17 may. 2010

El BCE monetiza bonos basura

por Francisco Cabrillo

La semana pasada se hizo pública una encuesta que reflejaba que más del 60% de los ciudadanos alemanes quieren que su país se salga de la zona euro y restablezca el marco como unidad monetaria.

No se trata, por tanto, como se ha dicho muchas veces, de que Alemania quiera expulsar a Grecia (y, tal vez, también a Portugal o a España) de la Unión Monetaria Europea. Son ellos los que quieren marcharse. Y, sinceramente, si yo fuera alemán, también desearía dejar una compañía tan poco recomendable.

La evolución de los países del sur de Europa en los últimos meses parece dar la razón a los euroescépticos; y me temo que algunas decisiones recientes del BCE han contribuido a confirmar su pesimismo con respecto al euro.

Hace algunos días, el Banco Central Europeo sorprendía a los analistas y a la opinión pública con un comunicado en el que afirmaba haber decidido suspender la aplicación del umbral mínimo de calidad crediticia en los requisitos para utilizar títulos de deuda emitidos por el gobierno griego como garantía en las operaciones de crédito del Eurosistema.

En lenguaje más comprensible, esto quiere decir que el BCE está dispuesto a conceder préstamos con la garantía de unos títulos que un banco comercial prudente rechazaría; o, dicho de otra forma, que el BCE está haciendo crecer su pasivo –el efectivo en manos del público y en las entidades de crédito– aumentando su activo con una deuda de muy baja calidad.

Esta decisión es preocupante por muchos motivos. En primer lugar, porque agrava la situación que ya venía creando el BCE al ofrecer préstamos a la banca con garantía de títulos de deuda pública. Los economistas que tenemos ya algunos años recordamos cómo el Banco de España en otros tiempos financiaba al sistema bancario mediante préstamos garantizados con deuda pública pignorada.

Las críticas a esta política eran frecuentes, y acertadas en la mayor parte de los casos. Con ella, el banco emisor financiaba el gasto público, aunque no concediera préstamos al Tesoro. El resultado era, como es fácilmente imaginable, un crecimiento de la cantidad de dinero y la generación de inflación.

Como es muy difícil que un gobernante no caiga en la tentación de utilizar su banco central para financiar los gastos que no puede cubrir con impuestos, el Tratado de la Unión y el Estatuto del Sistema Europeo de Bancos Centrales y del Banco Central Europeo prohiben con claridad la concesión de créditos por parte del BCE y de los bancos centrales del sistema europeo tanto a las instituciones comunitarias como a cualquiera de los órganos que forman el sector público de cada uno de los países miembros. Y tal prohibición se extiende a la "adquisición directa a los mismos de instrumentos de deuda por el BCE o los bancos centrales nacionales".

Es cierto que no se impide expresamente la compra por parte del BCE de títulos de deuda en el mercado secundario; entre otras cosas porque el principal instrumento de la política monetaria es hoy la realización de operaciones de mercado abierto, que consisten en inyectar –o retirar– liquidez comprando y vendiendo activos financieros, que son, básicamente, instrumentos de deuda pública.

Pero lo que el BCE está haciendo, desde hace ya bastantes meses, es, realmente, evitar la restricción estatutaria que le impide comprar deuda incentivando a que lo hagan entidades financieras con los fondos que el propio BCE les facilita.

Es innegable que esto debilita al euro, que viene depreciándose de forma significativa a lo largo de las últimas semanas… y no, ciertamente, porque los malvados especuladores conspiren contra nosotros, como de forma tan absurda como insistente podemos escuchar cada día.

¿Independencia?
Ante las críticas recibidas por el BCE, que acusan a esta institución de empeorar la calidad de la moneda y olvidarse de la función de garantizar la estabilidad de los precios que le atribuyen los tratados de la Unión, su presidente ha tenido ya que salir en su defensa y ha negado que su banco haya "hecho funcionar la máquina de hacer billetes para comprar obligaciones de países europeos en dificultades"; y ha asegurado que toda la liquidez inyectada en los mercados será recuperada y que garantizará la estabilidad de los precios.

Lo interesante, desde luego, es saber cómo piensa hacerlo; porque la actitud de los gobiernos y otros grupos de presión es muy diferente en cada caso; favorable, sin duda, a las políticas expansivas y contraria a las restrictivas.

Y hemos llegado a la cuestión fundamental: ¿ha dejado el BCE de ser realmente independiente de los gobiernos europeos y ha cedido a sus presiones? Me temo que la prensa y buena parte de la opinión pública alemana ya lo creen.

Hace sólo unos días, Die Welt publicaba la fotografía de una lápida mortuoria con la siguiente inscripción: "Aquí descansa en paz la independencia del Banco Central Europeo, 1998-2010". Rezo para que estén equivocados… pero la verdad es que cada día me siento más alemán.

Fuente: Expansión