23 feb. 2010

El espacio: la última frontera del capitalismo

Por Peter Diamandis

Las agencias gubernamentales han dominado la exploración espacial durante tres décadas. Pero en un nuevo plan presentado hace poco dentro del presupuesto para 2011 del presidente estadounidense, Barack Obama, un nuevo jugador se ha apropiado de la escena central: el capitalismo y el emprendimiento estadounidenses. El plan sienta las bases para que nazcan los futuros Google, Cisco y Apple del espacio, impulsen la generación de empleos y abran el cosmos para el resto de nosotros.

Ahora existen dos realidades fundamentales que impulsarán la exploración espacial. En primer lugar, el capital privado ve al espacio como una buena inversión, y está dispuesto a financiar a individuos que tienen pasión por explorarlo, ya sea por gusto de la aventura como de las ganancias. Lo que antes sólo podían pagar los países ahora pueden ser sociedades público-privadas lucrativas.

En segundo lugar, las empresas y los inversionistas se están dando cuenta de que todo lo que tenemos de valor —metales, minerales, energía y bienes raíces— se encuentran en cantidades casi infinitas en el espacio. A medida que el transporte y las operaciones espaciales se vuelvan más accesibles, lo que una vez fue visto como una tierra de nadie se convertirá en la próxima fiebre del oro.

Por ejemplo, hay millones de asteroides de diferentes tamaños y composiciones que vuelan por el espacio. Una categoría, conocida como tipo S, se compone de hierro, silicatos de magnesio y una variedad de otros metales. Un asteroide de tipo S promedio vale más de US$20 billones (millones de millones).

La tecnología está por alcanzar un punto crítico. La ley de Moore nos ha dado un crecimiento exponencial en tecnología informática, que ha conducido a un crecimiento en casi todas las demás tecnologías. Los descubrimientos en la propulsión a cohete nos permitirán ir más lejos, más rápido y de forma más segura.

Cabe aclarar que los gobiernos retendrán el importante trabajo de la ciencia pura, y de responder a algunas de las mayores preguntas: ¿hay vida en Marte, o alrededor de otras estrellas? Los gobiernos jugarán el importante rol del gran cliente a medida que se retiran del negocio de la operación. La industria privada rutinariamente toma tecnologías en las que el gobierno fue pionero —como el correo aéreo, las computadoras e Internet— y las convierte en industrias accesibles, confiables y sólidas.

El desafío que enfrentan todos los emprendimientos relacionados al espacio es el alto costo. Cuando el trasbordador espacial de EE.UU. deje de funcionar este año, la NASA deberá enviar a los astronautas estadounidenses a que despeguen abordo del Soyuz ruso a un precio de más de US$50 millones por persona.

El trasbordador espacial, por otro lado, cuesta entre US$750 millones a US$2.000 millones por vuelo, según la cantidad de lanzamientos cada año.

La nueva visión del gobierno posibilitará el desarrollo de múltiples operadores, lo que le dará a EE.UU. abundancia y un mercado competitivo que reducirá el costo de llevarnos a usted y a mí a la órbita. Unas de las empresas de cofundé, Space Adventures, ya arregló el vuelo de ocho ciudadanos privados a la órbita, a un costo de alrededor de US$50 millones por persona. En los próximos cinco años esperamos reducir el precio a menos de US$20 millones, y eventualmente por debajo de US$5 millones.

—Peter Diamandis es presidente ejecutivo de Zero Gravity, que ofrece vuelos sin peso; y presidente de la junta de Rocket Racing League, una empresa de entretenimiento interactiva.

Fuente: WSJ