13 abr. 2011

Las amenazas al crecimiento de China

Por Bob Davis

WASHINGTON—A medida que los ministros de Finanzas convergen en Washington esta semana para una reunión del Fondo Monetario Internacional, la economía mundial depende cada vez más de China. En las últimas tres décadas, China creció a un ritmo anual de alrededor de 10%, un porcentaje que se destaca especialmente este año en un momento en que la economía mundial ha sido golpeada por la inestabilidad en Japón, Medio Oriente y Europa.

El economista jefe del Banco Mundial, Justin Yifu Lin, dice que China representó alrededor de la cuarta parte del crecimiento global entre 2000 y 2009, arrebatándole por poco el primer puesto a Estados Unidos y superando con creces a cualquier otro país. Pero el persistente éxito chino dista de ser una apuesta segura. Muchos países de rápido crecimiento han perdido impulso.

A continuación echamos un vistazo a tres problemas que podrían socavar el progreso de China en los próximos años.

Se revienta la burbuja inmobiliaria. En las treinta mayores ciudades de China, los precios subieron alrededor de 50% en los últimos dos años, según Dragonomics Research, una consultora de Beijing. Los chinos comunes y corrientes se han convertido en especuladores del mercado inmobiliario, en una especie de repetición de lo que ocurrió en EE.UU. en 2007, y asumen que los precios de los inmuebles solamente pueden subir. A diferencia de los estadounidenses, los chinos tienen pocas opciones en las que invertir fuera del mercado inmobiliario: las tasas de interés para los depósitos bancarios se ubican bien por debajo de la inflación, la impresión general es que el mercado bursátil es manipulado y el gobierno no los deja invertir en el extranjero.

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Las grandes industrias también son grandes especuladoras. A fines de 2008, China ordenó a los bancos de propiedad estatal que incrementaran los préstamos para combatir la recesión global. Muchos de esos créditos fueron a parar a empresas del Estado que inyectaron dinero en el sector de bienes raíces, dice el economista Yongheng Deng, de la Universidad Nacional de Singapur. El precio de los terrenos comprados en subastas en ocho grandes ciudades chinas se duplicó en 2009, según sus cálculos.

El gobierno chino está tratando de desinflar la burbuja inmobiliaria incrementando los pagos iniciales que hay que hacer por las hipotecas e introduciendo impuestos sobre las propiedades. Pero eso podría ser insuficiente. Los gobiernos locales dependen de los ingresos de las ventas de tierras para financiar sus operaciones. UBS Investment dice que será "muy difícil" que China logre evitar una burbuja inmobiliaria "a mediano plazo". El especialista en China Nicholas Lardy, del Instituto Peterson de Economía Internacional, cree que un colapso del mercado inmobiliario podría restarle 2,5 puntos porcentuales al crecimiento chino, un golpe más duro que el sufrió al comienzo de la crisis global.

Un reequilibrio desequilibrado. China ha crecido rápidamente gracias a las masivas inversiones en carreteras, aeropuertos, terminales portuarias, minas, siderúrgicas y demás proyectos de infraestructura, y ayudando a los exportadores a través de sueldos bajos y una moneda subvaluada. Pero esta estrategia económica podría estar perdiendo fuerza. Si bien la inversión ha crecido hasta representar casi 50% del Producto Interno Bruto, la creación de empleo está trepando a una débil tasa anual de 1%. Además, es poco probable que las exportaciones chinas mantengan el ritmo de los últimos años debido a una disminución de la demanda de EE.UU. y Europa.

Los líderes chinos saben que necesitan concentrarse más en el enorme mercado local. Dedicarse al fomento de la demanda interna ha sido el objetivo formal del gobierno desde al menos 2007, pero los progresos han sido escasos. De hecho, el porcentaje de la economía que representa el gasto de los consumidores ha continuado cayendo, actualmente a alrededor de 35% del PIB, la mitad del nivel que alcanza en EE.UU.

Tensiones políticas. Los líderes chinos hablan de una "sociedad armónica", pero están reprimiendo a los activistas a favor de la democracia, alentados por las manifestaciones en Medio Oriente, si bien ha habido pocas demostraciones callejeras en China.

Aunque los ciudadanos chinos se enfurecen por la apropiación de tierras por parte de las autoridades locales y otros abusos de poder, las protestas son esporádicas y pocas veces se extienden por el país. A veces los chinos ven a Beijing como un aliado en el combate contra los funcionarios locales corruptos, no como un blanco de las manifestaciones.

Un desastre nuclear al estilo de Japón, por ejemplo, sería "una catástrofe para el régimen" en China, explica Arthur Kroeber, director gerente de Dragonomics, dado que es probable que las plantas nucleares chinas sean más precarias que en Japón y la capacidad del gobierno para manejar una crisis posiblemente sea más limitada. Eso podría encender la indignación contra Beijing.

China intenta evitar los disturbios políticos a golpe de mejoras económicas. Una de las razones por las que el gobierno se está concentrando en la inflación —que, ubicada en 5%, casi duplica la de hace un año— es que la ira por los altos precios ha precedido la inquietud política, fundamentalmente durante las protestas de la plaza de Tiananmen en 1989.

Fuente: WSJ