25 feb. 2010

La batalla del euro se libra en España

Por Stephen Fidler

Madrid

Grecia desató la crisis que aflige a la zona euro. España, sin embargo, es el país que podría determinar la supervivencia de la moneda común.

La cuarta mayor economía de la zona euro tiene una tasa de desempleo de 19%, una deuda alta y un gigantesco déficit fiscal. El Producto Interno Bruto se contrajo 3,6% en 2009 y se espera que vuelva a caer este año en lo que constituiría la recesión más profunda y prolongada del país en medio siglo.

En el centro de la crisis se encuentran millones de españoles como Olga Espejo. Esta mujer de 41 años perdió su puesto de empleada administrativa en un laboratorio en Madrid, luego encontró un empleo temporal como reemplazo de una persona con licencia médica. El trabajo se eliminó cuando la persona a la que sustituía falleció. Su esposo y su hermana, quien vive cerca, también fueron despedidos, con lo que pasaron a engrosar las estadísticas según las cuales uno de cada nueve españoles perdieron su empleo en los últimos dos años.

Cada uno recibe un pago por desempleo de 1.000 euros al mes, unos US$1.350, parte del generoso paquete de gasto social que el gobierno ha prometido no recortar. Pero los cheques de Espejo dejarán de llegar en julio y los de su esposo en mayo. "¿Qué perspectiva tenemos cualquiera de nosotros?", pregunta Espejo.

Es una cuestión que se plantean toda España y el resto de la zona euro, en momentos en que el continente afronta su mayor crisis financiera desde el nacimiento del euro en 1999.

El problema es que, gracias a su pertenencia a la zona euro, España no puede recurrir a la herramienta más tradicional para sanar su economía.

El país no puede devaluar su moneda para aumentar el atractivo de sus exportaciones y sus destinos turísticos porque usa el euro, que está ligado a la gigantesca y competitiva economía alemana. Madrid tampoco puede reducir las tasas de interés ni imprimir dinero, porque esas decisiones las toma en Fráncfort el Banco Central Europeo (BCE).

España podría tratar de estimular la economía mediante recortes de impuestos y aumentos del gasto gubernamental. Pero el gobierno ya implementó un sustancial paquete de estímulo que, de paso, elevó el déficit fiscal a 11,4% del PIB. Ahora, Madrid tiene que colocar más bonos para recaudar capital fresco. Los posibles compradores, asustados por la perspectiva de un incumplimiento de la deuda soberana griega, ya han exigido tasas de interés más altas.

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"España es la prueba real para el euro", indica Desmond Lachman del American Enterprise Institute, un centro de estudios de Washington. "Si España se mete en problemas serios, será difícil mantener la cohesión del euro... y, en mi opinión, España está en graves aprietos".

El gobierno se niega a hablar de una crisis. "Los fundamentos de nuestra economía son sólidos", afirmó en una entrevista Elena Salgado. La vicepresidenta económica subrayó que los grandes bancos del país gozan de buena salud, sus estadísticas económicas son creíbles y sus empresas son lo suficientemente dinámicas como para mantener su participación en los mercados de exportación. Recalcó que España acumuló superávits fiscales antes de que estallara la crisis financiera y que la deuda gubernamental ha crecido desde una base muy baja.

Alemania y Francia, los pesos pesados de la zona euro, han prometido respaldar a Grecia en caso de ser necesario. Pero cualquier tipo de rescate para España —cuya economía de US$1,6 billones (millones de millones) es casi el doble que la suma de las de Grecia, Portugal e Irlanda — sería mucho más oneroso. Un paquete de ayuda para calmar los nervios de los mercados, si fuera necesario, bordearía los US$270.000 millones, según el banco francés BNP Paribas. Medidas similares para restaurar la confianza en Grecia, Irlanda y Portugal ascenderían a US$68.000 millones, US$47.000 millones y US$41.000 millones, respectivamente.

Los tres caminos

Algunos observadores confían en que España capeará la tormenta. Emilio Ontiveros, presidente de AFI, una firma madrileña de análisis financiero, anticipa una recuperación para el segundo semestre del año. "Tuvimos algo de suerte. Francia y Alemania, nuestros mayores mercados, están comenzando a crecer", indica. Esto debería ser suficiente para impedir que el desempleo se empine mucho más allá del 20%, un nivel que España ya soportó a finales de los 90.

La mayoría de los economistas contempla tres opciones para España.

La primera es que el gobierno se quede de brazos cruzados y deje que la economía atraviese por años de alto desempleo y cesaciones de pagos.

La segunda es que adopte un rol más activo, recorte el gasto y emprenda medidas impopulares como una reforma del rígido mercado laboral. El martes, el presidente del banco central exhortó al gobierno a seguir este camino en un discurso en el que solicitó la pronta acción del Estado para reducir el déficit presupuestario y reformar el mercado laboral. "Si las reformas llegan tarde o son insuficientes, nuestro futuro es, sin dudas, preocupante", advirtió Miguel Ángel Fernández Ordóñez, gobernador del Banco de España.

Lachman duda que España siga este curso. El investigador del American Entreprise Institute cree que la incapacidad crónica del gobierno para reactivar el crecimiento lo llevará a contemplar una tercera opción: retirarse de la zona euro. Ello le permitiría devaluar la moneda y, de esta manera, aumentar la competitividad y reanudar la expansión de la economía.

La mayoría de los economistas, en todo caso, sostiene que ningún gobierno, incluido el de España, se animará a enfrentar el caos financiero que

desataría un retior de la moneda común. "Es sumamente costoso dejar el euro", asevera Jean Pisani-Ferry de Bruegel, un centro de estudios de Bruselas. Una vez que el gobierno apenas insinúe una devaluación, habría una corrida bancaria y los contratos en euros entrarían en cesación de pagos.

El gobierno anunció medidas, empezando por alzas de impuestos y recortes de gastos este año, para reducir el déficit fiscal a 3% del PIB para 2013, un programa que los analistas financieros y el banco central han calificado de viable. Pronostica que la deuda pública alcanzará un máximo de alrededor de 74% del PIB en 2012, comparado con 113% hoy en Grecia e Italia.

El primer ministro, José Luis Rodríguez Zapatero, ha sido blanco de las críticas de los economistas por decir que enfrentará la crisis sin tocar el gasto social. "Ese no es un plan, sino un anuncio", afirma Lorenzo Bernaldo de Quirós, presidente de Freemarket International Consulting en Madrid. Como consecuencia, señala, los españoles aún no comprenden que su cómoda forma de vida, respaldada por el Estado, está por cambiar. Los españoles aún "piensan como cubanos y viven como yanquis", señala.

Durante los próximos años, España dependerá de los inversionistas para financiar su gobierno, bancos y empresas. El gobierno central calcula que debe levantar 76.800 millones de euros para pagar 35.000 millones de euros en bonos adicionales de próximo vencimiento. Bernaldo de Quirós cree que, en medio de todo esto, los inversionistas aguardarán acciones decisivas del gobierno. "Mientras más tiempo desperdicien", dice en alusión al gobierno, "más devastador tendrá que ser el ajuste".

Fuente: WSJ