17 feb. 2011

La lección de Beijing: la población es igual de importante que la productividad

Por Bob Davis

BEIJING—El recorrido de China para llegar a ser la segunda economía mundial pone de relieve una nueva realidad postindustrial: la población cuenta tanto como la productividad a la hora de determinar el poderío económico.

Desde la revolución industrial, ese no había sido el caso. La productividad de los trabajadores en Estados Unidos, el Reino Unido, Alemania y Japón no solamente enriqueció a esos países, sino que los transformó en las economías más grandes del mundo, a pesar de tener poblaciones mucho más pequeñas que China e India.

El acelerado crecimiento de China durante los últimos 30 años ha sacado a cientos de millones de personas de la pobreza y convertido al país en la fábrica del mundo. Pero el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita es de apenas US$4.300, de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). La principal razón que explica el ascenso chino a la élite de la economía mundial es su población de 1.300 millones de habitantes.

Basta con revisar los números. China tiene once veces la población de Japón, lo suficiente para impulsarla por delante en la clasificación del PIB, a pesar de que cuenta con un ingreso per cápita de poco más de la décima parte del de ese país.

Para que China salte por delante de EE.UU., que tiene alrededor de la cuarta parte de su población, necesita aumentar su producto per cápita hasta que sea un poco más de la cuarta parte del estadounidense. Actualmente, el ingreso per cápita chino equivale a la onceava parte del de EE.UU. "Por primera vez, tenemos esa extraña combinación, una de las mayores economías del mundo es también una de las más pobres", dijo Qu Hongbin, analista del banco británico HSBC, en Hong Kong.

La posibilidad de que China deje atrás a EE.UU. depende de por cuánto tiempo pueda seguir creciendo mucho más rápidamente que el país norteamericano. Arvind Subramanian, economista del Instituto Peterson de Economía Internacional, un centro de estudios de Washington, calcula que ello ocurrirá después de 2025, aunque otros son más cautelosos. Kenneth Rogoff, economista de la Universidad de Harvard, dijo que es difícil predecirlo porque muchos países sufren traspiés en el camino, a menudo a raíz de crisis bancarias.

Muchos, por ejemplo, predijeron en los años 80 que Japón iba a superar a EE.UU., pero su economía se ha rezagado respecto a la estadounidense desde 1990.

Es extraordinariamente difícil para un país pobre trepar a la cúspide de la economía mundial. El FMI clasifica a 33 economías como "avanzadas". De ellas, solamente cuatro no europeas, Singapur, Corea del Sur, Taiwán y Hong Kong, eran pobres antes de la Primera Guerra Mundial. Otra, Israel, no existía en 1914. Un país considerado avanzado entonces, Argentina, ya no integra la categoría debido a décadas de problemas políticos y económicos.

China es clasificada como un país "emergente y en desarrollo", lo que refleja su doble estatus como nación pobre si se analiza el ingreso por habitante y rica cuando esas personas se suman.

El ascenso al segundo puesto de China importa mucho, aunque muchos de sus habitantes siguen en la pobreza. China ha pasado a ser uno de los mayores comerciantes del mundo, uno de los mayores acreedores y uno de los mayores mercados de materias primas. Sus decisiones de compra e inversión dictan la pauta a nivel global.

"El PIB y el tamaño son importantes en términos crudos de superpotencia", destaca Subramanian. "Demuestra los recursos que se pueden poner sobre la mesa a la hora de negociar".

Fuente: WSJ