1 ago. 2011

A EE.UU. se le dañaron los amortiguadores

Por Jon Hilsenrath y Sara Murray

La resistencia de la economía de Estados Unidos, que en los últimos 25 años siempre ha remontado pese a guerras, ataques terroristas y el hundimiento de las acciones, se ha debilitado tras la explosión de la burbuja inmobiliaria. El colchón que en el pasado la ayudaba a absorber estos golpes ya no está funcionando como antes.

El viernes, el gobierno informó que la economía del país creció a una tasa de sólo 1,3% en el segundo trimestre, sin levantarse tras los tropiezos sufridos durante el año. Las estimaciones sobre el crecimiento del primer trimestre también fueron revisadas a la baja a 0,4%. Como resultado, la recuperación económica ha sido una de las más anémicas desde la Segunda Guerra Mundial. Estas son malas noticias cuando el país enfrenta la amenaza de una cesación de pagos de su deuda.

Entre las razones que explican la vulnerabilidad de la economía se destaca el hecho de que los consumidores endeudados y con escasos ahorros tienden a gastar menos en cuanto caen sus ingresos. La confianza es más frágil. Las personas se trasladan menos para encontrar empleos, lo que dificulta la labor de las empresas para cubrir las vacantes. Y el gobierno, que durante décadas ha sido el rescatista de última instancia con recortes en las tasas de interés, reducciones de impuestos e incremento del gasto, se ha quedado sin herramientas.

Los economistas denominan la era que abarca desde fines de los 80 hasta principios de la década pasada como "La Gran Moderación", durante la cual los altibajos de la economía fueron amortiguados.

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Esa época terminó. James Stock, un economista de Harvard que ayudó a acuñar el término, dice que la volatilidad actual en la producción, el ingreso y el consumo se parece más a la de hace 25 años. "En esta recesión y sus secuelas, esos mecanismos que moderaban la caída, esos elementos que absorbían los golpes, claramente han sido dañados", señala.

La economía de EE.UU. ya lleva expandiéndose dos años y los analistas esperaban que tomase impulso en la segunda mitad del año, empujada por una robusta demanda externa, inversiones en el país por empresas con mucho efectivo acumulado y la renovada disposición de los consumidores a gastar conforme se desprenden de sus deudas. Pero el informe sobre el Prodcuto Interno Bruto del viernes y el impacto del impasse en Washington para llegar a un acuerdo sobre el límite de la deuda pública sobre la confianza de los consumidores, las empresas y los mercados financieros está generando dudas sobre esa perspectiva.

Podrían pasar años antes de que los estadounidenses sientan que han recortado suficientemente sus deudas como para comenzar a gastar con confianza. Los niveles de deuda de los hogares, que hoy se ubican en 112% de los ingresos anuales, siguen siendo altos. Para volver a la relación deuda-ingresos de los años 90, que era de 84%, los ingresos tendrían que ser casi US$4 billones (millones de millones) más altos, calcula Crédit Suisse.

La economía fue sacudida este año por varios shocks. El terremoto en Japón interrumpió la producción de autos. Las turbulencias políticas en Medio Oriente dispararon los precios del petróleo. El consumo de los estadounidenses, en términos reales, cayó en abril y mayo, lo que es inusual.

"Esperábamos que 2011 resultara un año bastante bueno", dice Robert Olson, presidente de Winnebago Industries, que fabrica casas rodantes. Sin embargo, ahora Winnebago se ha visto obligado a cancelar pedidos de partes y equipos para tratar de rebajar una acumulacion de US$33 millones en inventario.

La deuda es un ingrediente clave en la fragilidad. La capacidad de EE.UU. de tomar prestado en tiempos difíciles ayudó a atenuar los altibajos de la economía en los años 90 y principios de 2000. Karen Dynan, economista del centro de estudios Brookings Institution, asegura que, en promedio, una pérdida de corto plazo de US$100 en los ingresos solamente reducía el gasto en US$5 debido a que los consumidores podían pedir prestado. Ahora, sus finanzas están demasiado justas.

Robert Hall, profesor de la Universidad de Stanford, calcula que tres cuartas partes de las familias estadounidenses no tienen siquiera el equivalente a dos meses de ingresos ahorrados en efectivo u otros activos líquidos.

En marzo de 2001, cuando arrancó la recesión, 40% de los que participaron en una encuesta de la Universidad de Michigan creía que en un año estaría en una situación económica mejor. Para fines del año, incluso después de los ataques terroristas del 11 de septiembre, el barómetro de optimismo había subido a 45%.

Recientemente, esa confianza ha perdido fuerza. En febrero, 30% respondió que espera estar en mejores condiciones financieras el año que viene. En julio, era apenas un 20%, un mínimo histórico.

Mientras tanto, la capacidad del gobierno de ayudar a absorber los altibajos está severamente limitada. Con la deuda en los niveles actuales, la Casa Blanca insiste en moderar los gastos. A su vez, la Reserva Federal es reacia a realizar otra ronda de compra de hipotecas y bonos del Tesoro para estimular el crecimiento.

Fuente: WSJ