15 dic. 2010

Aténgase al fin del exceso de ahorro

Por David Wessel

El final de la década de los años 90 fue una aberración, nos han dicho. El dinero fluyó a los mercados emergentes y luego salió abruptamente, una interrupción que, en ese momento, parecía una gran crisis.

Los años 2000, nos dicen, fueron una aberración. Primero la burbuja de las acciones tecnológicas. Luego, los gobiernos de los países emergentes, tras los problemas que tuvieron a fines de la década de los 90, acumularon enormes reservas de dólares en lo que el presidente de la Reserva Federal (Fed), Ben Bernanke, llamó "el exceso de ahorro global". Junto con el acceso fácil al crédito y regulaciones laxas en los países desarrollados, esos capitales alimentaron un exceso de endeudamiento y burbujas inmobiliarias en Estados Unidos y otros países.

Los últimos años, nos han dicho, han sido una aberración. El final de los auges de crédito e inmobiliario llegó con una explosión de las que ocurren una vez cada siglo. Los gobiernos se apresuraron a acudir al rescate y los presidentes de los bancos centrales llevaron las tasas de interés de corto plazo a niveles muy bajos. Los inversionistas se fueron en estampida hacia la seguridad de los bonos del Tesoro estadounidense, ayudando a mantener las tasas de interés de largo plazo bajas a pesar de que Estados Unidos alcanzaba altos niveles de endeudamiento y, ahora, la Fed está impidiendo su alza.

¿Qué ocurrirá cuando la economía estadounidense se recupere, como seguramente lo hará algún día? Un probable desenlace es que se revierta el exceso de ahorro global y se termine la abundancia de capital barato.

Mirando más allá de los próximos años, McKinsey Globe Institute, el centro de estudios de la firma de consultoría, proyecta un incremento de las inversiones en los mercados emergentes, particularmente en China e India, al mismo tiempo que esos países comienzan a ahorrar menos. Las empresas, los bancos, los consumidores, los inversionistas y los gobiernos "todos se tendrán que adaptar a un mundo en el cual el capital es más costoso y menos abundante, y en donde más de la mitad del ahorro del mundo y de las inversiones va a los mercados emergentes", dice McKinsey en un informe llamado "Adiós al capital barato".

En su conjunto, la economía global puede solo invertir al mismo nivel del que ahorra. En los viejos tiempos, un agricultor dividía su cosecha entre el grano que iba a comer o vender (consumir), y el que iba a reservar (ahorrar) para plantar al año siguiente (invertir). Lo mismo ocurre con la producción de la economía global. Contrario a la tendencia histórica, buena parte del incremento del ahorro en los últimos 25 años ha venido de China y de otros países pobres y ha ido a los más ricos, especialmente a Estados Unidos.

Los ahorrativos trabajadores y campesinos chinos ponen dinero en el banco. Los bancos prestan al gobierno, que a su vez presta al Tesoro estadounidense y a gigantes hipotecarios de EE.UU. como Fannie Mae y Freddie Mac. Esto terminó financiando hipotecas baratas en EE.UU. antes de la crisis y el gran estímulo fiscal del presidente Obama. El gobierno, las empresas y los hogares en China representaron uno de cada cuatro dólares ahorrados en el mundo en 2008.

McKinsey cree que todo esto tenderá a disminuir en los próximos años a medida que China e India incrementan sus inversiones. "China planea construir nuevos sistemas de metro, carreteras y trenes de alta velocidad en sus principales 170 ciudades", señala el informe.

Dado el ritmo del crecimiento urbano, China necesita agregar cada dos años espacio comercial y residencial equivalente al que tiene Nueva York. India necesita un Chicago anual. Debido a que tantas plantas asiáticas están produciendo casi al tope de su capacidad, predice Frederic Neumann, economista de HSBC, es probable que se dé un aumento en la inversión de capital de las empresas. Basándose en el consenso existente respecto al crecimiento mundial, McKinsey vaticina que la inversión global —que representaba más de 22% de la producción mundial antes de la crisis financiera— podría llegar a casi 25% para fines de esta década.

Pero China, y particularmente, sus consumidores, probablemente ahorren menos, si la historia y el plan quinquenal chino sirven de guía. Los todavía ahorrativos japoneses, probablemente ahorren menos, también. Entonces, ¿de dónde vendrán los ahorros? Si todo va bien, de los consumidores estadounidenses. Esto compensará parcialmente la caída en los ahorros de los chinos, dice McKinsey. Pero solo parcialmente. El exceso mundial de ahorro podría transformarse fácilmente en una escasez global. Eso podría significar tasas de interés sustancialmente más altas.

Fuente: WSJ