excedentes de ahorros de China y otros países asiáticos.

Hasta hace poco, eran compensados por los créditos de los consumidores en occidente, especialmente en EEUU y Reino Unido.

Teniendo en cuenta los insostenibles ratios de deuda de los consumidores, todo esto tenía que terminar. No hay perspectivas de que esos ahorros se vean compensados por un boom de las inversiones en occidente o en economías en vías de desarrollo distintas a China. Y Pekín tampoco va a reducir sus excedentes de ahorros en la proporción necesaria, ya sea de forma directa o revalorizando el renminbi para atender a las súplicas internacionales.

El agujero de la economía mundial sólo lo puede tapar el gasto deficitario de los gobiernos occidentales más poderosos. Si los ajustes fiscales impiden este gasto, se ahogará la recuperación.

El mejor punto de partida son las Perspectivas de la Economía Mundial del Fondo Monetario Internacional (FMI). Un gráfico muestra que el índice de ahorro en "las economías emergentes en vías de desarrollo" está creciendo a un ritmo más rápido que las inversiones domésticas.

La diferencia, conocida como "préstamo neto", aumentó de cifras negativas a finales del s.XX a un máximo del 5,2% del producto interior bruto (PIB) en 2006. El dato del 5,2% del PIB puede no parecer muy alto, pero se calcula que los países implicados representan casi el 45% de la producción mundial –más de 30 billones de dólares (20 billones de euros) anuales–.

Desde luego, no todo este exceso de créditos se debe a China. El préstamo neto en los países de Oriente Medio –en su mayoría productores de petróleo– creció hasta un máximo superior al 21% del PIB en 2006 sólo para caer nuevamente hasta el 3,5% este año según las previsiones del FMI.

Alemania, donde el crédito neto subió desde cifras insignificantes a finales del siglo pasado a un máximo del 7,5% del PIB en 2007, también contribuye al índice mundial de ahorros. Pero pese a todo su peso en Europa, Alemania representa el 4% del PIB mundial, frente al 11% de China.

Fijémonos ahora en los países prestatarios, en especial en EEUU, que gestiona un déficit fiscal desde comienzos de este siglo -si bien este siguió un curso descendente entre 2003 y 2008-. Los prestatarios de último recurso que compensaron los excedentes asiáticos y sostuvieron la economía mundial fueron los consumidores y compradores de viviendas estadounidenses.

Pero el proceso no podía prolongarse de forma indefinida. El ratio deuda-PIB de los consumidores, que se había mantenido entre el 12% y el 14% durante la primera mitad de los años 90, comenzó a subir hasta alcanzar cerca del 18% en los últimos años. El aumento de la deuda hipotecaria fue más espectacular, ya que ascendió desde el 46% del PIB con el cambio de siglo a más del 70% en 2007. Reino Unido es mucho menos importante para el equilibrio mundial; pero, por si sirve de algo, el crédito hipotecario en Reino Unido creció incluso a mayor ritmo, hasta cerca del 80% en 2007-2008.

La fuente fundamental de estos movimientos ascendentes y descendentes era el excedente de ahorros asiático. La demencia del sector bancario intensificó estos movimientos; pero las fuerzas básicas habrían estado presentes en cualquier caso. Un menor acceso a los créditos hipotecarios y al consumo podría haber provocado igualmente la recesión, si bien a una escala menor.

Nos guste o no, los déficit presupuestarios de los países desarrollados han sido el principal sustento de la demanda mundial. Incluso la débil recuperación mundial predicha por el FMI se apoya sobre un déficit fiscal total del 10% del PIB en estos países este año, y de un 9% en 2010. La mayor parte la aporta EEUU, cuyo déficit se calcula que alcance este año el 12,5%. El británico alcanzará su máximo el año que viene -un 13,2%-.

Sin duda, el antídoto habitual a los excedentes de ahorros tanto nacionales como internacionales es un recorte de los tipos de interés. Pero teniendo en cuenta que ya se aproximan a cero en las principales economías, existe poco margen para que sigan cayendo.

Algunos bancos centrales intentan reforzar los efectos creando dinero directamente –la denominada "expansión monetaria cuantitativa"–. Por desgracia, en lugar de distribuirlo, este dinero se está inyectando en los bancos, que exponen mil y una excusas para no dar créditos a empresas y hogares.

La política monetaria estimulante no tiene nada de mágico. Funciona fomentando la inversión empresarial o los créditos personales. Pero como he explicado, lo que los consumidores desean ahora es reducir sus deudas, no aumentarlas; y, ante un clima económico tan pesimista, es poco probable que se produzca un boom en las inversiones occidentales lo bastante grande como para compensar los excedentes asiáticos.

Los recortes fiscales y el gasto público tienen la gran ventaja de no aumentar la deuda privada. Contribuyen sin duda a elevar la deuda pública, pero para las autoridades gubernamentales que pueden imprimir su propio dinero no es lo mismo. Hablando con propiedad, no estamos refiriéndonos a paquetes reflacionarios, sino simplemente a tolerar los déficit que la recesión produce de forma automática.

Los ahorros e inversiones mundiales terminarán por equilibrarse de algún modo. La cuestión esencial es con qué nivel de actividad lo harán. La presión obligará a la mayoría de los gobiernos a proyectar planes para reducir sus déficit a medio plazo. Pero hasta que las perspectivas no sean más claras, deberían guardarlos en el último cajón de la mesa.

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