12 abr. 2011

Brasil busca que la relación con China vaya más allá de las materias primas

Por Paulo Prada

SÃO PAULO—Cuando el presidente chino, Hu Jintao, le de la bienvenida a su colega brasileña Dilma Rousseff, que el lunes inicia una visita oficial a Beijing, se espera que la mandataria elogie los crecientes lazos comerciales entre dos de las economías más grandes y de crecimiento más acelerado del mundo.

Pero aparte de los elogios, se espera también que Rousseff ventile la creciente frustración que Brasil, al igual que otros países en desarrollo, siente respecto a la naturaleza de sus relaciones comerciales con China. Mientras que países como Brasil abastecen de materias primas a la voraz economía china, el gigante asiático los inunda de importaciones baratas y limita el acceso de otros tipos de productos, como bienes manufacturados.

Rousseff llega a China donde recibirá este lunes una bienvenida oficial previa a reuniones bilaterales que se realizarán el martes y el miércoles. El jueves, ambos presidentes se reunirán con los líderes de Rusia, India y Sudáfrica en un encuentro de los países emergentes denominados BRICS. "Necesitamos una relación más sofisticada con los chinos", dice Sergio Amaral, ex ministro brasileño de Comercio que encabeza el Consejo Empresarial Brasil –China, un grupo de Río de Janeiro que impulsa los lazos entre ambos países. "Esta relación no puede basarse solamente en los commodities", consideró.

El apetito chino por mineral de hierro, petróleo, soya y otras materias primas propulsa el crecimiento de las exportaciones que es responsable de gran parte del auge brasileño. El comercio entre los dos países se disparó a más de US$56.000 millones en 2010 en comparación con un poco más de US$3.000 millones hace una década. Durante este lapso, China superó a Estados Unidos y se convirtió en el principal socio comercial de Brasil, de la misma forma que lo hizo con otros países latinoamericanos y economías emergentes de todo el mundo.

Pero a medida que los lazos se han profundizado, muchos en Brasil ven una creciente necesidad de que la relación sea más equitativa. Un portavoz del gobierno brasileño indicó que el viaje de Rousseff a China tiene que ver con la "reciprocidad" entre los dos países en términos de comercio e inversiones. Por ejemplo, 84% de las exportaciones de Brasil a China son commodities, en tanto que 98% de las envíos del país asiático son de bienes manufacturados, de acuerdo con el gobierno brasileño.

Un asunto que ocupará un lugar destacado de la agenda es la política cambiaria china y su efecto en el comercio bilateral. Haciéndose eco de quejas de EE.UU. y de otros grandes exportadores, Rousseff se ha vuelto crecientemente crítica de la intervención de Beijing en los mercados de divisas. La maniobra abarata las exportaciones chinas en los mercados globales y socava la competitividad de los productos brasileños en el mercado interno con respecto a las importaciones de China, especialmente en un momento en que el real se ha disparado.

Además, se espera que Rousseff le pida a Hu que abra los mercados chinos a una más amplia gama de productos brasileños. Aunque importaciones chinas baratas inundan Brasil y otros mercados emergentes, China ha erigido estrictas barreras contra ciertas importaciones. El desequilibrio ha multiplicado las quejas de grupos empresariales en otros mercados de rápido crecimiento, incluyendo Sudáfrica, India e Indonesia.

Un tercer problema entre los dos países es el rol de China como inversionista extranjero.

Luego de una visita de a Hu a Brasil en 2004, durante la cual se cerraron una serie de pactos bilaterales y se anunciaron inversiones, Brasil tenía muchas esperanzas de que hubiese emprendimientos chinos en su territorio. Pero algunas de las promesas chinas no se han materializado y la mayor parte de sus inversiones están centradas en alimentos, combustible, minerales y otras materias primas.

"Los chinos han invertido en forma oportunista", dice Luiz Felipe Lampreia, un ex ministro de Relaciones Exteriores. "No están interesados en desarrollar negocios en otros mercados ya que están obteniendo lo que necesitan para su propio crecimiento", afirmó.

Fuente: WSJ