28 oct. 2010

La reforma de las pensiones, una prioridad para España

Por Daniel De la Puente
The Wall Street Journal

MADRID—El nuevo ministro español de Trabajo, Valeriano Gómez, afronta la tarea de reformar el delicado sistema de pensiones del país, después de años defendiéndolo como miembro de la Unión General de Trabajadores, uno de los grandes sindicatos del país.

En una entrevista con The Wall Street Journal realizada el miércoles, Gómez, de 52 años, señala que las reformas son imperiosas a la vista de las flojas perspectivas de crecimiento y la elevada tasa de desempleo.

Gómez considera que la huelga general es una movilización que hay que replantearse por sus efectos sobre el tejido productivo en un país en que la economía sólo creció 0,2% en el segundo trimestre respecto al primero.

"La reforma laboral está vigente y estará vigente durante muchos años. No va a haber reformas de la reforma ni virajes hacia atrás".

A medida que escala la tensión social en Europa, Gómez tiene que pisar el acelerador para alcanzar un amplio acuerdo sobre la reforma de las pensiones con empresarios y sindicatos españoles, bajo la lupa de la Unión Europea para que el país cumpla con sus medidas de austeridad.

El punto fuerte de las nuevas reformas es el retraso de la edad de jubilación hasta los 67 años, uno de los compromisos de España ante la Unión Europea para asegurar su sistema de pensiones. En Francia el retraso de la edad de jubilación hasta los 62 años desde los 60 anteriores ha provocado fuertes movilizaciones. Precisamente el miércoles, los grandes sindicatos españoles volvieron a convocar manifestaciones al considerar que se mantienen los mismos problemas sociales que cuando se aprobó.

"Los gobiernos no pueden dejar crecer hasta límites desconocidos el tamaño de sus deudas y de sus déficits anuales", dijo Gómez. "El objetivo es elevar la edad de retirada. La edad real de jubilación tiene que seguir creciendo porque suben la edad media y la esperanza de vida".

En la sorprendente y profunda reestructuración del gobierno que efectuó el presidente José Luis Rodríguez Zapatero la pasada semana, el nombramiento de Gómez es considerado un guiño a los sindicatos, aunque él mismo fue un artífice de una reforma laboral que incluye normas para abaratar el despido.

Gómez incluso acudió a la manifestación convocada con motivo de la huelga general del 29 de septiembre. El ahora ministro justificó su asistencia por las críticas que hicieron a la huelga los gobiernos regionales liderados por el principal partido de la oposición.

Los planes de austeridad del gobierno de Rodríguez Zapatero han incluido fuertes recortes de inversión estatal y una contestada rebaja de los salarios de los funcionarios públicos. Con estos planes, el gobierno quiere cumplir con el mandato de reducir el déficit público hasta el 3% del producto interior bruto en 2013. Este año, el Ejecutivo espera un déficit del 9,3%.

El punto fuerte para España es que, al contrario de lo que sucede con Portugal, el gobierno está haciendo esfuerzos visibles para elevar la recaudación impositiva y reducir el gasto, aunque hay motivos de preocupación.

El estallido de la burbuja inmobiliaria sigue agravando en España los efectos de la crisis económica. Se han destruido ya aproximadamente 1,15 millones de empleos en el sector de la construcción y la elevada tasa de desempleo del 20% cuesta al Estado unos 30.000 millones de euros cada año, drenando unas cuentas deterioradas con la crisis.

Pese a la entrada en vigor de la reforma laboral, el gobierno tampoco espera una mejora sustancial de los datos de paro del tercer trimestre que se publican el viernes, aunque es un periodo tradicionalmente benigno por el periodo estival, cuando los empresarios refuerzan sus plantillas para atender las demandas de turismo. "Pero será el cuarto trimestre el que marque la tendencia del próximo año", dijo Gómez.

Como otros altos cargos, Gómez apunta a Alemania como una posible fuente de ayuda. Al igual que han declarado políticos estadounidenses recientemente, señala que el equilibrio sólo es posible si los países con más capacidad de exportación no abusan de su demanda externa y refuerzan la interna, de modo que los más débiles puedan mantener su capacidad de vender productos en esos mercados.

"Europa sólo se puede mantener más fuerte en la medida en que sus grandes economías sean conscientes de las diversas situaciones y de las necesidades de las demás", añadió Gómez.