16 nov. 2010

La Fed vs. los reformadores brasileños

Por Mary Anastasia O'Grady
Río de Janeiro

El anuncio de la Reserva Federal de que se dispone a crear alrededor de US$600.000 millones en nuevas reservas todavía no cumple dos semanas. Pero el ruido del helicóptero de Ben Bernanke ya se puede escuchar aquí y está asustando a algunos reformadores de libre mercado que pasaron los últimos quince años intentando establecer un nuevo curso para la enorme y corporativista nave del Estado brasileño.

Cuando Bernanke mira para abajo desde su helicóptero remolineante que arroja dinero, sin duda ve un país de 185 millones de consumidores de clase media que están mejorando su situación y que están armados con su poderosa moneda local, el real. Si los estadounidenses no van a volver a la fiesta del consumo previa a 2008 y los inversionistas siguen en una huelga de capital debido a la hostilidad del presidente Barack Obama hacia el mundo de los negocios, entonces ¿porqué no llamar a los brasileños, junto a los asiáticos y los europeos, para que llenen el vacío?

Esa es la idea detrás de inyectar más dólares a la economía mundial. La medida, supuestamente, debilita el valor del dólar, fortalece el de las monedas de otros países y, por lo tanto, aumenta el atractivo de las exportaciones estadounidenses para los nuevos ricos en países como Brasil.

Sin embargo, Brasil todavía está lejos de ser el milagro de los mercados emergentes que sugiere la fortaleza del real. Si bien es cierto que muchos brasileños están infinitamente mejor que hace una década, también lo es que el paisaje del país más grande de América del Sur sigue repleto de minas, tanto políticas como económicas. Agregar la debilidad del dólar a una ya frágil combinación de proteccionismo y populismo incrementa las dificultades para la aprobación de nuevas reformas y podría incluso generar retrocesos.

La Fed aparenta que está creando dólares para estimular la demanda interna, pero es improbable que las nuevas reservas se queden en los bancos de Estados Unidos esperando un resurgimiento del crecimiento. En lugar de eso van a ir a parar a los mercados de commodities. Un lugar donde probablemente terminen es aquí, donde un auge del petróleo, la minería y la agricultura parece generar oportunidades.

A medida que los inversionistas venden dólares y se vuelcan a las monedas de los países exportadores de materias primas, éstas se aprecian. Esto enriquece a los habitantes de esos países que ganan, ahorran y gastan en monedas valorizadas. Pero el cambio en las cotizaciones también encarece las exportaciones para sus socios comerciales. En la jerga comercial este efecto es comúnmente conocido como una caída en la competitividad. El ministro de Finanzas brasileño, Guido Mantega, puede haberse hecho famoso por calificar al bombardeo de dólares como una guerra de divisas, pero guerra comercial es una descripción más apta de las medidas de la Fed.

Con el tiempo, un país que devalúa su moneda destruye su competitividad porque los productores locales enfrentan crecientes costos en sus insumos importados y los consumidores pierden poder adquisitivo. Pero en corto plazo es el socio comercial el que sufre debido a que sus productos se vuelven menos accesibles en los mercados con su moneda depreciada. El ministro chileno de Economía, Juan Andrés Fontaine, reconoció esto la semana pasada cuando hizo notar que aunque el creciente precio del cobre en dólares está haciendo más rico al país, también está haciendo subir el valor del peso y llevando a que Chile sea menos competitivo en el extranjero. Fontaine instó a los productores locales a "ponerse las pilas" para aumentar la productividad y prometió que el Estado hará su parte para reducir las barreras oficiales a la competitividad.

Aquí en Brasil, es difícil ver cómo el real no seguirá fortaleciéndose en el corto plazo. A medida que suben los precios en dólares de las exportaciones de commodities brasileñas, entrarán más dólares al país, aumentando la demanda por el real y su cotización.

El banco central ha estado intentando prevenir una apreciación del real acumulando reservas en dólares y reduciendo el crédito interno. Pero este proceso de "esterilización" es caro. El economista brasileño Raul Velloso, formado en la Universidad de Yale, me dijo en una entrevista que la esterilización le costó al gobierno 1,4% del Producto Interno Bruto el año pasado, más de lo que se gastó en servicios de salud o desarrollo de infraestructura.

A pesar de esto, el real sigue en ascenso. El sector de los commodities en Brasil es de clase mundial. Pero con una carga impositiva del 35% del PIB, regulaciones caras y altas barreras comerciales, los fabricantes no son competitivos a nivel internacional. El lanzamiento por parte de la Fed de una guerra comercial probablemente empeore las cosas: los productores están encaminados a protestar y pedir que el gobierno responda con subsidios y más protección.

Mientras tanto, a medida que la presidente electa Dilma Rousseff, del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT) se prepara para asumir en enero, los diseñadores de políticas del PT están analizando los altos costos de la esterilización y también de las transferencias de dinero populistas que, según Velloso, ahora cubren a alrededor de 50 millones de personas. No es de extrañar que estén hablando de subir los impuestos. Si todo eso no es lo suficientemente malo, vale la pena recordar que las burbujas de activos y de crédito tienen la costumbre de estallar. El ex presidente del banco central, Arminio Fraga, me recordó en una entrevista que la relación entre la deuda de los hogares y los ingresos se ha incrementado fuertemente hasta el 35% a fines del año pasado desde el 18% en de comienzos de 2005.

Hubo una época en que el liderazgo económico de Estados Unidos tenía peso en esta parte del mundo. Al observar el lío que la Fed le está entregando a los reformadores brasileños, es claro que esos días son cosa del pasado.

Escriba a O'Grady@wsj.com

Fuente: WSJ