12 abr. 2010

Apuestas defensivas de empresas y gestores intensificaron la crisis de Grecia

Por Carrick Mollenkamp, Cassell Bryan-Low y Gregory Zuckerman

Esta semana, los problemas de Grecia en el mercado continuaron y muchos políticos de la Unión Europea siguieron culpando a los "corredores y especuladores", como se quejó recientemente el primer ministro de Grecia, George Papandreou.

Sin embargo, están pasando por alto una parte crucial del panorama. Es cierto que los corredores que ejecutan operaciones rápidas han sido jugadores activos, pero la paliza que Grecia y el euro están recibiendo refleja mucho más que una búsqueda de ganancias rápidas, según muestra un análisis de registros de operaciones y documentos enviados a las autoridades bursátiles, así como entrevistas a banqueros, ejecutivos y corredores. Muchas de las apuestas en contra han provenido no de fondos de cobertura, sino de gestores de activos, tesoreros de empresas y banqueros tradicionales que buscan protegerse más que obtener ganancias.

Por ejemplo, en los últimos meses, las estadounidenses Coca-Cola Co. y Dole Food Co. hicieron apuestas al debilitamiento de la divisa europea para proteger el valor en dólares de los euros que ganan en el exterior. Asimismo, los gestores de activos vendieron bonos griegos y los bancos compraron seguros contra la cesación de pagos (CDS, por sus siglas de inglés) para los bonos que poseen en sus carteras.

El jueves, el rendimiento de los bonos soberanos de Grecia a 10 años cerró en su nivel más alto desde diciembre de 1998, la bolsa griega cayó 3,1% y el costo de asegurar bonos soberanos del país contra la cesación de pagos volvió a aumentar. El miércoles, un equipo del Fondo Monetario Internacional visitó Grecia, lo que reflejó las preocupaciones sobre una gigantesca deuda nacional —113% de su producción anual— que los gobiernos de Atenas han acumulado durante años y a veces ocultado.

[Grecia]

Ahora, Grecia se ha encontrado con una nueva realidad en el mundo del corretaje mundial: una avalancha de apuestas financieras, desde todas las partes del mundo, sobre su futuro.

Algo similar pasó en 2008, justo antes de la crisis de crédito. En ese momento, el blanco eran las tambaleantes firmas financieras de Estados Unidos. Algunos inversionistas buscaron explotar su debilidad para obtener ganancias mientras que otros se apresuraron a protegerse. Esta vez, no son sólo empresas las que están a merced de estas apuestas, sino países.

Hace varios años, cuando pocos imaginaban que un miembro de la UE pudiera estar en riesgo de cesación de pagos, los seguros para los bonos griegos eran bastante baratos, sólo US$7.000 al año para asegurar US$10 millones de deuda de Grecia contra una cesación de pagos durante cinco años.

Luego, llegó la crisis de crédito de 2008, que hizo a los inversionistas mucho más conscientes de las cargas de deuda de los prestatarios. El revés financiero y económico representó más obligaciones para los gobiernos, que aprobaron leyes para brindar rescates financieros. Grecia emitió garantías de préstamos. Cuando las aguas se calmaron a comienzos de 2009, un nuevo patrón de corretaje resultó evidente. Los inversionistas exigían el pago de tasas de interés más altas para comprar bonos de países profundamente endeudados. Los bancos que poseían bonos griegos trataron de protegerse contra el riesgo. Incluso un banco que en parte es propiedad del gobierno griego, Hellenic Postbank SA, admitió que compró CDS para proteger sus propias posiciones en deuda del país durante los tres meses que terminaron en septiembre último.

En octubre, se encendió la mecha. El gobierno socialista recién electo en Grecia informó que una estimación revisada del déficit fiscal de 2009 llegaba a 12,5% del Producto Interno Bruto, más del triple de una previsión anterior.

En tan sólo unas semanas, las agencias de calificación de crédito rebajaron la puntuación de la deuda soberana de Grecia y luego hicieron lo mismo con la de los bancos del país.

A fines de noviembre, Dubai buscó aplazar los pagos de deuda de su conglomerado Dubai World, lo que hizo que los inversionistas se concientizaran de los riesgos que presentaban los bonos gubernamentales. Muchas firmas financieras hicieron apuestas contra los bonos griegos y el euro, buscando generar ganancias o para protegerse.

Los participantes incluyeron no sólo los fondos de cobertura sino también inversionistas como aseguradoras y gestores de activos que administran fondos de pensiones.

Christopher Iggo, un especialista de renta fija de la unidad de inversión de AXA SA, una aseguradora francesa, hizo un ránking de países basado en el riesgo crediticio y luego él y su equipo en Londres redujeron sus posiciones de deuda griega. En Tokio, Kokusai Asset Management Co. vendió a mediados de diciembre todo su portafolio de US$2.200 millones en bonos soberanos de Grecia. Otro inversionista tradicional, Payden & Rygel, una firma de Los Ángeles que administra más de US$50.000 millones en fondos de empresas e individuos, decidió deshacerse de sus posiciones de deuda griega, cuenta su directora de bonos, Kristin Ceva. La firma luego compraría más deuda.

Contaminación

En una señal de cómo los temores sobre Grecia se contagiaban al euro, los estrategas de divisas de Payden & Rygel usaron en diciembre derivados conocidos como contratos a futuro en una apuesta a que el euro se debilitaría respecto al dólar en los meses siguientes.

Algunos bancos centrales también empezaron a evitar la moneda común europea. Los bancos centrales de países emergentes, excepto los de China y Rusia —donde sus entidades habían colocado 30% de sus nuevas reservas en euros en el segundo trimestre de 2009—, no convirtieron ninguna porción de sus ingresos a euros en el tercer trimestre, según el banco británico Barclays PLC.

Las inversiones en contra del euro habían empezado meses atrás en una firma de fondos de cobertura. Dentro de las oficinas de GLG Partners LP en Londres, el corredor Jamil Baz apostó unos US$100 millones en marzo del año pasado a que el euro perdería terreno frente a monedas de países emergentes como el dólar taiwanés, el won coreano y la rupia india. Luego de obtener algunas ganancias, Baz aún mantiene esa posición.

Lejos de las mesas de operaciones en Londres y Nueva York, algunos gigantes empresariales tenían sus propias razones para hacer apuestas contra el euro. Coca-Cola genera ingresos en euros equivalentes a unos US$3.000 millones al año. La empresa necesitaba proteger el valor de esos ingresos cuando los cambiara a dólares.

En la sede de Coca-Cola en Atlanta, la volatilidad del euro —su cotización fluctuó entre US$1,26 y US$1,51 en 2009— estaba dificultando la toma de decisiones en la tesorería. A fines de 2009, para protegerse contra un euro que ya había empezado a caer, el gigante de las bebidas usó opciones de venta, que le otorgaban el derecho a vender euros a cierto precio durante un período. El valor de las opciones subiría si el euro caía más. Una vocera de Coca-Cola dijo que la empresa se protege del riesgo del euro todos los años.

En Westlake Village, California, el gigante de los alimentos Dole Food hizo una jugada similar, al cubrir 50% de su exposición al euro en su flujo de caja, dicen representantes de la empresa.

Los corredores internacionales pueden ver el nivel de estas posiciones negativas, o al descubierto, sobre una divisa, por lo que este tipo de operaciones también pueden generar temores e intensificar las dudas que las originaron.

—Tom McGinty contribuyó a este artículo.

Fuente: WSJ