24 feb. 2011

Pese a tener sus arcas llenas, muchas empresas de EE.UU. prefieren tomar prestado

Por Jason Zweig

Este mes, Microsoft pidió prestados US$2.250 millones en deuda no asegurada. ¿Qué le pasa por la cabeza a una empresa con US$40.000 millones en efectivo y valores a corto plazo para salir a pedir dinero prestado?

Las tasas de interés bajísimas son un motivo. Pero el código fiscal extraño y bizantino de Estados Unidos parece ser otro.

Microsoft prefirió no hacer comentarios sobre si su reciente solicitud de préstamo fue motivada en parte por consideraciones impositivas. Pero, como muchas empresas que supuestamente disponen de mucho efectivo, Microsoft no puede llevar a EE.UU. gran parte de su dinero sin tener que escribirle un gran cheque al Servicio de Impuestos Internos (IRS, por sus siglas en inglés).

Los políticos han estado quejándose de los más de US$2 billones (millones de millones) en efectivo que permanece inactivo en las arcas corporativas incluso cuando el desempleo sigue siendo alto. Pero gran parte de ese efectivo no está en EE.UU. sino en otros países. Y no es probable que vuelva a ese país si no cambian las leyes impositivas estadounidenses.

David Zion, un analista impositivo y contable de Credit Suisse, estima que las empresas en el índice de 500 acciones de Standard & Poor's tienen "más de US$1 billón" en ganancias extranjeras no distribuidas, o ganancias que se han dejado fuera de EE.UU. para evitar los impuestos estadounidenses. No todo es efectivo; una parte son inventarios u otros activos.

Las empresas estadounidenses deben pagar hasta 35% de impuestos cuando ingresan a su país dinero de ganancias generadas a través de las operaciones de sus subsidiarias en el extranjero. Obtienen un crédito por cualquier impuesto pagado a gobiernos de otros países, pero, ya que la tasa de impuesto corporativo en EE.UU. es una de las más altas del mundo, la mayoría de las empresas no tienen afán en repatriar su dinero. Al mantener esas ganancias en el extranjero, las empresas de EE.UU. pueden diferir indefinidamente sus compromisos con el IRS.

Eso puede poner a las firmas estadounidenses en la posición peculiar de tener muchísimo efectivo fuera de EE.UU. que podrían necesitar pero no pueden usar en su país sin pagar altos impuestos.

EE.UU. es el único país de gran envergadura que cobra impuestos sobre las ganancias extranjeras de sus propias empresas de esta forma. Los inversionistas estadounidenses quizás tampoco se beneficien. En una encuesta entre ejecutivos en más de 400 empresas realizada en 2007, la economista Michelle Hanlon, del Instituto de Tecnología de Massachussets, descubrió que ese deseo de evitar el impuesto sobre la repatriación llevaba a una variedad de distorsiones, la mayoría de los cuales terminaba volviendo menos eficientes a las compañías.

Por ejemplo, entre las empresas que habían repatriado algunas ganancias a EE.UU., 30% había invertido en activos extranjeros de menor retornos en lugar de pagar impuestos extra para traer de vuelta a su país ganancias conseguidas en el extranjero. Otros 56% tomó prestado en EE.UU. en vez de repatriar el efectivo y 6% indicó que habían desechado la posibilidad de invertir en un proyecto redituable en EE.UU. ya que financiarlo con ganancias extranjeras hubiera ocasionado un gasto impositivo.

Estos efectos perversos pueden extenderse a empresas más pequeñas. Por ejemplo Waters Corp., un fabricante de instrumentos para laboratorio con sede en Milford, estado de Massachussets. En la última revisión, Waters tenía alrededor de US$1.400 millones en ganancias estacionadas en subsidiarias extranjeras. De los US$830 millones en efectivo y valores a corto plazo, alrededor de 80% está en fuera de EE.UU.

Waters pidió prestados US$200 millones el año pasado para pagar deuda de costo mayor y "con fines corporativos generales". Como muchas empresas de EE.UU., Waters "acumula efectivo fuera de EE.UU. mientras pide prestado en EE.UU.", sostiene Eugene Cassis, un director de relaciones con los inversionistas.

"Sin dudas nos gustaría poder traer de vuelta parte de ese dinero", afirma. "Tendríamos más capacidad de invertir aquí si no tuviéramos que pagar un 'impuesto de peaje' para traer a casa el efectivo. La actual política impositiva crea un leve condicionamiento hacia adquirir tecnología o activos fuera de Estados Unidos".

Como sostuvo durante tiempo el gran analista financiero Benjamin Graham, los accionistas suelen beneficiarse más cuando las empresas tienen menos efectivo, y no más. Demasiado efectivo puede llevar a adquisiciones imprudentes y una fornida cultura del desperdicio.

Pero, en este caso, no es sólo la forma de administración la que hace que las empresas tengan demasiado efectivo. También es la política fiscal. El Congreso de EE.UU. y la Casa Blanca discuten si EE.UU. debería seguir al resto del mundo y dejar de cobrar impuestos sobre ganancias obtenidas en el extranjero que son repatriadas, ya que estas empresas ya les han pagado impuestos a gobiernos extranjeros. Algunos detalles técnicos complicados deberán ser solucionados para que el impuesto a la repatriación sea reducido o eliminado.

En tanto, los inversionistas deberían recordar que un gran volumen de efectivo en el balance podrá lucir tentador pero no necesariamente está disponible para usarlo.

Fuente: WSJ