9 may. 2011

Inflación alimenticia: no es culpa del cerdo, sino del maí

Por Mary Kissel

A Bobbie Jean Pope, la madre de 81 años de C. Larry Pope, no le alcanza el dinero para comprar tocino.

La anciana se queja de los altos precios de la carne de cerdo y se resiste a que su hijo le lleve un poco.

Después de todo, C. Larry Pope es el presidente ejecutivo de Smithfield Foods Inc., el mayor procesador de carne de cerdo y criador porcino del mundo, por volumen.

Pope ha tratado de explicarle a su mamá que el aumento de costos es el responsable de los altos precios de la carne. El contador de 56 años ha estado en el negocio por más de tres décadas, y advierte que los mayores costos pueden quedarse aquí para largo.

Pope está dirigiendo un negocio de miles de millones de dólares en medio de una turbulencia económica, y tiene opiniones fuertes acerca de por qué la inflación en los alimentos está subiendo y qué se puede hacer al respecto.

Este estadounidense sureño es un veterano en materia de alimentos. Se graduó del College of William and Mary en 1975, pasó unos años en una firma de contabilidad, antes de incorporarse a Smithfield, donde ascendió en la jerarquía de la empresa. Es una especie de evangelista de su negocio: se jacta de que Smithfield emplea a unas 50.000 personas, muchas de ellas graduadas de secundaria e inmigrantes que otros considerarían "difíciles de contratar". Es un "buen negocio" que "da un buen punto de partida a la gente".

Es también un negocio bajo enorme presión. Entre "60 y 70% del costo de criar un cerdo está vinculado con los granos", explica Pope. "El principal ingrediente es el maíz seguido por la harina de soya". En los últimos años, "el costo del maíz ha ido de una base de US$2,40 por bushel a US$7,40 por bushel, casi el triple". Ello significa que todo producto que usa maíz también ha subido, desde "cereales hasta gaseosas" y más.

¿Qué desencadenó esta alza? En parte, el etanol. De forma similar a como lo han hecho otros gobiernos en el mundo, cuando estaba en la Casa Blanca, el presidente George W. Bush "decretó de que serían obligatorios 36.000 millones de galones de combustibles alternativos" para 2022, de los cuales el etanol derivado del maíz es "una parte sustancial". Las compañías que mezclan etanol en el combustible reciben un crédito impositivo anual de US$5.000 millones, y hay aranceles para mantener a los productores extranjeros fuera del mercado de EE.UU. Ahora, 40% de la cosecha de maíz es "asignada al etanol, lo cual equivale a la cantidad que se destina al alimento para ganado", calcula Pope.

La rápida depreciación del dólar también está desencadenando inflación, aun cuando Pope, tratando de ser diplomático, dice que es un tema "difícil" de discutir para él. Pero no niega que el dinero está barato. Los banqueros de inversión están volcando efectivo sobre la firma —un giro respecto de 2008, cuando escaseaba el dinero— aunque Pope no lo necesita ahora mismo.

Los precios en alza ya están exprimiendo los márgenes de ganancias de "2% a 3%" de los productores alimenticios.

"Muchos de nosotros cubrimos nuestros costos en los mercados de commodities y todos adoptamos medidas radicales para controlar nuestras estructuras de gastos", dice Pope.

Medidas radicales

"En el caso de Smithfield, cerramos seis plantas de procesamiento y un matadero. También cerramos 15% de toda nuestra producción de crianza de ganado". Pero "una vez que se toman estas medidas, no tenemos más remedio que traspasar esos precios" a los consumidores.

Esto ha expandido una inflación en los precios de los alimentos en todo el mundo. Por ejemplo, en EE.UU. una libra (casi medio kilo) de tocineta cuesta US$4,54 actualmente frente a US$3,59 hace dos años y US$3,16 hace una década, según la Oficina de Estadísticas Laborales de ese país. La carne de res también ha subido. Y no son tan solo los productos de Smithfield: "Uno come huevos, bebe leche, compra pan y come carne", dice Pope. "Estos son los cuatro alimentos básicos en la dieta y todos están basados en granos".

Pope dice que las compañías están respondiendo con el aumento de precios o con la reducción de lo que va dentro de los paquetes. "Esa es la forma alternativa de pasar al consumidor el aumento de costos".

Según Pope, la política del etanol es un problema mundial para el maíz. Las industrias mexicanas, canadienses y europeas "se han contraído dramáticamente... tenemos un sector de producción de carne insostenible", agrega.

El ejecutivo dice que una de las soluciones es eliminar los subsidios y los aranceles a la producción de etanol. "Estoy compitiendo contra el gobierno y la industria petrolera, lo cual no es justo", agrega.

Pero mientras esto sucede, Pope no está cruzado de brazos. Ha encomendado a uno de sus ejecutivos de alto rango la tarea de dilucidar con qué otra cosa puede Smithfield alimentar a los cerdos además del maíz. ¿Podría Pope haber imaginado dicha iniciativa hace unos años? "Para nada", dice. "Estoy tratando de cambiar nuestro modelo de negocios para adaptarme a la realidad en la cual tengo que vivir".

Pope dice que los "perdedores" al final "son los consumidores, quienes van a tener que pagar más por el producto, y el criador de cerdos quien va a tener que comprar granos a precios que no puede pagar porque ya agotó sus propias líneas de crédito. El ganadero porcino... está en riesgo de simplemente tener que cerrar el negocio porque no tiene la liquidez para siquiera pagar por el maíz, para pagar por lo necesario para criar un cerdo.