27 oct. 2010

Por qué el dinero fácil no será la solución

Por Joseph Stiglitz

La Reserva Federal, luego de hacer tanto para crear los problemas en los que ahora está atascada la economía, luego de haber pensado de forma errónea que incluso luego de que reventó la burbuja inmobiliaria los problemas estaban contenidos, y luego de haber subestimado la severidad del problema, ahora quiere hacer una contribución para impedir que la economía se hunda en un malestar al estilo japonés. ¿Cómo? Como anunció el presidente de la Fed Ben Bernanke la semana pasada, a través de compras a gran escala de bonos del Tesoro de EE.UU., lo que se conoce como alivio cuantitativo, o AC.

La Fed tiene razón al preocuparse.

Si el desempleo alto continúa, EE.UU. enfrenta el riesgo de perder capital humano a medida que se erosionan las destrezas de los desempleados. Entonces será cada vez más difícil bajar la tasa de desempleo a niveles cercanos a los que prevalecían a mediados y fines de los años 90, y la mayor tasa de desempleo y la menor producción harán que las actuales previsiones pesimistas del presupuesto de la Oficina de Presupuesto del Congreso de EE.UU. parezcan optimistas.

El problema es que, con las tasas de interés cerca de cero, es poco lo que puede hacer la Fed para reimpulsar la economía, y cometer un error puede causar daños considerables. En 2001, las (entonces) tasas de interés en mínimos históricos no resucitaron la inversión en plantas y equipos. En cambio, reemplazaron la burbuja tecnológica con una burbuja inmobiliaria aún más peligrosa. Ahora lidiamos con el legado de esa burbuja, con capacidad excesiva en bienes raíces y apalancamiento excesivo en los hogares.

Hoy, la Fed le presta muy poca atención a la transmisión entre las tasas de interés pagadas por el gobierno y los términos y la disponibilidad del crédito para pequeñas y medianas empresas (Pymes). Las grandes empresas están llenas de efectivo, y los pequeños cambios en las tasas de interés —a corto o largo plazo— las afectarán poco. Un banquero pregunta con razón si este tipo de empresas vienen a pedir dinero, ¿qué tiene de malo?

Pero las Pymes son la fuente de creación de empleo en la mayoría de las economías, incluido EE.UU. Muchas de estas empresas están hambrientas de efectivo. No pueden pedir dinero prestado a la tasa de interés a la que pueden acceder los grandes bancos, las grandes firmas o el gobierno. Piden prestado a los bancos, y muchos de los bancos locales y comunitarios más pequeños de los que dependen están en mala forma; más de 800 están en la lista de observación de la Corporación Federal de Seguro de Depósitos (FDIC) de EE.UU.

Sin embargo si los bancos estuvieran dispuestos y tuvieran la posibilidad de prestar, otorgarles préstamos a Pymes suele estar basado en colateral, y el valor de la forma más común de colateral, los bienes raíces, ha caído entre 30% y 40%. Entonces no es de extrañar que la disponibilidad del crédito esté tan restringida. Pero no es probable que AC en la forma de comprar bonos del Tesoro de EE.UU. afecte mucho esta situación. Tendrá cierto efecto a la baja sobre las tasas hipotecarias, y bajar las tasas de las hipotecas pondrá algo de dinero en los bolsillos de la gente. Los precios de bienes raíces más altos quizás también permitan que algunas Pymes pidan más prestado. Pero es probable que estos efectos, aunque son positivos, sean pequeños, tan pequeños que causarán una diferencia apenas perceptible en el persistente desempleo de EE.UU.

Hay otro canal a través del cual el alivio tendrá algunos efectos positivos: es probable que los precios de los valores suban. Pero por todos los motivos que acabo de dar, es poco probable que esto tenga mucho efecto en la inversión. Ni tampoco es probable que la mayoría de los estadounidenses, cargados con deudas y cuentas de retiro más pequeñas, se embarque en un frenesí de compras. Ni deberían hacerlo. Eso sólo retrasaría el desapalancamiento que es necesario si vamos a experimentar un crecimiento sostenible en el futuro.

Hay otro riesgo negativo: el AC quizás ni siquiera tenga éxito en bajar las tasas de interés, o en bajarlas mucho. Dada la magnitud del exceso de capacidad, hay poco riesgo de inflación hoy en día. Pero si los halcones de la inflación creen que el riesgo de inflación futura es real, entonces creerán que las tasas de interés a corto plazo aumentarán. Esto significará que las tasas de interés a largo plazo, incluso ahora, quizás aumenten, a pesar de la enorme intervención de la Fed, debido a que las tasas de interés a largo plazo se basan en expectativas de tasas de interés a corto plazo futuras.

El AC presenta un tercer riesgo: si revienta la burbuja del mercado de bonos que la Fed buscar desarrollar —la consecuencia de las burbujas de tecnología y bienes raíces— claramente tendrá efectos adversos sobre la economía, como deberíamos haber aprendido para este momento.

Los partidarios del AC señalan otro canal a través del cual fortalecerá la economía. Las tasas de interés más bajas también podrían llevar a un dólar más débil, y el dólar más débil a más exportaciones. La devaluación competitiva lograda a través de tasas de interés bajas se ha convertido en la forma preferida de políticas de "mendiguear entre los vecinos" en el siglo XXI. Pero esta política sólo funciona si otros países no responden. Lo han hecho y lo harán, a través de todos los instrumentos a su disposición. Ellos también pueden reducir sus tasas de interés. Pueden imponer controles al capital, impuestos y regulaciones bancarias, y pueden intervenir de forma directa en su tasa cambiaria.

Bajo el patrón oro, se suponía que había un mecanismo de ajuste automático, cuando un país con un excedente comercial registraba un flujo de ingreso de oro y un aumento en los precios, lo que llevaba a una apreciación real automática de su moneda. Nunca funcionó de forma tan fluida como se suponía, pero en la economía moderna con dinero no convertible, el proceso de ajuste puede ser impedido de forma aún más fácil. China, por ejemplo, tiene un control suficiente de su sistema bancario y su economía como para poder mantener de forma simultánea una tasa de cambio estable que genera un excedente y previene la inflación.

Este tipo de políticas podrían tener un precio que pagar, pero el precio podría ser menos que la alternativa: las bancarrotas y el desempleo que vendrían a continuación de una apreciación monetaria disruptiva cuando EE.UU. permite el ingreso de una marea de liquidez. Se supone que ese dinero reimpulsaría la economía estadounidense pero en cambio recorre el mundo de busca de economías que de hecho parecen funcionar bien y causando problemas allí.

El lado positivo del AC es limitado. El dinero simplemente no se dirigirá a donde es necesitado, y los efectos sobre la riqueza son demasiado pequeños. El lado negativo es un riesgo de volatilidad global, una guerra monetaria y un mercado financiero global que está cada vez más fragmentado y distorsionado. Si EE.UU. gana la batalla de la devaluación competitiva, podría resultar ser una victoria muy costosa, ya que nuestras ganancias se producen a expensas de otros, incluidos aquellos a los que esperamos enviarles nuestras exportaciones.

Stiglitz, profesor de la Universidad de Columbia, ganó el Premio Nobel de economía.